Rusia reanuda el programa de investigación de la Luna interrumpido en 1976. Los expertos opinan que esto es más que razonable, teniendo en cuenta las perspectivas que la colonización del satélite de la Tierra abre ante el país.
Entre los planes próximos figuran los lanzamientos de los aparatos espaciales Luna-25, Luna-26 y Luna-27. La tarea primordial de la primera misión es que Rusia recupere la seguridad de que sabe posarse en la Luna. Y el módulo de descenso del Luna-27 estará provisto de un equipo de perforación para la búsqueda de hielo de agua.
En esta nueva espira de colonización de la Luna, Rusia procurará repetir los logros anteriores, claro que a un nivel tecnológico más alto. La Organización de Investigación Científica y Producción Lávochkin ya empezó a elaborar los módulos de descenso, que pueden servir para trasladar sistemas robotizados al punto necesario del satélite y crear una infraestructura lunar.
Una serie de expertos considera que sin la conquista del cuerpo celeste más cercano a la Tierra, no se puede ni que pensar en la colonización del Planeta rojo. Dicho de otro modo, la Luna también resulta interesante como puesto avanzado para la expansión espacial. Porque ahora una expedición, por ejemplo, a Marte, es de hecho un vuelo de ida: existen muchas imprecisiones, dice el científico jefe del Instituto Estatal de Astronomía, Vladímir Surdin:
–Desde mi punto de vista el vuelo a Marte es una perspectiva más lejana. Y nunca podremos investigar a fondo a Marte si no aprendemos a vivir y trabajar en la Luna.
Es que el vuelo a Marte dura mucho más tiempo. Requiere una mayor cantidad de recursos técnicos, energéticos y humanos. La Luna debe ser una plataforma de lanzamiento, una base de entrenamiento. Es necesaria para los vuelos a Marte.
Todo lo que se habla de los vuelos a Marte tiene hoy, más bien, un sentido ideológico. En realidad, nadie piensa en serio en la organización de una colonia marciana de terrícolas.
La superficie de la Luna está cubierta de la llamada regolita: una mezcla de polvo fino y pedazos de rocas, que son producto del impacto de meteoros contra la superficie lunar. El grosor de esa capa oscila entre varios centímetros y decenas de metros. Los científicos hablan de la posibilidad de obtener de la regolita lunar hierro, aluminio, silíceo y, posiblemente, titanio, cromo, manganeso. En calidad de productos derivados es posible obtener oxígeno, hidrógeno y el agua propiamente dicha. Además, del suelo lunar también se puede obtener vidrio, cerámica y algunos otros materiales.
Algunos expertos sostienen que en cuanto a la extracción de rocas en la Luna lo más conveniente es hacerlo en minas a cielo abierto. Desde luego que la empresa será muy costosa, pero vale la pena, asegura Vladímir Surdin:
–En general, las investigaciones científicas representan una mínima parte del presupuesto de cualquier país. Por eso no hay que hablar de si resulta caro o barato. La pregunta debe plantearse en otro plano: renunciar a la expansión lunar y ser un país de tercer o cuarto escalón, o no renunciar y ser uno de los países más industrializados .
También hay que prestar atención al helio-3, que es un combustible termonuclear con buenas perspectivas, que no existe en la Tierra, pero sí abunda en el satélite de nuestro planeta. Su potencia energética es enorme. Una tonelada equivale a veinte millones de toneladas de petróleo. Claro que para obtener esa tonelada hay que explotar veinte kilómetros cuadrados de superficie lunar a una profundidad de tres metros.
El problema estriba asimismo en que la humanidad todavía no aprendió a dirigir la síntesis termonuclear. Pero los especialistas suponen que no se está muy lejos de la solución del problema.
Tanto la pureza ecológica como el rendimiento energético hacen de la síntesis termonuclear de helio-3 una fuente de energía insuperable. Si la humanidad llega a dominar la tecnología y las reservas de helio-3 obtendrá una fuente de energía eterna.
La extracción de helio-3 generará inevitablemente toda una serie de industrias complementarias. Desde luego que se trata de una empresa muy lejana. Pero sus retoños ya se están viendo. Sin duda alguna, el país que se adelante a los demás en la conquista de la Luna será el líder de la economía mundial. Todo apunta a que Rusia está dispuesta a aprovechar esta posibilidad única.