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Cuando nos vamos a enterar

Por Victoria
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vicky_8598hotmailcom/10/10/18
jueves 02 de enero de 2014, 16:57h

Cuando se publique este artículo en el primer mes de 2014, el octavo ejercicio consecutivo con descenso del presupuesto de defensa, con unas inversiones que serán la décima parte de tan solo hace diez años, ya sabremos las conclusiones del Consejo europeo que pretendió centrarse en la industria europea de defensa, el 18 de diciembre de 2013; habrán sido aprobados los presupuestos de defensa para 2014 en España; y tendremos una perspectiva más clara del escenario económico para los próximos dos años que restan de legislatura.

Por Enrique Navarro

 

Por Enrique Navarro

Cuando se publique este artículo en el primer mes de 2014, el octavo ejercicio consecutivo con descenso del presupuesto de defensa, con unas inversiones que serán la décima parte de tan solo hace diez años, ya sabremos las conclusiones del Consejo europeo que pretendió centrarse en la industria europea de defensa, el 18 de diciembre de 2013; habrán sido aprobados los presupuestos de defensa para 2014 en España; y tendremos una perspectiva más clara del escenario económico para los próximos dos años que restan de legislatura.

Lo que en el Consejo europeo se va a decidir ya se lo adelanto, sin haber leído un solo papel: es necesaria la consolidación europea de la industria; la caída de presupuesto no puede seguir; hay que fortalecer a la Unión Europea y su burocracia en la gestión de los programas de inversiones; y las capacidades definidas en Helsinki 2004 están todavía lejos de alcanzarse, con lo cual se planteará una nueva conferencia de capacidades.

La experiencia de hace mucho tiempo me dice que, mientras no haya una política de defensa comunitaria, con un presupuesto gestionado desde Bruselas y con ejércitos comunes, Europa será un lastre más que un futuro para la defensa española y su industria. España ha sacado mucho más partido histórico en lo que se refiere a su seguridad con el convenio bilateral con los Estados Unidos que con su intensa, pero poco productiva, participación en la Alianza Atlántica, Unión Europea y demás chiringuitos de funcionarios bien incentivados económicamente.

Fue gracias al convenio de 1953 que España recibió toda la base de sus sistemas de armas, sobre los que se ha asentado nuestra defensa hasta ahora. Fue gracias a los acuerdos con Estados Unidos que CASA obtuvo significativas partidas y contratos industriales por los programas de adquisición de F-4 y F-5. Fue gracias a los acuerdos de compensaciones del EF-18 y Harrier que España construyó gran parte de su actual base industrial actual; fue gracias a los acuerdos con Lockheed Martin en el programa F-100 que España ha vendido fragatas y buques a Noruega y Australia y ha desarrollado un sistema de combate de submarinos de última generación propio.

Pero, ¿qué nos ha dado Europa?: dos programas aeronáuticos, costosísimos, para tener dos productos sin mercado como el EF-2000 y el A400M; con dudas de que hayamos obtenido un retorno real equivalente a la inversión; ningún apoyo político cuando Marruecos invadió la isla de Perejil; la creación de una estructura industrial en torno a EADS, que sólo ha servido para recortar empleo en España y centros de poder en proporción a nuestras continuas reducciones en los programas aeronáuticos.

En Europa, priman, como siempre, los intereses de Francia, Alemania y Reino Unido y nunca han considerado a España como un actor principal. Sólo cuando fuimos capaces de invertir 25.000 millones de euros en programas a los que acudían todas las grandes firmas europeas tuvimos muestras de respeto. Ahora tenemos la sensación de que Europa no ha avanzado nada en la definición de una auténtica política de defensa en los últimos diez años y no parece que el entorno actual de crisis lo vaya a hacer. La Alianza Atlántica existe sin haber redefinido sus objetivos y medios en el nuevo escenario global y es una organización languideciente.

Vamos camino de un nuevo orden. Brasil, México e India son ya nuevos actores globales, con un peso mayor que el de España o Italia.  Alemania o Francia tienen mucho más que jugar en ese campo en una alianza bilateral que multilateral y Reino Unido se debate entre la alianza transatlántica o la europea, ante la sordera de Estados Unidos que ya no cree en el Atlántico como elemento de unión política o económica.

En este entorno, España debe velar por sus intereses y proteger sus capacidades. Lamentablemente, no cabe restructuración de la industria de defensa sin presupuestos nuevos. Sin proyectos nuevos no hay nada que consolidar y si mucho que desmantelar. Las fusiones en Estados Unidos del secretario Perry de 1993 fueron posibles porque había una gran fragmentación de la oferta, pero no es el caso de España.

No hay nada que ganar juntando a toda la industria española en una sola. Es una gran falacia y supone desconocer la estructura del mercado. Lo que el Gobierno debe hacer es consolidar la división de transporte de CASA en EADS; privatizar Navantia  buscando un socio internacional solvente, a ser posible un sistemista, ya que fusionar dos astilleros conduce a cerrar uno de los dos y seguro que nos tocaría la peor parte. Debe salir del accionariado de Indra y dejar que siga su camino en el mercado del spin off hacia productos civiles y promocionar una gran consolidación de la industria auxiliar y del mantenimiento, que es el verdadero talón de Aquiles y agrupa a gran parte del empleo, donde la competencia es a navajazos por conseguir las migajas, en una acción que condenará a todo el sector.

El apoyo a la exportación desde defensa sigue sin encontrarse, ya que lo primordial en las ventas no es hacerlas con un uniforme, sino ofreciendo contrapartidas políticas, comerciales, financieras, etc.; y esto no puede ni debe hacerlo Defensa sino la Secretaria de Estado de Comercio, que dispone de los instrumentos y los medios. Después de muchos años desde la creación de la oficina de apoyo a la exportación, más allá de generar montañas de papeles e informes para cumbres bilaterales, de las que nunca se obtiene información de lo acontecido, no se ha materializado operación alguna, ni existe la sensación que vaya a ocurrir.

En definitiva un nuevo año comienza y, seguramente, siendo optimistas, estaremos a su final un poquito peor que en este mes de enero.