Por Víctor Cheburashkin
El plebiscito crimeo, que llevó a la independencia de esa península de Ucrania y su posterior adhesión a Rusia, agudizó polémicas en España en torno al referéndum de autodeterminación de Cataluña que las autoridades de esa autonomía aspiran celebrar el 9 de noviembre de este año. Los dirigentes políticos españoles se dividieron en dos grupos: los que ven el paralelismo entre Cataluña y Crimea y los que lo niegan.
Para el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, la similitud entre ambos casos es "absoluta", así como para la líder del partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD), Rosa Díez, quien reconoció tener temor de que "en España ocurra igual".
Por su parte, Artur Más, presidente de Cataluña y el principal ideólogo de su secesión de España, tiene una posición contraria. "Algunos nos han querido llevar a la comparación, otros nos han dicho que no perdamos la oportunidad de fijarnos en ellos, pero lo que pase allá no será asimilable a lo que pase en Cataluña", declaró Mas en el día de la celebración del referéndum en Crimea, que se llevó a cabo el 16 de marzo. Esta postura, según varias declaraciones publicadas en prensa española, es compartida por muchos otros políticos catalanes.
¿En qué medida es correcto comparar el caso de Cataluña con el de Crimea? La Voz de Rusia dirigió esta pregunta al observador español en el referéndum crimeo, Pedro Mouriño, quien en su país se desempeña como presidente de la empresa de comunicación Mediasiete:
–Creo que la única coincidencia que hay es que en ambos casos utilizamos la palabra "referéndum", pero todo lo demás es completamente distino. Primer elemento clave, desde mi punto de vista, es la legitimidad del Estado de derecho en España y en Ucrania. En España nadie cuestiona, ni tan siquiera los nacionalistas e independentistas catalanes, que en ese país hay un Estado de derecho, nadie cuestiona una legalidad y una legitimidad plena de las instituciones y de las leyes como la Constitución española. En Ucrania, hoy en día, muchos pensamos que el actual Gobierno de Kiev es ilegítimo, porque no se han dado los pasos constitucionales para legitimar este Gobierno.
Segundo matiz que también es importante es que en Cataluña lo que se está intentando es crear un nuevo sujeto de derecho internacional, es decir, un nuevo Estado. En Crimea por ningún lado las autoridades han considerado la posibilidad de crear un Estado, sino que han buscado la reunificación con Rusia.
En tercer lugar, hay unos elementos históricos. Hasta el año 1991 Ucrania y Rusia formaban parte de la URSS, por tanto, los ciudadanos de Crimea en ese mismo momento eran conciudadanos rusos, y en el año 1954 eran administrativamente pertenecientes a la Federación Rusa. Es decir, hay una serie de argumentos históricos muy recientes que dan una mayor legitimidad a este proceso que ha pasado en Crimea. Y en España estamos hablando de una situación con fundamentos históricos completamente distintos, no hay ningún paralelismo. Por eso en España yo sería contrario a la celebración del referéndum y contrario a la secesión de Cataluña. En Crimea, en cambio, veo argumentos a favor de la celebración de este referéndum, incluso en la posición que ha adoptado libremente la mayoría de los ciudadanos crimeos.
La misma pregunta la hicimos al profesor Manel Parra, presidente del Movimiento Cívico de España y Catalanes:
–Es difícil comparar la situación de Crimea con la de Cataluña. Ni Rusia es ni ha sido lo que ha sido España, ni Crimea es ni ha sido lo que es Cataluña, o Cataluña es lo que ha sido Crimea. El problema de Cataluña es que se quiere separar, con lo que se incumple la legalidad, mientras que en Crimea lo que se ha querido es volver a la Gran Rusia, a la situación previa de 1954, cuando el entonces líder soviético, Nikita Jrushev, anexionó Crimea a Ucrania. En España se habla de una separación, en Crimea se habla de reunificación.
Si algo hay parecido, tanto en Crimea como en Cataluña, es la necesidad de buscar acuerdos y de superar situaciones complicadas. Eso nos debe mover a incrementar el diálogo, incrementar las posibilidades de encuentro y mirar de que la Europa del siglo XXI debería ser la Europa de la unidad y de menos fronteras. Se trata no solo de Ucrania, Crimea y Rusia, sino también de todos los Estados. Debemos hacer todo lo posible para evitar una nueva Guerra Fría.