El Gobierno declara desde el sábado, y durante los próximos 15 días, el estado de alarma en toda España para contener el avance imparable del coronavirus. Pedro Sánchez compareció cerca de las 15:30, tras comunicárselo al Rey, para anunciar esa decisión, remarcó que el Ejecutivo movilizará recursos "económicos y sanitarios, tanto públicos como privados, tanto civiles como militares", para "proteger" mejor la salud de todos los ciudadanos, especialmente los más vulnerables. Pero recordó, no obstante, que solo se podrá vencer la enfermedad con absoluta "disciplina social": "El heroísmo consiste en lavarse las manos y quedarse en casa". Es solo "la primera fase del combate" contra un virus que puede alcanzar la próxima semana, advirtió, los 10.000 contagios. España necesita aplanar la curva para no colapsar el sistema sanitario.
La declaración del estado de alarma es una de las medidas de excepción contempladas en el artículo 116 de la Constitución española y desarrollada en una ley orgánica específica de 1981. Ningún Ejecutivo central había echado mano de esta herramienta desde 2010, cuando se produjo la salvaje huelga de controladores y José Luis Rodríguez Zapatero decidió entonces militarizar el servicio. "El estado de alarma será declarado por el Gobierno mediante decreto acordado en Consejo de Ministros por un plazo máximo de quince días, dando cuenta al Congreso de los Diputados, reunido inmediatamente al efecto y sin cuya autorización no podrá ser prorrogado dicho plazo. El decreto determinará el ámbito territorial a que se extienden los efectos de la declaración", señala la Carta Magna. La ley, en su artículo 4, faculta al Gobierno a dar ese paso cuando se produzcan "crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contaminación graves". La extensión del Covid-19 se ajusta a este supuesto.
Es un "instrumento del Estado de derecho", recogido en la Constitución y en la ley para "enfrentar crisis extraordinarias" como la que sufre el país y el mundo, alegó Sánchez este viernes en su declaración institucional, sin preguntas, desde la Moncloa. "La emergencia sanitaria y social generada por el coronavirus crea circunstancias extraordinarias como las que la ley contempla para dotar al Gobierno de recursos legales también extraordinarios".
El Gobierno, así, adoptará un conjunto de "decisiones excepcionales" al amparo del estado de alarma que se decretará mañana sábado, "orientadas a movilizar todos los recursos del conjunto del Estado para proteger mejor la salud de todos los ciudadanos. Recursos económicos y sanitarios, tanto públicos como privados, tanto civiles como también militares, para la protección de todos los ciudadanos", sobre todo los más vulnerables, y responder a la "emergencia social y económica" con la "máxima agilidad y contundencia". El Ejecutivo busca así la "máxima coordinación de recursos, eficiente y garantizada" del conjunto de Administraciones Públicas. "El Gobierno va a proteger a todos los ciudadanos y va a garantizar las condiciones de vida adecuadas para frenar la pandemia con la menor afectación posible", aseveró el presidente.
"Unidad, responsabilidad y disciplina social"
"Lo he venido diciendo a lo largo de esta semana: haremos desde el Gobierno de España lo que haga falta, cuando falta y donde haga falta —reiteró—. La declaración del estado de alarma permite movilizar al máximo los recursos materiales para combatir el virus. Pero hay un recurso fundamental que está más allá de cualquier ley o decreto. Me gustaría apelar a los compatriotas: la victoria depende de cada ciudadano en su hogar, en su familia, en su trabajo, en su vecindario. El heroísmo consiste también en lavarse las manos, en quedarse en casa y en protegerse uno mismo para proteger al conjunto de la ciudadanía".
Por último, Sánchez manifestó su confianza en que se logrará parar el Covid-19, "seguro", "con unidad, responsabilidad y disciplina social", aunque el país tardará "semanas". España superará la emergencia siguiendo "el consejo de la ciencia" —su Gobierno siempre ha defendido que ha hecho caso a los expertos, pese a que ha sido acusado de haber actuado tarde— y echando mano de los recursos del Estado. Tardará en vencerse la pandemia pero se logrará antes, insistió, y "con los menores daños humanos, económicos y sociales" si cada uno "cumple con su deber".
Qué permite el estado de alarma
El artículo 11 de la Ley Orgánica 4/1981 detalla cuáles son las medidas que puede adoptar el Gobierno al decretar el estado de alarma. Son estas:
"a) Limitar la circulación o permanencia de personas o vehículos en horas y lugares determinados, o condicionarlas al cumplimiento de ciertos requisitos.
»b) Practicar requisas temporales de todo tipo de bienes e imponer prestaciones personales obligatorias.
»c) Intervenir y ocupar transitoriamente industrias, fábricas, talleres, explotaciones o locales de cualquier naturaleza, con excepción de domicilios privados, dando cuenta de ello a los ministerios interesados.
»d) Limitar o racionar el uso de servicios o el consumo de artículos de primera necesidad".
»e) Impartir las órdenes necesarias para asegurar el abastecimiento de los mercados y el funcionamiento de los servicios de los centros de producción afectados por el apartado d) del artículo cuarto", el que habla de capítulos de "situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad".
El único precedente que tiene España en democracia es el real decreto 1673/2010, de 4 de diciembre?, que aprobó el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero para hacer frente a la huelga de controladores aéreos. El punto importante es el primero, el que permite la limitación de personas y vehículos por todo el territorio. También se puede imponer que no se haga acopio indiscrimiado de alimentos. Derechos fundamentales como la inviolabilidad del domicilio o la libertad de expresión sí quedan en cambio preservados.
También, por la declaración del estado de alarma, todas las autoridades civiles, los integrantes de los cuerpos policiales locales y de las comunidades autónomas y los funcionarios al servicio de estas administraciones, quedarán bajo las "órdenes directas" del Gboierno central "en cuanto sea necesaria para la protección de personas, bienes y lugares, pudiendo imponerles servicios extraordinarios por su duración o por su naturaleza". Es decir, que el Ejecutivo de la nación centralizará todo el poder. La activación de la alarma puede ser empleada por el Gobierno para aplazar las elecciones vascas y gallegas del 5 de abril, desde hace varios días en el aire.
La ley de 1981 regula también los otros dos estados, mucho más lesivos en las libertades de los ciudadanos: el de excepción y el de sitio.
Las Fuerzas Armadas, a disposición del Gobierno para el estado de alarma
Las Fuerzas Armadas están preparadas para responder a cualquier disposición que requiera el Gobierno con el decreto de declaración del estado de alarma que aprobará este sábado el Consejo de Ministros, según ha anunciado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El Ministerio de Defensa ha apuntado durante los últimos días que no contemplaba la movilización de las Fuerzas Armadas porque España aún no estaba en ese escenario. Sin embargo, desde el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire recuerdan que sus efectivos están siempre en servicio para cualquier decisión del Gobierno.
La declaración del estado de alarma no prevé intervenciones específicas de las Fuerzas Armadas, lo que no quiere decir que tales circunstancias no incidan también en la Administración Militar, según subraya el Ministerio de Defensa.
En esas circunstancias el Gobierno, que dirige la política militar y de la defensa, asumirá todas las facultades extraordinarias previstas en la Constitución y en la Ley Orgánica de Estados de Alarma, de Excepción y de Sitio, y designará la autoridad militar que, bajo su dirección, haya de ejecutar las medidas que procedan.
Fuentes del Ministerio de Defensa insisten en no adelantar acontecimientos hasta que el Consejo de Ministros dé este sábado luz verde al decreto de convocatoria del estado de alarma. Eso sí, desmienten que sean realidad las imágenes que muestran supuestos convoyes militares entrando en Madrid y que circulan por redes sociales.
La UME, siempre alerta
En cualquier caso, las Fuerzas Armadas cuentan con medios para colaborar con las autoridades civiles. Por ejemplo, tienen la posibilidad de levantar en un tiempo récord hospitales de campaña con todos los servicios disponibles.
Una de las principales unidades a las que podría recurrir el Gobierno es la Unidad Militar de Emergencias (UME), que cuenta con capacidades biológicas y NBQ. Desde la unidad han señalado a Europa Press que no cuentan con una orden concreta sobre el estado de alarma, pero están preparados continuamente para aportar sus capacidades cuando sea necesario.
A la vez, la UME ha trabajado durante los últimos días en extremar las medidas de seguridad frente al coronavirus para mantener siempre el máximo de sus capacidades, adoptando todas las medidas recomendadas por el Ministerio de Sanidad y reforzándolas con algunas instrucciones propias.
Hospitales de campaña
Por su parte, el Ejército de Tierra disolvió la Agrupación Hospital de Campaña el mes de junio del pasado año, pero distribuyó sus capacidades a las Agrupaciones de Sanidad nº 1 y nº 3 y ahora cada una de ellas es capaz de desplegar una Formación Sanitaria de Tratamiento de capacidad ROLE 2E.
Esto supone que cuentan con medios para hospitales de campaña que pueden acometer cirugía primaria, cuidados intensivos, TAC, laboratorio o telemedicina, entre otros.
Pero además, en España hay dos hospitales militares, el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla en Madrid y el Hospital General de la Defensa en Zaragoza. La planta 22 del Gómez Ulla acoge la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel en materia de contaminación NRBQ.
China enviará a España miles de mascarillas y reactivos para el coronavirus
El gigante asiático ha transportado 1,8 millones de mascarillas y 100.000 reactivos para luchar contra el coronavirus en Europa, según ha confirmado la portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Hua Chunying. "Los suministros serán enviados a Italia, España y a la primera línea", ha escrito en Twitter la portavoz.
En una rueda de prensa posterior, Pedro Sánchez no ha querido confirmar si ha aceptado la ayuda de China. "Estamos en contacto con todos los países, no solo China", ha declarado.
China restringió hace varias semanas la venta al extranjero de material sensible para el tratamiento del coronavirus. Sin embargo, el Gobierno ha accedido a que sus fábricas empiecen a vender material sanitario a Italia y al resto de Europa por el elevado 'stock' que tienen de mascarillas después de haber pasado lo peor de la crisis.
La noticia llega el mismo día en que la Comisión Nacional de Salud de China ha declarado que el país ha dejado atrás el pico de la epidemia del Covid-19, un virus que ha acabado con la vida de más de 4.000 personas y ha dejado más de 100.000 infectados en todo el mundo.
Hace unos días, el Gobierno chino informó de que iba a enviar a Italia 1.000 ventiladores pulmonares, dos millones de mascarillas (de las cuales, 100.000 son de alta tecnología), 20.000 trajes protectores y 50.000 isopos para detectar el coronavirus. Se desconoce por el momento si forman parte del mismo envío a España que ha promocionado el Ministerio de Asuntos Exteriores chino en Twitter.
El ministro de Exteriores italiano, Luigi Di Maio, habló este martes con su homólogo chino, Wang Yi, para tratar el envío de mascarillas. Además, China también ofreció médicos especializados en el Covid-19 que ya hayan tratado pacientes en China. "No es que nuestros médicos necesiten a alguien que les enseñe cómo trabajar, pero los de China fueron los primeros y podrán aportar su experiencia", dijo Di Maio.
De "riesgo bajo" a "contención reforzada": cómo el virus arrolló el discurso oficial
El Gobierno no esperaba que la crisis del coronavirus llegara tan lejos en España. Al menos, esa es la idea que ha transmitido durante mes y medio, desde que el virus superó las fronteras de China. Tras un fin de semana de eventos multitudinarios y manifestaciones por el 8-M, el guion cambió este lunes con la "contención reforzada": cierre de colegios, fomento del teletrabajo, prohibición de actos con más de 1.000 personas en las zonas calientes, suspensión de vuelos directos desde Italia... Con más de 1.600 casos y 35 fallecidos, Pedro Sánchez augura "semanas duras".
20 de enero: "Riesgo muy bajo"
El 17 de enero, poco después de que se confirmaran los primeros casos de Covid-19 fuera de China, el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) elaboró un informe sobre el virus. La agencia EFE informó sobre el documento el día 20, una noticia en la que incluía la valoración del Ministerio de Sanidad: "Teniendo en cuenta la pequeña magnitud del brote y los controles realizados por las autoridades sanitarias chinas, el riesgo de introducción en nuestro país en este momento se considera muy bajo".
22-24 de enero: llega Fernando Simón
El Ministerio de Sanidad publicó el primer comunicado sobre el coronavirus el 22 de enero. “Estamos preparados para actuar ante cualquier eventualidad”, sostenía el ministro Salvador Illa. También se anunció la elaboración de un "protocolo" y Fernando Simón compareció ante los medios: "La población ahora mismo yo creo que tiene que tener un nivel de percepción de riesgo muy bajo", aseguró el director del CCAES. "Con cualquier sintomatología, la probabilidad más alta y con mucha diferencia, incluso viniendo de Wuhan, es de que sea un cuadro gripal".
28 de enero: "Baja probabilidad"
El 28 de enero, con positivos en 14 países y 106 personas fallecidos, Sanidad emitió un nuevo comunicado para incidir en que "en España no se ha detectado ningún caso". Ante la posibilidad de que esta situación cambiara, las autoridades lanzaban entonces un mensaje de calma: "Si esto ocurriera, según los expertos del Ministerio de Sanidad, la probabilidad de que se produjeran casos secundarios en nuestro país se estima baja".
30-31 de enero: emergencia internacional
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 31 de enero la emergencia internacional por el brote del coronavirus y el ministerio publicó una nota con declaraciones de Simón para evitar el alarmismo: "En España, estamos trabajando desde la primera notificación de coronavirus en China". "Trabaja en todos los escenarios posibles".
1-3 de febrero: primer caso en España
Sanidad anunció el 1 de febrero el primer caso en España: un ciudadano alemán había dado positivo y se encontraba en un hospital de La Gomera. “Acabamos de hablar con Canarias y todos están bien”, explicó Simón. Pedro Sánchez también tuiteó ese día sobre el coronavirus: "Esta mañana se reúne de nuevo el comité interministerial de evaluación y seguimiento del coronavirus. España tiene un sistema sanitario fuerte y red de alerta y detección con expertos profesionales que desde el primer minuto trabajan siguiendo las recomendaciones de la OMS".
4 de febrero: Carmen Calvo toma las riendas
El Consejo de Ministros aprobó la creación del Comité de Coordinación Interministerial el 4 de febrero por "la amenaza para la salud pública". Así lo anunció la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, que aprovechó la rueda de prensa para condenar "cualquier signo de xenofobia" en torno a la epidemia. La vicepresidenta Carmen Calvo tomó las riendas a partir de ese momento y Sanidad emitió una nueva nota con declaraciones de Illa: “Hemos constatado que los protocolos están funcionando, aunque seguiremos haciendo un seguimiento diario”.
9 de febrero: otro caso en Mallorca
El 9 de febrero, Sanidad confirmó un caso de coronavirus en Mallorca, pero Simón aseguró que no implicaba "más riesgo en nuestro país” porque, al igual que con el turista alemán en La Gomera, "se ha infectado fuera y se ha detectado aquí".
12-14 de febrero: se cancela el Mobile
El 12 de febrero, los responsables del Mobile World Congress (MWC), evento que iba a celebrarse en Barcelona, decidieron suspenderlo por el brote, pero la vicepresidenta aseguró al día siguiente que la cancelación no tenía que ver con el coronavirus: "No es por ninguna alerta sanitaria en nuestro país, que estamos en una situación de respuesta muy buena". Esa semana, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, también habló de "demasiada histeria" y Simón sostuvo que en España no existía por el momento "riesgo de infectarse" porque los dos casos confirmados habían contraído el virus en el extranjero.
15-20 de febrero: Simón pide calma
El 15 de febrero, los dos casos confirmados recibieron el alta, noticia que el propio Simón se encargó de valorar en La Sexta al día siguiente: "La gripe es un problema conocido, llevamos muchos siglos con ella, pero la gente no se agobia con la gripe porque es algo a lo que nos hemos acostumbrado y no podemos quitarnos de encima. Me sorprende este exceso de preocupación". "En España ya no hay casos, y nunca ha habido transmisión del virus. Uno se infectó en Francia y otro en Alemania".
21-24 de febrero: alerta en Italia
El 23 de febrero, saltaron las alarmas: Italia había detectado 76 casos de coronavirus. "Nuestro intercambio con Italia es más alto que, por ejemplo, con Irán, por lo que tenemos que tener algo más de cuidado", reconoció entonces el director del CCAES. Sanidad emitió a su vez un comunicado en el que anunciaba nuevas medidas para la detección precoz: "Las personas que presenten síntomas y que en los 14 días anteriores hayan estado en alguna de estas zonas de riesgo han de ser consideradas posibles casos y por tanto se deben realizar las pruebas".
25-27 de febrero: primer caso autóctono
El 25 de febrero, las autoridades anunciaron que un turista italiano que se alojaba en Tenerife había dado positivo, lo que obligó a poner un hotel bajo cuarentena. La confirmación del primer caso autóctono llegó un día después: un hombre de 62 años de Sevilla había sido contagiado sin viajar a ninguna zona de riesgo. Desde esa semana, España no ha vuelto a estar libre de coronavirus. "En la evaluación nuestra, ya aparece el riesgo como moderado [...]. En general, va a ser bajo o muy bajo, pero en algunos puntos concretos puede ser moderado o en alguna zona concreta de alguna ciudad concreta puede llegar a ser incluso alto", anunció el director del CCAES el 26 de febrero.
3 de marzo: primera víctima por coronavirus
El 3 de marzo, Sanidad emitió un nuevo comunicado en el que quedaba claro que la situación había cambiado. Frente a los anteriores mensajes de calma, el ministro recomendaba ahora "celebrar a puerta cerrada aquellas competiciones deportivas profesionales en las que se espere una alta presencia de aficionados que provengan de las zonas de riesgo del coronavirus", así como cancelar "todos los congresos, seminarios, jornadas o cursos en los que participen profesionales sanitarios". Ese mismo día, se conoció el primer fallecido que había dado positivo en coronavirus: un hombre de 69 años que había muerto el 13 de febrero en Valencia.
6-8 de marzo: se dispara el coronavirus
El 6 de marzo, con 374 casos y ocho muertos en España, Illa instó a la Unión Europea a "garantizar la coherencia y consistencia de las medidas adoptadas por los Estados miembros frente al coronavirus". Pese a ello, se siguió adelante con las manifestaciones del 8-M y Carmen Calvo acabó sujetando una de las pancartas en la concentración de Madrid. "No recomendamos a nadie nada", argumentó Simón un día antes. "Si mi hijo me pregunta si puede ir, le diré que haga lo que quiera". Las autoridades tampoco suspendieron los eventos deportivos y Vox mantuvo el acto multitudinario en Vistalegre, convocatoria a la que acudió Javier Ortega Smith, infectado por el coronavirus.
9-10 de marzo: "Contención reforzada"
Pero el guion cambió esta semana. El País Vasco suspendió el lunes las clases en Vitoria por el brote, decisión a la que después se sumaron la Comunidad de Madrid y La Rioja. Este martes, el Gobierno aprobó a su vez un nuevo paquete de medidas, entre las que destaca la prohibición de actos colectivos en espacios cerrados con más de 1.000 personas en estas comunidades. Sobre por qué no se había aplicado esta restricción antes del 8-M, Illa defendió que el "aumento significativo de casos" se notificó "el domingo al anochecer". La jornada se cerró con Pedro Sánchez augurando "semanas duras" y con Ximo Puig suspendiendo las Fallas de Valencia. Atrás quedó la idea de que cada uno "haga lo que quiera". Fuente: El Confidencial
Análisis: No solo el estado de alarma: en las guerras, se necesita un mando único
Isidoro Tapia
¿Es oportuno criticar al Gobierno en tiempos de guerra? Con varios matices, en mi opinión, sí lo es. No solo es un ejercicio saludable desde el punto de vista democrático; también puede serlo para mejorar la gestión de la propia crisis.
No me refiero, claro está, a la crítica ojeriza, al “zasca” facilón e inútil (que en ningún caso es recomendable, mucho menos en tiempos convulsos). Durante una crisis, son normales las declaraciones contradictorias, que las medidas cambien y se adapten a las circunstancias. En el contexto actual, todos tenemos que subir el listón varios metros: los responsables políticos, en la toma de decisiones. Los que opinamos sobre las mismas, sobre el escrutinio que practicamos.
Dicho lo cual, el cierre de filas inopinado, el silencio bovino, es igualmente contraproducente. Los Gobiernos reaccionan ante las críticas y, a veces, solo la presión de eso que antes se llamaba la opinión pública (sea lo que sea en la actualidad) puede obligarlos a modificar su rumbo. El Reino Unido cambió de Gobierno en mitad de la segunda Guerra Mundial, sustituyendo al timorato Neville Chamberlain (que había conducido con pulso tembloroso los primeros ocho meses de la guerra), por el enérgico Winston Churchill. De no mediar este cambio, seguramente el resultado de la contienda hubiese sido muy distinto. Y, en el extremo contrario del espectro, está el cierre de filas en EEUU con el presidente Bush tras los atentados del 11 de septiembre. Aquel sepulcral silencio facilitó el camino de mentiras que condujo, años más tarde, a la invasión y guerra de Irak.
La línea que separa la crítica oportuna y legítima de la mezquina y aprovechada, por supuesto, es muy delgada. En nuestro país, por ejemplo, dos mitades casi irreconciliables de la población valoran de manera diametralmente opuesta la respuesta de la oposición durante los días críticos que siguieron a los atentados del 11M en 2004. Hay que andar con tiento, pero sin parálisis. España es el segundo país de la UE con más casos: es inevitable preguntarse si la diferente reacción de las autoridades españoles (más tardía y menos drástica que la mayoría de países europeos) es una de las explicaciones.
A estas alturas, es poco discutible que mantener la manifestación del pasado 8M fue un colosal error, debido a los centenares de casos de contagio que ya entonces se amontonaban en los hospitales madrileños. Dicho lo cual, es precisamente este tema sobre el que debemos pasar página más rápido; mejor dicho, demorar la exigencia de responsabilidades políticas (¿quién decidió mantener la convocatoria? ¿según qué recomendaciones?) hasta que haya amainado la tormenta. A estas alturas, poco se puede hacer para deshacer aquel masivo entuerto. Tiempo habrá, eso sí, para que estas preguntas básicas no se queden sin respuesta.
Lo importante ahora es centrarse en dos aspectos: en la propia gestión de la crisis sanitaria y en los efectos económicos de la misma. Esta es, en mi opinión, el campo de la crítica constructiva. Y en los dos casos, en mi opinión, el Gobierno se está quedando corto.
No me parece una exageración comparar la situación de crisis que vivimos con un escenario bélico. La acumulación de enfermos, el desabastecimiento de materiales, las restricciones del personal sanitario, el pánico en la población, son todas situaciones más propias de un período de guerra. Y, en este sentido, si la descentralización de nuestro sistema sanitario ha sido una bendición durante las últimas décadas, permitiendo un nivel de calidad y eficiencia muy superior al de otros países, en tiempos bélicos se convierte en un severo lastre: necesitamos una cadena de mando única y jerarquizada, no 17 comunidades autónomas adoptando medidas desordenadas al grito de “sálvese quien pueda”.
En los próximos días habrá que tomar decisiones difíciles, como el cierre de regiones, el traslado de enfermos a hospitales situados en otras comunidades autónomas, o el racionamiento del material disponible según la evolución de la enfermedad por regiones. Solo un mando único puede tomar estas decisiones de forma coordinada. De lo contrario, pueden repetirse situaciones como las vividas en los últimos días, cuando tras el cierre educativo en Madrid muchos estudiantes madrileños volvieron a sus lugares de origen, con el resultado exactamente contrario al perseguido.
La declaración del estado de alarma anunciada por el presidente del Gobierno debe implicar que el Gobierno central asuma el mando y centralice la adopción de las medidas pertinentes en el ámbito de la salud, la seguridad ciudadana, y el orden público. En los próximos días será necesaria la adopción de medidas restrictivas de derechos individuales y de la libertad de empresa nunca vistos en nuestras sociedades: el aislamiento domiciliario de la población o la intervención de plantas industriales para la fabricación de materiales médicos. Solo de una manera centralizada pueden adoptarse todas estas medidas. Hoy mejor que mañana. Ya si es posible.
El segundo aspecto donde, en mi opinión, el Gobierno se está quedando corto, es en la respuesta económica a la crisis. No podemos infravalorar el impacto económico de tener a la población encerrada en sus casas durante semanas (quién sabe si meses). En algunos sectores (como el turismo) las cancelaciones están siendo salvajes, y el mismo efecto lo veremos en los próximos días en sectores como la restauración o el transporte. La prioridad debe ser el mantenimiento del empleo para evitar una catastrófica depresión económica. La regla de oro de la respuesta pública a los shocks económicos adversos, se conoce como las “tres T”: oportuno, temporal y dirigido (“timely, temporary and targeted”). Nuestra situación fiscal es mucho peor que en 2008; a pesar de ello, la flexibilización de las reglas fiscales en la UE nos permitirá utilizar una bala en la respuesta económica a la crisis del coronavirus. Es fundamental no malgastar esta bala, porque solo tendremos una. El mantenimiento del empleo durante el próximo mes es fundamental: el Gobierno debe valorar cualquier medida que se dirija a este objetivo, incluso las más drásticas, como asumir las cotizaciones sociales de las empresas durante este periodo.
El apocamiento del Gobierno durante las últimas semanas no debe ser motivo de contienda política. Pero tampoco de complacencia pasiva. Vivimos una de las horas más oscuras que nos tocará vivir en varias generaciones. La alarma exige lo mejor de todos: empezando por nuestros responsables políticos.
Análisis: ¿Colapso de la sanidad pública española? "Lo principal es que la gente no pierda los nervios"
Sergio Hernández-Ranera Sánchez
Ante la escalada de casos de infección por coronavirus, muchos se preguntan si la sanidad pública española podrá aguantar el envite. Los recortes sufridos en los últimos años y las políticas favorecedoras del sector privado pueden saturar la red estatal, sobre todo en Madrid.
Empieza a cundir en España una sensación extraña ante las lúgubres previsiones de las autoridades sanitarias. La curva de contagios incrementará su línea ascendente en los próximos días y la estructura médica del país puede incurrir en riesgo de saturación extrema, si no de colapso. Es lo que está ocurriendo en la Comunidad de Madrid, cuyo sistema de salud público está atendiendo a la gran mayoría de los infectados de la región, que a su vez alberga a más de la mitad de los contagiados de COVID-19 en toda España. Son ya 1.990 personas las que sufren ya esta enfermedad vírica en la región madrileña (4.209 en todo el país). La cifra de fallecidos llega a 56 (120 en el conjunto estatal).
Los signos de esta mencionada saturación del sistema sanitario son varios. En algunos hospitales escasea el material de protección, como mascarillas o las batas. "El responsable es la propia Comunidad de Madrid, que redujo el stock en los centros sanitarios cuando están precisamente para esto: para cuando llega un imprevisto como ahora", explica Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública.
"La escasez de material es una realidad", afirma Jesús García Ramos, portavoz del Sindicato de Enfermería en Madrid (SATSE). "El Ministerio centraliza las compras y reparte a los centros, pero el abastecimiento no está garantizado. Según la propia Comunidad de Madrid, hace falta más material de protección individual". García Ramos además explica que el nivel de protección va a disminuir, pues el tipo de equipo recomendado que se va a repartir, aun cuando cumple con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), presenta un nivel de protección inferior al que se viene utilizando.
"Evidentemente, esto va a alarmar y crear la sensación de que se va a desproteger a los profesionales. Ir de menos a más es fácil, pero, ¿ir de más a menos? Es difícil de explicar", se lamenta.
Celadores, enfermeras y personal facultativo trabajan a destajo y casi sin descanso, una situación que incrementa el riesgo de contagio entre sus propias filas. También la declaración de pandemia global a cargo de la OMS obliga a los centros a anular los permisos, días libres y vacaciones de su personal. No obstante, en muchas regiones de España todavía no se ha llegado al grado de saturación que está experimentando la sanidad pública madrileña.
"Aquí, en el Hospital General de Alicante, estamos todavía sin transmisión comunitaria, no tenemos una sobrecarga como los hospitales de Madrid", explica Pere Llorens Soriano, jefe del Servicio de Urgencias.
La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha habilitado un teléfono (que se bloquea con facilidad) para reportar urgencias, y conmina a no acercarse a los centros de salud, pues la atención primaria se halla atestada de pacientes, más aún cuando las patologías a atender son de diversos tipos, también procesos gripales estacionarios.
Otra medida en estudio en Madrid es la medicalización de hoteles. Pero como explica Marciano Sánchez Bayle, tal intervención no entraña más que un acto publicitario. "Es un anuncio como muchos de los que hacen, de marketing, un poco esperpéntico. Es casi imposible convertir un hotel en un hospital, hay que asegurar el oxígeno, que haya vacío, etcétera. Es más fácil reabrir las plantas que tienen cerradas en los hospitales públicos", señala.
"El problema es que la Comunidad de Madrid siempre antepone sus intereses en el sector privado, siempre aprovecha cualquier excusa para favorecerlos, es un problema ideológico. Es más, intentarán dar un empujón a la privatización de la sanidad en la comunidad. Es lo que les interesa por encima de cualquier otra cosa", explica Sánchez Bayle.
La herencia de la privatización
La saturación actual de hospitales y centros de atención primaria públicos es también consecuencia de las políticas privatizadoras ejercidas en algunas comunidades autónomas de España durante los últimos años.
El caso de la comunidad de Madrid es emblemático. La crisis económica que asoló al país a partir de 2008 supuso, además, una merma en la financiación de la sanidad pública. Como resultado, la región de Madrid cuenta con 1950 plazas hospitalarias menos que en 2009, al margen de un personal reducido en unos 3.300 efectivos, entre enfermeras, celadores y médicos.
La capital de España representa un modelo de gestión de la salud caracterizado por la proliferación de centros privados antes que públicos. "Se está recogiendo lo que se sembró estos últimos 10 años, que fue deteriorar y descapitalizar el sistema publico sanitario", dice Sánchez Bayle, no sin recordar que su capacidad todavía es grande. "Ha disminuido, aunque está haciendo las cosas de manera relativamente razonable".
Una de las formas de beneficio económico se basa en la derivación de enfermos avanzados desde los centros privados a los públicos. "Buscan atender enfermos poco complejos, pues de otro modo pondrían en peligro su rentabilidad económica", explica. Y el Estado, ¿tendría capacidad para intervenirlos? "Por ahora no sería necesario, lo que hay que hacer es reforzar la sanidad pública. Hay un hospital cerrado entero, el Puerta de Hierro. Se podría recuperar. Y lo mismo en hospitales públicos, hay que recuperar camas", alega Sánchez Bayle.
"El sector privado tiene muchas limitaciones, muchos tienen centros minúsculos, con sólo 30 o 40 plazas hospitalarias", afirma, dejando claro que es la sanidad pública la que tendrá que acabar con la pandemia en España.
"Si a la situación dada con el coronavirus sumamos la infradotación de plantillas, que afecta incluso a cómo se trata la gripe estacional, tenemos un cóctel perfecto para que la sanidad pueda acabar colapsando. No hemos llegado aún a esa situación, pero sí tenemos mucho desgaste", razona García Ramos, del sindicato SATSE.
"Las enfermeras están muy expuestas. Nos parece grave que a políticos y autoridades públicas se les haga la prueba de inmediato y ellas tengan que esperar. Los profesionales no se pueden contagiar entre ellos, y tampoco a sus familias y a los pacientes", se queja este profesional de la enfermería.
Confianza y responsabilidad
Dos factores están confluyendo en esta crisis: la capacidad del sistema público de salud y la alarma de la población. La segunda puede dispararse tras el anuncio efectuado a mediodía del 13 de marzo de la imposición de un estado de alarma nacional durante al menos 15 días. "Aún no ha pasado lo peor", ha anunciado el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Pese a no anunciar ninguna medida en concreto, el cierre de comercios, bares y restaurantes en la capital a partir del 14 de marzo invita a pensar por dónde irán los tiros.
Queda clara la tarea de contener el pánico. "Aun con problemas, el sistema en Madrid tiene capacidad para resolver esta crisis. En Madrid hay 14.000 y pico camas en hospitales públicos. Y sólo el 15% de los afectados está ingresado, unos 300. Y lo mismo pasa con las unidades de cuidados intensivos (UCI)", señala Sánchez Bayle, quien avisa de que la referencia para sacar conclusiones es China.
"Lo principal es que la gente no pierda los nervios. Ningún sistema sanitario público puede atender a todo el mundo a la vez", añade, criticando a continuación que la Comunidad de Madrid hable de atención domiciliaria, "cuando sólo hay cuatro dispositivos, muy escasos para atender a una población de más de 6,5 millones de habitantes".
Ante esta situación, el papel a ejercer de la sanidad privada deberá incrementarse. "Nosotros hemos pedido que arrime el hombro en esta crisis", recalca García Ramos, para quien la cuestión de la responsabilidad es fundamental, dados los casos de madrileños que han aprovechado el cierre de colegios y la opción del teletrabajo para desplazarse a diversos puntos de la costa levantina, incrementando así el nivel de contagio:
“Esto no son unas vacaciones. Hay que quedarse en casa, no te puedes ir de vacaciones. El objetivo es no propagarlo más, que no llegue a las personas mayores y a las personas especialmente vulnerables. Y no hay que acudir a los centros de salud si no es estrictamente necesario”, concluye.