El Consejo de Ministros aprobó el pasado 2 de agosto un Real Decreto por el que se concede la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo a varios Oficiales Generales, constando entre ellos el general auditor del Cuerpo Jurídico Militar D. Jesús Del Olmo Pastor.
El artículo 1 del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo establece que su finalidad es “recompensar y distinguir a los Oficiales Generales, Oficiales y Suboficiales del Ejército de Tierra, de la Armada, del Ejército del Aire, de los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de la Guardia Civil, por su constancia en el servicio y la intachable conducta, a tenor de lo que establecen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas”.
Por ello sorprende que, transcurridos 17 años desde el pase a la reserva del general Del Olmo, el Gobierno de Mariano Rajoy venga ahora a concederle la citada condecoración sin que sus dos insólitos ascensos sucesivos e ilegítimos al generalato (el segundo previa la correspondiente degradación a su anterior empleo de coronel) supongan impedimento alguno al respecto. Y ello con independencia de su implicación política en algunos de los mayores escándalos del ‘felipismo’ (ver “Jesús Del Olmo Pastor: Un general del Cuerpo Jurídico Militar, ilegítimo” en la sección de biografías de esta Web).
El caso es que, llegado a ministro de Defensa, Gustavo Suárez Pertierra se encontró al entonces coronel Del Olmo como director del Gabinete del anterior ministro del ramo y al mismo tiempo responsable de la DRISDE (Dirección General de Relaciones Informativas y Sociales de la Defensa), nombrándole de inmediato nada menos que secretario general y director adjunto del CESID. Un ajuste de responsabilidades derivado del escándalo de las escuchas ilegales realizadas por los propios Servicios de Inteligencia, que provocó las dimisiones de su director general, el teniente general Emilio Alonso Manglano, del ministro de Defensa, Julián García Vargas, y del vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra.
En relación con dicho nombramiento, no dejó de ser tan significativo como controvertido que Jesús Del Olmo fuera ascendido de forma ilegal a general auditor del Cuerpo Jurídico Militar (Real Decreto 1116/1995, de 2 de julio) justo cinco días antes. Al margen de que la creación del puesto de director adjunto del CESID, y su propia designación como primer y único titular del mismo, se hicieran a espaldas de su nuevo máximo responsable, el general de división Félix Miranda Robredo.
El ascenso que convirtió a Del Olmo en el general más joven de España después de Franco, se produjo, en efecto, sin la preceptiva ocasión de vacante y, además, cuando el interesado sólo contaba con dos años en el empleo de coronel, razón por la que, sin haber cumplido el tiempo mínimo de permanencia en el mismo, tampoco podía acceder al generalato aunque existiera la vacante correspondiente. Y mucho menos todavía considerando la existencia de tres compañeros mejor clasificados para esa promoción. El teniente coronel Luís Fernando Vigier Glaria, entonces asesor jurídico de la Casa de Su Majestad el Rey, consideró que la promoción irregular del coronel Del Olmo perjudicaba su propia carrera, interponiendo y ganando un recurso contencioso-administrativo contra tan sorprendente parcialidad (Procedimiento 635/1995).
No faltan opiniones informadas que vinculan aquella promoción de favor directamente con la propia Presidencia del Gobierno (cuyo Gabinete ya era controlado por su amigo José Enrique Serrano), con el claro objeto de salvaguardar la utilización interesada del CESID para encubrir la maraña de escándalos políticos del momento (malversación de fondos reservados, escuchas ilegales...). En particular se especuló con que su nombramiento tuviera por objeto la eventual destrucción de los rastros documentales del “caso GAL”, lo que tampoco dejaba de ser una práctica habitual en el entorno del Ministerio de Defensa.
En todo caso, tras la justificada denuncia interpuesta ante la jurisdicción competente por uno de los militares perjudicados en sus derechos más legítimos, aquel ascenso manipulado fue revocado por sentencia firme de la Sección Séptima de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo (22 de diciembre de 1997). Con ella, el Ministerio de Defensa se vio obligado a degradar al ‘generalito’ Jesús Del Olmo, devolviéndole a su merecido empleo de coronel en un bochornoso trámite sin precedentes en las Fuerzas Armadas (ver BOE nº 63 de 14 de marzo de 1998).
Sin embargo, cumplida de forma preceptiva aquella sentencia, el entonces ministro de Defensa, Eduardo Serra, ascendió de nuevo al generalato al reiterado coronel Del Olmo en otro acto administrativo nuevo (Real Decreto 443/1998, de 20 de marzo), y nuevamente irregular aunque quedara enmascarado con su inmediato paso a la reserva (Real Decreto 444/1998, de 20 de marzo). Curiosamente, este traslado a la reserva ya había sido dispuesto de forma previa por el Real Decreto 706/1996, de 26 de abril, y publicado en primera instancia en el BOE del 6 de mayo de 1996, a petición del propio afectado, quizás para evitar el plante de algunos oficiales generales molestos con la manipulación de sus ascensos.
De cualquier forma, aquella reiteración en promover un ascenso ilegal al generalato, evidenciaba el escaso respeto de todos los implicados en el “caso Del Olmo” por los Tribunales de Justicia y su desinterés por mantener la dignidad jerárquica en la institución militar.
Quizás, el actual ministro del ramo, Pedro Morenés, proponente de tan injustificada condecoración, haya hecho prevalecer sobre sus méritos militares objetivos, que no se le conocen, la vinculación de ambos a la industria del armamento. Hay lazos sagrados que, en efecto, convierten la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo en pura baratija.