
CARACAS (Sputnik) — El Gobierno de Venezuela reclamó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que no se preste a difundir cifras de la crisis migratoria venezolana divulgadas por países enemigos que buscan una intervención, dijo en rueda de prensa la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
"Nos hemos comunicado con el secretario general (de la ONU), António Guterres, para manifestar nuestra preocupación de que funcionarios de forma aislada estén prestándose (…) para convertir un flujo migratorio normal en una crisis humanitaria justificadora de una intervención", dijo Rodríguez.
La vicepresidenta del país caribeño, que no identificó a los funcionarios supuestamente involucrados, se quejó de que "han hecho valer como propios datos que aportan gobiernos de países enemigos".
La ONU estima que unos 2,3 millones de venezolanos viven fuera del país, y de ellos 1,6 millones emigraron a partir de 2015, aunque el flujo se intensificó en los últimos meses.
Venezuela asegura que no se trata de una crisis humanitaria.
El 3 de septiembre comenzó en Quito un encuentro de 12 países latinoamericanos para abordar la problemática de las decenas de miles de venezolanos que dejan su país y se instalan en países vecinos.
Del encuentro, que continuará este 4 de septiembre, participan delegados de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay, así como representantes de la ONU.

No son venezolanos huyendo. Son casi cien mil venezolanos que cruzaron la frontera colombiana para realizar compras en Julio de 2016. Foto: -Carlos-Ramirez/elunverisal.com.co
El miércoles, se celebrará una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos para tratar la crisis migratoria venezolana.
Venezuela: Uso de (falsos) datos migratorios como propaganda para una intervención estadounidense
El medio de investigación misionverdad.com destapó las cifras manipuladas sobre la migración venezolana y su uso mediático para propiciar la intervención.
El fenómeno migratorio en Venezuela, que ha crecido exponencialmente durante los últimos dos años, no ha sido abordado con rigurosidad, por el contrario, se toman los números al azar para instalar la matriz del «éxodo de venezolanos» con el inconveniente de dejar cabos sueltos entre los informes presentados.
Manipuladas, las cifras hacen considerar a cualquiera que consuma incrédulamente las cápsulas informativas de la mediática internacional sobre las condiciones de estabilidad en el país. Las estimaciones van desde cientos de miles hasta 4 millones, comparándolo con conflictos bélicos como el de Siria, que ha desplazado a más de 5 millones de personas durante los siete años de guerra.
Las organizaciones internacionales y empresas privadas que ejercen el control sobre los datos migratorios, presentan cifras en crudo sin un análisis circunstancial y sirven de fuente fidedigna para las notas alarmistas de los medios que le añaden contexto e interpretación interesadas según las intenciones del momento.
En el caso venezolano, las cifras han marcado una inconsistencia entre lo que arrojan instituciones y lo que manifiestan figuras mediáticas. De hecho, pareciera que las primeras estuvieran proyectando a los resultados futuros de las segundas. Si nos trasladamos tres años atrás, en 2015, los medios decían que 1 millón y medio de personas se habían marchado en los últimos 15 años, tomando como fuente a instituciones nacionales especializadas en las tendencias migratorias como el Laboratorio Internacional de Migraciones de la Universidad Simón Bolívar y el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello. Sin embargo, los datos arrojados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para ese año indicaban que 606 mil 281 venezolanos vivían fuera del país.
En su intento de presionar los tiempos para avanzar en la agenda exterior de EE.UU. contra Venezuela, Almagro publicó en septiembre de 2017 un desgastado informe donde sostenía, con fuentes dudosas, que había más de 2 millones de «desplazados». Este calificativo no es gratuito, pues viene a abonar en la construcción de una percepción internacional de Venezuela como un «Estado fallido».
Inducir la cifra que necesitan para hacer del caso venezolano digno de opacar la realidad mundial de desplazamientos por conflictos desatados bajo la firma de los países del llamado Primer Mundo, ha costado años de ataques al sistema económico nacional y propaganda mediática del terror. Es solo en este año cuando la OIM reconoce la cifra de 1 millón 642 mil 442 de venezolanos en el exterior, que según la organización ACNUR de la ONU no clasifica dentro de la categoría de «refugiados».
Cuando en mayo el presidente Juan Manuel Santos declaró ante Bloomberg TV que existía más de 1 millón de venezolanos dentro de la nación colombiana, tuvo que explicar el gerente para la frontera de ese país, Felipe Muñoz, que la cantidad hacía referencia a «la cifra sumada de toda la población venezolana que puede estar en Colombia. Más de 320 mil venezolanos regulares, otro grupo que tiene visa, otro con permiso especial de permanencia, o pasaporte. Y además de eso hay un grupo que hace tránsito en el país, no necesariamente todos se quedan».
Entre los que hacen tránsito en el país vecino, existe un grupo categorizado como «migración pendular» que se instala en las regiones fronterizas por un periodo corto de tiempo para hacer actividades económicas puntuales para luego regresarse a Venezuela, lo que explica que haya días donde el movimiento migratorio ascienda por encima de los 45 mil.
Por otro lado, la OIM, en su informe de abril sobre Tendencias Migratorias en las Américas y en un proyecto en conjunto con Migración Colombia para conocer el perfil de nacionalidad que componen el flujo migratorio entre Venezuela y Colombia, muestra que de los 600 mil venezolanos migrantes registrados por el organismo, 40% está constituido por colombo-venezolanos, es decir, personas que poseen tanto la nacionalidad colombiana como la venezolana.
¿Por qué enfatizar el hecho de que buena parte de la población que migra hacia Colombia es nacida en ese país o tiene orígenes de allá? Primero porque el Estado colombiano ignora a propósito la realidad migratoria de la población en su territorio producto de la violencia paramilitar y el narcotráfico, que lidera los números de desplazados internos en Latinoamérica, con 7.7 millones de personas. Solo en Venezuela existen 5 millones de refugiados colombianos.
Y segundo, porque así se recuerda que el país fronterizo era hasta hace poco uno de los sitios de menor interés para cualquier migrante. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística colombiano, entre 1985 y 2005, Colombia tuvo saldos netos migratorios negativos.
Eso significa que fueron más personas las que emigraron del país vecino que las que entraron. Que ahora se anuncie como sitio principal de destino para los venezolanos exiliados, cae muy bien a las intensiones de captar los recursos donados por los patrocinadores del «canal humanitario» en Venezuela. Pero lavarle la cara al Estado narcotraficante es un ejercicio mediático de gran aliento.
El caso colombiano de manipulación e inconsistencia demuestra que los estudios van a engrosar los números para hacerlos atractivos a la causa extranjera. Si aún le diéramos el beneficio de la duda a las cifras, desmontarlas radicaría en caracterizar el perfil, los detonantes y el punto álgido de la migración.
Un ejercicio sencillo de contextualización: de ser cierto que 1 millón y medio de venezolanos se ha desplazado, 900 mil de ellos lo habrían hecho en 2017, año en el que la asfixia financiera, bloqueo de alimentos e insumos médicos y sanciones emitidas por el propio presidente de Estados Unidos alteraron considerablemente la estabilidad económica del país.
Desde el punto de vista político, en ese mismo lapso, el sector opositor recibió un racha de derrotas en el plano electoral luego de mitigados los esfuerzos por violentar la gobernabilidad de la dirección chavista (revolución de colores de 2017), lo que trajo suficiente depresión colectiva a una porción del país para movilizarse a las metrópolis que le garanticen los estándares de clase media que disfrutaban en Venezuela, aún a costa de lavar autos y atender puestos de comida rápida.
Los organismos multilaterales se han encargado por años de contabilizar el perjuicio causado en los territorios donde el aparato capitalista deja su huella asentada. Los desplazamientos, como otra de sus consecuencias, pasan desapercibidos ante la mirada pasiva del mundo occidental. La hora estelar que recibe Venezuela en estos momentos arroja candela a la narrativa injerencista y justifica la activación de la destructiva «ayuda humanitaria».
Análisis: 90 días que definirán el futuro de Venezuela (y Suramérica)
José Negrón Valera
La hipótesis más fuerte que parece rondar la mente de los analistas de inteligencia es la siguiente: Estados Unidos está a punto de pedirle a Colombia que desate una agresión contra Venezuela para evitar que Suramérica se les vaya de las manos.
Una guerra que involucre a toda la región evitará, a juicio de Washington, que Lula vuelva a gobernar Brasil y que Macri, en Argentina, pueda lograr el plan de entrega de ese país al Fondo Monetario Internacional.
Al lanzar a todos los países en una aventura guerreristas se intenta apagar toda protesta interna y reorientar la opinión pública hacia afuera de sus fronteras. La historia está plagada de estrategias semejantes.
Razones para preocuparse
"Estos 90 días son cruciales y de una gran prueba. De lo que ocurra en estos tres meses dependerá cómo amanezca Venezuela el 1 de enero", la frase corresponde a Diosdado Cabello, uno de los líderes más importantes de la Revolución Bolivariana.
¿Tiene alguna razón el dirigente bolivariano para usar tamaña sentencia?
Pongamos máxima atención al tuit del Comandante del Ejército Nacional de Colombia, Ricardo Gómez Nieto, quien en el marco de los ejercicios navales UNITAS, habla del agradecimiento que siente hacia el Ejército norteamericano por la ayuda en la "construcción de un pozo de agua potable" en la comunidad de Rumonero.
La misma estrategia "altruista" ha sido usada por el ejército norteamericano en Afganistán con el fin de ir consolidándose en el territorio.
En todo caso, lo importante a resaltar es que fue precisamente en la Guajira donde Colombia estableció en 2015 la Fuerza de Tarea de Armas Combinadas Medianas (FUTAM), pertrechada con armas de combate blindadas, artillería, de infantería, apoyo logístico y aviación del ejército. Sólo al ver en el mapa donde se construyen los 'pozos de agua' entendemos por qué Venezuela tiene derecho a preocuparse.
?Además, en los últimos días, operadores políticos al servicio de la agresión contra Venezuela han hecho declaraciones claves que parecen filtrar el consenso alcanzado en las cúpulas militares de Estados Unidos.
Marco Rubio, senador republicano, reveló que "las circunstancias han cambiado" con respecto a Venezuela. Rubio considera que la intervención militar al país es una enorme posibilidad por cuanto el Gobierno de Nicolás Maduro representa una "amenaza regional", criterio que comparte con John Bolton, asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca.
?Por otro lado, Ramón Muchacho, vocero de la oposición venezolana, ha declarado que en lo relativo a una intervención militar contra Venezuela, "en este momento debe haber consultas muy intensas, de altísimo nivel entre expertos militares, expertos de inteligencia y algunos países de la región, empezando por Colombia, que después de los Estados Unidos es el país que tiene el poderío y la fuerza para actuar".
Al ver la imagen que acompaña la cuenta en español del Departamento de Estado, podemos pensar que Rubio y Muchacho, no dan puntada sin dedal. Ahora, la cuestión no es si atacarán al país suramericano sino cuando.

La cuenta del Departamento de Estado de EEUU en español
Una fecha y una excusa para la agresión
Samuel Moncada, representante de Venezuela ante la ONU, ha sido enfático al afirmar que su país se encuentra en la fase "más peligrosa de la agresión. Estamos hablando de la 'securitizacion' del tema migratorio, la manipulación de un tema socioeconómico para convertirlo en un asunto de paz y seguridad regional".
Para Moncada, la decisión de Brasil de enviar militares a la frontera con la excusa de tratar el tema de la inmigración venezolana, así como la intensificación mediática del mismo tema en la frontera con Colombia, solo buscan construir un 'casus belli' para declarar a Venezuela como un Estado fallido que genera desestabilización regional.
Alerta, además, que la OEA ha convocado para este 5 de septiembre al Consejo Permanente, con el fin de abordar la "crisis migratoria originada por la situación en la República Bolivariana de Venezuela". A dicha reunión se ha invitado a representantes de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), así como integrantes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Para Moncada si estos organismos participan "estarán validando el inicio de hostilidades con amenaza de uso de la fuerza militar con carácter 'preventivo' para defender la seguridad de EEUU".
¿Qué debe hacer Venezuela?
La primera acción es blindar la frontera.
Los recientes acontecimientos de sabotaje detectados en el estado Zulia contra la infraestructura eléctrica son una pista para saber cuál es la región de Venezuela contra la que se prepara la primera acción de ataque por parte de Colombia.
Además, resulta imperiosa la necesidad de, así como se está llevando a cabo en el estado Táchira, se active de manera inmediata la incorporación del mayor número de milicianos posible para la Defensa Integral de la Nación. En este momento, la doctrina de la "guerra de todo el pueblo" cobra plena vigencia.
?Por último, debemos entender que dentro de la doctrina de Guerra No Convencional, la agresión no vendrá en la forma tradicional ejército contra ejército.
Es muy probable que la agresión, al menos inicial, sea dada por lo que ha sido catalogado como el 'ISIS' de Suramérica.
Será el paramilitarismo colombiano que opera en la frontera, el brazo armado de Estados Unidos en la región. Solo que esta vez contará con todo el apoyo logístico y armamentístico de Washington y el respaldo en terreno de Colombia.
La segunda acción está constituida por la protección integral de la operación combinada entre Venezuela y las naciones de Rusia y China.
Estas primeras semanas de septiembre serán críticas, por cuanto en las fronteras colombianas se encuentran desplegadas medios militares de Estados Unidos y de la OTAN. El trabajo de inteligencia y prevención es fundamental.
La iniciativa de "construir pozos de agua" por parte de Estados Unidos, en una zona tan sensible como la Guajira, podría ser la fachada de relaciones públicas para ocultar la instalación de armas de guerra electrónica con el intención de propiciar incidentes graves durante la realización de la operación combinada de Venezuela, especialmente en los aviones o pruebas misilísticas. No está de más pensar que podría estarse planeando una interferencia electrónica con el empleo de satélites y aviones de tipo E3 AWACS, para desacreditar ante la opinión pública internacional dicha operación.
Así como la bomba nuclear protege a Corea del Norte de no ser arrasada por la OTAN, la alianza con Rusia y China garantiza a Venezuela que no correrá con la misma suerte que Libia, Irak y Yemen. Para Estados Unidos deslegitimar a Rusia en Suramérica es una tarea principal.
La tercera acción es garantizar la cohesión interna.
Hace unos días portales web ligados a la oposición venezolana reportaron que "grupos anónimos" lanzaron panfletos con mensajes alusivos a próximas operaciones de desestabilización contra el Gobierno de Nicolás Maduro.
Sin embargo, en un país donde el liderazgo opositor se encuentra absolutamente fragmentado, lo que más preocupa es la economía. A pesar de que el Gobierno nacional ha firmado 'precios acordados' con los empresarios venezolanos, ha comenzado una nueva etapa de escasez de alimentos, en algunos rubros especialmente en lo que refiere a la proteína animal. Un fenómeno que parecía ya superado.
Proveer un clima de confianza y estabilidad a su propia población resulta vital para que el Gobierno venezolano pueda enfrentar una amenaza externa que cada vez da más signos de hacerse realidad.
Al menos así lo cree Brian Winter, editor jefe del influyente medio Americas Quarterly, quien ha expresado en su cuenta Twitter:
"Un amigo con contactos de alto nivel en [Washington] DC me dijo recientemente 'Me temo que van a hacer algo loco'"
?Los noventa días han comenzado.