En varias ocasiones el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, ha solicitado que se aumente la presencia de unidades navales de la armada británica (Royal Navy) en las aguas de la roca, debido a los múltiples incidentes que se vienen sucediendo entre las fuerzas gibraltareñas y españolas desde que empezó la escalada de tensión el pasado verano.
Hasta la fecha las autoridades británicas habían tratado de frenar las peticiones realizadas por Picardo, no obstante, todo parece indicar que a raíz de los últimos incidentes acaecidos y de las llamadas “constantes incursiones en las BGTW” el Ministerio de Defensa ha ordenado al Almirantazgo la redacción de un plan de contingencia para reforzar las unidades de la Base Naval de Gibraltar, plan que ya está redactado y pendiente de la aprobación definitiva para su puesta en marcha.
La reacción del Gobierno se produjo después de la infructuosa convocatoria del embajador de España en Londres, Federico Trillo, en la que se le transmitió el malestar del Gobierno de Su Majestad, por las protestas de los representantes gibraltareños, en relación a las constantes entradas de las patrulleras de las fuerzas de seguridad y de la Armada Española, así como de otros buques de estado, como el oceanográfico Ramón Margalef, en aguas reclamadas como propias por Gibraltar.
Gibraltar considera que tiene jurisdicción sobre tres millas náuticas alrededor del Peñón, algo que no reconoce España, pues en virtud del Tratado de Utrecht de 1713 sólo se admite la soberanía gibraltareña sobre las aguas del puerto, obviando la existencia de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, ratificada por España, que si reconoce dichas aguas.
Ello no obstante, en los últimos días el tono del ministro principal se ha vuelto más conciliador después de haber mantenido una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores y el secretario de Estado para Europa del Reino Unido, William Hague y David Lidington, respectivamente.
Antes de su vuelta de Londres declaró que “España tiene que darse cuenta de que es necesario el dialogo para rebajar la tensión, pues se trata de un socio europeo y aliado de la OTAN”. Al ser preguntado sobre la posibilidad de que en algún momento estos incidentes deriven en disparos contestó “espero que no se llegue a esa situación en absoluto ya que sería un autentico desastre y una locura”.
Por otra parte, según ha trascendido el ministro de defensa británico, Philip Hammond, anuncio en una reunión con altos mandos militares que en el próximo año 2014 se iban a incrementar las visitas y escalas de buques de la Royal Navy de todo tipo a la Base Naval de Gibraltar. Asimismo, aseveró que una de la primeras visitas que realizará el portaviones HMS Queen Elisabeth II cuando entre en servicio será a la base de Gibraltar.
Según fuentes del servicio de inteligencia naval británico el plan del Almirantazgo para incrementar la presencia naval en el peñón, pasa por la asignación a la base de la Roca de tres patrulleros oceánicos de la clase “River” que se unirán al HMS Sabre y al HMS Scimitar que están basados allí permanentemente junto con varias RHIBs y las embarcaciones de la Royal Gibraltar Police y la Gibraltar Defense Police.
La clase “River” es una serie de buques británicos formada por cinco patrulleros de altura. Fueron construidos entre 2003 y 2007 para la Royal Navy, tres en sustitución de los siete barcos de la clase “Island”, junto con un cuarto cuyo diseño fue modificado en base a la clase “River” para operar en las islas Malvinas, sustituyendo allí al buque de la clase “Castle”. Su misión principal es la vigilancia pesquera, aunque su polivalencia les permite realizar múltiples misiones. El quinto barco de la serie fue construido para la Marina Real de Tailandia .
Los buques que el plan baraja basar en Gibraltar son el HMS Tyne (P-281), el HMS Severn (P-282) y el HMS Mersey (P-283). Estos buques son significativamente más grandes que los buques de clase “Island” y tienen una gran cubierta de popa abierta que les permite contar con equipos para diversas funciones específicas, que pueden incluir la lucha contra incendios, la asistencia en emergencias y lucha contra la contaminación, además de sus misiones de combate e interdicción marítima.
Estos buques tienen un desplazamiento de 1.677 toneladas, con una eslora de 79,5 metros por 13,6 de manga y un calado de 3,8 metros. Están propulsados por 2 motores diesel Ruston 12RK 270 que desarrollan una potencia de 4,125 kW (5,532 hp) a 1,000 rpm, lo que les da una autonomía de 7,800 mn (14,400 km) a 12 nudos (22 km/h). Su armamento consiste en un cañón multipropósito de 20mm y dos ametralladoras de 12,7 además del armamento de la tripulación. Los buques están tripulados por 30 marineros con acomodación extra para un equipo de hasta 20 soldados de operaciones especiales. Asimismo disponen de dos embarcaciones RHIB de alta velocidad.
Inicialmente los tres buques que no eran propiedad de la Royal Navy. Fueron construidos en virtud de un acuerdo con el astillero Vosper Thornycroft, según el cual la Royal Navy arrendó los buques por un período de diez años. Vosper era responsable de todo el mantenimiento y el apoyo a los buques durante el período de fletamento. Al final del contrato, se podría optar por devolver los barcos, ampliar el arrendamiento o comprarlos. En septiembre de 2012, fue anunciado por el ministro de defensa, Philip Hammond que se habían comprado los buques por 39 millones de Libras Esterlinas.
El 6 de noviembre de este año, se anunció que la Royal Navy había contratado la construcción de tres buques de la clase “River” modificados y modernizados, en sustitución de los buques HMS Tyne, Severn y Mersey. El nuevo lote se va a construir en los astilleros BAE de Clyde, y contará con pista para el aterrizaje de helicópteros. El primero de los nuevos buques se espera que entre en servicio en 2017.