Por Vadim Fersóvich
Seumas Milne, analista del Guardian, comentaba así la postura de la OTAN con respecto a los hechos que suceden en Ucrania: “Todas las dudas de que los esfuerzos de la UE de “consagrarse” a Ucrania están estrechamente vinculados a la estrategia militar occidental fueron dispersados hoy por el secretario general de la OTAN, Anders Fog Rasmussen, quien declaró que el tratado no firmado con Ucrania sería “un potente estímulo para la seguridad euroatlántica”.
El tratado de la UE con Ucrania resulta ser hoy vitalmente indispensable también para la OTAN. Las últimas guerras en Oriente han sido desafortunadas, impopulares y muy dispendiosas. Su término intensificó la tendencia, en una serie de países europeos, a la reducción de los presupuestos en defensa. Mientras que, en Ucrania, la presencia de la OTAN estará económicamente justificada. Durante la expansión hacia el Este de Europa, las condiciones de los tratados con los nuevos miembros y socios en la esfera de la defensa garantizan, tradicionalmente, a las estructuras económicas y financieras de la UE la ocupación de nuevos mercados y recursos, la expulsión de los competidores externos y el apabullamiento de los nacionales.
Sin embargo, en el fragor de las pugnas incruentas por nuevas tierras, los estrategas europeos parecen perder de vista la garantía principal de toda victoria: una retaguardia fuerte y segura. Ejércitos de diplomáticos y de funcionarios rabian por irrumpir en el Oriente, dejando a sus espaldas, irresponsablemente, corporaciones transnacionales y los bancos del país maltrechos. Sus pueblos confiaban en el milagro, pero los países pobres continuaron en la pobreza. Sus ciudadanos denominan ahora la UE “Francogermania”, y ellos mismos se consideran “europeos de segunda”. Pero no todos están dispuestos aceptar tal situación. Los enfrentamientos encarnizados de la policía con los manifestantes, muy parecidos a los de Kiev, se vivieron mucho antes de Ucrania en toda Europa.
Pero el parecido más peligroso, al igual que en Ucrania, la cresta de la ola del malestar popular en muchos países de Europa, ha sido, digamos, ensillada por populistas y nacionalistas. Los primeros prometen una solución rápidamente increíble de todos los problemas, y los segundos determinan a los enemigos y métodos para el logro de los objetivos. Los métodos de los radicales son conocidos. En Ucrania, las decisiones necesarias fueron arrancadas eficazmente a las autoridades con cócteles Molotov y con la ocupación de edificios administrativos. Pero, ¿no tratar nosotros de la misma manera si no resulta con las piedras?
El exprimer ministro de Luxemburgo Jean Claude Juncker había advertido, ya en marzo del año pasado, del peligro real de una candente “primavera europea”. Juncker comparaba la actual radicalización de los ánimos en Europa con los años de 1930, y precavía que “los demonios no habían sido expulsado, y que simplemente dormían”. Y agregaba que, “comete posiblemente un error garrafal todo el que considere que el sempiterno problema de la guerra y de la paz está enterrado definitivamente en Europa”.
Todo parece indicar que tal error están cometiendo las autoridades europeas al precipitarse a plasmar un dudoso proyecto geopolítico más. Junto con respaldar abiertamente a radicales y nacionalistas en “el frente ucraniano”, inevitablemente despiertan a los “demonios” propios.
Por lo demás, es probable que la dirección europea considere que, todos los problemas internos de Europa pueden ser resueltos por los organismos financieros que responden de “la ayuda a los pobres”. A saber, por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI.
Esa unión fue curiosamente bautizada con el vocablo ruso "troika". La troika rusa es un tiro de tres caballos creada especialmente para un viaje rápido a largas distancias. La troika europea no puede jactarse de una marcha rápida y de victorias evidentes. El carro pesado de las soluciones de los problemas europeos avanza muy lentamente. ¿Podrán esperar los "demonios" europeos despertados un desenlace felíz? La vez pasada, por lo menos, no lo hicieron.
En la estepa, en las afueras de la ciudad ucraniana de Kajovja se alza una tachanka de bronce: es la misma troika con una ametralladora en el carro, en memoria de los combates de la guerra civil. Su causa fue también, en sus días, el haber ignorado los problemas internos en aras del logro de victorias externas. No se quisiera que, para la defensa de la economía europea de los “demonios” recalcitrantes haya también que montar un día una ametralladora en la bizarra troika europea.