
Pablo Jofré Leal
Estados Unidos está enfrascado en una lucha por mantener una hegemonía, que día a día va a la baja o al menos muestra, en estos últimos años, un desbalance de ese poder imperial omnímodo.
Una supremacía bajo el signo del unilateralismo estadounidense, visualizado desde la caída del campo socialista hasta la decisión de la República Popular China y la federación rusa de disputar palmo a palmo áreas que parecían estar dominado completamente por Washington y los suyos. Una tarea titánica pero necesaria. Esa ambición globalizante de Washington se manifiesta, en todos los continentes, con expresiones económicas, políticas, diplomáticas, con el ejercicio de presiones sobre los organismos que la propia comunidad internacional se ha dotado, como la ONU y sus instituciones que suelen ser chantajeadas con el cesar las contribuciones financieras por las administraciones estadounidenses cuando se les critica a ellos directamente o a sus aliados incondicionales. Como ha sucedido cada vez que organismos como la UNICEF, UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos ha emitido informes condenatorios frente a las acciones de crímenes de guerra y lesa humanidad, llevadas a cabo tanto por el régimen sionista (1) como la monarquía saudí.
Y, dentro de esas expresiones enumeradas se destaca, sin duda, el aspecto militar, que desde el año 1991 a la fecha ha significado por parte de Estados Unidos y sus socios, principalmente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) donde suelen participar, activamente, regímenes como el sionista y la monarquía wahabita de Arabia saudí: una doble invasión y ocupación de Irak. Invasión y ocupación de Afganistán. Operaciones militares en Somalia, operaciones político-militares en el Sahel, bombardeo e intervención en Serbia, invasión y fragmentación de Libia. Guerra terrorista contra Siria, guerra contra Yemen. Las llamadas guerras suaves, plagadas de acciones desestabilizadoras contra Cuba, Venezuela, Bolivia. Una batería de acciones encaminadas al control territorial y riquezas, principalmente energéticas, rutas de oleoductos y gasoductos.
Ese marco de acción occidental, liderado por Estados Unidos, suma a sus aliados de la OTAN en Europa, como también a Australia, Nueva Zelanda y naciones asiáticas, confrontadas con la República Popular China como es el caso de Corea del Sur, Japón, Filipinas, la provincia china de Taiwán, entre otras, que constituyen el referente confrontacional del papel emergente como potencia mundial que ha consolidado la República Popular China y la propia Federación Rusa. Esta última, tras años en bambalinas y sometida a una política de cerco, que tiene a las puertas de su frontera occidental a la OTAN - con una Europa, dotada de 200 bases militares de las cuales 46 de ellas se encuentran radicadas en suelo alemán. Centenares de miles de efectivos militares tanto de los ejércitos nacionales de los países limítrofes como aquellas fuerzas de acción rápida, conformadas, principalmente por unidades de las potencias más poderosas de esta Europa Otanista.
Tengamos presente que Washington, bajo la presidencia del ex mandatario Donald Trump obligó a los miembros de la OTAN a aumentar el porcentaje del Producto interno Bruto (PIB) destinado a la guerra constituyéndose en presupuestos militares multimillonarios. Cifras lideradas por Estados Unidos, que para el año fiscal 2022 elevó a 801 mil millones de dólares su presupuesto para la guerra constituyéndose en el 38% del total mundial, que sumado a las cifras de sus aliados supera los 1.5 billones de dólares anuales de un gasto total mundial de 2.1 billones. Esto, según datos proporcionados por el Instituto Internacional de Estudios para la paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés).
Tras las cifras exhibidas por Washington se ubica China, con un gasto estimado de 293.000 millones de dólares y el 14 % del gasto total mundial. Posteriormente se sitúan India, con el 3,6 %; Reino Unido, con el 3,2 % y Rusia, con el 3,1 %. El informe del SIPRI señala que ocho de los 30 miembros de la OTAN alcanzaron este año 2022 la exigencia de destinar el 2 % de su PIB a gasto militar (llegando a la cifra de 21 miembros). Otros componentes de esta alianza, como es el caso de Bélgica, Alemania, Dinamarca, Lituania, Holanda, Noruega y Polonia han comprometido ese porcentaje antes que acabe este año 2022 aprovechando el envión militarista derivado de la operación de desnazificación y desmilitarización de Ucrania por parte de Rusia, que ha involucrado a la OTAN a alturas peligrosísima para la propia estabilidad europea.

Ucrania es una “guerra subsidiaria” de Estados Unidos contra Rusia. Europa en este conflicto que se da en territorio ucraniano y en la región del Donbás donde existen las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, existe sólo para apoyar con armas, dinero y apoyo diplomático, pero no tiene poder de decisión alguno. Realidad que demuestra la absoluta pérdida de soberanía y dignidad de este conjunto de países, que someten incluso a su población a la escasez energética, una alta inflación y una campaña de rusofobia como no se había visto en décadas.
En artículos anteriores he sostenido que esta política de máxima presión contra Rusia también demuestra que lo que conocemos como Ucrania pierde consistencia y seguramente terminará convertida en zonas fragmentadas, donde aquella que está bajo control occidental tendremos una entidad aupada por Washington y los suyos, manejada por las grandes corporaciones del complejo militar occidental, que han hinchado sus arcas con la venta de armas a diestra y siniestra bajo el supuesto peligro ruso, como también la influencias y los proyectos de desarrollo de las corporaciones transnacionales energéticas. Todo sea para dinamizar las economías de occidente. Tengamos presente que desde febrero de este 2022 hasta el cierre de este artículo, Occidente ha entregado al menos 30 mil millones de dólares en “ayuda” representada principalmente por armas.
En este marco analistas como Marco d´Éramo en su trabajo La guerra en Ucrania y la crisis de Alemania afirma que en esta disputa entre Estados Unidos y Rusia en el espacio europeo uno de los grandes perdedores será indiscutiblemente Alemania y su área de influencia ““el bloque alemán”, es decir, un conjunto de naciones interconectadas económicamente que se extiende desde Suiza a Hungría…La guerra ha acabado con el sueño de un espacio euroasiático común, porque obliga a Alemania a debilitar sus lazos con China y cierra el canal de comunicación ruso entre ambos. También impide que Alemania utilice los ricos recursos energéticos de Rusia o Großraum - gran espacio - en el sentido del término utilizado por Carl Schmitt”.
“En vez de en un Großraum – afirma d´Éramo, Rusia se ha convertido ahora en un obstáculo geopolítico insalvable, lo que obliga a los estrategas del bloque alemán a revisar todo el plan, a repensar la relación entre su propio poder subimperial y el imperio estadounidense, y a redefinir sus relaciones con los demás Estados europeos. Al mismo tiempo, el bloque alemán se ha visto afectado por los intereses contrapuestos de los distintos estados que la integran” (2) Alemania está obligada a repensar su participación en una política antirrusa teniendo en cuenta que por primera vez en 32 años su economía ha entrado en números rojos y ello puede implicar que influencie la participación de Europa en una guerra que sólo favorece los intereses estadounidenses.
La operación de desnazificación y desmilitarización de Ucrania a manos del ejército ruso ha permitido, no sólo afianzar las posiciones de las repúblicas populares en el Donbás sino también definir un nuevo espacio geopolítico del cual la federación rusa no va a salir. Ello a pesar de la guerra híbrida que occidente lleva a cabo contra Rusia, que incluye incluso elevar a la categoría de héroe a un ex comediante devenido en presidente, que hasta un mes antes de la guerra iniciada el 24 de febrero pasado era calificado como un mandatario corrupto y autoritario, donde además se signaba, con toda claridad, el carácter nazi del gobierno ucraniano, donde impera la política de los grupos nucleados en torno a la ultraderecha y el ultranacionalismo. Una realidad consignada en forma muy ilustrativa por el periodista Marc Vandepitte quien sostiene “La primera víctima de la guerra es la verdad y en este conflicto es más evidente que nunca. Los principales medios de comunicación adoptaron la versión de la OTAN casi al unísono. Apenas se escuchan las voces discrepantes del movimiento pacifista o del mundo académico. Las excepciones confirman la regla, como siempre. Los numerosos giros que han dado los medios de comunicación en los últimos meses han sido a veces dolorosos. Antes de la guerra se describía a Ucrania como “el país más corrupto” de Europa; hoy en día el país es el epítome de los ideales liberales. Antes del conflicto había un problema con los neonazis. Posteriormente se presentó a estos grupos como héroes. Y así sucesivamente” (3)

En artículos publicados en el portal segundopaso.es he sostenido, incluso desde antes del inicio del conflicto armado entre Rusia y Ucrania que “Los medios de desinformación y manipulación del mundo occidental, principalmente estadounidenses, franceses, británicos y alemanes – que controlan más del 90% de las agencias informativas internacionales, medios gráficos de mayor influencia y medios televisivos han intensificado una campaña que tiene como eje la rusofobia. Una campaña que nos presenta la situación de conflicto entre Rusia y Ucrania, como si ello hubiese comenzado el 24 de febrero de este 2022, ignorando décadas de presiones, cercos, amenazas políticas, militares y económicas contra la Federación Rusa, tras el derrumbe de la ex Unión Soviética. La guerra, indudablemente tiene sus costos, muerte, destrucción, víctimas que incluyen hombres, mujeres y niños, pero también la verdad.
En febrero de este año 2022, di a conocer, a días el comienzo de la operación militar rusa que “mi visión es que Estados Unidos y la OTAN no deben seguir provocando al oso ruso. Una Rusia que no exige para sí condiciones exclusivas, en la esfera de la seguridad, sino que habla de seguridad común – en este caso en el plano europeo – y que sostiene por medio de su presidente Vladimir Putin que responderá con firmeza ante cualquier paso hostil por parte de ese Occidente liderado por Estados Unidos” (4) Así ha sido y tras 6 meses de guerra, la situación de Rusia permite comprobar que ha logrado consolidar su posición en Ucrania. Resistir los embates de las sanciones occidentales y lograr poner en jaque la economía de una Europa, que tendrá que sopesar si está en condiciones de seguir sometida a la hegemonía de su padre putativo radicado en Washington. Putin ha declarado que tiene todo el derecho a tomar medidas de respuesta para garantizar su propia seguridad y así lo ha demostrado. Reitero mi mensaje: que Estados Unidos y la OTAN no sigan provocando al oso ruso. Una Rusia que no exige para sí condiciones exclusivas en la esfera de la seguridad, y que sostiene por medio de su presidente Vladimir Putin que responderá con firmeza ante cualquier paso hostil por parte de Occidente. Su presencia en Ucrania así lo confirma.
Artículo Para SegundoPaso ConoSur
1. https://www.amnesty.org/es/latest/news/2022/03/israel-opt-israel-is-committing-apartheid-says-un-special-rapporteur/
2. https://rebelion.org/la-guerra-en-ucrania-y-la-crisis-de-alemania/
3. https://rebelion.org/ya-se-sabe-quienes-son-los-ganadores-y-los-perdedores-de-la-guerra-en-ucrania/
4. https://segundopaso.es/news/2199/Ucrania-No-Provoquen-al-Oso-Ruso
El arma de la diplomacia: la nueva estrategia de Rusia para combatir la hegemonía de EEUU
Mariano Yberry
Rusia avanza en la conformación de un orden geopolítico multipolar tras anunciar que reforzará su presencia diplomática en países que no se suscribieron a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) tras el estallido el conflicto en Ucrania.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia anunció recintemente un cambio en su política exterior para reforzar y cuidar su presencia diplomática en la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la región de Asia-Pacífico, Oriente Medio, África y América Latina, como una forma de enfrentar "las acciones hostiles por parte de varios países extranjeros".
Esta estrategia diplomática es congruente con la línea que adoptó desde hace 20 años el Gobierno del presidente Vladímir Putin, consistente en promover "una política exterior más independiente" y en la que los actores preponderantes no sean sólo Estados Unidos y los países europeos, asegura en entrevista con Sputnik Imelda Ibáñez, internacionalista con especialidad en Historia Diplomática de Rusia y su Política Exterior por la Universidad Estatal de San Petersburgo.
De acuerdo con la experta, la búsqueda de un orden multipolar es "la base doctrinal de la política exterior de Putin", la cual es de carácter "multifactorial y pragmática" y encaminada, entre otras cosas, a defender los intereses de Rusia y de la región de Asia Pacífico.
"En el mediano plazo, Rusia debe tener presencia en su parte regional. Una vez teniendo esa presencia regional, pragmáticamente va a jugar la búsqueda de mayor presencia en diversas regiones", señala la internacionalista formada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Esas otras regiones son, principalmente, Irán y la India, pero también organismos como la Organización para la Cooperación de Shanghái y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, opina Ibáñez Guzmán.
Una defensa en contra de las sanciones
La decisión de Rusia de fortalecer su presencia diplomática y política en el mundo se da en un contexto económico complicado, relacionado directamente con las sanciones económicas de Occidente a Moscú, en represalia por la operación militar rusa en Ucrania.
Aunque las sanciones adoptadas por una treintena de países han cobrado mayor relevancia desde el inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania en febrero de 2022, éstas iniciaron en 2014 cuando se incorporó Crimea tras realizarse un referéndum en la población.
En total, de acuerdo con datos de la Unión Europea (UE), hay más de 1.210 diplomáticos y empresarios rusos sancionados, así como 108 entidades financieras rusas con las cuales se prohíbe cualquier tipo de transacción.
Las sanciones también incluyen los activos en el extranjero de privados y diplomáticos, incluido el propio presidente Putin, su primer ministro, Mijaíl Mishustin, y el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov.
Desde el Banco Central de Rusia hasta el Sberbank (uno de los bancos rusos más importantes), llegando incluso hasta clubs de motociclistas prorrusos como los Lobos Nocturnos, han sido blanco de las sanciones, las cuales también derivaron en la salida de marcas trasnacionales de territorio ruso.
Aunado a ello y a la exclusión de Rusia del sistema de pagos interbancarios SWIFT, empresas como MasterCard y Visa han anunciado la suspensión de operaciones para cuentahabientes rusos, quienes también se ven imposibilitados a viajar por espacio aéreo europeo.
Además, la Unión Europea (UE) anunció que será más selectiva a la hora de emitir visados a los ciudadanos rusos, restringiendo así su movilidad en Europa. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, explicó que el número de visados Schengen emitidos a los rusos disminuirá considerablemente, puesto que su obtención se volverá más difícil y tardará más tiempo.
No obstante, aclaró, no se trata de una prohibición total y "la concesión de visados continuará en cada caso concreto y, en particular, a determinados grupos de personas".
El arma de la diplomacia en tiempos de conflicto
Contrario a lo que esperaba, las sanciones impuestas por Occidente no lograron aislar a Rusia, por lo que éstas ya juegan en un segundo plano dentro de la estrategia occidental para frenar el avance de potencias asiáticas, entre ellas China, según la opinión de la internacionalista Imelda Ibáñez.
"Las sanciones ya juegan un segundo lugar en cuanto a la política de detención en contra de Rusia. Los líderes europeos van a buscar la forma de equilibrar esa búsqueda diplomática de Rusia", sugiere la académica con estudios en la Universidad de San Petersburgo.
La especialista también advierte que, en este nuevo intento europeo por frenar el orden multipolar impulsado desde Rusia, los países que no adoptaron las sanciones tendrán que repensar su política exterior para "buscar un equilibrio entre la presión de Estados Unidos y buscar reforzar los lazos con la Federación de Rusia [país que todavía es blanco de propaganda occidental, como si fuesen tiempos de Guerra Fría]", considera.
"Soberanamente, las políticas exteriores de cada país que quiera fomentar su relación diplomática con Rusia deben sopesar ese problema, esa narrativa que viene de intereses occidentales. Sin embargo, por el lado de la proyección de la política exterior de Rusia, esta proyección busca equilibrar una forma de cooperación más justa e igualitaria", afirma Ibáñez Guzmán.
Rusia y la región latinoamericana
En el caso de América Latina, la situación se puede volver más complicada debido a que, por siglos, la política exterior de muchos países latinoamericanos ha estado alineada a la Doctrina Monroe de Estados Unidos. Sin embargo, con el avance de la izquierda en los Gobiernos de la región, este precepto se puede sustituir por uno que incluye una cooperación regional e internacional más abierta y justa.
"Es tarea de estos países [latinoamericanos] equilibrar su posición entre la cooperación con los líderes occidentales, porque si no lo hacen, también sufrirían sanciones económicas. No obstante, al mismo tiempo, no pueden perderse la oportunidad de una cooperación más fuerte con Rusia y China", señala.
La integrante del Grupo de Estudios sobre Eurasia (GESE) considera que, si bien la nueva estrategia diplomática de Rusia puede promover la creación de nuevos bloques económicos, por ahora se limitará a reforzar la cooperación entre países de la región Indo Pacífico y la zona Euroasiática, ya que es su carta más fuerte el sector energético.
Ejemplo de ello es el hecho de que, durante los últimos ocho meses, Rusia aumentó sus exportaciones de gas a China en un 60% en comparación con el mismo periodo del año anterior, según un informe del presidente de Gazprom, Alexéi Miller.
"Económicamente sí se pueden conformar bloques, sobre todo si los va a liderar la Federación de Rusia, en el caso de la cooperación estratégica de recursos energéticos, Rusia tendrá grandes oportunidades de negocio", pronostica la experta.
Sobre la reacción occidental a esta nueva fase de la política exterior rusa, Imelda Ibáñez opina que habrá que esperar el paso del invierno, dado que Europa atravesará por un momento complicado debido a la crisis energética derivada de las sanciones contra Moscú, lo que podría replantear la política punitiva contra Rusia.
La compañía rusa Gazprom suspendió por tres días, del 31 de agosto al 3 de septiembre, el traspaso de gas a territorio europeo por labores de mantenimiento en el gasoducto Nord Stream 1, en un contexto en el que el volumen de exportación se redujo hasta un 20%. De este modo, la Unión Europea (UE) busca diversificar sus fuentes de abastecimiento para no depender ya del combustible ruso.