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Cómo EEUU ha destruido a Yemen (desde antes de la llegada de Trump)

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
miércoles 14 de noviembre de 2018, 13:27h

Años de guerra en Yemen han hecho que haya dejado de ser un país en el sentido tradicional de la palabra. El columnista de National Interest Daniel R. DePetris analiza cómo los que tuvieron una relación directa con la agresión al país árabe durante la Administración Obama ahora piden a Trump detener la catástrofe.

A principios de noviembre, más de dos docenas de exfuncionarios de la Administración Obama firmaron una declaración pública sobre Yemen de la organización National Security Action ('Acción de Seguridad Nacional'). En el texto, expresaban la necesidad de detener cualquier iniciativa de apoyo al conflicto armado que azota la nación árabe y comenzar a brindar ayuda humanitaria al pueblo yemení.

El documento fue publicado diez días después de que el Departamento de Defensa de EEUU anunciase el cese de las operaciones de reabastecimiento aéreo por parte de naves cisternas estadounidenses de los aviones militares de Arabia Saudí y de los Emiratos Árabes Unidos. Los firmantes incluyen al exsubsecretario de Estado, Tony Blinken; la exembajadora de EEUU ante la ONU, Samantha Power; al exdirector de la CIA, John Brennan, y al exasesor adjunto de Seguridad Nacional, Ben Rhodes.

La carta no pudo llegar en mejor momento, afirma Daniel R. DePetris. Yemen, la nación más pobre del mundo árabe incluso antes de que estallara la guerra civil, se encuentra ahora pasando la mayor hambruna que el mundo ha visto en décadas. Catorce millones de personas están al borde de la inanición, un número que solo aumentará si las intensas batallas en curso por la costera ciudad de Al Hudayda dañan su puerto.

Tres años y medio de asistencia militar estadounidense a Riad y Abu Dabi han supuesto una debacle humanitaria sin objetivo estratégico ni algún final visible, dice el autor del artículo. Al contrario, el grupo terrorista Al Qaeda —proscrito en Rusia y la única parte del conflicto yemení que sí ha atacado a EEUU— ha explotado el conflicto a su favor, enriqueciéndose en recursos y alistando a más militantes.

Las palabras de los antiguos funcionarios de la Administración Obama son válidas: "Ha llegado el momento de que pongamos fin a nuestro apoyo y participación en este brutal conflicto". Sin embargo, ni una sola vez reconocen cuán injustificable y constitucionalmente dudosa es la participación de EEUU en la guerra civil yemení. Más que eso, algunas de las mismas personas que ahora abogan por un retiro de EEUU, defendían la participación estadounidense cuando prestaban servicios en la Administración Obama.

Es el caso de Samantha Power, la exembajadora de EEUU ante la ONU, que ha sido bastante ruidosa contra Arabia Saudí por los bombardeos contra civiles yemeníes y el desastre humanitario que vive el país. El 8 de noviembre, ella twiteó que "las llamadas de la Administración Trump para un alto el fuego en Yemen no son suficientes; los combates están empeorando en Al Hudayda en este momento".

Esto sería digno de aplaudir si no fuera por el hecho de que Power y su equipo en la ONU hicieron poco para detener a los saudíes, apunta DePetris.

El reabastecimiento de combustible estadounidense de aviones saudíes, la provisión de apoyo de inteligencia a los planificadores militares saudíes y el respaldo diplomático total a Riad en los foros internacionales fue una política establecida, ejecutada y financiada por la Administración Obama, recuerda DePetris.

En 2015, cuando los Países Bajos intentaron pasar una resolución para asignar al conflicto un equipo independiente e imparcial de investigadores de crímenes de guerra de las Naciones Unidas, la delegación de Arabia Saudí intentó descarrilar el esfuerzo. En lugar de apoyar la creación de un comité independiente de investigación, EEUU respaldó la posición de Arabia Saudí y pidió una resolución de consenso. Antes de retirarlo por completo, Ámsterdam redactó el borrador a favor de una investigación que complaciera a Riad.

Ben Rhodes también ha estado denunciando fuertemente la estrategia de guerra que Arabia Saudí aplica en Yemen. En septiembre de 2018, el exasesor adjunto de seguridad nacional condenó al Gobierno de Trump por "subcontratar" la política de Washington sobre Yemen a Arabia Saudí y su socio menor, Emiratos Árabes Unidos. La crítica vale la pena, pero en realidad Trump solo imita la política de su propio jefe, el presidente Barack Obama.

En algunos casos, la Administración Obama llegó a bloquear la transferencia de armas a los saudíes, cuando se supo que esa asistencia se estaba utilizando para evadir los acuerdos. Pero de manera generalizada, la política de veto nunca se instauró. Más que eso, las ventas de armas a Arabia Saudí durante la Administración del premio Nobel de la Paz, Barack Obama, alcanzaron un total de 138.000 millones de dólares. Una suma que supera ocho veces los contratos similares de la época de George W. Bush.

"Ahora, que los exfuncionarios de Obama están fuera del Gobierno y ocupa la Casa Blanca el partido opuesto, ellos sienten la necesidad de hablar para que haya una corrección de rumbo. Pero cuando muchos de estos funcionarios estaban en el gobierno, presidieron la misma política de la que ahora se quejan", resume Daniel R. DePetris.

"La política estadounidense en Yemen ha sido una farsa durante mucho tiempo", prosigue el autor, subrayando que Washington habla sobre la paz, al mismo tiempo que continúa alimentando el conflicto al apoyar a uno de los bandos en una guerra totalmente ajena a EEUU.

Exoficial de la CIA: "Los responsables de las torturas viven impunes y bien remunerados"

Los oficiales de la CIA de EEUU que aprobaron el uso de técnicas de interrogación inhumanas en sus prisioneros nunca han sido castigados y ahora trabajan para los contratistas de la comunidad de inteligencia cobrando buenos salarios, lamentó el exoficial de agencia Philip Giraldi.

De esta manera Giraldi comentó en una entrevista con Sputnik las recientes revelaciones de que la CIA podría haber usado sedantes para tratar la ansiedad —"que posiblemente causaban el efecto de una droga de la verdad"— y un compuesto de origen dudoso que provocaba amnesia en los prisioneros —algo "que a veces era el efecto deseado"—.

El exagente de la CIA y exoficial de Inteligencia del Ejército de EEUU que actualmente trabaja como el director ejecutivo de la organización independiente sin ánimo de lucro Consejo para Intereses Nacionales, destacó que el uso de drogas en los prisioneros es "generalmente considerado como un crimen de guerra".

"Es vergonzoso que el Gobierno de EEUU y la CIA consideraron usar las llamadas drogas de la verdad en los detenidos", aseveró.

El experto mencionó que la CIA también capturaba a personas, las enviaba a países donde podrían ser torturadas y también dirigió sus propias torturas en prisiones de Tailandia y Europa del Este.

La tragedia real, según el interlocutor de Sputnik, consiste en que "nadie ha sido responsabilizado por estos crímenes".

"Los oficiales superiores que aprobaron estas técnicas nunca fueron castigados y ahora están trabajando para los contratistas de la comunidad de inteligencia, y cobran altos salarios", enfatizó.

Según Giraldi, la razón por la que la CIA nunca solicitó al Departamento de Justicia la aprobación del uso de drogas durante sus interrogatorios fue porque no quería levantar otro escándalo como el que surgió cuando fue acusada de usar técnicas como la privación de sueño, el confinamiento en celdas pequeñas y el submarino.

Tras los ataques terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001 que mataron aproximadamente a 3.000 personas en Nueva York, los agentes estadounidenses recurrieron a los métodos de tortura controversiales para interrogar a los sospechosos.

En particular, la CIA creó sitios secretos en países extranjeros para encarcelar a los sospechosos de terrorismo sin respetar el debido proceso legal.

El movimiento yemení Ansarolá dice tener bajo su control Al-Hudayda

El movimiento popular yemení Ansarolá alega tener bajo su control la ciudad portuaria de Al-Hudayda, situada en el oeste de Yemen.

El movimiento popular yemení Ansarolá, apoyado por el Ejército, anunció que controla la ciudad de Al-Hudayda. Rechaza así las alegaciones de la coalición saudí sobre su avance en la misma.

El portavoz de las fuerzas armadas yemeníes detalló que se han lanzado más de 35 ataques contra los mercenarios de Arabia Saudí y que, en los últimos días, han matado a más de 1200.

Sus declaraciones se producen con el aumento de la presión internacional a Riad para un cese inmediato del fuego, antes de un posible diálogo de paz a finales de noviembre en Suecia.

Los intentos diplomáticos parecen haber favorecido una relativa calma este martes en Al-Hudayda. Sin embargo, los ciudadanos no ven que estos intentos diplomáticos sean efectivos.

Al-Hudayda tiene una gran importancia estratégica por ser el punto de entrada de las tres cuartas partes de las importaciones y la ayuda humanitaria internacional al país.

Arabia Saudí impuso en 2015 una guerra desigual contra Yemen, el país más pobre del mundo árabe, con el objetivo de restaurar en el poder al expresidente fugitivo, Abdu Rabu Mansur Hadi, y hacer frente al movimiento popular Ansarolá; unos objetivos que no se han materializado y que han dejado más de 15 000 yemeníes muertos.

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