Navantia se ha ido convirtiendo de forma progresiva en un reducto de empleados y directivos incompetentes nombrados ‘a dedo’ por interés de los partidos políticos, y también en un referente del desprestigio industrial de España a nivel mundial, alcanzando su cenit con los problemas técnicos aflorados en la construcción de la serie de submarinos S-80 para la Armada Española (leer NEWSLETTER 77. Las responsabilidades del Ministerio de Defensa y Navantia en el escándalo de los submarinos S-80). En ese escenario, el astillero público español ha llegado al extremo de arremeter de forma intolerable contra el legítimo concurso internacional que Gas Natural ha convocado para la construcción de cuatro buques metaneros con una facturación aproximada de 600 millones de euros.
De hecho, ante las presiones del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, para que Gas Natural alterase el resultado de su adjudicación concursal y contratara directamente con Navantia este pedido emblemático, el presidente de la compañía gasista, Salvador Gabarró, se ha visto forzado a contestarle por escrito, calificando la propuesta apoyada por el Gobierno como “ni solvente ni viable” y adjuntándole los informes técnicos que la descalifican y que presentan a los directivos responsables como auténticos ineptos y a su compañía absolutamente fuera del mercado.
Dichos informes han sido elaborados por las navieras Elcano (española) y Knutsen (noruega), a quienes Gas Natural alquilará a través de su filial Stream los buques de última generación para transportar gas natural licuado (GNL) entre Estados Unidos y Asia durante un plazo de 20 años, y que han optado por astilleros coreanos y japoneses para su construcción tanto por razones “técnicas” como “económicas”.
El diario El Mundo (25/11/2013), ha desvelado parte de los demoledores informes de las navieras que han crucificado a Navantia y, sobre todo, a su presidente José Manuel Revuelta, y a su consejero delegado, Jaime de Rábago:
(…) “La fecha de oferta fue el 17 de julio de 2013. Navantia ni en esa fecha ni en fechas posteriores ha logrado presentar […] una oferta firme y viable de construcción de estos barcos metaneros. La especificación técnica del 1 de octubre ha llegado fuera de plazo y sin desarrollar, además, sigue careciendo de todo el soporte inherente a una oferta firme y viable de contratación”, reprocha el armador Knutsen en un informe del pasado día 19 y en respuesta a la oferta de última hora presentada el 1 de octubre por Navantia. “Los diseños de Navantia tienen características técnicas inferiores en aspectos importantes a los de la especificación seleccionada”, asegura la naviera Elcano.
“Navantia no está preparada para acometer la construcción de un buque metanero de nueva tecnología en estos momentos […]. Los construidos en el pasado se han quedado obsoletos”, zanja Knutsen. Elegir a Navantia en vez de los astilleros de Corea y Japón seleccionados encarecería los costes “en un 50%”, según Elcano…
En esta situación, que descuenta en favor de los astilleros coreanos de Hiunday y japoneses de Imabari una carga de trabajo esencial para frenar el hundimiento de Navantia, el propio presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, ha planteado la semana pasada el cese de los directivos de la compañía por su incapacidad para lograr nuevos contratos, según ha recogido también El Mundo.
Como ya se destacó en esta misma sección Confidencial, Navantia está presidida desde hace un año y medio por un hombre ajeno a su peculiar actividad, José Manuel Revuelta; un economista que proviene del mundo cementero, concretamente del Grupo Cementos Portland Valderrivas (filial de la constructora FCC), donde fue director corporativo de Planificación y Control de Gestión y adjunto al presidente. Su currículum se completa con la dirección corporativa de Asuntos Institucionales y el cargo de adjunto al presidente de Repsol YPF (en la época de Alfonso Cortina de Alcocer) y, antes, con la dirección del ‘Anuario El País’, experiencias que aportan poco a la misión de pilotar nada menos que la salida de la crisis de los astilleros públicos de Ferrol, Cádiz y Cartagena.
En su difícil tarea, el presidente de Navantia está acompañado por un consejero delegado con la misma inexperiencia sectorial, el ingeniero de ICAI Jaime de Rábago. Su actividad profesional se ha centrado en la promoción de una empresa familiar de energías renovables, como analista de riesgos en el Crédit Agricole y en ABN AMRO Bank y como adjunto al director de Grandes Riesgos y Brokers en AGF Unión Fénix. También ha sido secretario técnico y secretario adjunto de la Junta Directiva del Instituto de Crédito Oficial (ICO), así como responsable de su Oficina de Estudios, justo cuando al frente de este organismo se encontraba Ramón Aguirre, actual presidente de la SEPI y padrino político de su nombramiento en Navantia.
Sin experiencia alguna en el sector naval, y ni siquiera en la industria de defensa, aunque si la tengan como ‘adjuntos’ de altos ejecutivos en otro tipo de actividad empresarial muy distinta, la incapacidad personal de los altos directivos de Navantia para enderezar el mal rumbo de la compañía y lograr una posición comercial de supervivencia, parece evidente, como bien ha apreciado Núñez Feijóo. Y desde luego incompatible con el objetivo gubernamental de acreditar la ‘Marca España’ y reimpulsar la economía española a través de las exportaciones.
¿Por qué no se manda ya a un paro ejemplarizante a unos cuantos inútiles directivos de Navantia, colocados políticamente, cesándoles en su empeño de hundir la compañía a costa del dinero de los contribuyentes…?