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Serbia y Kosovo, marionetas en el juego de Trump y Netanyahu. Análisis de la política exterior de EEUU

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
miércoles 09 de septiembre de 2020, 21:00h

El desarrollo de la ceremonia de firma y las conclusiones del Acuerdo de normalización económica firmado por el primer ministro kosovar y serbio se asemeja más a un truco de los asesores de la Casa Blanca y de la oficina del premier israelí que a un verdadero avance en las relaciones entre Pristina y Belgrado.

Luis Rivas

 

 

Luis Rivas

El desarrollo de la ceremonia de firma y las conclusiones del Acuerdo de normalización económica firmado por el primer ministro kosovar y serbio se asemeja más a un truco de los asesores de la Casa Blanca y de la oficina del premier israelí que a un verdadero avance en las relaciones entre Pristina y Belgrado.

Como marionetas en un espectáculo de guiñoles preparado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu.

Washington ya anunció a principios de año su iniciativa de acercamiento entre Serbia y la autoproclamada República de Kosovo. El exembajador de EEUU en Berlín Richard Grenell ha sido el encargado de pilotar las negociaciones que, en un principio, pretendieron —sin éxito— llegar incluso a acuerdos de intercambio de territorio entre las partes enfrentadas.

El pasado día 4 no se firmó un tratado a tres bandas. La parte serbia se apresuró a aclarar que el documento rubricado por su presidente es un acuerdo solo con Estados Unidos y no con Kosovo. En el texto, se vuelve a hablar de la apertura de un vuelo directo entre Belgrado y Pristina, además de la puesta en marcha de una línea férrea. Se destacan como avances más significativos la aceptación por parte kosovar de compartir la fuerza eléctrica generada por el embalse del lago Gazivode, la entrada de Kosovo en el mini-Schengen de los Balcanes —al que ya pertenecen, además de Serbia, Bosnia Herzegovina, Macedonia y Albania—, y el levantamiento de la tasa del 100% aplicada a los productos serbios que entran en Kosovo. Como el propio Grenell advirtió, "si quieren dólares, tendrán que llegar a acuerdos económicos". Invitados a la Casa Blanca, ninguna de las partes se podría echar atrás.

El gesto de Vucic para la historia

Pero el propósito de Donald Trump iba más allá de los Balcanes. En el momento de la ceremonia, llamó en directo al jefe de gobierno israelí para confirmarle que Kosovo reconocía a Israel e instalaría su embajada en Jerusalén; al tiempo, le anunciaba que Serbia trasladará su sede diplomática desde Tel Aviv a Jerusalén, volteando así la tradicional diplomacia propalestina de Belgrado.

El gesto de Vucic cuando Trump anunciaba la medida dio origen a todo tipo de chanzas. Los gestos del dirigente serbio parecían demostrar que la decisión le tomaba por sorpresa; buscaba con su mirada a sus asesores y trataba de buscar ese apartado entre los documentos del pacto. Vucic tuvo que desmentir que no conocía los términos del acuerdo, pero la imagen queda. Como queda también la crítica a modo de humor por la que la portavoz de Exteriores rusa, María Zajárova, se disculpó más tarde.

En plena campaña electoral para su reelección, Donald Trump "vendía" a su país un supuesto nuevo éxito diplomático para la paz en Oriente Medio, que se añade a la apertura de relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. Los asesores del presidente se sentían satisfechos hasta que Trump tomó la palabra y señaló a Netanyahu: "estos tipos se han combatido durante años; la lucha de Israel con los palestinos no es nada en comparación".

Para Trump, los kosovares son árabes

Una declaración que produjo tanto rubor como cuando insistió en la pertenencia de Kosovo al mundo árabe-musulmán, obviando que ese ente se declara laico y no es árabe. Daba igual; Netanyahu aprovechaba también la jugada insistiendo sobre el hecho de que Kosovo "se convierte en el primer país musulmán en instalar su embajada en Jerusalén". Cualquier oportunidad para sacar pecho es buena para contrarrestar las protestas callejeras de la oposición israelí y la acometida de los jueces ante las acusaciones de corrupción que pesan sobre Bibi.

Los ciudadanos kosovares y los serbios veían así la mini-pax americana en los Balcanes integrada en el plan de Trump para Oriente Medio. Queda por ver si los acuerdos que les afectan directamente se llevarán a cabo. Las fuerzas de oposición respectivas no parecen muy felices con el documento firmado en Washington DC.

La UE, fuera de juego

Para Trump era también importante obtener avances ante la impotencia de la Unión Europea en los Balcanes. La diplomacia de la UE lleva desventaja en Kosovo, prácticamente una colonia norteamericana en el Viejo Continente. Sufre, además, el hecho de que cinco de sus miembros (España, Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre) no reconocen la independencia de ese territorio, cuna histórica de Serbia. París y Berlín intentan desde hace meses retomar la iniciativa sobre las negociaciones entre Pristina y Belgrado. Serbia aspira a integrarse en la UE al tiempo que mantiene relaciones privilegiada con su aliado ruso. Kosovo, por su parte, chantajea a Bruselas ofreciéndole atención diplomática solo si se abre a la obtención de visados para sus ciudadanos.

Kosovo se compromete a no hacer proselitismo sobre su reconocimiento como país independiente durante un año. Serbia, por su parte, frenará durante el mismo periodo su política contra el mismo asunto. Unos dólares pueden calmar de momento la tensión política entre los dos vecinos y enemigos. Alexander Vucic no perdió la ocasión para dejar bien claro que lo firmado en Washington DC no cambia en absoluto su posición: Serbia no aceptará la independencia de Kosovo. Por si acaso a Trump se le ocurría anunciarlo en un tuit…

¿Donald Trump o Joe Biden? Realidades electorales norteamericanas 

Willians De Jesús Salvador 

La sociedad global de su era más ilustrada y progresista transita hacia una enorme crisis de la civilización humana. ¿Qué razón tiene una guerra comercial cuando se precipitan los mercados, aumenta el desempleo y se asoma una crisis económica global como consecuencia de la pandemia por coronavirus? Es una herramienta de campaña electoral para desviar la atención de los votantes norteamericanos, para despertar el sentimiento nacionalista, aunque pasadas las elecciones se le eche agua al vino, porque en las actuales circunstancias es improcedente sostener un pulso con la China Imperial del siglo XX1.

En el último cuarto de siglo la humanidad había logrado grandes cambios, por ejemplo para finales del año  2015, se habían obtenido logros trascendentales, a nivel de las economías emergentes, se experimentó una caída histórica en la pobreza, y los gobiernos crearon conciencia de la importancia de rubricar un  acuerdo sobre cambio climático y los índices de mortalidad materna e infantil, se precipitaron hacia abajo en niveles sin precedentes.

Para ilustrar con cifras lo antes expuesto la Tasa de pobreza mundial cae por debajo del 10 % y  el porcentaje de la población mundial que vive en pobreza extrema descendió  del 37,1 % en 1990 a un mínimo histórico de 9,6 % en 2015.

Las crisis económicas a nivel global, no son nada nuevo, hay precedentes que han impactado el desarrollo de la humanidad y la han sumido en una pobreza extrema, sin embargo, las naciones han salido más fortalecidas, obvio aplicando políticas de shock que han implicado una transformación del modo de producción, redistribución de la riqueza y políticas solidarias a los paises más deprimidos.

Las pandemias también han sido parte del ciclo completo de la humanidad, las cuales siempre producen una merma de la población mundial brutal, y no obstante han sido superadas, y es como si la manecilla del reloj empezara a girar y el mundo retorna a una nueva dinámica. Por ejemplo, para el 1918 la pandemia denominada influenza española produjo más de 675 mil fallecimientos, y la economía norteamericana pasó de ese túnel de la muerte a los llamados años felices, “los años de la década del 1920 al 30”, motivos de esa prosperidad que EE.UU emergía como una gran nación industrial después de la Primera Guerra Mundial, a tal grado que en 1918 el PIB real creció un 9.0 % .

Cuáles son las diferencias y  realidades que se derivan de la  pandemia del Covid-19, en primer lugar es indiscutible que los niveles de producción de las economías que encabezaban el pelotón de los mercados globales, se han desacelerado y hay una caída brutal de las manufacturas mundiales, la pandemia ha inmovilizado el capital humano, esto hace que se aceleren los mecanismos para desarrollar nuevas tecnologías para la  potenciación de la producción mundial e influir en cambios de hábitos y estilos de vida, mientras esos cambios se producen,  la crisis económica y financiera destruye economías de países en todas las latitudes del mundo.

Esta suerte de anatema para la humanidad coincide con la determinación política del presidente de los EE.UU, Donald J. Trump de retomar la Guerra Comercial y Tecnológica  contra  la República Popular de China, mientras crece la incertidumbre en los mercados globales y la crisis sanitaria de manera inverosímil forma parte del enfrentamiento contra China, mientras la humanidad contempla impávida la suerte de millones que se contagian  con una alta mortalidad, y  los paises de economías más frágiles ya están aumentando su índice de pobreza,  y, se ven en la obligación de recurrir a la emisión de Bonos Soberanos para equilibrar su presupuesto, si no hay una vacuna a corto tiempo transitamos hacia la hipoteca de los países en vía de desarrollo.

Es que la situación financiera mundial y sus perspectivas a corto plazo,  han cambiado drásticamente desde el inicio de la pandemia por Covid-19, basta echar una mirada al informe del Banco Mundial  “Primer estudio integral sobre los desafíos y las oportunidades para reactivar el aumento de la productividad”  14 de julio de 2020, establece : “...El informe, el primero de su tipo, se basa en un conjunto integral de datos que abarca 35 economías avanzadas y 129 economías de mercados emergentes y en desarrollo. En él se establece que los factores que han estimulado el aumento de la productividad, como el crecimiento de la población en edad laboral, los logros académicos y el aumento de las cadenas de valor mundiales, han desaparecido o han retrocedido desde la crisis financiera internacional de 2007?09. Se señala, además, que el colapso del comercio mundial y las interrupciones en las cadenas de suministro mundiales durante la actual pandemia, de prolongarse, podrían ser especialmente perjudiciales para las perspectivas de aumento de la productividad en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.”

“Incluso antes de la pandemia de COVID-19, se registraba una desaceleración de base amplia del aumento de la productividad”, sostuvo Ayhan Kose, director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial. “Esto indica que todo paquete de políticas para reactivar el aumento de la productividad debe tener una base amplia similar. Un paquete integral de políticas debería estimular las inversiones en capital humano y capital físico, promover la reasignación de recursos a sectores más productivos, fomentar la adopción de tecnologías y la innovación y propiciar un entorno institucional y macroeconómico acertado”.

 

Estados Unidos de América está inmerso en una campaña electoral, el Partido Republicano postula al presidente Trump a la  reelección  y el Partido Demócrata postula al ex vicepresidente Biden para intentar desplazarlo, el manejo de la pandemia Covid-19
es el epicentro de la batalla electoral, y el candidato republicano le agrega una fuerte dosis de populismo y continúa su guerra comercial contra china, para buscar una temática que una al electorado en torno a un objetivo que es un espejismo, porque el déficit de la balanza comercial entre las naciones es un asunto de producción industrial y de ofertas, demanda de los mercados y tratados comerciales. Los mercados no se imponen a la fuerza, salvo cuando un país derrota al otro por medio de la guerra, verbigracia los resultados de la Segunda Guerra Mundial, que los aliados impusieron las reglas de juego en todos los órdenes a una Alemania vencida.

 

Ahora vamos al asunto fundamental, ¿La pandemia cómo impactará en el proceso electoral de los EE.UU.?

Estados Unidos ha sido golpeado rudamente por la pandemia del Covid-19, al día 6 de septiembre las cifras son realmente alarmante, 6.26 millones de casos y 188 mil fallecidos, y las expectativas no son buenas , los números seguirán en ascensos, ya que cuando observamos los diferentes Estados continúan registrando incrementos en sus cifras.

La psicología colectiva, sobre todo los ciudadanos insatisfechos por el manejo de la crisis sanitaria, y otros que tienen la tendencia de culpar a los gobernantes de todos sus males, culpan al presidente Donald Trump por la incapacidad de contener la expansión del contagio, y este el manejo culpando a la OMS de la falta de información oportuna e incriminando a China como responsable de la aparición del virus. La sociedad norteamericana no le ha seguido el juego, y ha percibido la falta de rigor epidemiológico y la incapacidad de unificar la sociedad estadounidense en un momento de crisis nacional, caracterizada por el aumento del desempleo, una crisis de confianza al observar como la politiquería irracional, juega con aspectos preventivos fundamentales como el uso de las mascarillas.

Puedo asegurarles por experiencia de las elecciones recién celebradas en República Dominicana, los votantes creen que los gobernantes son los responsables de los malos resultados de la pandemia, muy a pesar de los paquetes de compensaciones sociales y las oportunas respuestas sanitarias, votan contra el candidato oficialista, no voy a entrar en otras ponderaciones en el caso dominicano porque no es el asunto de fondo de este análisis.

El pueblo estadounidense tiene una cita en las urnas el próximo mes de noviembre, y las encuestas reflejan que la mayoría de los votantes están inclinados  por el candidato demócrata, el ex vicepresidente Joe Biden, que significa la tradicional alternabilidad en la Casa Blanca, pero hay que advertir que el presidente y candidato republicano es un político rudo, y pudiera explotar manifiestas debilidades del candidato opositor, que obliguen a un voto reflexivo aun en contra de la íntima convicción ciudadana.

La estrategia republicana se enfocará en el debate electoral, el 29 de septiembre será el primer debate presidencial Trump y Biden, el cual se llevará a cabo en la ciudad de Cleveland, en el estado de Ohio, y cuyo moderador será Chris Wallace, anfitrión del programa FOX News Sunday.    Este primer debate presidencial contará de seis segmentos de aproximadamente 15 minutos. Los temas que se tocarán los elegirá el propio Wallace una semana antes de que se lleve a cabo el debate. Ahí quedará despejada la incógnita si Joe Biden está en facultad de gobernar a la principal potencia del mundo, porque Trump prototipo de liderazgo disruptivo describe a alguien que no tiene miedo de sacudir las cosas para obtener los resultados necesario, que es despiadado con sus contrarios, ha roto la solemnidad del debate político, tiene una campaña feroz contra la salud mental de Joe Biden, y parte del electorado está dando crédito, pero al día de hoy Biden es el favorito en todas  las encuestas realizadas.

La estrategia de Trump es que el electorado se convenza no cual posee mayores herramientas intelectuales, sino el menos senil. Biden tiene 77  años o el Donald Trump, 74 años, quien hizo alarde de en varias oportunidades entrevistas en la Fox sus “impresionantes” resultados al someterse a la Evaluación Cognitiva Montreal (MoCa), prueba diseñada para detectar el deterioro cognitivo, que se produce por demencia, alzheimer o esclerosis múltiple, esto es una forma de desviar el foco de atención del  electorado del problema medular que es la pandemia por covid-19 y sus devastadores y fatídicos  resultados a la sociedad estadounidense y apoderándose del debate trazando la ruta de la narrativa a seguir a los medios de comunicación favorables y contrarios descolocando la estrategia demócrata, concluyo con la afirmación que las encuestas favorecen a Biden y las dudas a Trump.

?Análisis: ¿Cuál será la política exterior del ?próximo presidente??

Thierry Meyssan

Los programas de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump y ?Joe Biden, no se parecen a los programas de los candidatos anteriores. Ya no se trata ?de adaptar Estados Unidos a los cambios del mundo sino de definir lo que ese país ?será en adelante. Por tratarse de una cuestión existencial es muy posible que las cosas ?degeneren y acaben por llegar a la violencia. Uno de los dos bandos estima que su país ?deber ser una nación al servicio de los ciudadanos, mientras que el otro cree que ?Estados Unidos tiene que recuperar su estatus imperial.?

En la campaña electoral con vista a la elección presidencial estadounidense de 2020 se enfrentan ?dos visiones radicalmente diferentes de lo que Estados Unidos debe ser: ¿Un imperio o ?una nación? ?

Por un lado está la pretensión de Washington de dominar el mundo “conteniendo” a los ?competidores potenciales –se trata de la estrategia conocida como «containment», enunciada ?por George Kennan en 1946 y aplicada por todos los presidentes de Estados Unidos hasta el año ??2016.

Del otro lado tenemos el rechazo al imperialismo y la voluntad de facilitar el ?enriquecimiento de los estadounidenses en general –estrategia enunciada por el presidente ?Andrew Jackson (1829-1837), pero que el presidente Donald Trump (2017-2020) ha sido el único ?en tratar de aplicar.?

Ambos bandos utilizan una retórica que esconde su verdadera práctica. Demócratas y republicanos ?se proclaman heraldos del «mundo libre» ante las «dictaduras», enemigos de toda ?discriminación racial, de género y de orientación sexual y campeones de la lucha contra el ??«calentamiento climático». Por su parte, los jacksonianos denuncian la corrupción, la ?perversidad y en definitiva la hipocresía de los anteriores y exhortan los estadounidenses a ?luchar, pero no por el imperio sino por su nación. ?

Ambos campos sólo tienen en común el mismo culto de la fuerza, independientemente de que esa ?fuerza sirva al imperio (en el caso de los demócratas y de los republicanos) o de que esté ?al servicio de la nación (como quisieran los jacksonianos). ?

El hecho de que los jacksonianos se hayan hecho súbitamente mayoritarios a través del país y ?de que hayan logrado hacerse con el control del Partido Republicano hace que la situación sea ?todavía más confusa, pero no debe confundirse el trumpismo con la ideología republicana ?posterior a la Segunda Guerra Mundial. ?

En la práctica, los demócratas y los republicanos son más bien personas acomodadas ?o profesionales vinculados a las nuevas tecnologías, mientras que los jacksonianos –como los ??“chalecos amarillos” en Francia– son más bien pobres y están vinculados a la explotación de ?la tierra, actividad de la que no logran escapar. ?

En la campaña para la elección presidencial de 2020, demócratas y republicanos ?cierran filas alrededor del ex vicepresidente Joe Biden. Este último y sus partidarios ?se muestran extremadamente volubles en cuanto a sus intenciones:?

  1. ver “The Power of America’s Example”, por Joseph R. Biden Jr., Voltaire ?Network, 11 de julio de 2019;?
  2. Why America Must Lead Again. Rescuing U.S. Foreign Policy After Trump”, por Joseph R. Biden Jr., Foreign Affairs, marzo/abril de 2020;?
  3. y sobre todo la declaración de los altos funcionarios de la seguridad nacional que se proclaman ??republicanos pero se pronuncian por el demócrata Joe Biden:?
  4. A Statement by Former Republican National Security OfficialsVoltaire ?Network, 20 de agosto de 2020.?

Por el contrario, Donald Trump se mantiene evasivo por escrito:?

Donald Trump Second Term Agenda”, por Donald Trump, Voltaire ?Network, 24 de agosto de 2020 (la política exterior aparece en el corto párrafo que se halla ?al final del texto).

En mi opinión, los principales litigios no están enunciados, aunque están constantemente ?implícitos. ?

El programa de los jacksonianos

Desde su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump cuestionó la estrategia Rumsfeld/Cebrowsky ?? [1]? de destrucción de las estructuras mismas de los Estados en absolutamente todos los ?países del «Gran Medio Oriente» (también designado como «Medio Oriente ampliado») y anunció su intención de «traer de regreso a casa» las tropas estadounidenses dispersas y ?empantanadas en la «guerra sin fin». En 2020, ese objetivo sigue ocupando el primer lugar ?entre las prioridades de Donald Trump («Detengan las guerras sin fin y traigan nuestras tropas ?a casa» – Stop Endless Wars and Bring Our Troops Home). ?

De paso, Trump excluyó de las reuniones regulares del Consejo de Seguridad Nacional al director ?de la CIA y al jefe del Estado Mayor Conjunto. Con esa medida privó a los partidarios del ?imperialismo de su principal herramienta de conquista. ?

 

Ver:?

 

Vino después una verdadera batalla por la dirección de esa instancia –el Consejo de Seguridad ?Nacional– con la inculpación del general Michael Flynn –el primer designado por Trump para esa ?función, en manos del consejero presidencial para la seguridad nacional–, el posterior reemplazo ?del general Flynn por el general H. R. McMaster, reemplazado a su vez por el excepcionalista ?John Bolton, quien fue sustituido finalmente por Robert O’Brien, actualmente en el cargo.

En mayo de 2017, Donald Trump ordenó perentoriamente a los aliados de Estados Unidos ?poner fin de inmediato al respaldo que aportaban a los yihadistas encargados de aplicar la ?estrategia Rumsfeld/Cebrowski. Lo hizo en su discurso de Riad a los jefes de Estado sunnitas y ?luego repitió la orden al dirigirse a los jefes de Estado y/o de gobierno de los países miembros ?de la OTAN. Anteriormente, el presidente Trump había declarado la OTAN obsoleta, pero acabó ?echándose atrás. No logró que se abandonara la política de “contención” (containment) ?aplicada contra Rusia pero al menos obtuvo que los fondos utilizados con ese fin se redujeran a ?la mitad y que los fondos así ahorrados se destinaran a la lucha contra el yihadismo. Así dejó, ?al menos parcialmente, de utilizar la OTAN como instrumento del imperialismo para convertirla ?en una alianza defensiva, exigiendo además que los demás países miembros de esa alianza ?reforzaran su contribución al presupuesto. Sin embargo, los partidarios del imperialismo ?continuaron el apoyo al yihadismo con el concurso de fondos privados, fundamentalmente ?a través del fondo de inversiones KKR. ?

 

Ver:?

Presidential Memorandum: Plan to Defeat the Islamic State of Iraq and Syria”, por Donald Trump, Voltaire Network, 28 de enero de 2017;?

 

  1. Donald Trump’s Speech to the Arab Islamic American Summit”, por ?Donald Trump, Voltaire Network, 21 de mayo de 2017;?
  2. Remarks by Donald Trump at NATO Unveiling of the Article 5 and Berlin Wall Memorial, por Donald Trump, Voltaire Network, 25 de mayo de 2017.

Esto explica consignas de Trump como «Erradiquen los terroristas mundiales que amenazan con ?hacer daño a los estadounidenses» (Wipe Out Global Terrorists Who Threaten to Harm ?Americans) y «Exijan a los aliados que paguen una contribución justa» (Get Allies to Pay their ?Fair Share).?

Tan obcecado como los demócratas y los republicanos por la cultura de la fuerza, ?el jacksoniano Donald Trump ha decidido restaurar las capacidades de los ejércitos ?estadounidenses, de ahí su consigna de «Mantener y desarrollar la fuerza militar sin igual de ?Estados Unidos» (Maintain and Expand America’s Unrivaled Military Strength). Sin embargo, ?Trump se diferencia de sus predecesores en que no ha tratado de transformar la absurda gestión ?del Pentágono privatizando uno a uno los servicios sino que ha elaborado un plan de ?reclutamiento de investigadores para lograr rivalizar otra vez con los ejércitos de Rusia y China ?en el plano tecnológico. ?

 

Ver:?

National Security Strategy of the United States of America”, diciembre de 2017;

?y «La estrategia militar de Donald Trump», por Thierry Meyssan, ??Red Voltaire, 26 de diciembre de 2017.

 

La única política de Donald Trump que cuenta con el apoyo de demócratas y republicanos es ?su deseo de restaurar la supremacía de Estados Unidos en materia de misiles, aunque no están ?de acuerdo sobre cómo lograrlo («Construir un excelente sistema de defensa de ciberseguridad y ?un sistema de defensa antimisiles» – Build a Great Cybersecurity Defense System and Missile ?Defense System): el actual inquilino de la Casa Blanca quiere que Estados Unidos trabaje ?en solitario para dotarse de esas armas, que posteriormente podrá desplegar en los países ?aliados, pero sus opositores quieren implicar en el proceso a dichos aliados, para mantener la ?influencia de Estados Unidos sobre ellos. Desde el punto de vista de los demócratas y los ?republicanos, el problema no reside –claro está– en la decisión de sacar a Estados Unidos de ?los tratados sobre el desarme adoptados durante la guerra fría sino en la pérdida de medios de ?presión diplomática sobre Rusia. ?

El programa de los demócratas y de los republicanos fuera del partido

El candidato demócrata Joe Biden propone concentrarse en 3 objetivos:

  1. revigorizar la democracia;
  2. dar formación a la clase media para enfrentar la globalización;
  3. recuperar el liderazgo global. ?

?- Revigorizar la democracia: según palabras del propio Joe Biden, se trata de basar la acción ?pública en el «consentimiento informado» (informed consent) de la ciudadanía. Biden retoma ?así la terminología de Walter Lipmann (1922), quien afirmaba que la democracia consiste en ??«fabricar el consentimiento» (manufacturing consent), teoría que Edward Herman y Noam ?Chomsky discutieron ampliamente en 1988. Por supuesto, eso no tiene nada que ver ?la definición formulada por el presidente Abraham Lincoln: «La democracia es el gobierno ?del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.» ?

Joe Biden estima que logrará su objetivo restaurando la moral en la acción pública mediante ?la práctica de lo establecido como «políticamente correcto». Por ejemplo, Biden condena «la ?horrible práctica [del presidente Trump] de separar a las familias y poner los hijos de inmigrantes ?en cárceles privadas». Pero Biden no dice que al actuar así el presidente Trump sólo aplicaba ?una ley de los demócratas para demostrar el carácter inhumano de la medida. Biden también dice ?querer reiterar la condena de la tortura, supuestamente justificada por el presidente Trump, pero ?no dice que tanto el presidente Trump como el presidente Obama prohibieron el uso de la ?tortura... pero mantuvieron el encarcelamiento de por vida sin juicio previo que todavía ?se practica en la base naval estadounidense de Guantánamo. ?

Biden dice que quiere organizar una “Cumbre por la democracia” para luchar contra la corrupción, ?que quiere defender el «mundo libre» ante los regímenes totalitarios y hacer avanzar los ?derechos humanos. Pero su definición de la «democracia» en realidad consiste en unir a los ?aliados de Estados Unidos para denunciar algunos chivos expiatorios de lo que no funciona (los ??«corruptos») y cuando habla de promover los derechos humanos se refiere a la particular ?definición anglosajona de esos derechos, sin pensar ni remotamente en la definición de los ?derechos humanos inicialmente enunciada por los pensadores franceses. Para Biden se trata de ?poner fin a los actos de violencia policial y en ningún caso de ayudar a que los ciudadanos ?participen en la toma de decisiones. La cumbre de Biden sólo llamaría el sector privado a que las ?nuevas tecnologías no estén al alcance de los Estados que Washington considera ??«autoritarios», pero Estados Unidos y su Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sí podrán seguir ?utilizando esas tecnologías para “proteger” el «mundo libre». ?

Joe Biden concluye ese capítulo subrayando su propio papel en la Comisión Transatlántica para la ?Integridad Electoral, donde también están sus amigos el ex secretario general de la OTAN ?Anders Fogh Rasmussen, quien utilizó la OTAN para derrocar la Yamahiriya Árabe Libia, y Michael Chertoff, ex secretario del Homeland Security (el Departamento de Seguridad de la Patria de ?Estados Unidos), el hombre puso bajo vigilancia a todos los estadounidenses. También aparece ?en esa comisión el estadounidense John Negroponte, organizador de los Contras que ?protagonizaron la célebre «guerra sucia» contra Nicaragua –en los años 1980-1991– y más ?recientemente también padre del Emirato Islámico (Daesh) en Irak.

Formar a la clase media para enfrentar la globalización. Habiéndose comprobado que la ?política aplicada desde la disolución de la URSS ha provocado una rápida desaparición de las ?clases medias, Joe Biden afirma que garantizando la formación de lo que queda de la ?clase media en el uso de las nuevas tecnologías, él evitará la deslocalización de sus empleos.

Renovar el liderazgo estadounidense. En este punto se trata, en nombre de la democracia, ?de detener el avance «de los populistas, los nacionalistas y los demagogos». Esta formulación ?nos permite entender que para Joe Biden la democracia no es sólo la fabricación del consenso, ?sino también la erradicación de la voluntad popular. En efecto, es cierto que los demagogos ?pervierten las instituciones democráticas, pero los populistas sirven la voluntad popular y ?los nacionalistas predican las virtudes de la colectividad. ?

 

Joe Biden afirma que él pondrá fin a las guerras «para siempre». Con esa formulación Biden parece ?perseguir el mismo objetivo que los jacksonianos, aunque recurre a una terminología diferente.
En realidad se trata de validar la adaptación actual del sistema a los límites impuestos por ?el presidente Trump: o sea, ¿por qué enviar soldados estadounidenses a morir en el extranjero ?si se puede seguir aplicando la estrategia Rumsfeld/Cebrowski utilizando a los yihadistas? que ?cuestan más barato, sobre todo teniendo en cuenta que, cuando era senador de la oposición, ?el mismo Joe Biden dio su nombre a un plan de división de Irak que el Pentágono trató de ?imponer. ?

 

Viene después la canción sobre la ampliación de la OTAN para acoger en ella aliados ?latinoamericanos, africanos y de la región del Pacífico. Después de haberse dicho que era ?obsoleta, la OTAN se convertiría así en el corazón mismo del imperialismo estadounidense. ?

Joe Biden aboga por la renovación del acuerdo 5+1 con Irán y de los tratados de desarme ?con Rusia. El acuerdo firmado bajo la administración Obama con el gobierno del presidente iraní ?Hassan Rohani busca fundamentalmente instaurar la división clásica entre los países musulmanes ?sunnitas y chiitas, mientras que los tratados de desarme sólo tenderían a confirmar que una ?eventual administración Biden no se plantearía desatar una confrontación planetaria sino “sólo” ?continuar la política de «contención» (containment) de su adversario electoral. ?

El programa del candidato del Partido Demócrata y de los republicanos que ahora se apartan de ?su propio partido termina con la afirmación de que Estados Unidos volvería al Acuerdo de París y ?encabezaría la lucha contra el cambio climático. Joe Biden precisa, sin embargo, que no tendrá ?contemplaciones con China, país que redistribuye sus industrias más contaminantes a lo largo ?de la nueva ruta de la seda. Pero Biden omite recordar que fue precisamente su amigo Barack Obama ?quien redactó los estatutos de la Bolsa creada en Chicago para el intercambio de los derechos de ?emisiones de carbono. Más que una cuestión de ecología, la lucha contra el recalentamiento ?climático es un asunto de banqueros. ?

Conclusión

El hecho es que todo se opone actualmente a una clarificación sobre la pregunta que da título a ?este trabajo. Cuatro años de cambios introducidos por el presidente Trump sólo han logrado ?reemplazar las «guerras sin fin» por una guerra privada de baja intensidad, que ciertamente ?genera mucho menos muertes pero que sigue siendo una guerra. ?

El otro hecho concreto es que las élites que se benefician con el imperialismo no están dispuestas ?a renunciar a sus privilegios. ?

Por eso es de temer que Estados Unidos tenga que pasar finalmente por un conflicto interno, por ?una guerra civil o que llegue a dislocarse, como sucedió con la Unión Soviética. ?

NOTAS

[1] ?«El proyecto militar de Estados Unidos para el ?mundo», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 ?de ?agosto ??de 2017.?