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Otra de Monenés y su banda: rechazar a los aspirantes a soldado por llevar tatuajes “visibles”

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
sábado 13 de julio de 2013, 00:00h

Publicaba recientemente el diario El País el caso de J. C. nació hace 25 años en Getafe (Madrid), en el cinturón industrial de la capital, donde vive con sus padres: él es mecánico, sufre una discapacidad del 33% y trabaja en la ONCE; ella es peluquera, carece de empleo y ejerce de ama de casa. A esta mujer siempre le atrajo la vida militar y hace siete años, cuando el Ejército andaba escaso de reclutas, ya estuvo tentada de convertirse en soldado. Su familia la convenció para que estudiara una carrera y en junio del año pasado se graduó en Derecho por la Universidad Carlos III. Asiste por las mañanas a una academia donde se prepara para ingresar en las Fuerzas Armadas y pasa dos horas diarias en el gimnasio, poniéndose a punto para las pruebas físicas. Su sueño es acabar de oficial en el Cuerpo Jurídico Militar, y piensa que, para alcanzarlo, lo mejor es empezar de soldado raso.

Redacción

Publicaba recientemente el diario El País el caso de J. C. nació hace 25 años en Getafe (Madrid), en el cinturón industrial de la capital, donde vive con sus padres: él es mecánico, sufre una discapacidad del 33% y trabaja en la ONCE; ella es peluquera, carece de empleo y ejerce de ama de casa. A esta mujer siempre le atrajo la vida militar y hace siete años, cuando el Ejército andaba escaso de reclutas, ya estuvo tentada de convertirse en soldado. Su familia la convenció para que estudiara una carrera y en junio del año pasado se graduó en Derecho por la Universidad Carlos III. Asiste por las mañanas a una academia donde se prepara para ingresar en las Fuerzas Armadas y pasa dos horas diarias en el gimnasio, poniéndose a punto para las pruebas físicas. Su sueño es acabar de oficial en el Cuerpo Jurídico Militar, y piensa que, para alcanzarlo, lo mejor es empezar de soldado raso.

Con estudios superiores, carné de conducir y certificado de inglés, J. C. está muy por encima del nivel exigido para optar a las 1.500 plazas de tropa y marinería convocadas este año por el Ministerio de Defensa. Pero se ha tropezado con un obstáculo tan minúsculo como aparentemente insalvable: un tatuaje en tinta negra de 4 x 2 centímetros en su muñeca izquierda.

El pasado 17 de junio la academia donde se prepara para ser militar le remitió la convocatoria publicada en el BOE. J. C. la leyó con detenimiento, aunque ya la conocía de años anteriores. En el punto 3.3.i) de la convocatoria publicada en el BOE relativo a las condiciones para poder participar en la oposición, saltó la sorpresa: se exige carecer de tatuajes que pudieran ser visibles vistiendo las diferentes modalidades de los uniformes de las Fuerzas Armadas no especiales.

Un portavoz de Defensa aseguró que la prohibición de llevar tatuajes ofensivos deriva del código disciplinario y la que proscribe cualquier tatuaje visible del “respeto a la uniformidad” y la “instrucción de policía de personal y aspecto físico”, aunque no se obligue a los militares a quitarse los tatuajes. Las anteriores convocatorias de tropa y marinería no incluían este requisito. Tampoco las de ingreso en la Guardia Civil.

La ley de la Carrera Militar y la de Tropa y Marinería enumeran las condiciones para convertirse en militar: ser español (o de algunos países iberoamericanos), tener de 18 a 29 años, no estar privado de derechos civiles, carecer de antecedentes penales, no haber sido expulsado de la Administración, poseer la titulación académica exigida, superar las pruebas selectivas. Nada que ver con la estética o el aspecto físico.

Mariano Casado, abogado y dirigente de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), cree que la exigencia puede ser inconstitucional. Recuerda que el artículo 30 de la Constitución reconoce a los españoles “el derecho y el deber” de defender a España; y el 103 “el acceso a la función pública de acuerdo a los principios de mérito y capacidad”. Ninguna convocatoria puede imponer requisitos que no estén previstos en la ley, advierte.

A la redacción de El Confidencial Digital han llegado denuncias en los últimos días y se está generando una intensa polémica entre los aspirantes a acceder a una de las 1.500 plazas de ingreso que han aprobado las Fuerzas Armadas para este 2013, a las que se estima que se presentarán unos 14.000 aspirantes. Las pruebas de acceso se están realizando actualmente en Oficinas de Reclutamiento de toda España.

Según estas denuncias, ya se está denegando el acceso a aquellos que tengan tatuajes visibles con cualquiera de los uniformes reglamentarios del Ejército o de la Armada. De esta manera, tatuajes en el cuello, antebrazos, codos o manos son motivo de denegación de la solicitud.

Al menos, la medida no es retroactiva, por tanto, ningún militar en servicio que tenga tatuajes se verá perjudicado por ella.

Desde hace algunos años, Defensa ha ido introduciendo nuevas normativas referentes a la imagen personal de los militares. La más polémica, la obligatoriedad de todos los legionarios de llevar cortadas las largas barbas, perillas y patillas características de la unidad.