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Pax pax, ni judaica ni yuma
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Pax pax, ni judaica ni yuma

Por Administrator
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directorelespiadigitales/8/8/23
miércoles 25 de marzo de 2026, 22:00h
Alexander Bukowsky
“…La carrera es de resistencia, no de velocidad…”
Hilda Soza Saura
“..Lo curioso de la historia es que todos los imperios, en su fase de declive, tienen un punto en que poseen el poder suficiente para parar y seguir siendo poderosos y no caer. ¡Pero todos, sin excepción, pasan ese punto y siguen, y ahí es cuando terminan de caerse ante el nuevo que, al vencer ese punto, absorbe la fuerza del otro…!”
Hilda Soza Saura
No voy a tocar los puntos que todos los que saben más que este ignorante que les escribe han dicho y son así, ni voy a escribirles de forma académica como artículo para revista especializada de geopolítica, eso menos… Voy a invitarlos a una conversación entre yo y yo, y ustedes… en una mesa cualquiera de una casa común y corriente entre gente de bien.
Pasemos la parte del reino de Jerusalén 2.0, que es lo que es Israel; de que los europeos solo saben hacer cruzadas; y lo obvio: que antes eran las rutas comerciales y ahora el petróleo. Y lo más importante: romper los BRICS y hacer la segunda cuña. La primera entre Europa y Rusia, evidente en Ucrania; y ahora una entre Rusia, Irán y China. Romper todos los corredores de la Franja y la Ruta y que la tierra no se una más, porque el mar solo es fuerte cuando la tierra es débil. El humano vive y come en la tierra. Sí es cierto que por mar, y por ahora, siempre se ha podido transportar más y más seguro, pero las rutas de la seda siempre fueron… terrestres…
También, ¿qué puedo decir que no sepan sobre que nadie toma en serio a Trump, que no es más que el charlatán que necesitaban como caballo de Troya para crear y controlar el descontento popular? Ahora que ellos —reptilianos, iluminatis y caníbales— hasta a sus propios WASP se estaban tragando. Trump es el Kennedy para los negros, lo que ahora ya son los blancos del centro, los no costeros… la tierra contra las ciudades costeras que los tienen presos, sin industria, en tráileres, con fentanilo… los negros del siglo XXI en USA.
Ya el Centro para el Monitoreo de la Democracia, desde 2022, debido al auge de los gobiernos autoritarios, advertía que hay que retomar la narrativa y daba las pautas de cómo hacerlo. Debe de ser para los niños, porque eso lo han hecho siempre y los conocemos todos… Pero bueno, eso es para decir cuán involucrados, aún más, están en eso. Pero como se sabe que los americanos no viven de realidad sino de narrativas, y que aunque parezca un dumb diciendo mentiras, Trump responde a la máxima goebbeliana de tapar la última mentira con la mentira nueva, y el público que lo sigue solo cree lo que él dice… ese caballo de Troya de los MAGA, que representa el frente interno cuando el externo ya está determinado desde el famoso Deep State. Ese guía la guerra de narrativas, y no solo la de narrativas. Ese, y todo su séquito, son antes que nada voceros de la gasolina del motor del imperio… EL TERROR.
Y aquí viene este análisis simple de este ignorante… todo lo demás lo han dicho muchos que saben más que yo, por eso me enfoco aquí… Desde Dresde hasta hoy, aunque hayan perdido y lo cacareen sus enemigos, entonces ¿cómo de perdido en pérdidas vencieron a la URSS y se colocaron en el primer lugar global… en todo? Solo por el miedo, que hasta hoy sigue siendo la forma más efectiva de ejercicio del poder y garantía de su continuidad. Eso, de la mano de la hegemonía cultural, es una fórmula casi invencible… Ellos tiran bombas atómicas y son mister bombing para todo… Tú ves que perdieron en Vietnam, pero la madre ve la foto de la niña desnuda y no quiere eso para sus hijos… y ven Faluya, y ven agente naranja, y ven Belgrado.
El terror como norma, y la trampa como medio, y sobre todo desprestigiar a Rusia y a China como protectores del orden global. Eso y toda la destrucción que hay para el que desafíe al imperio. Nada que no hayan hecho antes. En este momento, después de Gaza —que normalizó el genocidio— forzando la entrada a una nueva Edad Media donde el capital financiero rentista está a salvo, donde se pueden, como hizo la burguesía, desprenderse de las normas morales del feudalismo y convertir los vicios en costumbres, así ellos quieren normalizar las aberraciones: una, para meter más miedo; y otra, como mismo salieron de la crisis del 98 con el tráfico de armas y la guerra, de la del 2008 con el narco, ahora con la esclavitud y el tráfico humano.
De ellos desconfíen en tantas películas y series que parecen denuncia y son programas de entrenamiento y reclutamiento laboral… pero esto de la coalición Epstein no es más que miedo… vienen los iluminatis, caníbales, reptilianos, masones, sionistas… Pero en ese miedo y terror, que como la tasa de ganancia decreciente que avisa de las nuevas guerras, cada vez hay que meter más miedo y hacer más sacrificios para ese dios Moloch del sistema financiero que, en su lucha a muerte con el capital real productivo del mundo en progreso, es cada vez más sangre para una cuota más baja.
Eso demuestra cuán débiles son ahora: que Israel no tiene bombas nucleares porque ya las hubiese tirado; que ellos no pueden desembarcar porque, de tanta doctrina aeroterrestre, han creado un soldado débil, fuerte con los débiles pero que huye de los duros; y solo puede pagar a sus hermanos para que se nazifiquen y peleen entre ellos. Que tal parece que le están preparando terreno a los jázaros para que vuelvan a su lado del Dniéper antiguo, pero yo creo que Argentina es más probable… hay menos goyims en la Patagonia…
Te presento tu texto corregido ortográficamente y con puntuación, manteniendo tu idea y estilo lo más intactos posible. Solo corregí tildes, mayúsculas, signos y algunas separaciones de palabras para que el texto sea legible según las normas del español. (Wikipedia)
La transición actual hacia un sistema internacional más multipolar —marcada por el ascenso de potencias como China y Rusia y el crecimiento del bloque BRICS— está haciendo que se replieguen de tal manera que, si tuvieron un descanso con Obama, donde el horror lo hacían otros, después de Gaza —que son ellos también— tienen dormido al mundo con que Israel los controla, para validar el miedo amparado en un poder mayor, lo cual no es cierto.
Israel no es más que el policía de las colonias del golfo, el capataz de la periferia, mientras el centro se lava las manos.
Ya no tienen otra jugada que retomar el control de la administración del terror, y lo hacen con campañas intrigosas de dudoso poder real, como Venezuela. ¿Ya que si son tan poderosos, por qué no toman preso al de Corea del Norte? Si realmente están ganando en Irán, ¿por qué no desembarcan y por qué les siguen entrando a cohetazos a Israel?
La verdad son los hechos, y la política del bluffing, ya que al dominar los medios es el arma más efectiva que tienen para usar el miedo como avanzada; nada que no hiciera la Horda de Oro al mandar a sus agentes a meter miedo antes de la invasión.
¿Casualidad lo de Epstein ahora? Los comen niños, ¿qué no le harán a quienes no se doblegan? Mírenlo: matando niñas desde el primer día.
En ese contexto, la historia de la violencia imperial no es solo una cuestión del pasado: forma parte de la memoria política que condiciona las percepciones del Sur Global sobre el poder occidental en el siglo XXI.
Ya ellos no pueden hacer otra cosa que no sea terror, terror y terror. No tienen más jugadas. No van a cambiar nunca. Por eso, aunque me duela decirlo, aunque luchen por dinero, aunque para Irán esto sea una guerra existencial, cuando son la reencarnación de Saladino como Putin de Nevski… aunque a Israel le pueda quedar poco, para USA esta guerra es existencial también. Ni pueden ni van a dejar que la tierra se una. Otra cosa es que los otros se lo permitan…
Lo más probable es que haya una batalla nuclear para poner el ejemplo con algún débil, otro Hiroshima, que no será en Irán porque el petróleo no se arriesga. Seguro será en África. Total, mientras más oscura la piel, menos importa a la opinión pública mundial… ustedes saben que el mundo es Europa y USA, lo demás es jungla…
Esto es, mis queridos lectores, una conversación en un café…
Y aquí, con Chat GPT pero con mi dea claro….
El terror como norma en la política de Estados Unidos
En la historia de las potencias imperiales existe un mecanismo recurrente: cuando la superioridad material no basta para garantizar la obediencia del sistema internacional, aparece un recurso complementario más antiguo que la diplomacia y más directo que el comercio. Ese recurso es el miedo. El miedo no solo como consecuencia de la guerra, sino como instrumento deliberado de orden político. Desde 1945, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la política exterior de Estados Unidos puede analizarse —más allá de sus discursos formales sobre democracia o seguridad— como una estructura donde el terror estratégico cumple una función disciplinaria dentro del sistema mundial.
La primera manifestación de ese principio ocurrió precisamente en el acto fundacional del orden posterior a la guerra: los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki durante la Atomic bombings of Hiroshima and Nagasaki. Aquellos ataques no se dirigían únicamente a forzar la rendición japonesa. Cumplían también una función demostrativa frente al mundo emergente de la posguerra y, en particular, frente a la Unión Soviética. La bomba nuclear inauguró un tipo de poder donde la capacidad de destrucción absoluta se convertía en argumento político. La lógica no era solo militar; era pedagógica: mostrar hasta dónde podía llegar la violencia tecnológica del nuevo centro de poder global.
Durante la Guerra Fría esta lógica no desapareció, sino que se institucionalizó. Bajo la doctrina de la disuasión nuclear y la contención del comunismo, Estados Unidos desarrolló una estrategia global donde la intervención directa, los golpes de Estado y las guerras periféricas funcionaban como mecanismos de control del sistema internacional. La guerra de Corea y posteriormente la Vietnam War representaron momentos en los que la violencia militar se utilizó no solo para derrotar a un adversario, sino para enviar un mensaje a todos los actores que cuestionaran la arquitectura geopolítica de Washington.
La dimensión psicológica del conflicto fue tan importante como la militar. Imágenes como la famosa fotografía de la niña quemada por napalm o la devastación producida por el Agent Orange no solo mostraban la brutalidad de la guerra moderna; también funcionaban como recordatorio de la capacidad destructiva del poder norteamericano. Incluso cuando la guerra terminaba en retirada o derrota táctica, la demostración de fuerza producía efectos disciplinarios sobre otros actores del sistema internacional.
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, el papel del miedo cambió de forma pero no de función. La desaparición del adversario estratégico no condujo a un orden internacional estable. Por el contrario, abrió una fase de intervenciones destinadas a mantener la primacía unipolar estadounidense. Operaciones militares como el bombardeo de Belgrado durante la NATO bombing of Yugoslavia mostraron que la fuerza militar podía utilizarse incluso sin la legitimación clásica de las Naciones Unidas. El mensaje era claro: la legalidad internacional podía adaptarse cuando entraba en conflicto con la hegemonía estratégica.
El momento decisivo de esta transformación llegó tras los atentados del 11-S. La llamada “guerra contra el terrorismo” permitió construir un nuevo marco ideológico para la intervención global. Bajo ese paradigma, las guerras de Afganistán e Irak fueron presentadas como operaciones preventivas destinadas a eliminar amenazas potenciales antes de que estas se materializaran. Sin embargo, en términos de geopolítica estructural, el resultado fue la expansión del aparato militar estadounidense en Eurasia y Medio Oriente.
Las guerras posteriores al 11 de septiembre también consolidaron un cambio doctrinal: la normalización de la violencia permanente. En conflictos como la guerra de Iraq, el uso intensivo de bombardeos, drones y operaciones especiales transformó la guerra en un estado casi continuo de intervención limitada. En lugar de grandes conflictos decisivos, el sistema pasó a funcionar mediante operaciones dispersas que mantenían un clima constante de presión militar.
Desde una perspectiva estructural, el terror estratégico cumple tres funciones dentro de este modelo. En primer lugar, actúa como mecanismo de disuasión contra Estados que desafían el orden internacional dominado por Washington. En segundo lugar, legitima la expansión permanente del complejo militar-industrial, que se convirtió en uno de los sectores económicos más influyentes dentro del propio sistema político estadounidense. Finalmente, genera una narrativa de amenaza permanente que permite justificar intervenciones exteriores frente a la opinión pública interna.
Esto no significa que la política exterior estadounidense se base únicamente en el miedo. Estados Unidos también utiliza herramientas diplomáticas, económicas y culturales para mantener su influencia global. Sin embargo, cuando esas herramientas resultan insuficientes, el recurso al terror estratégico aparece como la garantía última del sistema. La combinación entre hegemonía cultural y capacidad de destrucción militar constituye una fórmula particularmente eficaz para sostener el liderazgo global.
En la actualidad, el orden internacional atraviesa una transición hacia un sistema más multipolar. El ascenso de potencias como Vladimir Putin y el fortalecimiento económico de Xi Jinping han reducido el margen de maniobra unilateral que Estados Unidos disfrutó durante la década posterior a la Guerra Fría. En este nuevo contexto, la política del miedo vuelve a adquirir centralidad: sanciones económicas, amenazas militares y demostraciones de fuerza buscan evitar que el equilibrio global se desplace definitivamente hacia un sistema multipolar.
Así, el terror no aparece simplemente como una consecuencia accidental de la política exterior estadounidense, sino como uno de sus instrumentos recurrentes. Desde Hiroshima hasta las guerras del siglo XXI, el uso ejemplarizante de la violencia ha funcionado como lenguaje político dentro del sistema internacional. Comprender esa lógica permite analizar la geopolítica contemporánea no solo en términos de ideologías o valores, sino como una estructura donde el miedo continúa siendo una de las formas más eficaces de poder.