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El futuro de Europa se juega (de nuevo) en Cataluña

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
sábado 30 de septiembre de 2017, 15:52h

Tras la crisis del euro, la guerra en Ucrania, el Brexit y los excesos de Hungría y Polonia, Europa se enfrenta a otra crisis que pone en peligro la existencia del proyecto de seguridad -física, material, jurídica y, en cierta medida, social- que es el proyecto comunitario: el reto a la democracia española planteado por el separatismo catalán.

Maxime Forest

Maxime Forest

Ante el privilegio concedido a la presentación de la narrativa separatista en los grandes medios de comunicación europeos, ante el fuerte llamado al "diálogo" o silencio ensordecedor de las instituciones comunitarias y de los gobiernos de los Estados miembros, se necesita un esfuerzo educativo, diez días antes de un referéndum ilegal de trascendental importancia.

La narrativa separatista se basa en un nacionalismo estrecho y excluyente

Cada narrativa nacional es un gesto histórico y la catalana es una historia de grandes logros: además de la lejana memoria de los estados poderosos, está la más reciente de la valiente resistencia del pueblo catalán al fascismo durante la guerra civil, a la que George Orwell rindió un poderoso homenaje. Y si la región ha sido el laboratorio de la modernidad industrial, política, social y cultural en España desde la segunda mitad del siglo XIX, hay que reconocer que se debe en parte al surgimiento de su propia conciencia nacional, de una esencia elitista como en la mayoría de los nacionalismos, pero socialmente progresista. La contribución de Cataluña a la transición democrática también fue esencial, y basta releer las páginas dedicadas por el madrileño Jorge Semprún a su emoción durante la primera "Diada" (1) autorizada en 1977 para entender que la recuperación por parte de los catalanes de su derecho a la cultura fue una conquista para todos los demócratas españoles (2).

Sin embargo, la narrativa hábilmente desplegada por el campo separatista está lejos de este movimiento cultural democrático, europeo y abierto. En cambio, encontramos, repetidos como un mantra, todos los clichés del nacionalismo más obtuso, teñidos de racismo, desprecio de clase e incluso una forma de supremacía cultural: por un lado, "nosotros", un pueblo educado, trabajador, progresista, honesto, republicano y europeo. Por otro lado, "ellos", un canalla ibérico retrógrado, perezoso y corrupto, apegado a una monarquía demonizada, constantemente atrasada de los tiempos europeos y escandalizada por los escándalos. Es inútil oponerse a ella con la "catalanización", es decir, con la europeización, de la sociedad española en su conjunto desde la muerte de Franco, o con el hecho de que algunos de los casos de corrupción más jugosos de los últimos años conciernen precisamente al nacionalismo catalán, cuya conversión al separatismo coincide con su presencia en los tribunales españoles...

La inmovilidad de Mariano Rajoy no es la causa principal del estancamiento político

Esta narración tiene ciertamente un aliado "objetivo" en la persona de Mariano Rajoy. El jefe de Gobierno, que está en el poder desde 2011, habrá sobrevivido a los repetidos escándalos que han salpicado su gestión y a dos elecciones parlamentarias que han sacudido al bipartido español sin perder su escaño en la Moncloa. Su pintoresca actitud de espera ha contribuido a acentuar la gravedad de la crisis que se abrió con Barcelona, privándola de cualquier laguna política. Además, existe una fuerte tentación de hacer la apelación constitucional del entonces opositor Partido Popular contra el nuevo Estatuto de Cataluña, aprobado por referéndum en 2006, ya que el pecado último ha allanado el camino para la secesión unilateral.

Sin embargo, además de que más del 90% del Estatuto fue validado por el Tribunal Constitucional (14 artículos censurados de 223), los elementos reformados, centrados principalmente en el reconocimiento irreversible de una nación catalana dotada de una primacía lingüística y de derechos que invadían en gran medida los poderes soberanos, constituyeron un casus belli constitucional, incluso en un Estado federal de facto. Si bien ha sido sin duda un error político desastroso, el recurso contra el Estatuto no libera en modo alguno al actual Gobierno catalán de su huida hacia delante sin ningún marco jurídico ni mandato político inequívoco. Todo ello, a costa de una polarización social muy viva dentro de la propia sociedad catalana, cuya generación entera de hijos e hijas de inmigrantes desde dentro ha basado su ascensión social en la promesa de una identidad catalana, española y europea.

El Desafío Separatista es un asunto europeo

El resultado de esta crisis es un factor clave para el futuro de Europa en su conjunto. Tanto si se permite que una región ejerza unilateralmente, en un contexto de estado de derecho, el derecho a la libre determinación de los pueblos bajo el yugo colonial o imperialista, como si se eliminará la inviolabilidad de las fronteras a precio de sangre. Ya sea que un orden constitucional único -un húngaro, polaco o español de hoy en día- sea derrocado por la subversión de las normas democráticas a un partido o coalición con reivindicaciones hegemónicas y mesiánicas, y es Europa como un espacio basado en la separación de poderes y la jerarquía de normas que los obituarios deben ser escritos. Que un nacionalismo estrecho, excluyendo y articulando una narrativa histórica alternativa, triunfa una vez más, y sigue siendo el estatus de los hechos (políticos, históricos, legales o sociales) el que se verá mermado, a favor de las virtudes taumatúrgicas y demiúrgicas de contar historias para las masas. Frente a estos riesgos, que nuestros gobiernos están luchando por medir, entendemos el dilema que afronta un gobierno del Partido Popular: entre la impotencia, por la falta de legitimidad absoluta para ejercer todo el rigor de la ley para preservar los derechos de todos los españoles, incluidos los catalanes, y el pan bendito ofrecido al campo separatista por la imagen de las urnas y papeletas confiscadas por la Guardia Civil.

1. Fiesta nacional de Cataluña, 11 de septiembre.

2. Jorge Semprún, Autobiografía de Federico Sánchez, Planeta, 1977.

Fuente: Liberation (Francia)