
La matanza perpetuada en la aldea de Qana en el sur del Líbano el 18 de abril de 1996, fue una de las demostraciones más atroces de la impunidad del terrorismo sionista. El pueblo de Qana, fronterizo con Palestina ocupada, se ha convertido en sinónimo de masacre, luego de la operación armada israelí “Uvas de la ira” emprendida contra blancos civiles.
Este ataque, fue realmente una matanza indiscriminada, salvaje e irracional contra la población civil libanesa. El ejército israelí bombardeó una base de la ONU, donde cientos de refugiados habían buscado asilo, con la creencia de que allí estarían a salvo de los ataques por aire, mar y tierra de Israel.
El deliberado ataque dejó la base de la ONU regada de cuerpos despedazados, haciendo difícil hacer el recuento de los muertos. Más de 105 personas fueron reportadas muertas.
Israel lanza entonces una amplia campaña mediática que trata de hacer creer primero que el obús pertenece a la resistencia islámica del Líbano, Hezbollah y más tarde que se trata de un error debido a la mala visibilidad, consecuencia de errores cometidos por un cuerpo de artillería que pretendía apoyar a un contingente israelí que “había caído bajo fuego de mortero”, cuando se encontraba cerca de la base de cascos azules.
Amnistía Internacional emitió un informe sobre los hechos en el que señaló la imposibilidad de determinar si fue cierto que los militares israelíes ignoraban que 800 refugiados estaban en la base de la Unifil, pero la acción representó una muestra de la “despiadada despreocupación por la protección de la vida de los civiles” y una “violación a las leyes de la guerra”, que protegen a los no combatientes.
La indignación provocada por la masacre de Qana, aceleró la expulsión israelí del sur del Líbano el 25 de Mayo del 2000.