geoestrategia.eu

Idlib: un acuerdo sobre un cielo caliente

Por Elespiadigital
x
infoelespiadigitales/4/4/19
domingo 30 de septiembre de 2018, 20:00h

Parece que la masacre humana en Idlib se ha detenido por momentos, al menos a medio plazo. Los dos presidentes implicados, Putin y Erdogan, en su cuarto encuentro de este año y el segundo en diez días, alcanzaron un principio de acuerdo sobre la creación de una franja desmilitarizada alrededor de Idlib, que evite una sangrienta batalla en esta histórica ciudad Siria.

Jad El Khannoussi

 

Jad El Khannoussi

Parece que la masacre humana en Idlib se ha detenido por momentos, al menos a medio plazo. Los dos presidentes implicados, Putin y Erdogan, en su cuarto encuentro de este año y el segundo en diez días, alcanzaron un principio de acuerdo sobre la creación de una franja desmilitarizada alrededor de Idlib, que evite una sangrienta batalla en esta histórica ciudad Siria.

Turquía y Rusia, dos rivales históricos a quienes la realidad geopolítica y el devenir de los sucesos obligaron a un entendimiento (o al menos, forjar una alianza temporal), se encontraban al borde de una nueva ruptura. Es lo que reflejó el encuentro tripartido celebrado entre Teherán, Moscú y Ankara (Teherán 7/9/2018), que por primera vez puso en cuestión la supervivencia del Acuerdo de Astana (2017) para resolver el dilema sirio. Un problema que se ha prolongado en el tiempo y que ha derramado ya demasiados litros de sangre. Idlib, último bastión de la oposición (70 mil personas, incluido el grupo radical Al-Nosra con alrededor de 10 mil), es una de las ciudades más pobladas del país. Más de tres millones de personas viven allí, y alrededor del un millón son niños, por lo que cualquier operación militar hubiese resultado una tragedia, semejante a tantas otras que siguen ocupando muchas páginas negras en la historia de la humanidad, y que todavía se siguen escribiendo en el siglo XXI. Así llegamos hasta hoy. Deberíamos interrogarnos por una serie de cuestiones: ¿qué va a suceder partir de ahora?, ¿qué significa una franja desmilitarizada de 15 kilómetros al sur de Idlib? Y lo más acuciante: ¿acaso pueda ser el fin del problema sirio?

La implicación de Rusia en Siria (septiembre de 2015) significó una oportunidad histórica le permitió regresar al escenario político internacional. Bien es cierto que ha cosechado éxitos militares, pero a nivel político y diplomático los resultados todavía están muy lejos de lo deseado. Entretanto apoderarse de Idlib -último baluarte de los resistentes- no sólo pondría fin a la masacre (aunque este  sueño está todavía muy lejos), sobre todo mejoraría la imagen del presidente ruso ante su pueblo, y daría a entender que Putin tomó la decisión correcta ordenando su intervención directa en Siria. Pero los vientos de la historia soplan en contra de las pretensiones rusas.

Idlib es una ciudad peculiar. Situada al noroeste del país, próxima a Turquía (a unos 45 kilómetros), allí se focaliza el gran dilema. Cualquier chispa que brote prendería un fuego que tarde o temprano se trasladaría al interior turco. Idlib resulta fundamental para la profundidad geoestratégica de Turquía. En este aspecto, no sorprenden las declaraciones de los dirigentes turcos, caso de Yassin Qahtani, consejero del presidente, quien sospechaba que cualquier ataque a Idlib significaba una agresión a Turquía. Además de otras muchas declaraciones que demuestran la importancia de esta ciudad para el país otomano y su seguridad. Por tanto, cualquier conflicto involucra directamente a Ankara, no en vano Turquía sostiene doce enclaves militares alrededor de Idlib, una presencia estratégica que incomoda a Rusia. Además, Turquía permanece dispuesta a equipar a la oposición con armas pesadas por vez primera desde el estallido de la crisis, y según desvelan informes las fuerzas turcas ya están preparadas para frenar cualquier ataque del ejército sirio con toda clase de armas. Porque Ankara es consciente de que un fracaso en Idlib, transformaría sus fronteras meridionales en un caso semejante al sur de Líbano, es decir, con presencia de milicias iraníes y sobre todo milicias kurdas apoyadas por Washington. Rusia conocedora de esta realidad geoestratégica turca, tampoco quiere  sacrificarse por sus éxitos diplomáticos con Ankara.

El Kremlin es consciente de la importancia de Turquía, más incluso que Irán (un país de milicias) o el propio régimen de Assad (que tiene sus días están contados). Un encuentro bilateral (17-9-2018) confirma esta preocupación. Turquía permitió a Rusia abrir una grieta en la Alianza Atlántica, y además le liberó del asedio económico occidental, mediante compra de armas, intercambios comerciales o el paso de gaseoducto a Europa. Ninguno de estos avances resulta sencillo para Moscú. Al mismo tiempo, la batalla de Idlib será diferente a todas las demás, ya que no hay margen de retroceso o posibilidad de escape a otras regiones. Entonces será una cuestión de vida o muerte para la oposición Siria, lo cual complicará la posición de Moscú que no quiere involucrarse más en el pozo sirio. Por el contrario, desea una solución diplomática a través de los Acuerdos de Astana  que le garantice ciertos beneficios económicos en la reconstrucción del país de Shem. Allí la presencia turca resulta fundamental y su retirada del pacto significaría la derrota de los esfuerzos diplomáticos rusos. También otorgaría carta blanca a Occidente, especialmente a Estados Unidos, anunciando el fracaso de Rusia en el dilema sirio, y por consiguiente retomar los Acuerdos de Ginebra. Los últimos intentos occidentales de atraer a Turquía son un fiel reflejo de la situación, a la vez que refuerzan la posición turca. Occidente sabe que cualquier posible solución abriría el debate sobre otras regiones, en especial el norte, vital para los americanos por la abundancia de recursos naturales y su posición geoestratégica. El propio Henry Kissinger advirtió en su día a la Administración Carter acerca de lo que hoy llaman en Washington “La nueva Estrategia”. Fue uno de los motivos principales de la invasión de Irak (2003), para establecer así una línea defensiva que se extendiera desde los Balcanes hasta Afganistán, y controlar así el petróleo de Rusia y el Golfo árabe; en otras palabras, dominar el espacio euroasiático. Una estrategia que Moscú no va a permitir. Estados Unidos gobierna el 30% de la superficie siria, una línea roja con bloqueo aéreo. Las fuerzas norteamericanas no abandonarán Siria y las palabras del presidente Trump no son más que simple mercancía para el consumo mediático. El Pentágono destaca la importancia del este del Éufrates (norte de Siria), sin olvidar su control del norte de Irak. Lo demuestra la creciente presencia británica con ocho bases militares y la posible intervención de Alemania y Francia. Esta última ya ha bombardeado zonas en el país de Shem.

Ambos países, mirando cada uno por sus intereses, intentaron encontrar puntos de acuerdo en Socchi para garantizar la seguridad de las rutas principales. Es decir, una franja desmilitarizada que parta de Idlib a Alepo y desde aquí a Homs Alepo. Rusia puede dividir la ciudad en varias regiones para aislar a los kurdos y alejarles de Ladiquía, lo mismo que de otras regiones como Sahl al-Ghab o Yabal al-Qamon, dos zonas de suma importancia para Moscú, mientras que Ankara se desvincule de la oposición radical Al-Nusra. La tarea resulta harto complicada, debido a la participación de varios actores en la aparición y desaparición de estos movimientos.

En fin, lo más evidente en este momento es que el acuerdo bilateral -o mejor dicho los esfuerzos diplomáticos- entre Ankara y Moscú han detenido por el momento el baño de sangre que con toda seguridad hubiera desembocado en una masacre humana. Pero el acuerdo será sometido a exigentes pruebas y desafíos, sin olvidar que muchos (EE UU, Israel e Irán) no desean que funcione. Quién sabe, quizás el derribo del avión ruso sea una primera prueba de lo que estamos advirtiendo. Lo cierto es que nos encontramos al inicio de nueva época de negociaciones y el problema sirio vivirá movimientos muy notables. Por ejemplo, la próxima reunión cuatripartita entre Rusia, Turquía, Francia y Alemania. El gran ausente será el pueblo sirio, aunque este dilema tan complejo sólo se podrá resolver cuando los sirios de todas inclinaciones políticas puedan aparcar sus diferencias y dialoguen. Porque al fin y al cabo, su país es el gran perdedor en esta compleja partida de ajedrez complejo que se está jugando sobre sus tierras.