
La oposición venezolana sigue manipulando imágenes y videos para acusar al Gobierno, como acaba de hacer con una foto de un perro golpeado por la policía, acción que atribuye a la Guardia Nacional Bolivariana, aunque ocurrió en Grecia.
Una periodista de Venezolana de Televisión ha publicado en su cuenta de Twitter una imagen de un perro griego que fue difundida por los opositores con la descripción "la Guardia Nacional no perdona ni a los perros. Será que el perro es un fascista nazi".
La descripción hace referencia a las declaraciones del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que acusó a la "derecha fascista" de incitar las protestas del miércoles pasado, que se han cobrado la vida de 3 personas y han dejado decenas de heridos, creando un ambiente de tensión política en el país.
Pero basta con consultar la Wikipedia para ver que se trata del perro griego Loukanikos, convertido en símbolo de la resistencia griega contra los recortes y conocido por su participación en las protestas.
Tergiversan en redes sociales la realidad de Venezuela
La ministra para la Comunicación y la Información, Delcy Rodríguez, señaló que quienes protestan contra el gobierno tienen derecho a hacerlo, pero de manera pacífica, no de causar daños ni perjuicios contra las libertades ni los bienes de los venezolanos. "Su forma de expresarse no puede ser la violencia, no puede ser la destrucción", señaló. Todo forma parte, externó, "forma parte de un plan destinado al derrocamiento de un gobierno constitucional y legítimo", señaló. teleSUR
La ministra de Comunicación e Información de Venezuela, Delcy Rodríguez, informó este domingo que se iniciarán las investigaciones por los ataques registrados a medios oficiales en los últimos días y rechazó la guerra sucia que medios emprenden en las redes sociales contra el país suramericano.
Desde Caracas, la ministra de Comunicación e Información de Venezuela llamó la atención a la brutal campaña de imágenes tergiversadas por medios internacionales y redes sociales que intentan hacer creer en el exterior que en Venezuela hay represión y no hay libertad de protesta.
Otro de los ejemplos de esta Guerra Sucia fue la siguiente foto, que fue difundida en Twitter como si fuera de Venezuela pero que realmente correspondía a una manifestación de Bulgaria.

Muchas de las imágenes difundidas en las redes no pertenecen a Venezuela, pero son difundidas con la mala intención de hacer creer que la oposición en reprimida.

En la Guerra Sucia denunciada por el Gobierno Bolivariano se han usado incluso fotos de la represión en Chile.

Fotos de choques entre policías brasileros y jóvenes, tomadas en 2013, son difundidas como si fueran actuales.

"No somos portadores de violencia, somos revolucionarios, socialistas", dijo la ministra venezolana de comunicación al presentar las imágenes.
Asimismo, denuncian que el presentador y corresponsal de la CNN, Carlos Montero, publicó junto a sus tuits sobre Venezuela una foto tomada en Singapur y después la borró.

En esta imagen se presentan una serie de cadáveres como si fueran estudiantes venezolanos, pero la realidad es que son muertos en la guerra en Siria.

Otra imagen descaradamente manipulada es la de una joven golpeada por policías antidisturbios… en Egipto, pero se hace pasar como un hecho sucedido estos días en Venezuela.

Nicolás Maduro denuncia ataque contra sus hijos
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, informó de un intento de ataque a sus hijos. Según Maduro, un grupo de personas intentaba acercarse a su casa para atacar a su familia.
"La familia es sagrada, nuestros hijos son sagrados, ellos vinieron para atacar a nuestros hijos, era un pequeño grupúsculo colmado por el odio y la intolerancia", dijo el presidente.
Actualmente, la Fiscalía recaba información sobre los atacantes para investigar las circunstancias del caso.
Análisis: Cómo empezar una Revolución. Manual USA para derrocar gobiernos
Por Orlando Rangel Yustiz
Gene Sharp, el cerebro de los golpes “blandos”
Algunos lo califican como “el genio de las libertades”, y a él mismo le gusta considerarse un pacifista. Su nombre es Gene Sharp y reside en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, en un primer piso donde también funciona el Instituto Albert Einstein (Albert Einstein Institution – AEI), organización “sin fines de lucro” que fundó en 1983 para promover “la defensa de la libertad y la democracia y la reducción de la violencia política mediante el uso de acciones no violentas”.
Su página web: www.aeinstein.org se reproduce en 40 idiomas.
No es una vivienda cualquiera, ni un instituto común. Allí, en ese primer piso, se genera un complejo entramado de hilos virtuales que conectan con muy diversos conflictos en todo el mundo y sobre todo con aquellos que surgen “espontáneamente” contra gobiernos que no se someten a los intereses de Estados Unidos y sus aliados.
En esa suerte de sala de mando o central de inteligencia se han tejido buena parte de las llamadas revoluciones de color (naranja, rosa, etc.) o de las así denominadas “primaveras árabes”, que actualmente tienen su más conspicua expresión en Siria y Egipto.
Mano derecha de Sharp en tales labores es Jamila Raqib, directora ejecutiva del AEI.
Estadounidense, nacido el 21 de enero de 1928 en Baltimore, Ohio, Sharp es reconocido como el precursor de teorías y estrategias conspirativas “no violentas” que, sin demasiado cuidado por el pacifismo, se utilizan para deponer gobiernos y sistemas políticos legítimamente constituidos.
Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad de Ohio (1949), donde también obtuvo un máster en Sociología (1951) y en 1968 se doctoró en Oxford como filósofo en Teoría Política.
Para formular sus teorías, dice, se basó en los postulados de Henry David Thoreau y Mahatma Gandhi, adalides de la desobediencia civil, para quienes la obediencia y la desobediencia eran asunto moral, religioso, por encima de lo político. No obstante, define sus propios planteamientos como métodos que de manera progresiva enseñan “cómo tomar el poder político y negárselo a otros”. Y en eso consiste su trabajo.
“Me llamo Gene Sharp y éste es mi trabajo”: así comienza el documental How to Start a Revolution (Cómo empezar una revolución), que en 2011 dirigió el escocés Ruaridh Arrow y produjo la británica Lion Television, en asociación con Big Indy Production, y donde se expone de manera estructural el papel de este personaje y su instituto en procesos de desestabilización de gobiernos democráticos en diversos países del mundo.

Salto a la fama
Las teorías de Sharp se hicieron famosas como resultado del éxito que en su aplicación alcanzara, en Serbia, una oscura organización de estudiantes de derecha: Otpor (Resistencia). Fundado en Belgrado el 10 de octubre de 1998, este grupo, resueltamente apoyado por corporaciones mediáticas nacionales y globales, desempeñó un importante papel en la desestabilización de su país hasta llegar, en el curso de dos años, al derrocamiento del gobierno de Slobodan Milósevic y la supresión del sistema político entonces imperante.
Pero la creación de Otpor no parece espontánea. Aunque, a fin de promoverlo como ejemplo, el poder mediático ha procurado mostrar que este grupo se fortaleció poco a poco y de manera natural a través de la lucha estudiantil, la realidad apunta otros datos. Ya en 2002 The New York Times revelaba que la agrupación recibió instrucciones directamente de Robert “Bob” Helvey, un coronel retirado del ejército estadounidense que participó en la guerra de Vietnam y, casualmente, uno de los brazos operativos del AEI para promover la desestabilización “no violenta”.
En esa condición, Helvey, es el hombre del AEI “en el terreno”, el encargado de trasladarse hasta el país donde han de aplicarse los métodos de Sharp para desestabilizar gobiernos, a los que ineludiblemente se cataloga como “regímenes” o “dictaduras”, sin importar que hayan sido elegidos democráticamente.
En el caso de Serbia, Bob Helvey estableció su base en Budapest, Hungría, y de allí se trasladó a Belgrado para encontrarse con Srdja Popovic, fundador de Otpor. En el documental Cómo empezar una Revolución, explica vagamente cómo intervino en el conflicto serbio. “Fui a Budapest a petición del Instituto Nacional Republicano (de EEUU), que estaba prestando apoyo al movimiento de oposición serbio, y una parte en particular de ese movimiento de oposición era Otpor”.
Popovic, por su parte, da sus impresiones acerca de aquel encuentro. “Como coronel retirado tiene un enfoque muy militar (…) Cuando nos dio la política de acción no violenta de Gene Sharp, me quedé maravillado y un poco avergonzado por no conocer un libro así, a pesar de que había una traducción al serbio”.
No era la primera vez que Helvey actuaba directamente para conspirar contra un gobierno. Sus destrezas se habían curtido años antes en la República Socialista de Birmania, actual Myanmar.
En su propia versión, admite que trabajó en ese país asiático, como agregado militar de la embajada estadounidense, entre 1983 y 1985, y que posteriormente recibió una beca del Ejército para estudiar en Harvard.
Allí conoció a Sharp, cuyas teorías pondría en práctica al participar directamente en el derrocamiento del peculiar experimento socialista que allí se gestaba desde 1974.
Sharp, Helvey… & CIA
En 2005, el presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace, el periodista francés Thierry Meyssan, publicó un trabajo de investigación titulado Golpes de Estado con suavidad y disimulo – Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA. En esas páginas pone en evidencia los nexos de Sharp y Helvey con la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y su labor conjunta en la propagación de conspiraciones y la desestabilización de gobiernos no aliados a EEUU.
Explica Meyssan cómo, desde hace años, la CIA utiliza preferentemente los “métodos de no violencia” para derrocar gobiernos, a fin de evitar el repudio a la injerencia estadounidense y lograr, en cambio, simpatías y aprobación para los movimientos conspirativos.
El AEI le sirve desde 1989 como vitrina ideológica para promover las ideas de Sharp, validando así un arma política que fabrica golpes de Estado “blandos” como los ocurridos en Lituania, Serbia, Ucrania o como el fracasado en Venezuela en abril de 2002.
“La desobediencia civil puede ser considerada entonces como una técnica de acción política, incluso militar”, comenta Meyssan. Y agrega que, revestida esa técnica de un supuesto “carácter moral” que permea el uso de las “acciones no violentas” (admitidas como “buenas en sí mismas y asimiladas por la democracia”), le da “un aspecto presentable a acciones secretas intrínsecamente antidemocráticas”.
Precisa el escritor francés que es en 1989 cuando se produce el despegue del AEI, plataforma que Sharp utiliza para conformar movimientos anticomunistas.
En ese origen aparece involucrado un grupo de agentes secretos antipalestinos que eran formados en la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv, Israel, donde mantenían contacto con el coronel Reuven Gal, director entonces de Acción Psicológica en las fuerzas armadas israelíes.
Fue la CIA, al percatarse del potencial del AEI para la conspiración camuflada con la bandera del pacifismo, la que puso en contacto a su director, Gene Sharp, con Bob Helvey, “un especialista en acción clandestina y quien en ese momento era encargado de la Escuela de Formación de Agregados Militares de Embajadas”.
El de Birmania fue el primer “trabajo” de esa alianza, facilitado por el conocimiento personal que tenía Helvey de todos los protagonistas birmanos. A partir de allí surge también la doble táctica, en ocasiones simultáneas, de crear dos tipos o bandos de opositores: los “malos”, armados y financiados por Washington; y los “buenos”, que luchan con las tácticas no violentas de Sharp.
Desde entonces, dice Meyssan, la presencia de Sharp y Helvey, junto con Bruce Jenkins (asistente del primero) y el coronel Reuven Gal, es común allí donde “se encuentran en juego” los intereses estadounidenses.
Así, por ejemplo, Sharp y Jenkins estuvieron en Pekín en 1989, unas dos semanas antes de los célebres sucesos de Tiananmen, que el Gobierno chino denunciara como conspiración auspiciada desde el extranjero.
Y un año después, en febrero de 1990, el AEI organizaba una conferencia sobre “sanciones no violentas”, que reunió a 185 especialistas de 16 países en torno a los coroneles Robert Helvey y Reuven Gal y dio lugar a la creación de una plataforma internacional anticomunista en apoyo a sus teorías y maquinarias.
La expansión europea de EEUU
La creación de esa plataforma internacional coincidió con los preámbulos del proceso que llevaría al desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y al AEI se le adjudicaron tareas específicas para lograr el control estadounidense sobre el este de Europa.
En 1991 estaba Sharp instalado en territorio de la URSS para apoyar en Lituania al movimiento separatista Sajudis, al que asesoraba desde su creación, en 1988.
Como lo destaca el periodista Thierry Meyssan, un año después, en junio de 1992, el entonces ministro de Defensa de Lituania, Audrius Butkevicius, organizaba un significativo y revelador homenaje “a la acción decisiva del Instituto Albert Einstein durante el proceso de independencia de los países bálticos”.
Es en ese mismo marco que se inscriben las guerras de los Balcanes, atizadas por la crisis económica de EEUU, y en particular la operación serbia de 1998.
Y mientras el coronel Robert Helvey dictaba cursos a los miembros de Otpor en el hotel Hilton de Budapest, en Serbia “el encargado de dirigir localmente la operación era el agente Paul B. McCarthy, discretamente instalado en el hotel Moskva de Belgrado hasta que Milosevic dimite en octubre de 2000”, explica Meyssan.
Como representante de la estadounidense National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), McCarthy se encargaba asimismo de financiar directamente las labores conspirativas de Sharp, Helvey y el AEI en Serbia.
En septiembre de 2002, según el recuento de Meyssan, el escenario es La Haya, Holanda. Allí se ha trasladado Gene Sharp para adiestrar a los miembros del Consejo Nacional Iraquí, cuyo regreso a Irak es parte de los planes para justificar la invasión estadounidense de ese país, como en efecto ocurrirá en 2003.
Tres años más tarde, en 2006, Hussein fue ejecutado en la horca, EEUU contaba con un gobierno sumiso en Irak, y la producción petrolera del país estaba bajo la vigilancia de la Casa Blanca. En 2013, la invasión se mantiene y contabiliza, en cifras conservadoras, más de un millón de muertos.
La presencia del AEI también ha sido notoria en Georgia, Bielorrusia, Zimbabwe, Ucrania, Kirguistán, Irán, Rusia, Siria, Egipto y una larga lista de países, a la que se agregó en la última década Venezuela, una “amenaza” que, por impulsar el socialismo, se contrapone a los intereses de Washington.
….
El 12 de junio de 2007, dos años después de la investigación que publicara Thierry Meyssan sobre los nexos de Gene Sharp y el Instituto Albert Einstein (AEI, por su siglas en inglés) con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Sharp envió una carta al periodista francés con el propósito de refutar ese trabajo y negar su participación directa en la trama de conspiraciones dirigidas por Estados Unidos (EEUU).
Sharp dedicó tres páginas a descalificar el trabajo periodístico de Meyssan y, sobre todo, a desmentir los nexos entre el AEI, la CIA y la Casa Blanca, pero en ningún momento negó que sus tácticas y sus estrategias conspirativas sean aplicadas para imponer los intereses estadounidenses en otros países.
Correcciones. Una carta abierta de Gene Sharp, se tituló la misiva enviada por Sharp a Meyssan. Escribe Sharp:
“Su presentación de esta técnica en la Edición Internacional de Voltaire del 4 de enero de 2005 es un ejemplo por excelencia de inexactitudes acerca de la acción no violenta y de mí.
Por qué y cómo ocurrió esto, es un poco desconcertante. Quizás recibió información falsa. Su artículo contiene tantas inexactitudes que me sorprende que alguien pueda creer mucho de su contenido”.
Sharp, postulado tres veces al Nobel de la Paz (en 2009, cuando lo ganó Barack Obama, y en 2012 y 2013), trata de desligarse de los grupos extremistas que aplican sus teorías. Pero ninguno de sus esfuerzos logra poner en entredicho los argumentos presentados por Meyssan en 2005.
“Por política del Instituto Albert Einstein, nunca decimos a la gente que enfrenta conflictos en otro país qué debe hacer (…) Podemos proveerles conocimiento y entendimiento cuando lo piden. (…) Lo que la gente de otros países decide hacer, es su responsabilidad y prerrogativa”.
Luego confiesa:
“La acción no violenta es una técnica para conducir conflictos, tal como la guerra militar, el gobierno parlamentario y la guerra de guerrillas.
Esta técnica usa métodos psicológicos, sociales, económicos y políticos. Ha sido utilizada para una variedad de objetivos, ‘buenos’ y ‘malos’.
Ha sido utilizada tanto para cambiar gobiernos como para sostenerlos contra ciertos ataques”.
Más adelante admite haber ido a Beijing, China, en 1989, con el “propósito” de “aprender por qué los estudiantes estaban usando protestas no violentas. No dimos ningún consejo a nadie sobre lo que los estudiantes debían hacer”.
Le dice a Meyssan: “Sus afirmaciones sobre mis contactos con Suecia y los tres países bálticos no son acertadas (…) Nos reunimos con oficiales de Defensa de los gobiernos en favor de la independencia de las repúblicas bálticas, pero no les dijimos lo qué debían hacer”.
Asimismo, asegura que ni el AEI ni él personalmente reciben recursos oficiales de ninguna especie.
“El Instituto Albert Einstein no recibe fondos de ningún gobierno, incluyendo el de los Estados Unidos. El Instituto no tiene gobiernos financistas o amos.
Nunca he trabajado para la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).
Nunca he trabajado para la CIA o he recibido dinero de ella.
Cuando escribía mi disertación doctoral para la Universidad de Oxford en los sesenta, recibí apoyo financiero parcial indirectamente del Departamento de Defensa, a través de una beca concedida a un profesor de la Universidad de Harvard, como reconozco en mi prefacio a La política de la acción no violenta (…)
El Instituto Albert Einstein no crea conflictos, ni participa en conflictos existentes ni toma parte ideológica en ellos. Sólo practica la investigación, los estudios genéricos sobre políticas y la enseñanza”, afirma Sharp.
Obviamente, Sharp no hace mención al financiamiento que la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED) otorgó al AEI en Serbia, a través de Paul B. McCarthy.
Tampoco hace referencia, por supuesto, al comunicado en el que el propio Departamento de Estado norteamericano admite a su vez, en 2003, que “Estados Unidos apoya a organizaciones como la National Endowment for Democracy (NED), el Open Society Institute (OSI) e Internews, que trabajan dentro y fuera de la región en un amplio abanico de actividades de promoción de la democracia”.
En ese mismo comunicado, Washington informa:
“La NED está en la vanguardia de nuestros esfuerzos para promover la democracia y la mejora de los Derechos Humanos en Birmania desde 1996. Aportamos 2,5 millones de dólares en el ejercicio de 2003 (…)
La NED utilizará esos fondos para apoyar a las organizaciones pro democráticas birmanas y las de las minorías étnicas”.
De tal manera que Sharp, según sus propias palabras, “no recibe fondos de ningún gobierno”, pero sí de quienes son financiados por el Departamento de Estado. Dicho de otra manera, sus “financistas o amos” no son los dueños de la finca, sino sus capataces.
En noviembre de 2000, en The New York Times Magazine (suplemento dominical del New York Times), el periodista Roger Cohen publicó un trabajo sobre los logros que alcanzaron la NED, la USAID y otras supuestas “organizaciones no gubernamentales” al financiar a Otpor y así ayudar al derrocamiento de Slobodan Milosevic en Serbia.
Como lo señala ahí Cohen, el mismo McCarthy, representante de la NED-Washington, admitió que Otpor recibió, entre septiembre de 1998 y octubre de 2000, más de tres millones de dólares de manos de la NED en Serbia.
Añade que McCarthy confesó haber realizado una serie de reuniones con los líderes de Otpor en Podgorica, capital de Montenegro, así como en Szeged y Budapest, Hungría, en momentos en que el coronel Bob Helvey y Gene Sharp adiestraban precisamente a Otpor para ejecutar la conspiración contra Milosevic.
Por su parte, Donald L. Pressley, administrador asistente de USAID, informó a Cohen que en el año 2000 la USAID envió “varios cientos de miles de dólares que fueron entregados a Otpor directamente”, para financiar materiales de propaganda política como camisetas, afiches o calcomanías, entre otros.
De igual forma, Daniel Calingaert, un funcionario del Instituto Republicano Internacional (IRI), informó a Cohen que el IRI estuvo en Serbia en el año 2000, y que durante esos días Otpor recibió por parte de EEUU 1,8 millones dólares. Calingaert detalló que se reunió con líderes de Otpor entre “siete y diez veces”, en Montenegro y en Hungría, a partir de octubre de 1999.
El IRI, organización financiada por el gobierno de los Estados Unidos, tiene como misión exportar programas políticos estadounidenses, calificados como “de democratización”, para “ampliar la libertad en todo el mundo”.
El significado que para estos programas tienen las palabras “democratización” y “libertad” puede deducirse de su objetivo: están siempre enfocados a la formación de militantes de partidos de derecha.
Este instituto es presidido desde 1993 por John McCain, contrincante republicano de Barack Obama en la elección presidencial de 2008 y representante del ala más radical de la derecha estadounidense como senador en el Congreso.
El pasado 14 de junio de 2013, McCain exigió a Obama enviar las fuerzas de combate estadounidenses contra el pueblo de Siria, dada la incapacidad de las fuerzas terroristas, financiadas por EEUU, para derrocar por sí solas al gobierno del presidente Bashar Al-Asad.
“Una intervención directa de Estados Unidos está justificada incluso sin el mandato de la ONU, como ocurrió en Kosovo”, expresó McCain, en una entrevista que le hicieran en Alemania el canal Phoenix.
Un discurso que repetiría Barack Obama en agosto de 2013, al ver que los países aliados le negaran apoyo para ejecutar una acción militar en Siria.
Clandestinos en Birmania
Ahmed Bensaada, doctor en Física, profesor y escritor argelino que vive en Canadá desde hace 23 años y que se ha dedicado a investigar sobre las llamadas primaveras árabes y la influencia de las teorías de Gene Sharp en ellas, publicó en su página web http://www.ahmedbensaada.com, el 16 de abril de 2012, un artículo titulado La primavera birmana, en el que desentraña la estrecha relación entre Gene Sharp, Robert Helvey, el AEI, el financiamiento de EEUU y sus acciones directas en conspiraciones.
Bensaada precisa, además, que la información acerca de los recursos y las actividades de estos organismos estadounidenses dedicados a la “exportación de la democracia”, se encuentran en el informe Burma Campaign UK publicado en 2006 y citado por el Departamento de Estado.
Frente a la afirmación de Sharp, de que “el Instituto Albert Einstein no crea conflictos, ni participa en conflictos existentes, ni toma parte ideológica en ellos”, Bensaada aporta numerosos datos que confirman la intervención directa del AEI en el conflicto birmano y demuestran que Gene Sharp y Bob Helvey se mantuvieron allí en contacto permanente con los grupos extremistas para conspirar contra el gobierno.
Confirma Bensaada que el coronel Helvey, tras retirarse de la embajada estadounidense de Rangún en 1985, volvió a Birmania (actual Myanmar) en 1992.
En ese viaje organizó la entrada clandestina, por barco, de Gene Sharp al país.
“Aquí estábamos, en esta selva, leyendo los trabajos de Gene Sharp a la luz de las velas”, le declaró el propio Helvey, el especialista en acciones secretas, a la periodista Sheryl Gay Stolberg, del periódico The New York Times, el 16 de febrero de 2011, en un trabajo titulado: “Shy U.S. Intellectual Created Playbook Used in a Revolution”.
Helvey dijo abiertamente que fue tras esas experiencias que nació la primera versión del libro De la dictadura a la democracia, suerte de guía que se publicó inicialmente en inglés y birmano, donde se enumeran casi 200 métodos para ejecutar una conspiración fundamentada en el boicot y en lo que su autor, Sharp, conceptualiza como “lucha no violenta”.
Entre 1992 y 1998, Helvey efectuó 15 viajes a Birmania, donde logró establecer relación directa con más de 500 miembros del Consejo Nacional de la Unión de Birmania, grupo que integraba al movimiento conspirativo birmano, a quienes les impartió diversos cursos sobre las teorías de Sharp.
¿Cuál podía ser el interés de Estados Unidos en Birmania?
Actualmente bajo el nombre de Myanmar, Birmania es una nación que tiene dos características notables para la Casa Blanca: la producción petrolera y la capacidad de sus tierras para sembrar la adormidera.
La adormidera, sencillamente la planta del opio, es la droga que produce mayor rendimiento económico en el planeta y de la cual, a su vez, se extrae químicamente la heroína, cuarta en el ranking mundial.
Estudios anuales de la ONU indican que la venta de opio mueve una cifra cercana a los 170.000 millones de dólares al año.
La cocaína, cerca de 84.000 millones de dólares. El cannabis o marihuana, 141.000 millones de dólares. Y la heroína, unos 55.000 millones de dólares que, sumados a los del opio, otorgan al mercado de la adormidera un total de 225.000 millones de dólares al año.
Myanmar es, después de Afganistán, el segundo productor mundial de esta planta.
Resulta difícil, entonces, pensar que el lucro económico no forma parte de los objetivos que, más allá del accionar de las organizaciones “no gubernamentales” como el AEI, persigue en esos países la Casa Blanca: aplicar la política expansionista a través del control geopolítico para administrar la dinámica económica mundial, objetivo que implica, para Washington, cercar no solamente sus dos más poderosos rivales de Europa y Asia, la Federación de Rusia y la República Popular China, sino también a su gran “aliado”, la Unión Europea.
Bloquear desarrollo de Rusia y China
Frederick William Engdahl, periodista e historiador estadounidense, hace referencia a las llamadas “revoluciones de colores” en un trabajo titulado Burma Regime Change – The Geopolitical Stakes of the Saffron Revolution, publicado el 15 de octubre de 2007 por The Market Oracle, diario que se dedica al análisis de los mercados financieros.
En ese trabajo revela cómo la “revolución azafrán” de Birmania, así como la “revolución naranja” de Ucrania, o la “revolución de las rosas” en Georgia y las diversas “revoluciones de colores” ocurridas durante los últimos años contra países que rodean estratégicamente a Rusia, son “un ejercicio bien orquestado por parte de Washington para cambiar los regímenes”.
En una entrevista realizada por Russia Today (RT), Engdahl explicó que, aunque la “revolución” egipcia de 2011 “fue orquestada por el Pentágono para facilitar en Oriente Medio la política exterior de Barack Obama”, luego, “tras la caída de Hosni Mubarak, el conflicto interno en Egipto se ha vuelto incontrolable para EEUU”.
Engdahl sostiene que todos estos movimientos conspirativos impulsados por EEUU para derrocar gobiernos en Europa, Asia, Medio Oriente y África, tienen como objetivo último “tomar los recursos de África y Oriente Medio bajo control militar, para bloquear el crecimiento económico de Rusia y China, lo que le permitiría tener bajo control la totalidad de Eurasia”.
El periodista estadounidense agrega que las mediáticamente conocidas como “primaveras árabes”, incluida la que vanamente se desató contra Siria antes de dar rienda suelta a los mercenarios, forman parte de “un plan anunciado por primera vez por George W. Bush en una reunión del G8 en 2003, al que llamó El Gran Proyecto de Oriente Medio”.

Del gorilismo al golpe suave
Vea el reportaje de la periodista Karen Méndez “Del gorilismo al golpe suave”
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El documental y el libro de Gene Sharp que se promociona está siendo difundido en este momento en la República Bolivariana de Venezuela, a través de las redes sociales, correos electrónicos y otros medios.
El análisis que en el documental se hace y la receta surgida sirve para derrocar al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, lo cual según ellos es sencillo, simplemente basta con identificar cuáles son las bases que soportan a nuestro gobierno, que son la legitimidad, el apoyo popular y el apoyo de las instituciones. Luego, las intentan socavar, destruyendo la buena voluntad, el sentido de cooperación entre hermanos y la obediencia y respeto al ordenamiento jurídico y a nuestras instituciones. Si logran eliminar o crear una sensación de inexistencia de esas bases, entonces lograrán su objetivo, acabarán con la revolución.
La supuesta lucha no violenta de la oposición golpista venezolana es una lucha armada, la intentan justificar con palabras bonitas pero en realidad ellos combaten con armas, otro tipo de armas pero armas al fin, armas sicológicas, armas económicas, armas sociales, armas políticas. Este tipo de lucha es más efectiva que la de violencia abierta y declarada.
Lecciones impartidas
1. Planificar una estrategia, la improvisación conlleva al fracaso. Organizar estudiantes mediante planes que les indiquen por ejemplo donde manifestar y cuanto tiempo deben permanecer en un lugar u otro, es decir decisiones estratégicas.
2. Agruparse. Crear grupos manipulables, principalmente de jóvenes que difundan ideas y actúen en manifestaciones tanto de calle (trancar vías) como desde sus casas (toque de cacerolas). Estos grupos deben identificarse abiertamente mediante algún emblema o consigna (manos blancas). Otra tarea de estos grupos es ganar espacios en escuelas, universidades, organizaciones sociales, redes sociales entre otras, al tiempo que discriminan a los que no les acompañan, denigrarlos llamándolos ignorantes, pata en el suelo y cualquier otro adjetivo que los haga ver como inferiores por no estar en su corriente.
3. Debilitar los pilares que sustentan el gobierno.
- La policía. Convencer a la policía de que están siendo maltratados por el gobierno y corromper a la mayor cantidad de funcionarios posible en diferentes niveles de mando para que deterioren las instituciones haciéndolas ineficientes sin llegar a destruirlas pues al final estas pasarán a manos del régimen sucesor. De ahí el hecho de que las policías tanto de orden público como de investigación (CICPC) aparecen como ineficientes e ineficaces en la lucha contra la delincuencia.
- La Fuerza Armada Nacional. Al igual que la policía deben ganarlos para sus fines, solo que en este caso la idea es desmoralizarla para que luego de la transición a un régimen en franco entreguismo, los militares acepten dinero ($) con tal de permitir la reducción de la FANB al mínimo, inclusive obligándolos a pagarse sus propias facturas de servicios en los cuarteles y de esta manera justificar la alianza con potencias militares extranjeras como los Estados Unidos de Norte América.
- Apoyo popular. La derecha ha ganado terreno a la revolución aprovechando los errores que se han cometido. Uno de los principales elementos capitalizadores de apoyo a la derecha es la inseguridad real que existe en nuestro país, inseguridad que ha tocado de una u otra manera a todos y cada uno de los venezolanos y que hasta el momento el estado se ha mostrado insuficiente para controlarla aún cuando ha hecho enormes esfuerzos como la creación de la PNB y la constante dotación a los diferentes cuerpos de seguridad, sin que esto haya influido proporcional y significativamente en los resultados a niveles que todos esperamos.
- Desconocimiento del árbitro electoral. Sobre esta base vemos como llaman al presidente obrero Nicolás Maduro Moros "El Ilegítimo"
- Deteriorar la Gobernabilidad.
4. Evitar el uso de la violencia. Esto es difícil de evitar pues los manifestantes son de naturaleza violenta. Si en una concentración de 10000 personas un grupo de 40 están lanzando piedras y quemando cauchos en ellos se centrará la atención de los medios de comunicación y las cámaras de aficionados. Si esto ocurre, deben colocarse a las mujeres, niños y ancianos delante y de ser posible que agredan a los funcionarios de orden público y así provocarlos a responder con violencia.
5. Usar la fuerza del Estado en su propia contra.”