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Los demócratas ‘de toda la vida’, encantados con el secretismo y las historietas bondadosas del CNI

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
domingo 10 de noviembre de 2013, 17:50h

La especial capacidad de persuasión del secretario de Estado y director del CNI, Félix Sanz Roldán, que a pesar de su especial vinculación con el PSOE le ha permitido permanecer al frente del Servicio de Inteligencia con el Gobierno de Mariano Rajoy, situado en las antípodas del denostado Gobierno de Rodríguez Zapatero, ha culminado en su comparecencia del pasado 6 de octubre ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados (en realidad se denomina “Comisión de control de los créditos destinados a gastos reservados”).

La especial capacidad de persuasión del secretario de Estado y director del CNI, Félix Sanz Roldán, que a pesar de su especial vinculación con el PSOE le ha permitido permanecer al frente del Servicio de Inteligencia con el Gobierno de Mariano Rajoy, situado en las antípodas del denostado Gobierno de Rodríguez Zapatero, ha culminado en su comparecencia del pasado 6 de octubre ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados (en realidad se denomina “Comisión de control de los créditos destinados a gastos reservados”).

Tras tener encantada -en Moncloa hay quien prefiere decir ‘abducida’- a su jefa política, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, y encantado también al rey Juan Carlos, con quienes despacha de forma habitual, Félix Sanz acaba de cosechar uno de sus más sorprendentes éxitos profesionales al haber convencido a todos los miembros de dicha comisión de la legalidad con la que el CNI ha colaborado con la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) en sus prácticas de ciberespionaje masivo fuera de sus fronteras, incluso en países amigos y aliados. No en vano, Sanz Roldán es conocido dentro de las Fuerzas Armadas, ámbito en el que alcanzó el máximo rango de general de Ejército y Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) como ‘El camaleón’ (algunos compañeros de armas también le llaman ‘El galápago’), dado el brillante progreso profesional que ha conseguido con todos los gobiernos gracias a su capacidad de adaptación y de servicio político ‘incondicional’.

Según han manifestado los diputados presentes en la comparecencia del director del CNI, las explicaciones dadas al respecto fueron satisfactorias, así como sus respuestas a las preguntas de los comisionados. Sin embargo, sucede que todo lo tratado en ella, sin reflejo en acta alguna, está sujeto al ‘secreto oficial’ -o más bien al ‘secretismo’- y, por tanto, los contribuyentes, los demás diputados y senadores y los propios partidos políticos como tales, se quedarán in albis de la cuestión, es decir sin conocer nada ni poder comprender nada de lo ocurrido en torno al escándalo de marras.

Y choca el procedimiento que, a tenor de cómo se tolera, tanto complace al Parlamento y a los medios informativos del país, contrastado, por ejemplo, con la histórica comparecencia conjunta de los tres directores del MI6, John Sawers; del MI5, Andrew Parker, y del propio CGHQ (el Cuartel General de Comunicaciones del Reino Unido), Iain Lobban, ante el Parlamento británico (07/11/2013), ‘a puerta abierta’ y respondiendo con claridad a todo lo que en sí no constituía un auténtico secreto oficial, propio de otro marco de aclaración restringido. O con la anterior comparecencia, también ‘a puerta abierta’ y conjunta del director de la NSA (Keith Alexander), de su subdirector (Chris Inglis), del Director de Seguridad Nacional de Estados Unidos (James Clapper) y del subsecretario de Justicia (James Cole) ante la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes (29/10/2013), en la que se desveló que el CNI había colaborado de forma expresa con las comprometidas prácticas de la NSA…

Por lo publicado en algunos medios informativos sobre la comparecencia ‘secreta’ de Félix Sanz en el Congreso de los Diputados -contradicción en verdad curiosa la de introducir el secreto en la vida parlamentaria-, hemos sabido, o creemos saber, que el CNI trabaja “dentro de la ley” y que sus escuchas o interceptación de las comunicaciones “siempre” las autoriza un juez del Tribunal Supremo. Pero caben muchas dudas, por no decir todas, y parece que ninguno de los comisionados se las puso encima de la mesa al director del CNI, sobre la competencia de dicho magistrado para autorizar intervenciones ilegales del CNI en territorio extranjero…

Y extraña también que los representantes de los partidos minoritarios, no los del PP y del PSOE que convinieron la vigente regulación del CNI en contra de las demás grupos parlamentarios del Congreso, no hayan exigido una transparencia mayor en el control del caso, similar a la que se ha dado en la Cámara de Representantes de Estados Unidos o en el Parlamento británico.

Aunque lo que más sorprende de este amable cuentecillo parlamentario, es que una persona tan avispada como Rosa Díez (UPyD), un profesor de Derecho Constitucional como Aitor Esteban (EAJ-PNV) y un antifranquista ‘de toda la vida’ como Cayo Lara, no hayan aprovechado la ocasión para denunciar la inconstitucionalidad de la vigente Ley 9/1968, de 5 de abril, de Secretos Oficiales. Una norma franquista de tal porte que en su introducción todavía remite los ‘secretos oficiales’ nada menos que al control político de las Cortes Españolas (no las actuales Cortes Generales democráticas) y del Consejo Nacional del Movimiento, lo que además de ser deplorable en términos jurídicos y democráticos, no deja de ser también una auténtica vergüenza parlamentaria. 

Porque, ¿de qué control parlamentario de los Servicios de Inteligencia se puede hablar si los comisionados, quienes comparecen ante ellos y todas las materias que tratan, están sujetas a un ‘secreto oficial’ inconstitucional y a la amenaza de que quien haga uso de lo conocido puede dar con los huesos en la cárcel…?

Lo cierto (y declarado pública y formalmente por la NSA en la Cámara de Representantes) es que el CNI ha colaborado en operaciones bastardas de ciberespionaje masivo, al parecer fuera del territorio nacional y por tanto sin autorización judicial legítima. Y cierto es también que el Congreso de los Diputados se ha tragado todas esas escuchas ilegales envueltas en papel de celofán.

Aunque el colmo de los colmos es que el jefe de los espías españoles haya aprovechado su comparecencia en el Congreso para sugerir a Sus Señorías que se doten de un sistema contra escuchas como las realizadas por la NSA. Claro está que no aclaró si ese sistema anularía la ‘luz y taquígrafos’ propia del debate parlamentario, los diarios de sesiones, las tribunas de invitados y la presencia de los medios informativos…

Pero mucho más seguro y cómodo para todos, sería que la Comisión de Secretos Oficiales del primer poder del Estado, representante legítimo del pueblo español, inviolable, ejerciente de la potestad legislativa y del control de la acción del Gobierno, y responsable también de aprobar los propios presupuestos del CNI, se trasladara al despacho de su jefe para conchabar cuando convenga la conculcación del Estado de Derecho. Y a los demás, que les den, que para eso está el secreto oficial.