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El caso de la “agente” Dina: Las sospechas del abogado de Podemos: "Hay filtraciones, pero quieren que pensemos que es un robo"

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
martes 14 de julio de 2020, 21:00h

El abogado de Podemos, José Manuel Calvente, sospechó en el año 2016 que la exasesora del partido Dina Bousselham y su pareja, simularon el robo del teléfono móvil para ocultar que difundieron datos de la formación 'morada'. "Hay filtraciones pero quieren que pensemos que es un robo", señaló.

Calvente hizo esta afirmación el 28 de julio de 2016 ante el resto de abogados del partido de Pablo Iglesias. El ex coordinador del equipo legal de Podemos señaló que cabía "la posibilidad" de que existieran "filtraciones".

Tal y como adelanta 'El Mundo', Calvente afirmó que existía esta opción para que diesen "por hecho" lo que ellos querían que pensasen, que era "un robo".

Así, mostró ante el resto de su equipo las sospechas de que la ex asesora de Iglesias había simulado el hurto de su teléfono móvil y pudo enviar ella misma a terceras personas el contenido de mensajes internos que comprometían a la cúpula de los 'morados'.

Los abogados descartaron entonces que la filtración a la prensa del contenido del móvil de la ex asistente personal de Iglesias era una operación tejida contra el partido por "las cloacas" del Estado.

Además, plantearon "la posibilidad" de que la propia Dina Bousselham se hubiera inventado la sustracción del dispositivo para ocultar que ella misma podría haber difundido el contenido del móvil con controvertidos mensajes del líder de Podemos.

Denunció ser víctima de la "policía patriótica"

Aunque los abogados del partido sacaron dichas conclusiones, el ahora vicepresidente segundo del Ejecutivo denunció en marzo de 2019 ante la Audiencia Nacional que su exasesora había sido víctima de una operación impulsada por lo que Podemos llama "policía patriótica" para robarle el móvil y difundir su contenido.

De hecho, Iglesias alegó ser una víctima de las maniobras ilegales de una mafia policial que lideraba el excomisario José Manuel Villarejo -en prisión- para terminar con su carrera política.

Un año después, el titular de Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, junto con la Fiscalía Anticorrupción ratificaron que esa supuesta operación de "las cloacas" contra Iglesias no existió.

Pablo Iglesias impone la ley del silencio tras el batacazo electoral de su proyecto

El Podemos que afrontaba las elecciones en Galicia y en el País Vasco era una formación, por primera vez, 100% moldeada al gusto de Pablo Iglesias. Un Podemos pablista, que cuenta un control absoluto sobre el mismo sin apenas crítica interna o disidencia, donde el actual vicepresidente del Gobierno contemplaba la cita con las urnas sentado en el Consejo de Ministros, con un partido y unas direcciones autonómicas fieles y con unos candidatos puestos por Madrid.

De ahí que muchos crean que no sólo estaba en juego el reparto político en estas regiones, sino también el crédito, la influencia y la pujanza del líder morado. El resultado -Podemos desaparece en Galicia y pierde casi la mitad de diputados en País Vasco- pone en jaque el proyecto personalista de Iglesias en Podemos, y le obliga a una revisión, según las fuentes internas consultadas por este diario.

La magnitud del varapalo, lo inesperado de la debacle -se contaba con una bajada, pero no el hundimiento sufrido, sobre todo en Galicia- supone un duro revés al proyecto personal de Iglesias en Podemos y llevó a imponer una suerte de ley del silencio en la formación.

Incluso los dirigentes más locuaces en las redes sociales guardaron un sonoro silencio este lunes. Obligada por su anunciada asistencia a la manifestación de los MIR, sólo salió a dar la cara Isa Serra, nueva portavoz de Podemos -Iglesias compareció en las redes sociales el domingo para valorar la noche-. Siguió la línea oficial, la necesidad de "autocrítica" y "gran reflexión" sin concreción alguna.

Pero la autocrítica es, de momento, un deber más en la lista de tareas pendientes, sin la etiqueta de urgencia. La Ejecutiva de la formación no se reunió para valorar los resultados. Tiene previsto hacerlo esta semana. En Madrid lo justifican en el hecho de esperar a que sus direcciones de Galicia y el País Vasco examinen primero lo ocurrido para después abordar ellos el asunto.

El silencio que inunda Podemos es consecuencia de una formación donde el paso de los años y la gestión de Iglesias y su equipo ha supuesto el fin de las voces críticas, de la diferencia. Dimisiones, purgas, confrontaciones... Es por ello, señalan en la formación, que no es esperable que se alcen voces internas reclamando responsabilidades.

Y ello a pesar de que Podemos cierra este ciclo electoral de comicios autonómicos con un déficit de respaldo más que notable: entre las autonómicas de 12 comunidades en 2019 y las dos citas del domingo se deja más de 1,2 millones de votos en sólo cuatro años y 88 diputados menos. La formación ha desaparecido en Cantabria, Castilla-La Mancha y Galicia.

EN EL GOBIERNO, PESE A LA DEBACLE

Entre las generales de abril de 2019 y la repetición electoral de noviembre, la coalición morada se dejó 654.000 votos y siete diputados, para un total de 35 escaños. Una bajada que, sin embargo, permitió a Iglesias cumplir su expectativa de lograr la coalición con el PSOE.

Ante este cierre de filas, la crítica viene desde fuera, de los que estuvieron y fueron purgados. "Es una tendencia asentadísima: cuanto más poder interno acapara la actual dirección, más desastrosos son los resultados", señaló Ramón Espinar, ex líder del partido en Madrid.

"No se puede seguir eternamente echando la culpa de los fracasos a quien se marchó, rompió o echaron. El batacazo hay que apuntárselo a una dirección de partido que ha querido controlarlo todo a costa de convertir Podemos en un solar sin nadie que les moleste".

Para Nacho Escartín, ex líder de Podemos en Aragón, "hay que asumir responsabilidades y, sobre todo, definir cómo evolucionar para no repetir errores". En su análisis también señala como problema la acumulación de poder de los actuales dirigentes. "Los espacios del cambio no sirven si se piensan solo como un lugar en el que unas cuantas personas dirigen y gestionan, sino que deben incluir la participación de muchísima gente".

Dentro de Podemos hay voces que apuntan a la estrategia política, al discurso decidido desde Madrid, abanderado por Iglesias, respecto a Galicia y País Vasco. La formación asumió el rol de ser "puente" entre el PSOE y los nacionalistas, haciendo del reclamo de tripartitos, de conformar cogobiernos para desbancar al PP y al PNV y lograr cuota de poder pese a su descenso, uno de los ejes centrales.

Los electores han optado por votar directamente a los nacionalistas y evitar el "puente". Y aunque la suma de Bildu, PSOE y Podemos daría para conformar un tripartido, los socialistas dicen rechazar gobernar con Bildu y el resultado de Podemos dificulta que tenga legitimidad para exigirlo.

EL 'AGUJERO' DE PODEMOS

Un planteamiento idéntico al que siguió Iglesias en las generales: una campaña para reclamar ser socio de Gobierno de los socialistas. Hay sectores que muestran su malestar por el cambio de discurso: esgrimen que el partido nació para ser alternativa de Gobierno y ahora su discurso es de una fuerza subsidiaria. A ello suman que los resultados negativos evidenciarían que el camino elegido no sería el más idóneo.

Galicia y País Vasco han desnudado aún más el gran agujero de Podemos: su estructura territorial. Más allá de Madrid, el partido está en los huesos. "A Iglesias no le importa nada lo que pase fuera de Madrid", comentan desde un territorio.

Ese déficit, lejos de subsanarse, sigue presente. El empeño por "construir una máquina de guerra electoral" y la pretensión de tocar poder en Madrid han apartado esta estructura de las prioridades. Un déficit que ya se planteó tras la sangría de las autonómicas de 2019, pero que sigue sin solución, como apuntó Juan Carlos Monedero: "Podemos sigue sin dedicar el grueso de sus energías a lo que debe: construir partido".

Análisis: ¡Que no nos representan!

Jorge Vilches

Recuerdo que cuando apareció Podemoscomo el protagonista de la vida política entre 2014 y 2015 hubo quien dijo que ese grupo de 'profesores' iba a iniciar un nuevo tiempo. Era lo nunca visto: el despertar de la sociedad traicionada por la Transición, el ajuste democrático que iba a abrir las ventanas del país para que salieran los malos olores. Esos dirigentes, tan engolados como fabricados por ciertos medios, serían objeto de estudio por las generaciones futuras, decían los aduladores. Bueno, se precipitaron.

Podemos era el resultado final de una crisis política y social, no el inicio de nada. Su vida ha estado caracterizada por las purgas y las divisiones, las contradicciones y las mentiras, el odio calculado y el conflicto. Una existencia fundada en el espectáculo televisivo y la performance callejera. Una política dedicada a construir obstáculos y cavar trincheras, a romper lazos y empujar al PSOE al sanchismo, ese egocentrismo teñido de populismo barato.

En definitiva, ha sido una vida de traición y ruido. Y hablo en pasado porque un partido que llega al poder y lo toma de forma autoritaria aprovechando un estado de alarma, coloniza la administración, y asalta los medios de comunicación pero no sube en las urnas, es cosa del ayer.

En seis años no han sumado cuadros, sino que los han eliminado. Sus actuales dirigentes y la cohorte que les acompaña, en todos los niveles de este Estado Autonómico, no son profesionales de nada, ni técnicos de la Administración, intelectuales o siquiera juntaletras. La mediocridad del personal de Podemos es pasmosa; no hace falta más que ver el fruto de la caterva de asesoras del ministerio de Igualdad.

La endogamia, el amiguismo y el sectarismo, siempre presentes en cualquier partido, son las normas en Podemos para permanecer o ascender. No es la ley de hierro de las oligarquías, sino de las medianías. Incapaces de hacer o decir algo nuevo, los podemitas son perfectamente predecibles y aburridos. Insultos y victimismo a partes iguales, maniobras de distracción para ocultar escándalos como el de Dina Bousselham, y negligencia, mucha negligencia.

Purgas y plebiscitos

Lo que decía ser 'el partido de la gente' se ha convertido en 'el coro del Caudillo'. Y es que la pasión autoritaria que destila el comunismo nunca construyó nada democrático, sino todo lo contrario: acaba convirtiéndose en una dictadura. Hay quien lo dice desde el principio, y quien, como Iglesias, lo envuelve en un discurso democratista que vive a golpe de purga y plebiscito interno.

Los ataques a la libertad y a los derechos individuales, a las instituciones que mal que bien han funcionado aunque sean mejorables, el desprecio al pluralismo y a la opinión crítica, y el cesarismo más abyecto, acaban pasando factura en las urnas. Porque en las democracias, y España lo es, siempre hay quien castiga a los autoritarios, y eso será así mientras haya elecciones libres.

Una fórmula totalitaria como la de Podemos, que quiere restringir la vida política a su pensamiento único y reglamentar la vida privada, las costumbres y las creencias, no es compatible con la democracia. La lógica política apunta a que ese proyecto, que pasa por laminar el sistema del 78, desde la Monarquía hasta la libertad de opinión, solo puede seguir adelante si se suspende la democracia. Por eso vieron la pandemia como una oportunidad. Por eso hablaron de un golpe de Estado de la 'ultraderecha'. Por eso apretaban a la Guardia Civil y al Ejército. Por eso intentaron deslegitimar a la oposición.

El conjunto es indigno de un gobierno democrático. Esto lo saben en Europa. Habrá que decir en Bruselas a esos que miran con espanto lo que está pasando en un país cuyo Ejecutivo oculta los muertos por la covid-19, ataca a su Jefe de Estado, se apoya en quien quiere romper el orden constitucional, desprecia a las empresas, y blanquea a los terroristas, que estos que se sientan en el Consejo de Ministros no nos representan.

Este país es mucho más que un oportunista que en cinco años ha pasado de cobrar 955 euros al mes a ser millonario diciendo que defendía a los pobres de los ricos. Ya.

Fuente: El Mundo, Vozpopuli