
Pilar Rahola encarna a uno más de esos supuestos intelectuales cuya utilidad al sistema resulta inversamente proporcional al que ellos dicen representar. De entrada, no son fiables quienes aman y defienden más a otras patrias que a la suya propia. Tal le pasa a la engolada Rahola cuando le toca defender la ‘causa judía’ con la ferocidad de una conversa y la vehemencia gritona de una merdellona de Telecinco. Sus filias y fobias son feroces. El problema es que tales filias ni tales fobias atienden a criterios mínimamente coherentes.
Denuncia Pilar Rahola la perversidad del islam, pero ataca de forma inmisericorde a los únicos partidos que se enfrentan radicalmente a ese problema. Porfía contra la presencia de islamistas en Cataluña, pero apoya a la casta que los ampara y protege. Levanta su espada justiciera contra los supuestos crímenes del franquismo y da soporte moral a la pulsión chekista de los republicanos catalanes. Se opone al universo de horror que representa el islam en Cataluña y discursea a favor de quienes apostaron por la inmigración islámica antes que por la latina. Combate con pluma ácida la presencia del hiyab en los espacios públicos y dedica tintas de mermelada al mismo sistema que da soporte legal y convierte en derecho la islamización de las calles catalanas. Se alarma ante los escasos pertrechos morales que parapetan a la sociedad española y acude como ‘show business’ a los programas más zafios, repulsivos y rastreros de las televisiones privadas. Reivindica las buenas formas a los políticos y todo en ella es un monumento a la zafiedad y el histrionismo. Todo pues en Pilar Rahola es freudiano y contradictorio, odioso y malintencionado, sectario y ambiguo, feo y torticero…
La cuestión es que el fenotipo político que representa Pilar Rahola forma parte del exorno floral de este sistema, una concesión extravagante a la galería democrática, a la pluralidad ideológica, un remedo inofensivo e inoperante que el sistema tiene que llevar a cuestas para esconder sus grandes miserias y sus grandes mentiras.
Personajes tan hueros y extravagantes como Pilar Rahola son muy útiles a la casta. Tanto que ahora se dedica a actuar de intermediaria entre el Gobierno de la Generalitat y el estado de Israel de cara a sondear las posibilidades de un reconocimiento del Estado hebreo a una declaración unilateral de independencia por parte de Artur Mas.
Eso es al menos lo que Pilar Rahola deja entrever en una entrevista aparecida en un medio digital catalanista. Al ser preguntada sobre su actuación como enlace del presidente Mas con el Gobierno y el estado de Israel, la exdiputada y tertuliana responde: “La mejor respuesta que os puedo dar es que no os la doy. Permitidme que estas cosas queden en el terreno de la confidencialidad. No enseñaremos todas las cartas”.
-Pregunta: Entiendo que sí que se trabaja.
-Pilar Rahola: Todo el mundo trabaja porque el día que corresponda tengamos una proyección internacional importante. Y si tenemos algunos amigos al lado, todavía mejor. Me imagino que todos actuamos de acuerdo con nuestros contactos. No me quiero hacer la interesante, sino que hay informaciones que son demasiado sensibles para darlas. Sí que os digo que sería muy interesante y muy bueno que uno de los primeros países que nos reconociera fuera Israel. Por dos motivos: porque es un país con un peso específico indiscutible internacionalmente, que es enormemente avanzado en el ámbito tecnológico y sería un buen aliado, y porque es la puerta de entrada de los Estados Unidos. Por lo tanto, en este campo, trabajamos mucho y hablamos poco.
Fuente: Alerta Digital