Hace más de dos décadas, el climatólogo Mojib Latif, del Instituto Max Planck de Meteorología de Alemania, sostuvo que debido al calentamiento mundial, Alemania ya no experimentaría inviernos rigurosos con nieve y fuertes heladas como en épocas anteriores.
A la luz del crudo invierno de este año en Alemania, las declaraciones de Latif, lo mismo que las de otros “expertos” han caido en el ridículo. Un artículo publicado en el Berliner Zeitung señala que las profecías de Latif han envejecido muy mal (*). Alemania ha quedado sepultada por gruesas capas de nieve, lo mismo que otros países europeos.
Para evitar el bochorno, Latif ya no descuelga el teléfono. La credibilidad del calentamiento está en cuestión y los defensores de la teoría recurren a una bala en la recámara: lo que ellos defienden es la multiplicación de los
fenómenos meteorológicos extremos, que es tanto como decir, que el pronunciado descenso de las temperaturas también es consecuencia del calentamiento.
En enero los datos generales diarios de ERA5 mostraron una disminución significativa de las temperaturas medias mundiales, aunque los “expertos” también tienen una explicación sutil para eso: hace frío pero no padecemos una ola de frío porque han definido lo que es una “ola” de una cierta manera.
Las mediciones meterológicas siempre tienen muchos trucos y ERA5 no es una excepción porque no registra temperaturas reales sino que son modelos meteorológicos que rellenan las mediciones de grandes áreas del mundo. A menudo esos rellenos se toman como si fueran datos objetivos tomados del mundo real. Sin embargo, no lo son. Es otro caso en el que la temperatura está determinada por el modelo, y no el revés.
En el caso de ERAS lo extraño es que el modelo indique una tendencia a la baja de las temperaturas porque casi todos están ellos están diseñados para lo contrario, sentenciando que el calentamiento no es una teoría sino un “dato”, a lo que suelen añadir la condición de “objetivo” porque no hay nada más consistente que eso: un “dato objetivo”.
A veces los “expertos” se llenan de gloria diciendo que el dato mata el relato, pero en el caso de la climatología los relatos siempre han matado a los datos, uno por uno.
Desde los primeros diseños hace ya décadas, los modelos meteorológicos tienen algo común: siempre han fallado, entre otras cosas porque los postulados sobre los que se fundamentan son erróneos. No son objetivos sino subjetivos, es decir, “estimaciones”.
Otro elemento en común más preocupante es que, con el tiempo, la doctrina del calentamiento se ha afianzado y, a pesar de los errores de medición y las estimaciones, la teoría no ha cambiado; lo que han cambiado son los “datos”.
Es el caso de HadCRUT, un registro histórico de temperaturas que comenzó a elaborarse en 1850 y que arrastra un vicio imposible de sanar: ha sido “actualizado” periódicamente para mejorar la “precisión” de los datos. Actualmente se encarga de ello la Oficina Meteorológica del Centro Hadley y la Universidad de East Anglia. La última versión es del año del año pasado y se conoce como HadCRUT6.
Esas bases de “datos” no son tales; más bien son tan artificiosas como los sondeos electorales. Necesitan su propia “cocina”, o sea, bastante elaboración y bastantes “estimaciones”. Al cambiar el modelo, cambian también las estimaciones de temperatura.
El pretexto es que los registros de temperaturas son “incompletos”. Dicen algo que es muy cierto: en el planeta hay grandes áreas con mediciones escasas, o nulas, o deficientes, sobre todo en zonas de difícil acceso o en el mar, que es más del 70 por cien de la superficie terrestre.
Entonces, a falta de mediciones “directas” los vacíos se rellenan con “datos” obtenido de forma indirecta, que a veces se llaman “proxies”. No son tales datos sino estimaciones estadísticas basadas en las mediciones del área circundante, asignando efectivamente temperaturas a regiones donde no las hay. Las bases de datos no responden a una realidad física sino una abstracción matemática.
Por ejemplo, en 2024 se descubrió que la Oficina Meteorológica británica se
había inventado los datos de temperatura de 103 estaciones de medición. Dichas estaciones, que representan una tercera parte del total, no existen desde hace décadas y los datos se están tomando de otras estaciones “cercanas”. Se supone que la temperatura en un lugar y otro a varios kilómetros de distancia es la misma, lo cual es mucho suponer.
Cada vez que se cambian los registros HadCRUT hay un reconocimiento de que los “datos” anteriores no eran buenos o no eran suficientes. De forma implícita lo que quieren decir es que los “datos” no eran suficientes para sostener la doctrina del calentamiento. Tal doctrina nunca se fundamentó en los “hechos”, como repiten una y otra vez. Es como cuando las películas se basan en “hechos reales”. Casi son reales, se parecen a la realidad. Por eso hablan de “proxies”: se trata de eso, de aproximaciones a la realidad.
Con el cambio de siglo, el HadCRUT3, que entonces estaba vigente, dejó de respaldar la tesis del calentamiento. Los “datos” empezaron a chocar con el modelo y empezaron a hablar de que se estaba produciendo una “pausa”. Un año tras otro las temperaturas no subían, como esperaban los partidarios de la doctrina.
Pero hay algo peor aún: los modelos tampoco explicaban la “pausa”, por lo que era más de lo mismo: los modelos climáticos fracasaban uno detras de otro. Entonces, en lugar de cambiar la doctrina lo que hicieron fue cambiar los hechos. El dato no mató el relato.
En 2012 encontraron la solución: reemplazar HadCRUT3 por HadCRUT4. Se introdujeron las mediciones de nuevas estaciones meteorológicas y cambiaron la ubicación de otras. Además, el cambio no se refería sólo a las nuevas mediciones que hicieran en el futuro. También se revisaron las temperaturas pasadas como si las mediciones hubieran sido erróneas.
En 2009 salieron a la luz los correos electrónicos de la la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, en donde los “expertos” reconocían la
manipulación de los registros climáticos para defender las tesis del calentamiento del planeta. Los manipuladores son los encargados de “actualizar” la base de datos HadCRUT. Los lobos están al cuidado de las ovejas.
Es magia. Ya no hay “pausa” climática. Los datos vuelven a mostrar un aumento sostenido de las temperaturas.
TRES AÑOS LLUVIOSOS SEGUIDOS
El frío ártico, que parecía anunciarse en la alta atmósfera desde este verano, es descomunal. En definitiva, meteorología de época antigua que sólo pueden recordar quienes vivieron antes de los años 80. Si bien de vez en cuando, como 2010, hubo algo parecido.
Aunque el alarmismo climático lleva ya más de una década actuando de forma oficial y generalizada, impregnando incluso mentes de cierto calibre intelectual y lucidez, resulta patente que desde la declaración del ebullicionismo por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Gutèrres, la intensidad de tono y su reiteración resultan mucho más elevadas.
Los últimos tres años están siendo especialmente notorios en cuanto a precipitaciones. 2022 presentó un alto volumen anual (> 1000 mm) pero muy mal distribuido a lo largo del año, con un pulso de precipitación prácticamente mensual distribuido a lo largo de marzo y casi 11 meses de sequía posterior. 2023 fue más moderado, pero también más regular. 2024 fue generoso además de bien distribuido y 2025 ha sido extraordinario.
La Oscilación cuasi bienal (QBO) y el complejo EL NIÑO-OSCILACIÓN DEL SUR (ENSO) con sus apenas tres años de frecuencia parecieran estar marcando este ritmo. Aunque bien es cierto que desde 2020 se aprecia un cambio en la fenomenología meteorológica afectando al acortamiento e intensidad de los estíos, con la salvedad de la anomalía debida a la erupción volcánica submarina del Hunga-Tonga Ha'apai. Esto parece tener más relación con el cambio de fase de la Oscilación Multidecadal del Atlántico (AMO), de unos 70 años de amplitud, habiendo transitado desde la fase seca a la fase húmeda, que debiera producirse en torno al presente 2025±1 (Vinós, 2023) de mantenerse el ritmo sostenido hasta ahora.
EL MAYOR CALENTAMIENTO CORRESPONDE A LAS MENORES EMISIONES DE CO₂
Un
estudio, realizado en la Queen's Business School de Belfast, revisa la relación entre las emisiones de CO₂ y el calentamiento global mediante el análisis de más de 60 millones de observaciones diarias de temperatura procedentes de más de 1600 estaciones meteorológicas de todo el mundo. El análisis revela una falta de relación entre el aumento anual de las emisiones de CO₂ y la tasa de cambio de temperatura. Encuentra que el período de calentamiento más acusado se produjo a principios del siglo XX, cuando los niveles de emisión de CO2 eran modestos. El calentamiento de principios del XX es conocido y no ha sido explicado satisfactoriamente.
El autor del estudio cuestiona la hipótesis convencional de que el CO₂ emitido por el ser humano es el principal impulsor del calentamiento global. Ciertamente, no es el único en hacerlo.
Este artículo revisa la relación entre las emisiones de CO2 y el calentamiento global mediante el análisis de más de 60 millones de observaciones diarias de temperatura de más de 1600 estaciones meteorológicas globales, con registros continuos que abarcan desde la era anterior a 1900 hasta 2024. Empleando modelos de efectos fijos para aislar las tendencias de temperatura de las variaciones específicas de la estación y estacionales, el estudio encuentra una tendencia general de calentamiento de 0,0054 °C por año después de controlar las áreas urbanas edificadas. El análisis revela una desconexión significativa entre el aumento de las emisiones antropogénicas anuales de CO2 y la tasa de cambio de temperatura. Cabe destacar que el período de calentamiento más agudo ocurrió a principios del siglo XX, cuando los niveles de emisión de CO2 eran modestos. Por el contrario, los períodos posteriores con emisiones de CO2 en rápida aceleración experimentaron tendencias de calentamiento o incluso enfriamiento más lentas. Estos hallazgos desafían la suposición convencional de que el CO2 inducido por el hombre es el principal impulsor del calentamiento global, resaltando lagunas clave en nuestra comprensión y exigiendo un enfoque más crítico en la investigación, la educación y una reevaluación exhaustiva de la premisa subyacente a las políticas climáticas actuales.
Otro estudio demostró, que la lucha por proteger la capa de ozono de la Tierra ha provocado una contaminación tóxica en nuestro planeta
Los productos químicos introducidos para ayudar a proteger nuestra capa de ozono como sustitutos de los clorofluorocarbonos (CFC) han provocado consecuencias imprevistas en forma de la propagación de grandes cantidades de un "químico eterno" potencialmente tóxico en todo el mundo.
Los científicos atmosféricos de la Universidad de Lancaster calcularon por primera vez que los productos químicos que sustituyen a los CFC y los anestésicos han causado la caída a la superficie de la Tierra de alrededor de un tercio de millón de toneladas (335.500 toneladas) de un químico persistente llamado ácido trifluoracético (TFA) entre 2000 y 2022.
Y el ritmo de entrada del TFA en el medio ambiente desde estas fuentes sigue aumentando, ya que algunos de estos sustitutos de los CFC permanecen en la atmósfera durante décadas, y se estima que el pico de la producción anual de TFA a partir de estas fuentes se producirá entre 2025 y 2100.