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El día en que las islas Canarias estuvieron a punto de ser invadidas por EE.UU. y luego por el Reino Unido… y se salvó

El día en que las islas Canarias estuvieron a punto de ser invadidas por EE.UU. y luego por el Reino Unido… y se salvó
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Por Administrator
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directorelespiadigitales/8/8/23
martes 03 de febrero de 2026, 22:00h
Las ansias expansionistas de Estados Unidos no son nuevas. Aunque en tiempos recientes la presidencia de Donald Trump ha puesto en la mira a territorios como Venezuela, Groenlandia o el Canal de Panamá, esa lógica responde a una tradición de larga data en la política exterior estadounidense.
Uno de los territorios que llegó a figurar en esos planes fue el archipiélago español de las islas Canarias, en especial Tenerife. Su ubicación —frente a las costas africanas, cerca de Marruecos y a más de 1.000 kilómetros de la Península Ibérica— convertía a las islas en una pieza estratégica de primer orden.
Enclave codiciado
Canarias había sido fundamental para el expansionismo castellano desde el siglo XV y funcionó como plataforma para la conquista de América, el control del imperio y la gestión del tráfico atlántico. Precisamente por ese valor geoestratégico, el archipiélago pasó a ser objeto de deseo de EE.UU. a finales del siglo XIX.
Sin embargo, la desaparición de las antiguas amenazas marítimas propició que la protección de Canarias sufriera un progresivo abandono, debido a la dejación de los Gobiernos de Madrid a la hora de dotar a las islas de un sistema defensivo apropiado.
Así, en pleno auge del colonialismo europeo, Canarias se convirtió en una presa codiciada por su posición envidiable, que no pasaba desapercibida para potencias de la época como Gran Bretaña, Francia y Alemania, que la veían como un paso clave para acceder al botín africano.
Un objetivo abandonado militarmente
EE.UU. consideró el archipiélago como un objetivo durante la Guerra contra España desatada en 1898, tras el hundimiento del acorazado Maine, conflicto gracias a la cual se hizo con Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Alemania tampoco ocultaba su interés por un territorio escasamente protegido que podía facilitarle un acceso privilegiado a África y al Mediterráneo. Y es que, en 1898, las defensas de Canarias eran claramente insuficientes.
El Gobierno militar de Tenerife y las comandancias de La Palma, La Gomera y El Hierro contaban con recursos limitados, al igual que Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. El archipiélago carecía de defensas costeras eficaces, disponía de material bélico obsoleto, tenía una dotación de tropas insuficiente y una población poco dispuesta a incorporarse a filas.
Las defensas de Tenerife, que no enfrentaban un gran ataque desde finales del siglo XVIII, habían decaído notablemente. No existían provisiones para resistir un asedio prolongado, ni infraestructuras adecuadas, ni capacidad de maniobra. El armamento era antiguo, lento y de escasa potencia de fuego.
En la diana de EE.UU.
Tras la declaración de guerra en abril de 1898, el conflicto duró apenas cinco meses, pero fue devastador para España. En ese breve periodo, EE.UU. consolidó su posición como potencia emergente y amplió su control sobre rutas marítimas estratégicas.
La guerra de independencia cubana (1895–1898) fue el detonante de la intervención estadounidense. España llegaba exhausta tras años de combates, lo que empujó a la Casa Blanca a valorar seriamente la posibilidad de ocupar Canarias, con especial atención a Tenerife.
La debilidad de la defensa de España era ideal para EE.UU., por lo que la posibilidad de un ataque a las islas se sopesó seriamente. Los análisis realizados en el seno de la marina estadounidense apuntaban a un lugar en concreto: el municipio de La Orotava, en Tenerife, una zona muy vulnerable desde el punto de vista militar.
No se trataba solo de golpear a un enemigo debilitado, sino de asegurar el control de rutas atlánticas clave para otros escenarios estratégicos. Aun así, el plan nunca se ejecutó y el frente de batalla quedó lejos de las costas canarias.
Presiones para firmar la paz
Aunque el ataque no llegó nunca, los isleños sí llegaron a vivir el estrés de una preparación bélica, debido a las repetidas amenazas que llegaban del otro lado del Atlántico. Los pobladores eran conscientes de que no serían capaces de repeler la embestida estadounidense en esas condiciones.
La prensa de la época alimentó los temores al asegurar que el presidente William McKinley podría dirigirse a Canarias tras la caída de Cuba y Puerto Rico. Se estima que el jefe del Gobierno español, Práxades Mateo Sagasta, aceleró la firma de la paz para evitar nuevas pérdidas territoriales.
De hecho, se estima que el presidente español, Práxedes Mateo Sagasta, se apresuró a firmar la paz tras la pérdida de Cuba, ante la posibilidad de seguir perdiendo posesiones insulares.
Las autoridades locales intentaron tranquilizar a la población con despliegues militares y desfiles, aunque en los despachos se llegó a barajar la posibilidad de dar alguna isla por perdida, como Fuerteventura, considerada de escaso valor estratégico por su baja población y la falta de lluvias.
La tensión llegó a tal punto que el teniente general Mariano Montero y Cordero declaró el estado de guerra en el archipiélago, el 9 de mayo de 1898.
En la prensa estadounidense, por su parte, reinaba el entusiasmo. The Sun llegó a afirmar: "Deberíamos hacer lo mismo con Canarias, a menos que España recapacite en poco tiempo (…) imaginen el efecto sobre el extranjero que tendría la posesión de las islas Canarias, respaldadas con fuertes fortificaciones y una buena flota. Las potencias europeas serían tan respetuosas y educadas como suelen serlo con Inglaterra".
La prensa neoyorquina, además, especulaba que Canarias, Fernando Poo (en Guinea Ecuatorial) y las islas Baleares (en el Mediterráneo) podrían ser objeto de una ocupación militar después de Puerto Rico, Cuba y Filipinas, si no se firmaba la paz.
Más allá de los oscuros vaticinios, en agosto de 1898 se firmó la paz. El conflicto terminó y las islas Canarias quedaron, esa vez, fuera del mapa de la expansión militar estadounidense.
LAS ISLAS CANARIAS EN EL PUNTO DE MIRA DE HITLER Y CHURCHILL: LA INVASIÓN QUE PUDO CAMBIAR LA HISTORIA
Eugenio Fernández (Canarias-Semanal.Org)
En plena Segunda Guerra Mundial, las Islas Canarias se convirtieron en un punto de interés estratégico para los bandos en conflicto. La importancia del Archipiélago no era nueva, pero el contexto bélico la elevó a un nivel sin precedentes. Mientras Hitler buscaba hacerse con el control de las islas para garantizar una base aeronaval en el Atlántico, Gran Bretaña diseñó un plan de invasión conocido como Operación Pilgrim para adelantarse a los alemanes.
El alto mando británico, bajo la dirección de Winston Churchill, elaboró esta estrategia en 1941 con el objetivo de tomar las islas en caso de que las fuerzas nazis intentaran ocuparlas primero. El plan contemplaba el despliegue de 24.000 soldados en Escocia, listos para desembarcar en Gran Canaria. La invasión iba a estar respaldada por dos cruceros y un portaaviones que garantizarían la supremacía aérea y marítima.
Sin embargo, la operación nunca se llevó a cabo. La evolución del conflicto mundial y el hecho de que no se produjera la ocupación alemana en Canarias hicieron que los británicos cancelaran el asalto. A pesar de ello, los documentos desclasificados demuestran que tanto Gran Bretaña como Alemania consideraban a Canarias un enclave vital para la guerra.
El interés de Hitler por Canarias y la respuesta británica
Desde 1940, Hitler había manifestado su intención de controlar Canarias. Su objetivo era convertir las Islas en una base de operaciones estratégicas para la Luftwaffe, protegiendo así las rutas hacia África y América. Documentos de la época revelan que el líder nazi instruyó a su Estado Mayor para instalar artillería antiaérea y desplegar escuadrones de Stukas en los aeródromos isleños.
El problema para el Tercer Reich era que España, aunque simpatizante del Eje, se encontraba en una situación extremadamente precaria tras la Guerra Civil. Franco no podía permitirse un nuevo conflicto, pues la guerrilla antifranquista seguía activa y la población sufría las secuelas de la contienda interna. Para evitar comprometerse directamente, el dictador español optó por una ambigua "no beligerancia", rechazando la posibilidad de entrar oficialmente en la guerra.
Ante esta negativa, Hitler ideó un plan alternativo: tomar Canarias mediante un golpe de Estado simulado, con la ayuda de colaboracionistas nazis locales, para no comprometer ante los Aliados al Régimen de Franco. Berlín confiaba en que el gobierno español terminaría aceptando la ocupación como un hecho consumado.
En respuesta, Churchill ordenó la planificación de la "Operación Pilgrim". Reino Unido no podía permitir que el Atlántico cayera bajo control nazi, ya que ello supondría poner en peligro sus rutas comerciales y militares. Así, aunque Franco se mantuvo oficialmente neutral, las Islas se convirtieron en un escenario silencioso de la disputa entre las potencias.
El espionaje nazi y británico en Canarias
Pero Canarias no solo fue objeto de planes militares, sino también de intensas actividades de espionaje. En 1940, la presencia alemana en el Archipiélago era más que notable. Agentes nazis operaban en las Islas con absoluta impunidad, y muchos de ellos permanecieron refugiados en el Archipiélago tras la guerra, estableciendo muy prósperos negocios.
Los británicos también contaban con una red de informantes en Canarias, algunos de ellos vinculados a empresas comerciales y al sector portuario. De hecho, documentos de la época revelan que el gerente de la Casa Miller en Las Palmas era un agente clave de la Inteligencia británica. Esta red proporcionaba información sobre los movimientos de barcos y tropas, permitiendo de esa manera que Londres pudiera estar en condiciones de evaluar la amenaza alemana en la región.
A pesar de estas maniobras, ni los británicos ni los alemanes vieron cumplidos sus deseos de ocupar el Archipiélago canario. La guerra siguió su curso en otros frentes, y la estrategia de ambos bandos fue cambiando con el tiempo. Sin embargo, la importancia de las Islas no desapareció con el fin del conflicto.
El interés geopolítico de Canarias: de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad
El valor estratégico de Canarias no se limitó a la Segunda Guerra Mundial. Ya a finales del siglo XIX, Estados Unidos había considerado también la posibilidad de ocupar del Archipiélago, en el transcurso de su guerra contra España, reconociendo la importancia de las Islas como base de control del tráfico marítimo en el Atlántico.
Hoy, Canarias continúa desempeñando un papel clave en la geopolítica global. La presencia de bases militares en el Archipiélago y su proximidad a África la convierten en una pieza fundamental para la OTAN y los Estados Unidos. La isla de Gran Canaria alberga infraestructuras utilizadas por las fuerzas occidentales, y en los últimos años, la región ha adquirido aún más relevancia debido a las tensiones internacionales en el Atlántico y en el Sahel.