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Mientras el Gobierno se desentiende de la Conmemoración del Bicentenario del general Prim, los independentistas catalanes secuestran y destrozan su legado histórico

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
sábado 14 de septiembre de 2013, 20:06h

En nuestra Newsletter del 23 de diciembre de 2012 (ver “El general Prim, ejemplo de patriotismo y decencia política”), ya reclamábamos una mayor atención y colaboración del Gobierno y de la propia Casa Real en los actos conmemorativos del bicentenario del nacimiento de D. Juan Prim y Prats (1814-1870), promovidos por la entidad privada Sociedad Bicentenario General Prim 2014 (SBGP 2014).

En nuestra Newsletter del 23 de diciembre de 2012 (ver “El general Prim, ejemplo de patriotismo y decencia política”), ya reclamábamos una mayor atención y colaboración del Gobierno y de la propia Casa Real en los actos conmemorativos del bicentenario del nacimiento de D. Juan Prim y Prats (1814-1870), promovidos por la entidad privada Sociedad Bicentenario General Prim 2014 (SBGP 2014).

Dichos actos se iniciaron formalmente el 27 de diciembre de 2012, en el mismo día y mes del atentado que Prim sufrió en 1870 en Madrid, en la antigua calle del Turco (hoy Marqués de Cubas), con la presentación en el Congreso de los Diputados del libro titulado “Juan Prim y Prats. Discursos Parlamentarios”, editado por esa misma Cámara. Acto seguido se descubrió una placa escultórica conmemorativa colocada en la fachada del Banco de España -no muy distante-, a la altura del lugar en el que se produjo el desgraciado atentado del entonces presidente del Consejo de Ministros de España.

En dicho bajo-relieve, diseñado por el escultor reusense Ramón Ferrán, se puede leer la frase “No olvidéis la sangre derramada por nuestras discordias políticas”, que fue pronunciada por el general Prim el 11 de noviembre de 1862 precisamente en uno de sus discursos parlamentarios.

Pero tras aquel acto inicial promovido por la SBGP 2014, que fue posible gracias a la acogida que la celebración del bicentenario de Prim tuvo por parte de José Bono cuando todavía era presidente de las Cortes Generales, continuada por su sucesor, Jesús Posada, ni el Gobierno de Rajoy ni la Casa de Su Majestad el Rey, o de forma alternativa la Secretaría del Príncipe Felipe -empeñada en su lógica promoción como futuro rey de España-, han prestado la menor atención a un importante personaje histórico que refleja como nadie el catalanismo español y el españolismo catalán. Una síntesis vital que en estos momentos de grave amenaza de ruptura entre Cataluña y España es un ejemplo discursivo muy valioso para restaurar las heridas abiertas por la controversia política.

Prim, además de ser un militar heroico, fue un gran liberal, un espíritu políticamente constructivo y un demócrata esencial; leal a sus principios, a su origen catalán y a su amor por España, a la que engrandeció fuera de nuestras fronteras como pocos de sus contemporáneos lo hicieron. No en vano fue el político y militar español más conocido en el mundo civilizado durante la segunda mitad del siglo XIX. Prim fue, en definitiva, un catalán y español universal; y también un referente del compromiso militar con la España constitucional de la que fue singular defensor.

Bueno sería, e incluso puede que políticamente sea lo obligado, que en el transcurso de la celebración del bicentenario del general Prim, la Corona instaurada por el régimen franquista y consagrada en la Constitución de 1978 a través de la monarquía parlamentaria, pero legítima heredera de la dinastía histórica de los Borbones, se reconciliara con la figura del gran estadista que más luchó en su tiempo precisamente en favor de esa forma política del Estado. Recuérdese lo que políticamente supuso en su época la figura de Prim y téngase en cuenta lo que, hoy por hoy, todavía supone, con la última escalada secesionista de Cataluña.

Durante la celebración de la Diada (Día Nacional de Cataluña) del pasado 11 de septiembre, culminada con una innegable e importante demostración de fuerza del independentismo catalán, sus organizadores cubrieron la estatua ecuestre del general Prim, emplazada en la céntrica plaza de Reus que lleva su nombre, con la Senyera estelada, símbolo del independentismo de los ‘Países Catalanes’. Una inconsecuencia tan grande como si, salvando las distancias, el general Franco hubiera sido amortajado con la bandera comunista de la hoz y el martillo…

Dicho de otra forma, al Gobierno y a la Corona le roban la figura de Prim como quien les roba la merienda. En el entorno de ambas instituciones deberían tomar buena nota de lo que significa la fotografía que ilustra este Confidencial y obrar en consecuencia, procurando que al menos el Príncipe Felipe, futuro Rey de España, presidiera alguno de los actos de homenaje al general Prim (de lo que debiera hacer Rajoy en relación con el ‘problema catalán’ no merece la pena ni hablar).