Por Juan Chicharro*
Vaya por delante que escribo estas líneas desde Galicia y, como suele ser habitual por estos lares, el amanecer aparece oscurecido por una niebla persistente. Una situación que afecta al estado de ánimo de cualquiera y que inclina al pesimismo. Ojalá sea esta la causa de lo que expongo hoy y que mis conclusiones respecto a los hechos acaecidos en Gibraltar recientemente sean erróneos y que yo esté totalmente equivocado.
Por otra parte, lo que se denomina el nuevo curso político se presenta ya con toda intensidad y vuelven a la actualidad los asuntos más candentes de la misma. Gibraltar deja de ser paulatinamente objeto de portadas y de artículos. Me temo que es lo que va a pasar o está pasando ya.
Es momento – quizás prematuro – para reflexionar pero en cualquier caso es mi intención el hacerlo procurando ser objetivo en mis apreciaciones.
Lo primero que me viene a la cabeza es haber observado cómo, una vez más, se elude el tema principal del conflicto que no es otro que la cuestión de la soberanía del peñón.
Los medios han hecho hincapié en la faena que se le ha hecho a los pescadores arrojando bloques de hormigón en uno de sus caladeros; se ha insistido por otra parte en la situación de cuasi paraíso fiscal de la colonia con grave perjuicio para la economía española; del contrabando de tabaco; de las gasolineras flotantes y así de un largo etc… de contenciosos, todos favorecidos por la errática política española de casi siempre.
Sin duda se han implantado algunas medidas de presión como las ejercidas en la intensificación de los controles de entrada y salida que al tiempo que afectan a muchos gibraltareños – más de cinco mil viven en la costa del sol – también afectan sobremanera a la economía local de La Línea y de Algeciras por ser ésta, desgraciadamente, dependiente de la de Gibraltar. Es así. Es la triste verdad. A esto hemos llegado.
Lo malo es que aparece como oscurecido el verdadero problema que no es otro que la agresión directa a nuestra soberanía nacional. Así de sencillo y claro. Se han lanzado 70 bloques de hormigón bajo la protección de las patrulleras gibraltareñas y de la Royal Navy en aguas de jurisdicción española. Así, sin más. Y lo ha hecho directamente el Reino Unido de la Gran Bretaña. Picardo no es más que un títere al servicio de esa nación. Y mientras esto sucedía, un portaaviones británico atracaba en la base naval de Rota, una base de uso conjunto pero de soberanía española a la par que una fragata de la misma nacionalidad atracaba en Gibraltar diciendo claro “que aquí estoy yo”. Todo esto me recuerda aquella expresión castellana del “cornudo y encima apaleado”.
La verdad, uno ya no sabe qué pensar.
Cuando hay que hacer frente a un problema y no se sabe cómo solucionarlo, o no se quiere hacerlo, lo habitual es nombrar comisiones de estudio o elevar la solución del mismo a instancias superiores. En el caso que nos ocupa tengo la impresión que estamos en esta tesitura. Una vez más.
Cuando escribo estas líneas se dilucida la posible intervención de la OTAN en el conflicto sirio. Mejor dicho, lo dilucidan los EEUU y aunque no es previsible la participación de España – entre otras cosas porque dadas las características del ataque previsto no tenemos la capacidad necesaria para ello – supongo que caso de ser requerida acudiría como lo hizo en Bosnia, en Irak, en El Líbano o en Afganistán, por poner algún ejemplo. Es lo normal entre aliados.
Que nos solicitan el uso de nuestro territorio como apoyo logístico para sus operaciones en Irak o Afganistán se lo concedemos; que nos solicitan el uso de la base de Morón para estacionar un Batallón de “marines” con apoyo aéreo se lo concedemos; que nos solicitan el despliegue de una serie de buques de guerra como parte del escudo antimisiles en la base naval de Rota se lo concedemos; que nos piden el oro y el moro se lo concedemos. No lo crítico. Nos comprometimos con la OTAN y por lo tanto cumplimos. Somos un aliado fiel. Al fin y al cabo se supone que todo esto es para defender también nuestros intereses.
Ahora bien, partiendo del principio de que para España el recuperar la soberanía de Gibraltar es asunto de primera prioridad y considerando éste ilegalmente ocupado por un supuesto socio y aliado común como lo es la Gran Bretaña, me pregunto yo porqué los EEUU no median en el contencioso y ayudan a solventar el mismo. Sin duda porque si de socios y aliados hablamos para los EEUU el genuino es el Reino Unido y desde luego no España. Es así como lo ven y no hay que darle muchas vueltas. Somos socios de segunda o comparsas. Triste pero real. Y si alguien tiene alguna duda al respecto lo podría comprobar en el hipotético caso de un conflicto a propósito de Ceuta y Melilla que como bien saben Vds. están fuera del paraguas de protección de la OTAN.
Gibraltar desde el punto de vista estratégico militar carece de valor desde el momento de la existencia de la misma Base Naval de Rota si bien es conocido que los EEUU también tienen intereses militares en Gibraltar como por ejemplo un centro importante de control y escucha en el Mediterráneo. Curioso.
Insisto en que el mejor modo de solventar este contencioso es plantearlo crudamente ante quien tendría capacidad para ello a medio plazo: los EEUU. Todo lo demás es marear la perdiz. Gibraltar es un problema exclusivo entre el Reino Unido y España, ambos aliados en la OTAN y, por lo tanto, es esa organización, o sea, fundamentalmente los EEUU quienes deben promover y sostener las buenas relaciones entre sus aliados. Los EEUU deben decirle al Reino Unido que es inadmisible una colonia en Europa en el siglo XXI y que debe proceder a negociar con España la devolución de la soberanía del peñón. Sé que llama la atención esta opinión pero más me llama a mí la candidez de los que creen que sería en la ONU o en la UE donde cabría una solución; claro que seguramente aún más cándida es mi ilusión. Mira que pensar que los que nos robaron Cuba y Filipinas y más recientemente cooperaron en que nos fuéramos del Sahara nos van a ayudar en contra de su primo hermano. Sin duda estamos solos.
No nos queda otra opción que mantener las presiones que el Tratado de Utrecht posibilita sin olvidarse de la población española del entorno hoy dependiente y esclava de la economía gibraltareña. No sería difícil si de verdad hubiera voluntad de vencer.
Hasta aquí algunas elucubraciones personales del problema pero no quiero terminar estas líneas – la bruma gallega me produce este sentimiento – intuyendo que al final lo que ha sucedido ha sido lo de siempre.
Gran Bretaña, atenta al devenir conflictivo de nuestra situación social, política y, por qué no decirlo, también nacional, ha actuado como siempre solía hacerlo. Primero fue el istmo, luego el aeropuerto, luego 60.000 líneas telefónicas y ahora lanzan bloques de hormigón en aguas de soberanía española a sabiendas que en breve en esta piel de toro estaremos enfrascados en otras lides y a otra cosa mariposa.
O sea, la política de hechos consumados de toda la vida.
Ojalá me equivoque pero si no veo en breve que los que arrojaron los bloques al mar los retiran o que en caso negativo los retiramos nosotros constataré una vez más lo que ya intuimos todos.
O sea, GIBRALTAR MÁS DE LO MISMO.
* General de División de Infanteria de Marina
Fuente: Republica.com