Por Viriato*
Leo que hay expectación con lo que SM el Rey pueda decir en su discurso de la Pascua Militar del recién nacido 2014, el año de la secesión, de la destrucción consentida de España, y la verdad es que no sé por qué pues no espero nada nuevo y a la vez lo espero todo. Oportunidades no le han faltado en los últimos años y en ninguna, lamentablemente, ha mostrado la firmeza que muchos españoles esperamos y exigimos de las máximas instituciones españolas desde la Jefatura del Estado al Gobierno y de todo el arco parlamentario.
Parece que todavía, y al borde del precipicio en el que nos han puesto a los españoles, sigue viva, o mejor dicho, intentar hacernos creer que puede dar resultado esa idea fruto de la transición de que dándoles a los nacionalistas más y más se calmarían sus ansias secesionistas… nada más lejos de la realidad.
Pongamos por delante una premisa indiscutible: España es España con todos los territorios que la conforman, parece una perogrullada, pero lo que quiero decir es que no podemos hablar de España y Cataluña (o cualquier otra región española) tal como se viene haciendo desde el separatismo/nacionalismo. Si de España se segrega cualquiera de sus partes dejará de ser España, esa es la realidad y eso es lo que pretenden los separatistas, ya sean de una u otra región española.
España ha sido construida mediante arquitectos voluntarios y conscientes de todas las regiones españolas y el separatismo/nacionalismo no es otra cosa que un fruto podrido, de la perversión de la historia de España, perversión que ha sido aceptada como si en aras de la Libertad todo fuera posible… todo menos defender a España. En la propia vecina Francia no se puede legalmente ni siquiera proponer la segregación de una de sus partes y quien así lo hiciera daría de inmediato con sus huesos en la cárcel. En España, donde todo es posible, tenemos una región española gobernada por corruptos y donde se persigue la lengua española y se incumplen las leyes presentándose esos corruptos como abanderados de la democracia y sus valores.
Ahora se habla, en boca del rey en su mensaje navideño, incluso de “actualización de las normas de convivencia”, ¿qué significa esa ambigüedad calculada? ¿Qué debe el Jefe del Estado a los nacionalistas?,
Hay quien afirma que “el Rey vendió España al comienzo de la transición y ahora se recogen los frutos amargos de la siembra podrida… se entregó a los separatistas, a cambio de que respetaran su puesto de trabajo”.
No sé si para mantener el estatus de la Corona alguien cree que una institución a la austro-húngara va a salvar al actual monarca de su caída personal y de la Institución.
La función del Rey no puede ser continuamente manoseada a gusto del político de turno, como acertadamente leía ayer, haciéndole ejecutar de “cheerleader” de la casta gobernante, sino mantener a la Nación Española unida y fuerte, algo que lamentablemente no puede hacer mientras la corrupción se ceba en su propia familia en la que un duque autodenominado “empalmado” pone el significado de la nobleza a ras del barro de cualquier sucia porquera.
Ante la desintegración del Estado, el president de la Generalitat, Arturo Mas, en su carrera de órdagos afirmó que si el Gobierno central no concedía a la comunidad catalana el pacto fiscal, es decir libre el camino para robar e dos carrillos en Cataluña y tener a España cautiva, “el camino de Cataluña hacia la libertad está abierto”. Lo dijo en declaraciones a los periodistas tras un acto institucional del Govern y el Parlament en el parque de la Ciutadella de Barcelona en el que se hizo preguntar, no casualmente, por el corresponsal en España de la BBC sobre cuál es su estrategia para Cataluña… y mientras, Don Tancredo creyendo que habla de economía y el Jefe del Estado amordazado por el separatista Roca.
En inglés, Mas continuó en su locura paranoica reivindicando el dinero que “produce”, recalcando que lo que ahora es necesario es que Cataluña tenga las herramientas que necesita para combatir la crisis económica (¿?) cuando está desangrando a España de la mano del señor Montoro, al que no le iba a temblar la mano…. Para permitir que se nos siga sangrando a los españoles manteniendo un sistema de organización territorial insostenible. Mientras tanto, él a su rollo en la construcción nacional acosta de todos los españoles.
El Rey habló en diciembre pasado, pero no dijo nada, nada nuevo o a tener en cuenta seriamente. Nadie puede hablar de ejemplaridad parapetado en un cómodo Nos mayestático para con ello desviar la atención hacia los pecados y corruptelas de los demás. La cantinela de la invitación a permanecer “juntos” tratando la unidad de la Nación Española con la frivolidad como quien habla de un club de amiguetes debe abandonarse de una vez y hay que poner al separatismo en su sitio, es decir, fuera de la ley y en la cárcel, donde deberían estar todos los criminales y terroristas, ahora en la calle gracias a gobierno de España, heredero del mamarracho ZP.
Lamentablemente vi a un monarca intentando sobrevolar el problemón, ajeno y sin culpa, al que sólo le faltó aquello de “hablando se entiende la gente”, o la desafortunada cita de su hijo “Confío más en la Cataluña real que en la espuma que estamos viendo con lo que hacen unos y otros”. Triste manifestación en la que pone sobre la mesa su ignorancia, pues debe de ser el único que no se ha enterado del abierto separatismo catalán, porque hasta su padre sacó unos días antes, en la web de la Casa Real, lo que alguien definió como una torpe disquisición sobre galgos y podencos en la que exhibía una cobarde cuanto inútil equidistancia entre españoles y antiespañoles.
Después de haberse metido en tal jardín lleno de arenas movedizas, el Príncipe aseguró que hay catalanes que "no encuentran siglas para su opción política", olvidando o dejando de lado que en cuanto a opciones políticas, hoy en Cataluña hay dos, o la secesión rompiendo España o continuar formando parte de ella. "La Casa Real seguirá haciendo lo que hemos hecho siempre", añadió el Príncipe, esperemos que ahora, en esta Pascua Militar, den el paso que España necesita y no se limiten a lo de siempre, o sea, no hacer nada.
Basta ya de citar a la transición con la nostalgia de “aquellos maravillosos años” cuando realmente el problema y la ruina que nos destroza es precisamente producto de ese “espíritu” que se ha basado en el chalaneo y el parcheo, como la doctrina Parot, en vez de entrar de lleno en su día en la cadena perpetua y el cumplimiento íntegro de las penas. Todo ha sido fruto de acuerdos bajo mano, al margen de la sociedad y no a través de la arquitectura institucional basada en el respeto a las leyes, a la igualdad de los ciudadanos y a la manoseada Libertad.
Nuestro problema, el cáncer que nos paraliza no es otro que la propia vida pública, un monstruo imposible de alimentar fruto del famoso “espíritu de la transición”, en el que el interés nacional se ha pervertido en aras de conservar y acrecentar el propio sistema disgregador de las autonomías que ha llevado a la desobediencia e incumplimiento flagrante de la Constitución sin consecuencias para sus violadores.
Tras treinta y ocho de ejercicio, llegado el momento de defender la unidad de España todo queda en alusiones simplonas, invitaciones al amor y la amistad y paños tibios. La verdad es que si no se gana el sueldo, y ha llegado el momento de ello, lo único que sucederá a la vista de las nuevas generaciones nacidas ya en democracia es que verán sencillamente una institución superflua.
Si en realidad la Corona ha sido el motor de la democracia, entonces es responsable de la situación actual, y si no se pone a solucionarlo… muchos se preguntarán para qué sirve, algo que ya se preguntan los ciudadanos mientras que el matrimonio Urdangarín sigue impune y, lejos de estar apartado y con el título ducal retirado, se permite el lujo de fiestas navideñas en los mejores salones de París, desde su exilio dorado en Suiza.
La Casa Real, con un retraso que parece sea intencionado y provocado por algún republicano, suprimió la insultante presencia en la web de la Casa del infecto personaje llamado Iñaki Urdangarín, que se ha orinado cual perro vagabundo sobre los sagrados principios del derecho premial, principios por los que cualquier ciudadano honrado puede tener la sana ambición del ennoblecimiento personal mediante el trabajo al servicio de España y del Rey.
Lamentablemente, no fue desposeído de la merced del ducado de Palma y del trato de excelentísimo, así como de la gran cruz del mérito deportivo, y que ha hundido en el más podrido lodazal al concepto de nobleza.
La Casa de S.M. el Rey suprimió demasiado tarde la “sección personal” con la que contaba Iñaki, autodenominado “El Duque en-Palma-do”, cuya esposa está siendo defendida por un separatista, lo cual impide al monarca frenar de una vez el órdago separatista y salir de la espiral de deslegitimación en la que se encuentra.
La conducta no ejemplar de la pareja de socios debe der corregida por la Corona con medidas ejemplares, que como padres pueden y deben doler, pero que como Reyes son insoslayables.
El Rey afirmó que hemos venido gozando del mayor periodo de paz en libertad de nuestra historia, pero es y ha sido la paz de los corderos, en la que la casta política ha saqueado el Estado hasta tener una economía nacional privada de los recursos imprescindibles para organizar su propio destino. Sumando a esto la paz a costa de sacar a los asesinos a la calle y hablando y tratando a las víctimas del terrorismo como un sujeto paciente ajeno al que, de vez en cuando, se le pasa la mano por el lomo, olvidando que la víctima, la única víctima y objetivo del terrorismo es la propia España. El terrorismo no podía matarnos a todos y lo ha hecho, en la cabeza y cuerpo de algunos para que el resto queden afectados por el terror y se dobleguen ante ellos, y eso es lo que ocurre con el mentiroso del ministro con cara de pasmado, o del otro arruinador de Madrid.
Por mucha invitación al diálogo y a la reinterpretación de las relaciones territoriales que se haga, lo único cierto es que, poco a poco, los partidos nacionales, siempre en manos de los nacionalistas en base a una ley electoral injusta de nacimiento, y la propia institución monárquica, han caminado hacia el desprecio y la irrelevancia, pues sólo han mirado por sus propios intereses habiendo logrado con su forma de vivir sin visión de conjunto la desaparición de las amplísimas clases medias que teníamos, motor del progreso toda democracia occidental. Ahora estamos fragmentados cultural y económicamente sin referencias de por qué vivimos juntos, misión principal de nuestra Corona y que justifica su existencia.
El modelo diseñado en la transición buscó el bipartidismo como forma de estabilizar la política y primó a los partidos vascos y catalanes para aliviar las tensiones separatistas. El diseño ha sometido los poderes legislativo y judicial al ejecutivo, y ha pervertido la inexistente democracia interna de los partidos con lo que la corrupción ha tenido las puertas abiertas y ha surgido de forma natural en la ciénaga de la impunidad. No es arriesgado afirmar que la Constitución actual ha dado todo lo que tenía que dar, encontrándose actualmente en plena descomposición y prostitución, por lo que realmente lo necesario es una “actualización de las normas de convivencia” consistente en cambiar la Constitución de arriba abajo, pero no de espaldas a la sociedad ni por la puerta de atrás como pide el señor Rubalcaba en manos de sus hermanos separatistas.
Los cambios han de ser drásticos, los bolsillos se están secando, y cualquier cambio que se acometa deberá llevar anexo dos cuestiones ineludibles: TRANSPARENCIA ABSOLUTA EN EL GASTO, CUENTAS CLARAS Y DE DOMINIO PÚBLICO.
La situación no aguanta más, sólo la búsqueda de la igualdad de todos, sin ficticias asimetrías territoriales, dentro de una auténtica libertad puede sacarnos del atolladero.
*Firma de un alto oficial de las Fuerzas Armadas