
El Grupo de Lima, una alianza de 14 países de las Américas que se posicionaron en contra del Gobierno de Venezuela, fue una de las principales medidas de política exterior de la administración del presidente renunciante Pedro Pablo Kuczynski. Sputnik le explica qué puede suceder con este grupo tras la dimisión del mandatario.
Consultado por Sputnik, el economista peruano Óscar Ugarteche recordó que la instancia multilateral integrada por Perú, Argentina, Paraguay, Brasil, Chile, Colombia, Canadá, México, Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Guyana y Santa Lucía "fue impulsada por Kuczynski en la medida que era portavoz del Gobierno de EEUU" en la región.
El también titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) destacó que la iniciativa del ahora expresidente rompía con la tradición de política exterior de Perú basada en la no injerencia en los asuntos internos de otros países.
"El Gobierno de Perú históricamente no se había metido nunca con la vida de sus países vecinos. Además, los peruanos tradicionalmente hemos sido beneficiados de la ayuda humanitaria de esas naciones", aseveró el académico.
Ugarteche mencionó que en la crisis generada en el primer mandato del expresidente Alan García (1985-1990 y 2006-2011) "salieron en total de Perú unas 3,5 millones de personas" en la década comprendida entre 1985 y 1995. En ese momento, los países de la región adoptaron una postura diferente a la que impulsó Kuczynski a través del Grupo de Lima.
"Yo no recuerdo que nadie dijera que al país había que invadirlo. Así no era la discusión. Yo creo que [el Grupo de Lima] era una cosa de la embajada de EEUU y el Partido Aprista, que trabaja con ellos. Esta combinación de la embajada estadounidense contra Venezuela, encabezada con el gobierno de Perú, llevó a la constitución del grupo", valoró Ugarteche.
Según dijo, Kuczynski se irá, al igual que su canciller, Cayetana Aljovín, pero "no pasará nada" con el Grupo de Lima.
Al respecto de la renuncia del mandatario electo en 2016, la Articulación Continental de los Movimientos Sociales hacia la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA Movimientos), emitió un comunicado en el que expresa que los acontecimientos políticos de Perú son "un golpe fatal para el denominado Grupo de Lima".
"Ha perdido nada menos que a su vocero y su más agresivo integrante, apenas unas semanas antes de la cumbre OEA en Lima, donde se pretende impedir a Venezuela ocupar su lugar en la cumbre, violando escandalosamente la normativa" de la organización, constata ALBA Movimientos.
"¿Podrá este grupo de Lima y el patrón que los digita desde el prepotente norte encontrar en Perú a alguien tan desesperado como PPK por evadir la destitución y la prisión, al punto de sostener las ilegalidades internacionales y las impresentables conductas de PPK contra el pueblo y gobierno de Venezuela?", se preguntan desde la articulación de la sociedad civil.
En todo caso, considera que el exmandatario y su "oprobiosa caída" son "símbolo de la crisis y la decadencia, cada vez más evidente, de quienes se hacen cómplices de la agresión económica contra Venezuela y su pueblo".
El Grupo de Lima se conformó en agosto pasado en la capital peruana para hacer un seguimiento a Venezuela hasta que retorne a la democracia que, a su entender, ha perdido.
Tras la última reunión, realizada en Lima a mediados de febrero, los 14 países que lo conforman emitieron un comunicado en el que declaran que la presencia de Nicolás Maduro "no será bienvenida" en la próxima Cumbre de las Américas, prevista para el 13 y 14 de abril. Además, rechazaron la convocatoria a elecciones presidenciales en Venezuela, inicialmente pautadas para el 22 de abril y postergadas para el 20 de mayo por el Consejo Nacional Electoral.
Desde el Grupo de Lima exhortaron al Gobierno de ese país "a que reconsidere la convocatoria de las elecciones presidenciales y presente un nuevo calendario electoral; no puede haber elecciones libres y justas sin la plena participación de los partidos políticos", según el texto leído por la canciller de Perú, Cayetana Aljovín.
¡Qué se vayan todos!: Los peruanos piden nuevas elecciones
Miles de manifestantes tomaron las calles de Lima (capital peruana), el jueves, no solo para expresar su enfado hacia el expresidente de este país, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), sino también para exigir un cambio total en el gabinete presidencial y el Congreso peruano, dando lugar a un enfrentamiento con la Policía.
Los manifestantes, al grito de “¡Que se vayan todos!”, pidieron nuevas elecciones mientras que algunos tenían carteles con fotocopias de titulares de diarios que hablaban de “Líderes del crimen”.
Los protestantes se reunieron en las afueras del Congreso, que debate si acepta o no la solicitud de renuncia del presidente peruano en medio de un clima de tensión.
En este sentido, la Policía de Perú reprimió a los manifestantes con gases lacrimógenos y camiones hidrantes. Pequeños grupos han chocado con la policía antimotines y han sido disparados.
La marcha de protesta contra el fujimorismo y la clase política peruana convocó a miles de personas, incluido grupos políticos, gremios laborales y estudiantes, para pedir nuevas elecciones y renovar por completo el Congreso, tras la renuncia de PPK.
El partido opositor peruano Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori, aseguró el martes, el pago de soborno a varios congresistas del país suramericano, para que voten contra la destitución de Kuczynski.
Se espera que los legisladores voten el viernes sobre la oferta de renuncia de Kuczynski tras revelaciones de sus propios vínculos con Odebrecht.
De acuerdo con los documentos publicados por la compañía, remitidos a la comisión parlamentaria que investiga el caso de corrupción, la constructora brasileña Odebrecht pagó más de 782.000 dólares a la consultora Westfield Capital, del actual mandatario peruano, por asesorías hechas entre 2004 y 2007.
Kuczynski se quedó sin cumbre ni Grupo de Lima: ¿Qué harán Trump y Maduro?
La crisis política que atraviesa Perú es de compleja resolución, coinciden los analistas consultados por Sputnik. Tras la renuncia presidencial, todos los factores de crisis siguen ahí.
Este viernes asumirá el lugar de Pedro Pablo Kuczynski —PPK, como denominan en su país al mandatario saliente- el primer vicepresidente, Martín Vizcarra. Serán claves las primeras semanas para determinar cómo se adapta a la nueva responsabilidad, y qué margen de acción le da un Congreso dominado por la opositora Fuerza Popular de Keiko Fujimori.
Ese mismo partido había intentado en mayo de 2017 censurar a Vizcarra en su rol de ministro de Trabajo por sospechas de corrupción en las licitaciones para la construcción del aeropuerto de Chinchero, en Cusco.
Pero además de la coyuntura local, la renuncia del exbanquero de Wall Street provocó un sismo político en Latinoamérica, al haber sido el pivote en el que apoyó su política anti venezolana el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Fue el promotor del Grupo de Lima (integrado por 14 países) y fue quien negó la invitación a Nicolás Maduro para la cumbre de las Américas a realizarse en la capital peruana el 13 y 14 de abril.
Así lo entiende Arturo Maldonado, magíster en Ciencia Política por la Universidad de Vanderbilt, Estados Unidos.
"Yo creo que la situación puede un poco amainar con la presencia de un nuevo presidente (…) Si bien es cierto que había una suerte de alianza o relación estratégica entre PPK y Trump, ahora esa relación podría ser más moderada en cuanto la relación con Trump y de apertura hacia Maduro, entonces podríamos tener una cumbre que efectivamente tenga la presencia de los dos presidentes".
Maldonado está convencido de que Washington "pierde un aliado estratégico en la región y ahora va a tener, no a un aliado, sino a un presidente con una relación más condicional, que no va a ser como un amigo con el cual puede conversar y pactar acciones, como por ejemplo bloquear la presencia de Maduro en una cumbre. No creo que Vizcarra opte por ese camino".
Para el economista peruano Oscar Ugarteche, la gestión del renunciante presidente deja, más allá de la crisis coyuntural, un daño severo al espíritu democrático teniendo en cuenta que "Kuczynski fue electo por la mayoría de los peruanos en contra del fujimorismo. No queríamos regresar al fujimorismo, no queríamos el tipo de autocracia corrupta que habíamos visto en el período de los años 90…y terminó gobernando el fujimorismo".
No solo termina renunciando cercado por denuncias de corrupción, sino que indultó, en diciembre de 2017, al dictador Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad durante su mandato en la década del 90. Por otro lado, consideró que la asunción de Martín Vizcarra como presidente hasta 2021 no elimina en si el problema de fondo.
"Tengo la impresión que entre las cosas que tendrían que pasar es una Asamblea Constituyente: tenemos que redefinir las reglas de juego", afirmó el economista.
Para Ugarteche, esta asamblea debería discutir "el tema de la nacionalidad de los gobernantes, porque un tema peruano muy serio es que prácticamente los últimos cinco, con excepción de Alan García, han sido presidentes de dos pasaportes. Y eso es inadmisible. Tu no puedes tener un jefe de Estado que en el momento en que se de cuenta que está en falta tome el avión y se vaya del país".
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Análisis: La caída de Kuczynski: algunas implicaciones en caliente
Lo que parecía inevitable se concretó antes de tiempo: el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski (PPK), responsable de conducir el frente regional contra Venezuela desde el Grupo de Lima, renunció horas antes de pasar nuevamente por el paredón del Congreso.
“Keikovideos” y shock de opinión pública: aspectos de política interna
En diciembre del año pasado la crisis política e institucional que vive actualmente Perú se intensificó con las gestiones del partido Fuerza Popular (FP) de Keiko Fujimori dirigidas a destituir a PPK desde el Congreso por supuestamente recibir sobornos de Odebrecht durante el gobierno de Alejandro Toledo y financiar su campaña electoral también con fondos de la constructora, según confirmó en un interrogatorio su ex directivo Jorge Barata.
En aquella oportunidad Kenji Fujimori, el hermano menor de Keiko, junto a otros nueve congresistas de FP que logró arrastrar, se opusieron al procedimiento y sumaron junto a otros factores las abstenciones necesarias para frenarlo, quitándole a la dirigente de 42 años una victoria política que creía tener en sus manos.
A los días su padre Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad, recibió un “indulto humanitario” por parte del presidente, dejando en evidencia el chantaje tras bastidores que salvó a PPK.
El 22 de marzo era la fecha para un nuevo intento. La jugada de Kenji no sólo impidió que PPK fuera destituido en su momento, también le arrebató la conducción que tenía del Congreso al tener la mayoría absoluta.
Previendo que el escenario tenía altas probabilidades de repetirse, el diputado Moisés Mamami, mostró junto a toda la banca de FP una serie de videos donde presumiblemente Kenji Fujimori ofertaba contratos de obras públicas a cambio de apoyo político para no destituir a PPK en diciembre de 2017.
Esta maniobra de shock a la opinión pública terminó de inclinar la balanza a los intereses de Keiko, quien al día siguiente tendría a los medios de su lado para desarmar a su hermano y limitar su capacidad de maniobra. Pero no hizo falta esperar más: la guillotina de PPK fue la opinión pública y su muerte política fue transmitida en vivo y directo.
Ahora Kenji entra también en el corredor de la muerte de la política peruana: una solicitud de desafuero parlamentario pesa sobre el diputado más votado en las últimas elecciones y que hasta febrero pasado era el político mejor valorado del país con un 48% de aprobación. Paralelamente Keiko busca obstruir el camino de su hermano a la presidencia.
Sólo queda por ver si la vacancia seguirá adelante en el Congreso para remarcar simbólicamente la victoria política de Keiko sobre PPK o si la renuncia es aceptada como un procedimiento de rutina.
Implicaciones para la Cumbre de las Américas y el Grupo de Lima
La renuncia de PPK ha situado en un clima de incertidumbre el foro político más relevante para Estados Unidos en Latinoamérica desde la década de los 90, impregnándole a su vez un sentido de debilidad diplomática e institucional como entidad promotora de los intereses estadounidenses en la región.
Salvo que hasta ahora el presidente Donald Trump sostiene su participación en agenda, un balance reciente de la Cumbre de las Américas no encuentra un saldo positivo. Sobre esto Ben Radestorf escribió para The New York Times: “Las remotas probabilidades de éxito (de la Cumbre) no son del todo culpa de Trump. Las cumbres recientes han quedado mayoritariamente en puntos muertos y no han sido capaces de producir declaraciones de consensos. Además, el gobierno anfitrión es políticamente débil”.
Ciertamente la zona de indefinición política en la que se halla el país anfitrión, hace un flaco a favor a la intención de EEUU de reanimar las relaciones con Latinoamérica luego de casi un año de lesiones diplomáticas producto del discurso antimigración y proteccionista del presidente Trump. Según la encuestadora Gallup, a finales de 2017 sólo el 16% de los latinoamericanos aprobaba la gestión del magnate inmobiliario.
Esta notable pérdida de influencia ha sido explotada rápidamente (vía ampliación de relaciones comerciales y financieras) por actores geopolíticos emergentes como Rusia y China, quienes han trastocado en el último lustro el equilibrio de poder tradicional impuesto sobre el hemisferio por EEUU. Por esta razón uno de los perfiles estratégicos de la Cumbre de las Américas consiste en mandar un mensaje de autoridad sobre la región en un año definitorio en lo electoral, un objetivo que ahora luce complicado ya que su impacto internacional se ve comprometido por la crisis del país anfitrión.
Rápidamente los restos del gobierno de PPK han intentado dar una imagen de estabilidad en medio de la crisis expresando que “no se se alterará el cronograma de encuentros y coordinaciones previsto en Lima antes de la cumbre, pese al proceso de sucesión presidencial”, dijo la canciller Cayetana Aljovín luego de hablar con quien asumirá las riendas del país, el vicepresidente Martín Vizcarra.
Por su parte el Departamento de Estado de EEUU, según EFE, intentó mantener ese mismo tono para preservar la majestuosidad de la cita, la cual ya está bastante afectada por una clase política gangrenada por la corrupción que espera recibir una cumbre que tiene su eje, precisamente, en la lucha anticorrupción.
El diario La Nación de Argentina confirmó una conversación entre los presidentes Mauricio Macri y Juan Manuel Santos sobre la intención de no acudir al evento si el gobierno de PPK caía, como efectivamente ocurrió. Dos bajas que podrían restarle estatura a la cita y que podría extenderse al resto de los gobiernos de la región.
Analistas del país andino especulan que en el mejor de los casos, los países enviarían delegaciones de segundo nivel para no poner en riesgo la cumbre, un factor que igualmente sería negativo para la proyección internacional del foro y que podría traer como consecuencia la ausencia de Donald Trump.
Martín Vizcarra ahora deberá asumir la tarea de recuperar un mínimo de gobernabilidad, un objetivo que luce bastante complicado en el corto plazo: sobre él pesa una trama de corrupción que puede ser utilizada como arma de chantaje, lo cual que echaría más leña a la crisis política. Keiko Fujimori, por su parte, también tocada por el caso Odebrecht, seguramente intentará utilizar a Vizcarra como figura decorativa para gobernar en las sombras, ya que también está evitando ser procesada por la justicia por la recepción de 200 jil dólares de la constructora brasileña a su última campaña electoral.
Este contexto abierto de inestabilidad y crisis de gobernabilidad en Perú no sólo hiere gravemente la legitimidad e impacto internacional que esperaba tener una Cumbre de las Américas perfilada para estrechar el cerco financiero, comercial y diplomático contra Venezuela dirigido por EEUU, justo cuando intenta manufacturar un consenso regional para el desconocimiento de las elecciones presidenciales, también podría agotar el papel de Lima como brazo articulador del frente internacional contra la nación suramericana.
Durante la visita del hoy ex secretario de Estado Rex Tillerson por algunos países de Latinoamérica durante febrero del presente año, Perú fue uno de los países donde embarcó y al que le dio mayor relevancia para la agenda antivenezolana en curso.
Allí felicitó el liderazgo de PPK en las gestiones diplomáticas contra Venezuela, lo que en los días siguientes se traduciría en un mayor acompañamiento de la campaña de sanciones unilaterales de EEUU y en el retiro de la invitación al presidente Nicolás Maduro para la Cumbre de las Américas.
Con respecto a Venezuela, la caída de PPK significa una derrota táctica en la apuesta realizada por EEUU para que Lima se transformara en el centro de operaciones de su plan de asedio regional. La incertidumbre que rodea la Cumbre de las Américas, a escasas semanas de su realización, lo reafirma en lo simbólico.
PPK pasará a la historia como un mandatario blandengue, sin carisma ni habilidad política, pero también por aquella icónica frase que devolvió al continente 200 años atrás: “Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas. Como el Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”.
Una lección importante en esta hora crítica regional: los gestores también son fusibles desechables cuando pierden sentido. La cantidad de simpatía que tiene el perro no lo salva de ser sacrificado.
Fuente: Mision Verdad