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Corporativismo predador español

Corporativismo predador español

Por Administrator
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directorelespiadigitales/8/8/23
miércoles 19 de febrero de 2025, 22:00h
Axel Seib
Que el sistema político español se basa en una suerte de turnismo de dos partidos y medios ya no debería sorprender a nadie. Cuanto menos que la política española es la pelea fingida de dos actores pegando manotazos al aire.
Yo al PSOE le reconozco algo que le gusta repetir mucho. Es ciertamente un partido de estado. Es más, es el partido más de estado que hay en España. No hay institución en la que no estén. Meterse en la estructura del estado es descubrir una enorme red de gente del partido y afines. De vez en cuando se puede encontrar a algún pepero metido por consideración a su labor como «malos de la película» que les ha asignado, precisamente, la ficción creada a la medida del partido del estado, el PSOE. Luego tenemos ciertas interferencias regionales, como podría ser Cataluña, donde las instituciones están colonizadas por los nacionalistas. Aunque el PSOE o PSC, allí, también gusta en manejar hilos y puestos. Los otros ejemplos ya los conocemos.
Así que es divertido escuchar decir que otros defienden a «oligarquías, poderosos y multinacionales» al partido que controla el sistema. El partido que más años ha gobernado el destino de muestra gente adueñándose de las estructuras del estado y desarrollándolas a su medida.
El mismo partido que no dudó en desindustrializar España y privatizar incontables empresas públicas para venderlas a precio de saldo, precisamente, a multinacionales que querían hacerse con nuestro mercado. Con la excusa de «industrias obsoletas y caras» se encubrió la venta y cierre de industrias rentables que nutrían nuestro mercado y mantenían una base de empleo. Europa u «Occidente» no nos quiso apoyar a desarrollarnos porque teníamos una «dictadura brutal», pero al morir el dictador tomaron nuestro país al asalto. Y encontraron en el PSOE un siervo alegre y dispuesto. Adiós industria nacional, política energética, vivienda asequible y un largo etcétera. Y al mismo tiempo que hacían eso, también nos subían los impuestos año tras año para desarrollar un estado del bienestar que jamás ha terminado de funcionar. Total, para crear una deuda impagable mientras bajaba drásticamente la natalidad. Bienvenidos a Europa. No tenemos techo ni hijos pero «nos pagaron carreteras y autovías». Carreteras y autovías que, ahora, toca pagar. Curiosamente cuando están acabando con los coches. Bueno, no, están acabando con la clase media y con cualquier bienestar para la clase trabajadora. Los de siempre seguirán teniendo coche. Si hace falta, siete, uno para cada día de la semana.
Algunos que viven demasiado bien, normalmente gente de posición consolidada y en puestos relacionados siempre con la administración pública, ponen en cuestión éstos hechos. Los mismos que viven azuzando el fantasma de un muerto y sacándolo de paseo para «luchar contra el fascismo» mientras hunden y maltratan a las clases populares con más impuestos, más inseguridad, más insalubridad y menos oportunidades.
Te hablan de pasados «sistemas dictatoriales» gente que pretende acabar con el efectivo y que todo deba ser pagado de forma que quede registrado hasta el más mínimo detalle. La gente que quiere que declares esos vaqueros vendidos como segunda mano. Pero dicen que van contra los ricos y poderosos. Y es por todos sabido que los ricos se dedican a vender vaqueros usados o pagan en metálico.
Y que quede claro, no es algo contra el PSOE únicamente. Es el actor principal, pero no se escapa el otro. Sin la complicidad y los «si, señor» de esos populares que tragan todo lo que venga de Bruselas, no sería posible tal ruina en tan poco tiempo. No es que sean falsa oposición, que también. Es que se dedican a gestionar el caos cuando toca que el PSOE duerma la resaca y el pueblo español sufra. Otra vez.
Incluso se vanaglorian de ello. De su capacidad de gestión. Si en lugar de gestionar la ruina, se dedicasen a solucionar los problemas, nuestra gente lo agradecería más. Pero jamás lo harán. Son la otra pierna del sistema. Una pierna más endeble y menos «simpática», pero va en la misma dirección que la pierna dominante.
Es un sistema de ficciones y sombras chinescas construido a la medida de un partido que se gusta llamar «obrero» pero está formado por petimetres, estómagos agradecidos, funcionarios de todo tipo y sátrapas de colores variopintos. Con otro partido conformándose con su rol de «hermano feo» para supuestos empresarios malvados de portada de disco de SKA-P. Y el medio, que oscila entre separatistas obsesivos con mantener su cortijo regional y esa izquierda posmoderna que necesita cambiar de nombre cada pocos años para mantener los asientos de siempre.
Y el problema es que el pueblo español traga. Nos lleva años enfrentando artificialmente una clase dominante que finge peleitas mientras nos están arrebatando todo. Estamos muy ocupados malmetiendo contra el autónomo y enfrentándolo al trabajador mientras ambos acabarán sin coche y sus hijos, sirviendo copas a la élite y compartiendo piso con 40 años.
Todos somos conscientes de ello. Otra cosa es que queramos cerrar los ojos o mirar al techo para no vernos obligados a actuar y tratarlo todo como una especie de «hecho inevitable». Fatalismo o desidia. Eso es lo que nos condena. Y esa tendencia tan tóxica de preferir enfrentarnos con el carnicero por subir el solomillo en lugar de mirar más arriba.
Son los de arriba, esa élite predadora, los responsables del negro porvenir que nos acecha. Y aunque creamos que están divididos y enfrentados, nada más lejos de la realidad. Ya lo he dicho, son sombras chinescas, peleas de actores mediocres con manotazos al aire. Actúan de forma corporativa. Se saben y reconocen como lo mismo. Porque son lo mismo. Que se presenten ante nosotros por separado es otro tema. Lo hacen para separarnos a nosotros. No porque ellos sean realmente entidades diferenciadas. Siguen el mismo camino, mantienen el mismo discurso, obedecen las mismas ordenes, tienen los mismos dueños y nos expolian a los mismos. Las diferencias son estéticas y sobrepasando el ridículo. Todo se resume en Dolors Montserrat citando incluso la cárcel en Bruselas contra la candidatura de Ribera como comisaria europea. Y acabar votando a su favor. Palabras gruesas pero los labios muy juntos.
Quizás vaya siendo hora de no tratar como inevitable un sistema construido a nuestra costa por una clase de tendencia parasitaria. Quizás sea cuestión de abrir los ojos y ver que se nos ha sometido y encorsetado en un estado que toma nuestro nombre pero sólo sirve a quienes nos muelen con las espuelas. Porque eso somos para ellos, el caballo fatigado al que dejarán sin agua y no dejarán de espolear mientras ellos no cesan en su empeño de engordar más el trasero.
Y lamento deciros que carnicero, dependiente, operario, camionero, ganadero, fontanero, camarero, encargado, profesor o pequeño industrial, estamos todos en el mismo barco. O nos libramos de discursos vacuos que se resumen en «del Betis manque pierda», nos unimos y soltamos ese lastre con siglas, o no quedará nada que salvar. Y volveremos a empezar. Habrá que reconstruir sin ayuda para que nos vuelvan a asaltar esa pandilla de bandoleros con perspectiva de género, hermanos feos y chamanes del bienestar social con esfuerzo ajeno.