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Gibraltar prohíbe entrar con camisetas de España

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
miércoles 18 de septiembre de 2013, 00:00h

El hecho no es nuevo, pero acabo de conocer hace minutos otro testimonio que me produce náuseas. La Comisaría de la Policía de Gibraltar ha prohibido a Paula, una española que llevaba la camiseta de la selección de fútbol de este país, la entrada a territorio gibraltareño. Para que quede bien en claro: esta muchacha no iba drogada, ni armada, ni tenía cara de prima de Bin Laden… Apenas mostraba como simple atuendo la “Roja”, con la estrella amarilla en el pecho del mundial obtenido en Sudáfrica (no la otra, la de la China comunista, por si algunos malintencionados imaginan maldades).

La cuestión es que las autoridades de seguridad gibraltareñas no la han retenido tampoco por anomalías en su pasaporte, que por supuesto estaba en regla. Simplemente, al detectar y considerar que era una “provocación” lucir un emblema de España, la obligaron a pegar la vuelta.

Este hecho de profunda discriminación atenta contra todo razonamiento elemental. Hay vídeos y grabaciones caseras de la mujer en el momento que es impedida de entrar en el Peñón. Ese material será difundido en breve, pero por el momento está en manos de abogados, ya que el incidente se ha producido hace horas.

Hace poco más de un año ya comenzaron a sucederse situaciones inexplicables de este tipo. Jóvenes que también llevaban la camiseta de la selección española de fútbol fueron incluso “retenidos” en comisaría en más de una oportunidad, y tampoco es raro que los gibraltareños insulten y agredan a las personas que se identifican con algún ícono o emblema de España. Así ocurrió con otra pareja de andaluces, tras un triste periplo por el Peñón para comprar tabaco.

Todos los trabajadores y habitantes de La Línea de la Concepción pueden dar fe de ello. Muchos permanecen ahora encerrados en el puerto, como medida de protesta porque no cobran desde hace tiempo. La cuenta de la cofradía se encuentra bloqueada por las deudas mantenidas con las autoridades portuarias respecto al uso de las instalaciones. Es decir, los pescadores y sus familias sufren un doble calvario, tras la infame decisión de arrojar bloques de hormigón en su perjuicio. La raíz de este conflicto es otra, en verdad, pero se suma de manera inevitable e insoportable a la más que tensa situación en el Peñón.

Algunos, con las cuentas embargadas, no pueden llevar el sustento a sus hijos. Otras personas deben resignarse a largas esperas de más de dos horas en la Aduana. Mientras aguardan, suelen llover insultos de los gibraltareños, como ha ocurrido con Paula: “Volveos a vuestro país”, “Fuera de aquí”, “Muertos de hambre”, fueron algunos de los epítetos. Su denuncia, que ya ha tomado estado público, ha sido respaldada por decenas de personas en la Bahía de Algeciras.

Tras estos deplorables acontecimientos, muchos españoles piden aquí (una vez más) la aplicación de la Ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. ¿Es este el camino más adecuado? En este sentido, la Dirección General de Aduanas de España ya ha prohibido la entrada de camiones que transportaban roca de escollera en Gibraltar, a raíz de varias denuncias ante la Fiscalía de Medio Ambiente y la Guardia Civil como réplica a la colocación de bloques de hormigón en la bahía de Algeciras.

No hace mucho, otro de los jóvenes que integraba una delegación sevillana fue obligado por la Policía en el Peñón a ponerse la elástica de España del lado del revés, ante la mirada atónita de sus colegas y la severa expresión de los uniformados. Son meros ejemplos, pero su goteo incesante puede llegar a rebalsar el vaso (que ya de por sí está a punto de desbordar por todo lo que está ocurriendo).

En este contexto, la Junta de Andalucía parece ocupada en otros pequeños menesteres, con la imputación de Griñán y Chaves en el caso de los ERE fraudulentos. De algún modo, Gibraltar y su surrealista líder Picardo vienen a desenmascarar las enormes falencias desde este lado de la península. Rehenes, impotentes, y abandonados como un pequeño suburbio de colonia británica desfilan los habitantes de La Línea, con o sin camisetas de Sergio Ramos o Iniesta.

Cuando muchos suplican venganzas, antes que nada habría que tener presentes ciertas cuestiones para avanzar en pos del patriotismo salvaje. No olvidemos por favor a ese puñado de compatriotas que se debaten con la nada misma en La Línea. ¿Por qué no hay un plan real de desarrollo en esa ciudad? Cerrar las fronteras, emprender acciones violentas, multar y arrestar a los guiris del Chelsea o del Manchester que vengan con sus camisetas al Bernabéu no parece una solución estratégica.

Dicho esto, duele e indigna lo que ha ocurrido con Paula, con la pareja de andaluces, con el grupo de turistas sevillanos… No en vano sus casos han inspirado el contenido de este artículo. Lo mismo que el espionaje de comunicaciones en suelo español que viene realizando Gran Bretaña por el caso del Peñón. Acaso tenga razón mi admirado Pérez-Reverte, quien se animó a decir que “Gibraltar es para los piratas que saben defenderla”.

Pero antes de dar el golpe en la mesa y botar los galeones a la mar habría que observar cuáles son las cualidades y agallas de nuestros corsarios, cuál su estatura moral y ética, su peripecia, y principalmente, su destreza intelectual y honestidad en este conflicto sin fin. La cosa siempre puede acabar peor: Malvinas puede dar testimonio de ello, aunque el gran Arturo sepa muchísimo más que yo en eso de las artes (literarias) de la guerra.

Fuente: Noticias.es