Los viejos tiempos de la Guerra Fría tenían la gran ventaja, desde el punto de vista del planeamiento, de una cierta facilidad para predecir las situaciones, relaciones y reacciones. Los potenciales contendientes estaban perfectamente definidos, y cada nación orientaba su acción a lograr una posición de ventaja que disuadiese a su rival de peligrosas aventuras. Y esta posición se lograba, por una parte, tratando de alcanzar la mayor fortaleza interior posible, y por otra, en el exterior, por acciones que integraban medidas diplomáticas, económicas y, en su caso, militares. Pero los tiempos han cambiado...
Por Enrique Area Sacristán*
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*Teniente Coronel del Ejército de Tierra