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Rocroi: las mentiras extendidas por la Leyenda Negra sobre la épica derrota de los tercios españoles

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
domingo 06 de diciembre de 2020, 17:00h

 Más de tres siglos de falacias dan para mucho. Ya dijo el ministro de Propaganda del Tercer Reich, el embaucador Joseph Goebbels: «Si dices una mentira, por grande que sea, y sigues repitiéndola, la gente acabará por creerla». El ejemplo claro de esta siniestra máxima aconteció el 19 de mayo de 1643, triste jornada de la historia de nuestro país en la que los Tercios españoles, acompañados de otros tantos soldados valones, alemanes, italianos y borgoñones, fueron derrotados por las tropas francesas a las órdenes del joven duque de Enghien en Rocroi. Ese día en el que las Ardenas se tiñeron con el rojo carmesí de la sangre de combatientes veteranos.

Manuel P. Villatoro

Manuel P. Villatoro

Más de tres siglos de falacias dan para mucho. Ya dijo el ministro de Propaganda del Tercer Reich, el embaucador Joseph Goebbels: «Si dices una mentira, por grande que sea, y sigues repitiéndola, la gente acabará por creerla». El ejemplo claro de esta siniestra máxima aconteció el 19 de mayo de 1643, triste jornada de la historia de nuestro país en la que los Tercios españoles, acompañados de otros tantos soldados valones, alemanes, italianos y borgoñones, fueron derrotados por las tropas francesas a las órdenes del joven duque de Enghien en Rocroi. Ese día en el que las Ardenas se tiñeron con el rojo carmesí de la sangre de combatientes veteranos.

De aquello nos  ha quedado el regustillo agridulce. Por un lado, los libros han reconocido la valentía del último Tercio que, tras resistir los mil y un envites de la caballería gala, aceptó las honrosas capitulaciones ofrecidas por los franceses. Pero también se ha extendido la versión repetida hasta la saciedad por la propaganda enemiga; aquella ansiosa por difundir a lo largo y ancho del viejo continente que la mejor infantería de Europa había sido, al fin, derrotada. Ya lo escribió, aquellos días, «La Gazette de France»:

«Una victoria es siempre bienvenida, pero cuando es de las más grandes de su siglo, cuando llega al comienzo de un reinado, de un gobierno y de una campaña, entonces se asemeja a los rayos del sol».

Para luchar contra esta Leyenda Negra tan extendida, el conocido escritor, divulgador histórico y finalista del Premio Planeta Fernando Martínez Laínez ha alumbrado «El declive» (Ediciones B, 2020). Una novela histórica (la tercera parte de la saga «La senda de los Tercios») en la que, a golpe de investigación, separa las verdades palpables de las falacias fijadas en la mente de la sociedad. Algunas de ellas, tan extendidas por la propaganda gala como que Rocroi supuso una catástrofe militar para nuestro país o que asestó una puñalada mortal a los Tercios españoles. «La última fue exagerar el número de bajas en relación al total del ejército que entabló batalla», desvela el autor en declaraciones a ABC.

Pero «El declive» no solo se adentra en el lado más militar de la contienda y en la campaña orquestada por Francisco de Melo desde Flandes para rebajar la presión ejercida sobre la Península. Usando como telón de fondo la era en la que el Imperio se veía acosado por franceses y holandeses (amén de las revueltas en Portugal y Cataluña), Laínez se zambulle de bruces en la que es su segunda gran pasión: la historia del espionaje. Y lo hace a través de una lucha interna entre servicios de inteligencia de la época. Enfrentamiento, por cierto, que podría explicar algunos flecos todavía por resolver sobre Rocroi...

-¿Era tan mala como nos han contado la situación de España antes de la campaña de Francisco de Melo?

Si, era muy mala. España tenía dos heridas abiertas en el interior, más dos guerras separatistas declaradas en Cataluña y Portugal, que exigían un gran esfuerzo militar para contener el desastre. Y a esto se añadía el tumor permanente de Flandes y la guerra con Francia, país que seguía siendo una gran potencia militar en Europa. En realidad. España estaba rodeada de enemigos por todas partes. No es extraño que los españoles proclamaran con cierta altanería: “Todos contra nos y nos contra todos”, porque así era.

-¿Cuáles son los grandes mitos que todavía perduran sobre la batalla de Rocroi?

Fundamentalmente dos, difundidos por la propaganda francesa. Uno, que Rocroi asestó un golpe mortal a los tercios y supuso una catástrofe militar decisiva para España. Otro, fue exagerar el número de bajas en relación con el total del ejército que entabló la batalla. La derrota fue grande, pero no nunca vista, como siguen repitiendo en Francia. Se salvaron unos diez mil hombres, que añadidos a los que aun quedaban en Flandes, más un tercio íntegro y la reserva del barón de Beck que hubiera podido decidir la batalla y nunca apareció, formaban un ejército similar en número al vencido en Rocroi. Lo peor fue la pérdida de miles de soldados “viejos” de los tercios, una merma irrecuperable.

-Existen misterios sin resolver, como el devenir del último tercio que se enfrentó al duque de Enghien. ¿Combatió hasta el último hombre o aceptó la rendición?

En ese último tercio se produjo el reagrupamiento de otras unidades desamparadas que formaron cuadro para hacer frente a las acometidas francesas. Cuando Enghien reajustó las tropas para el último tramo del combate, los franceses atacaron con infantería y caballería por tres costados a cada batallón español. La resistencia cerrada de las picas y la arcabucería española fue feroz, y rechazó un ataque tras otro, pero los españoles se quedaron sin munición, y la artillería francesa, disparando a muy corta distancia, hizo estragos en las filas de la infantería hispana indefensa.

Enghien amenazó con cargar los cañones con puñados de balas de mosquete para aumentar la carnicería. El último escuadrón del tercio de Alburquerque que mandaba el sargento mayor Peralta dejó el campo enemigo sembrado de cadáveres y aceptó las condiciones de capitulación de Enghien. Ofrecía cuartel a los supervivientes y una capitulación que equivalía a ser tratados como plaza fuerte, pero tuvieron que ceder las armas y el bagaje. Aun así, no hubo persecución final de los vencidos porque Enghien no quiso arriesgarse.

-¿Marcó Rocroi, como se cree, el declive de los tercios?

No. Rocroi no fue una catástrofe decisiva en el contexto bélico europea, ni marcó el declive de los tercios, que aun siguieron guerreando dieciséis años más contra Francia. Pero Rocroi, sí resultó un síntoma evidente de una cuesta abajo a cámara lenta de la supremacía militar hispana en Europa. Una caída paulatina de la que España hubiera podido recuperarse, de no ser por el desgaste que supuso tener que combatir muchos sitios y hacer frente a las rebeliones separatistas de Cataluña y Portugal.

-¿Fueron las diferencias entre Alburquerque y Fontaine las que determinaron el triste destino de Rocroi?

En buena parte sí. Melo, como militar, era un personaje mediocre, claramente superado por los acontecimientos que rodearon la batalla. Su displicencia arrogante resultó fatal. En cuanto a Fontaine, era un jefe valeroso, pero provecto y físicamente muy debilitado. Tuvo que ser llevado en parihuelas durante el combate, con la mala suerte, además, de morir al poco tiempo de iniciarse la lucha.

-Uno de los personajes principales de la obra es un espía. ¿Ayudaron el espionaje y la inteligencia a la victoria de los tercios?

La actuación de la inteligencia hispana dejó bastante que desear en Rocroi, y no estuvo a la altura de otras ocasiones. En Rocroi el bando español no supo ver lo que se le venía encima, y Melo manejó muy mal la información en el momento clave del avance del ejército francés, deseoso de entablar batalla cuanto antes. El mando francés parecía saberlo todo y supo leer con claridad la situación, mientras que el español parecía estar ciego.

-¿La inteligencia francesa estuvo acertada?

Al iniciarse la batalla estaba prevista la intervención de unos 300 arcabuceros del bando español, que esperaban emboscados en un bosquecillo el ataque de la caballería francesa contra la caballería del duque de Alburquerque. Pero los franceses eliminaron por sorpresa a esos arcabuceros y acabaron arrollando a los de Alburquerque. Sin duda los espías franceses informaron de eso. Una acción que resultó decisiva en la batalla, porque desniveló todo el dispositivo de combate hispano y acabó dejando aislados a los tercios.

-¿Podría señalarnos algún agente destacado dedicado al espionaje?

La red de inteligencia que cubría los movimientos del bando hispano en Rocroi operaba mayormente desde Flandes, cuyo gobernador era el propio Melo. Uno los principales responsables del espionaje en Rocroi era Juan Antonio Vincart, secretario de los “avisos secretos” de guerra en Bruselas, que escribió una relación incompleta de la batalla y del que sabemos muy poco.

-¿Influyó el espionaje en que no llegaran al campo de batalla los refuerzos que se esperaban?

La actuación de los espías resulta decisiva a la hora de valorar algunas de las incógnitas que todavía rodean Rocroi. El bando español hubiera ganado si el refuerzo de unos 5.000 hombres que mandaba el barón Beck y estaba a poca distancia del campo de batalla hubiera llegado cuando se le esperaba, pero ese refuerzo llegó tarde y ni siquiera intervino.

El mando francés, alertado por sus espías, tenía que evitar a toda costa que la fuerza de Beck llegara a Rocroi a tiempo. Lo consiguieron y por eso el duque de Enghien se dio tanta prisa para terminar la batalla antes de que el refuerzo apareciera y desnivelara el combate en favor del ejército hispano. Sigue estando poco claro el porqué Beck se retrasó tanto. La actividad secreta francesa es muy probable que tuviera algo que ver.

-¿Es esta la última novela que dedica a la saga, o podemos esperar alguna más?

Hablar del futuro hoy es puro acertijo. El próximo libro, seguramente, será de no-ficción, también conectado con la cultura de inteligencia, si el coronavirus y la situación lo permiten.

-Esta novela aúna sus dos grandes pasiones, los tercios y el espionaje. ¿La calificaría como su mejor novela histórica?

No lo sé. Solo el tiempo podría responder a eso.

La Leyenda Negra: crónicas en La Gazzette de France

1-Texto de Teóphraste Renadout:

«Una victoria es siempre bienvenida, pero cuando es de la más grandes de su siglo, cuando llega al comienzo de un reinado, de un gobierno y de una campaña, entonces se asemeja a los rayos del sol, cuya simple luz es hermosa cada día, pero cuyos efectos se multiplican tantas veces como se reflejan en los espejos que los reciben, Por si misma, la victoria es tan gloriosa como grande. Es de muy buen augurio para el Rey, bajo cuyos auspicios sirve de primera muestra y pedestal a sus triunfos; remarca la felicidad de una regencia, de la cual el éxito se declara partidario, y el valor y la conducta de un general que comienza su carrera por donde otros vendrían a terminar las suyas. Sobre todo, nos ha dado una esperanza de acabar bien esta campaña, que el gran golpe que han recibido los enemigos les hace temer que ésta no llegue a su conclusión».

2-Texto de François Goyón:

Tras una serie de cargas, y después de horas de contienda, las crónicas francesas cuentan que el duque de Enghien quiso aproximarse a los soldados españoles para ofrecerles, una vez más, la rendición. Al parecer, estos abrieron entonces fuego contra la comitiva...

«El duque de Enghien avanzó para recibir sus palabras y entregar las suyas, los infantes españoles creyeron que el príncipe iba a recomenzar otro ataque. En ese error, le dispararon una carga, el peligro fue tan grande que secó la jornada. Sus tropas, irritadas al venir su general, lo atribuyeron a la equivocada confianza de los españoles. Se sucedieron las cargas de todos los flancos sin esperar la orden, y vengaron con una matanza espantosa el peligro que habían previsto. Los franceses (se) introdujeron con la espada en la mano hasta en medio del batallón español, y, sin importar el esfuerzo del duque de Enghien por detener sus furias, los soldados no tuvieron ningún cuartel».

Fuente: ABC