geoestrategia.eu

Melchor Rodríguez, el 'ángel rojo' de la Guerra Civil, tendrá calle en Madrid

jueves 20 de octubre de 2016, 22:00h

alt

Con la bandera anarquista de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y un crucifijo sujetándola al ataúd, fue enterrado Melchor Rodríguez en el cementerio de San Justo, en 1972. Por si la imagen no fuera ya insólita, en pleno régimen franquista, con la Policía Armada presente para evitar altercados además de algunos ex ministros de Franco, se escucharon las voces entonando: "Negras tormentas agitan a los aires". Las primeras estrofas de 'A las barricadas', el himno anarquista, se sucedieron ante el riguroso silencio y respeto de los franquistas. La estampa que logró Melchor Rodríguez muerto fue fruto de su vida, de su generosidad y principios, especialmente durante la cruenta Guerra Civil.

Como destacado anarquista en Madrid, Melchor acogió y escondió a muchas personas que temieron por sus vidas en el verano del 36 tras el fallido Golpe de Estado en Madrid de los rebeldes militares. El sangriento inicio se llevaría a las tapias y fosas a muchos fusilados por sospechosos de ser simpatizantes de los nacionales, por profesar la fe católica, o cualesquiera otras venganzas y rencillas, como también ocurriría en las ciudades controladas por el bando nacional -Málaga, Sevilla o Badajoz-.

Además de su convicción personal: "las ideas pueden servir para defender la vida, pero no la muerte", lo que hizo de Melchor Rodríguez un personaje respetado fue su labor institucional durante la Guerra Civil en Madrid. En pleno furor asesino contra la 'quintacolumna' en Madrid, durante el avance de las tropas franquistas en noviembre del 36, las tristemente célebres sacas de Paracuellos, Melchor fue nombrado director de Instituciones Penitenciarias el 10 de noviembre, cuando la Junta de Defensa de Madrid, cuyo director de Seguridad era Santiago Carrillo, había cometido ya varios fusilamientos masivos.

Melchor detuvo las ejecuciones indiscriminadas, como destaca el hispanista Julius Ruiz, que argumentó en sus obras el Terror Rojo, y Paracuellos una verdad incómoda -recogidas en una entrevista con La Aventura de la Historia-, el hecho de que el anarquista fuera destituido de su cargo apenas cuatro días después por orden del ministro de Justicia, Manuel García Oliver, también anarquista, -cuyas memorias inéditas resume el Nº208 de la revista- prueban que el gobierno republicano de Valencia, y no sólo la Junta de Defensa de Madrid, fueron responsables de la matanza. Ruiz recalcó su argumento al constatar que cuando Melchor Rodríguez fue restituido en el puesto, tras la ya fracasada ofensiva de las tropas de Franco sobre Madrid, las sacas, cesaron.

Una iniciativa ciudadana de 2008

La idea de honrar a Melchor Rodríguez en el callejero de Madrid, surgió en 2008 cuando un grupo de ciudadanos se dirigió a la calle de Foento en Madrid, en donde estuvo situada una de las 'Checas', más sanguinarias de Madrid durante la guerra y a las que Melchor puso fin. El testigo fue retomado por el grupo de UPyD en Madrid y resucitado ahora por Ciudadanos, que ha conseguido la unanimidad de todos los grupos del Ayuntamiento de Madrid -Ahora Madrid, PP y PSOE- para que se conceda una calle al único alcalde de la Segunda República que no dispone de ella. Ahora, la cuestión es lograr que sea la calle de Fomento, como explica el escritor Jose Antonio, Petón, para convertir una calle asociada a la muerte en una "calle de la vida".

En esos días, como recuerda el periodista y escritor José Antonio Martín Otín, Petón: "Melchor salvó de una muerte segura a los presos de la cárcel de Alcalá el 8 de diciembre de 1936 cuando alertado de que una multitud se dirigía dispuesta a linchar a los quintacolumnistas se plantó con su coche a la puerta para disuadir a la multitud apelando a la defensa de la República". Tal y como explica Petón lo que el anarquista defendió aquel día fue que si la República devenía en el caos y el asesinato en masa, carecía de sentido defenderla y que, en ese caso, armaría a los propios presos de Alcalá.

El perdón de Franco: 25 años de cárcel

Cuando la República agonizaba anímica y militarmente, Melchor se sumó al Consejo Nacional de Defensa del coronel Segismundo Casado que junto al socialista Julián Besteiro y el anarquista Cipriano Mera, entre otros, forzaron una suerte de golpe de Estado en Madrid para poner fin a la guerra con una rendición negociada de la capital a las tropas de Franco. La batalla que se produjo con los comunistas en las postrimerías de la contienda no frustró el intento y Melchor, que había sido nombrado alcalde de Madrid por Casado apenas cuatro días antes, fue el encargado de entregar las llaves de la ciudad.

Como el resto de casadistas, fue rápidamente detenido y juzgado por las autoridades franquistas que en pleno proceso de represión le condenaron a muerte. Fue entonces cuando el general Muñoz Grandes intercedió, con 1.000 firmas bajo el brazo, para detener la sentencia. El hombre que acabaría comandando la División Azul -que lucharía junto a las nazis en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial- y que llegaría a vicepresidente con Franco, fue el que dio el paso por el que muchos clamaban.

Entre las firmas estaban las de relevantes personajes afines al bando nacional como los hermanos Álvarez Quintero, la familia Luca de Tena -dueña de ABC-, Rafael Sánchez Mazas o el futuro ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín-Artajo. Muñoz Grandes conocía bien la labor de Melchor, porque a él miso le salvó la vida antes de pasarse al bando nacional en 1936. Pero el perdón de Franco, que tenía una minuciosa represión en la cabeza, fue la condena a 25 años. El castigo por ser del otro bando era seguro, la dimensión, variaba.

Al final, los influyentes hombres cuya vida salvó durante la Guerra Civil lograron que saliera a los cinco años. Le consiguieron un trabajo en la 'Playa de Madrid', unas piscinas que había entonces en la carretera de Valencia. Sin embargo, su militancia en la CNT le devolvió a la cárcel en varias ocasiones durante los primeros años de la posguerra. Su entierro, en 1972, estuvo cargado de simbolismo entre las dos 'españas' de la guerra. Respetado por los anarquistas, algunos comunistas como Santiago Carrillo insinuarían, en cambio, que fue un infiltrado de los nacionales.

Fuente: El Mundo- Julio Martín Alarcón