Micaela Constantini*
La guerra contra Irán reconfigura los corredores energéticos y comerciales globales, revalorizando el Mediterráneo como nodo crítico y redefine a España e Italia como actores clave en la reconfiguración europea.
La reconfiguración
La guerra contra Irán iniciada unilateralmente por EEUU e Israel, colocó en el centro de la escena a los corredores energéticos globales como puntos de estrangulación del sistema: el Estrecho de Ormuz, el Mar Rojo y el Bab el-Mandeb. Se ha vuelto importante repasar la importancia de estos corredores y checkpoints, el riesgo energético, la seguridad marítima, la estabilidad del comercio global, el ejercicio de la soberanía y las consecuencias que repercuten en todo el mundo.
En este contexto, el continente europeo, que ya venía caminando un proceso de cambios, se reconfigura. Las instituciones europeas no responden de forma autónoma, soberana y en unidad. Europa está atravesada por disputas simultáneas: algunos gobiernos buscan liderazgo regional, otros intentan garantizar la supervivencia de su política interna, otros priorizan cálculos electorales, mientras algunos tratan de posicionarse como mediadores y otros asumen abiertamente el papel de garantes del alineamiento atlántico.
La guerra contra Irán trastoca el tablero internacional, ubica la atención en los corredores y checkpoint en Asia Occidental y reconfigura el continente europeo. El mar Mediterráneo no sólo no escapa al contexto, sino que es uno de los principales puntos en donde convergen y se tensas las consecuencias de la guerra contra Irán, las vulnerabilidades, el desvío de rutas comerciales, la presión sobre el abastecimiento energético europeo, y las relaciones transatlánticas. En este escenario es que se desarrolla una configuración clave en el Mediterráneo que tiene como protagonistas europeos a España e Italia.
El Mediterráneo: geografía de un nodo global
Lejos de ser un mar periférico, cerrado o una simple frontera natural, el Mar Mediterráneo es territorio de conexión estratégica entre actores clave. Articula el Océano Atlántico a través del Estrecho de Gibraltar, se proyecta hacia Asia mediante el Canal de Suez y se vincula con el Mar Negro a través del Estrecho del Bósforo.
El Mediterráneo conecta tres continentes: Europa, África y Asia, lo que lo convierte en un nodo donde convergen rutas comerciales, flujos energéticos y disputas de poder que exceden ampliamente a los países ribereños. En su ribera norte se ubican los países europeos: España, Francia, Italia, Malta, Grecia, los balcanes occidentales y Chipre; al sur, países del norte africano: Marruecos, Argelia, Tunez, Libia y Egipto; y al este, un entramado particularmente sensible que incluye a Israel, Líbano, Turquía y Siria.
Esta configuración geográfica no es neutra ya que se superponen disputas territoriales no resueltas, tensiones energéticas, proyecciones estratégicas, conflictos abiertos o latentes y alianzas complejas. El caso de Chipre, las tensiones y escaladas constantes entre Grecia y Turquía por delimitación marítima y recursos, entre Turquía e Israel, o las tensiones en el Levante oriental vinculadas a la explotación de gas, muestran que el Mediterráneo no es sólo un espacio de tránsito, sino también de disputa soberana.
En términos energéticos, el mar concentra tanto rutas de transporte como zonas de producción. A los flujos de petróleo y gas que lo atraviesan desde Asia Occidental y el norte de África hacia Europa, se suman yacimientos offshore en expansión, como Zohr en aguas egipcias o Leviatán, el proyecto energético más grande de Israel. Estos recursos han intensificado las disputas por jurisdicción marítima, licencias de explotación y control de infraestructuras.
A esto se suma una red creciente de infraestructuras energéticas: gasoductos que conectan el norte de África con Europa, terminales de Gas Natural Licuado (GNL) y plantas de regasificación que convierten al Mediterráneo en un punto clave para la entrada y redistribución de energía en el continente europeo. En paralelo, grandes empresas energéticas y logísticas internacionales disputan contratos, rutas y posiciones estratégicas en puertos y nodos de transporte.
Empresas como Eni (Italia), TotalEnergies (Francia), Shell (anglo-neerlandesa/británica), ExxonMobil (EEUU), Chevron (EEUU), Sonatrach (Argelia), Qatar Energy, participan activamente en la exploración, extracción y transporte de gas en el norte de África y el Mediterráneo oriental, en asociación y a veces en tensión, con los gobiernos.
En paralelo, gigantes del transporte marítimo como MSC (Suiza), Maersk (Dinamarca); CMA CGM (Francia), COSCO Shipping (China), Hapag-Lloyd (Alemania), controlan buena parte del flujo de mercancías que atraviesa la región, definiendo rutas, escalas y costos logísticos a escala global, y también definen los desvíos de rutas en contexto de crisis. En este esquema, el Mediterráneo no sólo conecta territorios: es también un espacio donde intereses corporativos transnacionales se entrelazan con decisiones políticas, disputas soberanas y dinámicas de mercado.
El sistema portuario mediterráneo es otro de los pilares de esta centralidad. Puertos como Tánger Med, el más importante del Mediterráneo, Algeciras, Valencia, Barcelona, Génova, Gioia Tauro funcionan como nodos de entrada, salida y transbordo de mercancías, conectando cadenas logísticas globales con mercados europeos.
En este entramado también se inscribe la presencia de países extra-regionales que proyectan poder sobre el Mediterráneo desde distintas dimensiones. Estados Unidos mantiene un despliegue militar sostenido a través de su Sexta Flota y bases estratégicas que le permiten operar como garante de seguridad, y, al mismo tiempo, como actor dominante del espacio, en articulación con la OTAN. En contraste, China avanza sin presencia militar directa, pero con una fuerte inserción económica y logística mediante inversiones en puertos, infraestructura y corredores comerciales. Por su parte, Rusia sostiene una presencia más acotada pero estratégicamente significativa, combinando la base naval en Tartus en Siria con vínculos estratégicos con Argelia y Libia, lo que le permite mantener capacidad de proyección y contrapeso en la región.
Pero el Mediterráneo no sólo articula comercio y energía, también supone una frontera. Es una de las principales rutas migratorias del mundo, donde miles de personas intentan cruzar cada año desde África y Asia hacia Europa, muchas veces en condiciones extremas. Las rutas que parten desde Libia hacia Italia o desde Marruecos hacia España se han convertido en escenarios recurrentes de naufragios y crisis humanitarias, exponiendo otra dimensión de las asimetrías que estructuran este espacio.
Incluso su biodiversidad, una de las más ricas del planeta, se encuentra atravesada por estas dinámicas: la sobreexplotación pesquera, el tráfico marítimo intensivo, la contaminación y la militarización creciente impactan directamente sobre los ecosistemas, sumando una dimensión ambiental a un escenario ya de por sí tensionado.
Este esquema revela que la seguridad energética y la estabilidad marítima dejan de ser únicamente cuestiones estatales ya que incorporan los intereses de actores corporativos y extraterritoriales que operan a escala global.
Comercio y energía: el nodo crítico del sistema
El Mediterráneo concentra una porción desproporcionada del comercio y la energía a escala global. Con apenas el 1% de la superficie marítima mundial, canaliza alrededor del 20% del comercio internacional, funcionando como un corredor clave entre Asia, Europa y África. En este esquema, el Canal de Suez, por donde circula entre el 12% y el 15% del comercio global, opera como uno de los principales puntos de estrangulación del sistema, articulando el flujo entre el Indo-Pacífico y el Mediterráneo.
Esta centralidad no puede entenderse sin su red de chokepoints. El Estrecho de Ormuz (Irán), el Canal de Suez (Egipto), los Estrecho del Bósforo y Dardanelos (Turquía), el Estrecho Bab al Mandeb (Yemen) y el Estrecho de Gibraltar (‘Territorio Británico de Ultramar’, reclamado por España) conforman una cadena de pasos obligados que estructuran tanto el comercio como el transporte energético global. La estabilidad, o interrupción, en cualquiera de estos puntos impacta directamente en el conjunto del sistema.
En el contexto de la guerra contra Irán, esta red se ve sometida a una presión creciente. La inestabilidad en Asia Occidental y el Mar Rojo ha obligado a desviar rutas comerciales hacia el sur de África, encareciendo costos, extendiendo tiempos y reconfigurando los flujos logísticos globales. En este escenario, se produce una revalorización del Mediterráneo occidental como punto de entrada, particularmente para Europa, que absorbe parte de esos desvíos y reorganiza sus circuitos de abastecimiento.
Pero el Mediterráneo no es solo un espacio de tránsito, es también un territorio energético en disputa. A los flujos de petróleo y gas que lo atraviesan, incluyendo cerca del 20% del petróleo mundial, se suma una creciente producción offshore en el Mediterráneo oriental. Yacimientos como Zohr, en aguas egipcias, o Leviatán, en Israel, junto con exploraciones en Chipre, han redefinido el mapa energético regional, intensificando las tensiones por delimitación marítima y control de recursos.
Al mismo tiempo, el norte de África se consolida como el proveedor estratégico vital para la supervivencia europea. Países como Argelia y Libia no solo aseguran el flujo constante a través de gasoductos submarinos como el Medgaz y el Transmed, sino que se integran a una red de seguridad mucho más amplia. Esta infraestructura incluye las terminales de licuefacción en la costa africana (como Arzew y Skikda en Argelia, o Damietta en Egipto), encargadas de enfriar el gas para su transporte marítimo. El ciclo se completa en la orilla norte, donde las plantas de regasificación de España e Italia actúan como los nodos receptores críticos. Esta red de GNL permite a Europa diversificar su abastecimiento y ganar flexibilidad logística frente a las interrupciones en las rutas tradicionales de Asia Occidental.
En este entramado, el Mediterráneo articula tránsito, producción y suministro. No sólo transporta energía: la produce, la redistribuye y la disputa. Es, en definitiva, un nodo donde se cruzan dependencia, competencia, estrategia, asimetrías y poder.
España e Italia: centralidad mediterránea en un contexto de crisis europea
En este escenario, España e Italia adquieren una centralidad estratégica a partir del Mediterráneo en un momento de crisis europeas que van desde el abastecimiento, diversificación, producción y redistribución energética, las tensiones políticas debido a las sanciones contra Rusia, la fractura interna pero también la transatlántica y la crisis de las instituciones europeas como ordenadoras y unificadoras.
Tradicionalmente percibidos como la periferia vulnerable del proyecto europeo, y estigmatizados durante la crisis de deuda bajo el acrónimo PIGS, España e Italia han protagonizado un giro estratégico sin precedentes. Hoy, mientras el motor industrial del norte de Europa flaquea ante la crisis energética, la pérdida de competitividad con gobiernos débiles frente a los avances de las extremas derechas, Madrid y Roma emergen con una resiliencia renovada. Su posición geográfica los sitúa ahora como los nuevos posibles garantes de la seguridad energética y la estabilidad en el flanco sur, invirtiendo la jerarquía tradicional de la Unión.
Uno de los datos más reveladores tras el inicio de los ataque de EEUU e Israel contra Irán ha sido la reacción de Madrid y Roma, quienes han intentado ejercer un cierto grado de soberanía sobre la utilización militar de sus bases. Estos movimientos marcan una pausa al “automatismo” histórico que se rige por la premisa de que si Washington entra en combate, sus aliados ceden sus infraestructuras sin preguntas.
Para Italia, la presencia militar estadounidense está tan profundamente arraigada en el tejido nacional desde hace décadas que un “no” total es casi imposible. Aún así, el ministro de Defensa, Guido Crosetto, ha sorprendido al marcar una línea roja, planteando límites políticos al uso de sus bases (como Sigonella o Aviano) para operaciones ofensivas directas que no hayan sido consensuadas o que se salgan del marco de la OTAN. En el caso de España, con sus bases de Rota y Morón, el gobierno de Sánchez ha sido taxativo al diferenciar entre la “defensa colectiva de la OTAN” y las “aventuras bilaterales” de EEUU.
Ambas posturas reflejan una necesidad de supervivencia e introducen tensiones que reflejan los límites de la subordinación automática. España e Italia no están dispuestas a ser arrastradas a un conflicto que no eligieron ni fueron avisados y que puede significar un duro golpe estratégico inmediato y a largo plazo de las proyecciones de ambos países. No obstante, la sombra de las posibles represalias de Trump y la inercia de la presencia estadounidense obligan a Madrid y Roma a moverse con una cautela extrema, es decir, una soberanía que se ejerce “hasta donde se puede”, mientras se busca evitar que la inestabilidad total llegue al Mediterráneo.
Infraestructura, flujos y acuerdos: la base de la centralidad
Esa centralidad mediterránea de España e Italia se apoya en infraestructuras críticas, en flujos energéticos concretos y en una red de acuerdos acelerados debido a la crisis.
España concentra algunos de los nodos más dinámicos del Mediterráneo occidental. Posee una gran capacidad de recepción de GNL con una infraestructura que incluye los puertos de Algeciras y Valencia, que se mantienen entre los principales de Europa en conectividad, funcionando como puntos de entrada clave para el comercio; el gasoducto Medgaz, desde el cual recibe gas directo de Argelia; y las plantas de regasificación, contando con la mayor red del continente con 6 terminales operativas.
En este esquema, España se consolida como uno de los principales receptores de energía, sin embargo, esta posición presenta un límite estructural: la baja interconexión con el resto del continente restringe su capacidad de redistribuir, constituyendo un cuello de botella.
Italia, por su parte, articula su centralidad a partir de su conexión directa con el norte de África. Gasoductos como el Transmed, que une Argelia con Sicilia vía Túnez, y el GreenStream, desde Libia, sostienen un flujo constante de energía hacia Europa. Este entramado se ve reforzado por el rol de la energética Eni, con presencia consolidada en Argelia, Libia y Egipto, no solo en extracción sino también en acuerdos de largo plazo y desarrollo de infraestructura.
En este contexto, Argelia se posiciona como el actor clave del sistema energético mediterráneo. Como
señala el analista Beto Cremonte, su rol excede el de proveedor: se ha convertido en un pivote geopolítico en la reconfiguración de los vínculos entre Europa y África, en un escenario donde la energía funciona como vector de alineamiento.
Tanto Madrid como Roma aceleraron acuerdos con la ribera sur para blindar su abastecimiento frente a la inestabilidad regional. En el caso italiano, estos movimientos se inscriben en el llamado “Plan Mattei”, que estructura una estrategia de profundización de vínculos con África.
Al poco tiempo en que Meloni asumió como primer ministro, e incluso desde su campaña, la proyección estratégica se enfocó en la política del Mediterráneo. En 2023 analizamos dos informes (
aquí y
aquí) publicados por Italia donde se desglosan los principales puntos desde dónde se posiciona el país, hacia dónde mira, los peligros, los retos, las oportunidades y las ventajas.
Uno de ellos se tituló “Geoeconomía y seguridad: implicaciones y opciones para Italia” elaborado por Aspen Institute Italia, Cespi (Centro de Estudios Políticos Internacionales), Ecfr (Consejo Europeo de Relaciones Exteriores), Iai (Istituto Affari Internazionali) y Ispi (Instituto de Estudios Políticos Internacionales) dentro del proyecto de “Comunidad Italiana de Política Exterior”, promovido por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional y llevado a cabo por los principales centros de estudios italianos sobre temas relacionados con cuestiones políticas exteriores específicas.
En dicho informe ya se establece que “la bisagra de Italia en el Mediterráneo central y el desplazamiento de su baricentro geopolítico y energético hacia el sur representan una oportunidad para que Italia recupere también una mayor centralidad geoeconómica y política en Europa”.
“Italia está geográficamente a caballo entre Europa, África y Oriente Medio. El gobierno de Meloni, con su plan para convertir a Italia en un centro energético euromediterráneo, pretende traducir esta posición de la península italiana en un recurso geoeconómico y geopolítico tangible”.
“Los proveedores sustitutos inmediatos de Rusia son Argelia, Azerbaiyán, Qatar y Noruega, que suministran a Italia cantidades adicionales a través de los gasoductos existentes y/o en forma de GNL. Para 2025, a estos proveedores se unirán la República del Congo, Angola, Egipto, Nigeria, Mozambique e Indonesia, cuyos suministros llegarán a Italia en forma de GNL”.
“Esto significa que los suministros rusos serán sustituidos en gran medida por suministros procedentes del Sur, en parte en forma de GNL, con el consiguiente desplazamiento del centro de gravedad energético y geopolítico hacia el Mediterráneo e Italia en particular”.
“Este papel -el de hub energético- configuraría a la Península no sólo como consumidora de recursos, sino también como intermediaria y minorista a través de la importación de volúmenes superiores a las necesidades nacionales. Viajando por la ruta sur-norte de Italia, estos volúmenes procederían principalmente de países africanos y de Oriente Medio ricos en recursos y se desviarían después hacia los mercados del norte de Europa”.
En este marco, en marzo de 2026, Meloni consolidó acuerdos con Argelia para reforzar el suministro a través del Transmed, impulsar proyectos conjuntos de exploración con Sonatrach y el desarrollo del corredor energético SurH2, orientado al transporte de hidrógeno. En paralelo, Italia mantiene una relación sostenida con Libia, incluyendo inversiones millonarias en producción de gas y cooperación sobre infraestructuras energéticas.
España, en cambio, avanzó en la normalización de su vínculo con Argelia tras años de tensiones diplomáticas. A fines de marzo de 2026, ambos países restablecieron plenamente su relación energética mediante la reactivación del Tratado de Amistad y el compromiso de incrementar los volúmenes de gas transportados por el gasoducto Medgaz. Este movimiento permitió estabilizar el suministro en un contexto de incertidumbre global y reposicionar a Argelia como socio clave.
“En 2025, Argelia fue por tercer año consecutivo el primer proveedor de gas natural de España, con alrededor del 35% de las importaciones. En los dos primeros meses de 2026, el gas argelino seguía representando más del 29% del total. El principal conducto es Medgaz, el gasoducto submarino directo entre Argelia y España, en el que Sonatrach controla el 51% y Naturgy mantiene una participación minoritaria. En las conversaciones de estos días se ha hablado de aumentar el flujo por esa vía hasta en torno a un 10%, una subida técnicamente posible gracias al margen adicional de la infraestructura”, explica el periodista Alessandro Elia.
Estas dinámicas se complementan con iniciativas a escala europea, como el llamado “Pacto por el Mediterráneo”, que busca reforzar los vínculos con el norte de África a partir de un intercambio entre energía, financiamiento e instrumentos de control migratorio. En el contexto de la guerra y la creciente inseguridad en las rutas, este esquema incorpora además una dimensión de protección de infraestructuras críticas, evidenciando hasta qué punto el Mediterráneo se ha convertido en un espacio estratégico integral.
No obstante, la posibilidad de que la guerra escale y que el Mediterráneo se convierta en un territorio inestable, puede revertir la oportunidad en un riesgo. La dependencia directa de estos flujos, comerciales y energéticos, los vuelve particularmente vulnerables a cualquier interrupción, lo que explica la postura de estabilidad, diversificación de proveedores y fortalecimiento de sus vínculos con la ribera sur.
En este contexto, España e Italia emergen como actores que adquieren relevancia en función de la reconfiguración del sistema y de la centralidad creciente del Mediterráneo.
En definitiva, la guerra contra Irán no solo reconfigura rutas y abastecimientos, sino también jerarquías dentro de Europa. El Mediterráneo se consolida como espacio clave de articulación entre energía, comercio y poder, y en ese marco, España e Italia adquieren un nuevo protagonismo.
* redactora en jefe en PIA Global. Periodista y licenciada en comunicación social. Parte del equipo editorial de PIA Global.
ENTREVISTA a AKRAM KHARIEF, DIRECTOR DE MENADEFENSE: “EEUU se pondrá del lado de Marruecos si lleva a cabo una acción hostil contra España”
Francisco Carrión
Es uno de los analistas de referencia en el Magreb y la competencia militar que protagonizan Marruecos y Argelia, en medio de una escalada armamentística que tiene a España como país vecino. El argelino Akram Kharief conoce bien los entresijos de ambos ejércitos, sus capacidades, sus doctrinas y también sus fragilidades.
Pregunta.- ¿Cómo describiría la rivalidad militar entre Argelia y Marruecos?
Respuesta.- No veo que haya competencia por parte de Argelia. El ejército argelino no está teniendo en cuenta el riesgo que supone Marruecos. Pero Marruecos, obviamente, se está preparando para enfrentarse a Argelia, o al menos para cambiar su doctrina militar, que en el pasado se centraba más en la protección del propio rey y de las ciudades clave, Rabat y Casablanca. Y ahora están cambiando por completo su doctrina militar hacia una más ofensiva. En el pasado, se trataba de proteger al rey y de ocupar el Sáhara Occidental. Ahora están explotando cada vez más la parte noreste del país. Para ello, necesitan construir cuarteles, bases militares y también necesitan equiparlas. Así que eso es lo que vemos desde hace ya casi 10 años. Pero en cuanto a Argelia, no tiene absolutamente nada que ver con ninguna competencia con Marruecos.
P.- ¿Cuál es la doctrina argelina?
R.- La doctrina del ejército argelino se inició en 1999. La guerra contra Serbia y Yugoslavia. Y se reforzó posteriormente, sobre todo tras la guerra contra Libia en 2011 y 2012. Esta doctrina se basa en el hecho de que una coalición internacional, una coalición armada, podría atacar Argelia desde todos los frentes. Ya sea desde el mar, por aire o desde sus fronteras, Argelia debe estar preparada para contrarrestar un ataque a gran escala. Eso implica contar con una aviación muy potente, una defensa antiaérea muy potente, esto es, un sistema de defensa en todo el país, y tener la capacidad de infligir daños a esta coalición, ya sea en el mar o impidiendo que esta coalición entre en el país por aire y lo bombardee. Por eso hemos visto a Argelia invertir tanto en misiles antiaéreos y radares. Desde hace ya más de 25 años, Argelia ha adquirido gradualmente sistemas S-300 y S-400, así como muchos otros sistemas que se han desplegado por todo el país para prevenir cualquier ataque desde el extranjero.
La doctrina argelina se basa en el hecho de que una coalición internacional pudiera atacar Argelia desde todos los frentes
No está, por tanto, motivado por la defensa contra Marruecos. Pero obviamente, si puedes hacer más, también puedes hacer menos. Así que sin duda impide todos los ataques de Marruecos si los marroquíes se les ocurre lanzarlos. Por eso Argelia se está preparando y comprando tanto equipamiento. Creo que Argelia tiene razón en cierto modo. Están siguiendo lo que está haciendo Irán ahora, y vemos que el plan de Irán está funcionando. Pero la diferencia entre la doctrina argelina y la doctrina iraní es que la doctrina argelina no se basa en la proyección de fuerza y el ataque. Se basa más bien en la disuasión de cualquier ataque contra Argelia infligiendo el mayor daño posible a la aviación. Esa es la estrategia argelina.
P.- En la pugna de Marruecos y Argelia, ¿qué país tiene hoy la superioridad militar?
R.- Los dos países no compiten en absoluto en la misma categoría, en absoluto. No tiene absolutamente nada que ver. El ejército argelino no está preparado para librar guerras contra países del tercer Mundo. Está preparado, y su doctrina consiste en ganar guerras o disuadir a cualquier coalición internacional liderada por EEUU. En cuanto a Marruecos, está preparado para controlar su propio territorio e intentar expandirlo si es posible, especialmente hacia el sur. Así que no es la misma doctrina y no es comparable. Argelia está completamente en otra liga, en comparación con el ejército marroquí.
P.- ¿Es probable un escenario de guerra entre Marruecos y Argelia?
R.- No lo creo por dos razones: la primera es que la doctrina argelina está diseñada para infligir el máximo daño posible a un atacante en un plazo muy breve. Este atacante probablemente vendría por aire y por mar. Marruecos ha estado creando un ejército capaz de resistir una invasión terrestre. Así que, en realidad, Argelia sabe que si atacan a Marruecos, o al menos si se produce una guerra terrestre entre los países —ya sea siendo atacados por los marroquíes o atacando ellos a Marruecos—, eso supondrá muchas bajas en ambos bandos. Y eso es algo que no quieren en Argelia. En cuanto a los marroquíes, saben que Argelia cuenta con una fuerza de proyección muy potente y tiene la capacidad de infligir rápidamente un gran daño a una infraestructura que se ha construido a lo largo de 30 o 40 años. Así que, al atacar las refinerías, la red eléctrica, las infraestructuras viarias y las presas, Marruecos puede retroceder 40 años en cuestión de un par de días. Por eso no creo que ninguno de los dos ejércitos quiera una guerra.
P.- No existe paralelismo posible con la guerra que libran hoy Israel e Irán…
R.- No tiene absolutamente nada que ver. En primer lugar, hay una distancia entre los dos países, entre Irán e Israel. El problema nunca se habría planteado de esta manera si fueran países vecinos. En el caso de Argelia, el mero hecho de que decenas de miles de personas puedan morir a causa de una guerra es una buena razón para no iniciar ninguna guerra.
P.- ¿Cuáles son los talones de Aquiles de los ejércitos marroquí y argelino?
R.- Creo que el principal punto débil del ejército argelino es que, con un número de soldados bastante moderado, tienen que gestionar un país enorme. Así que hay un problema de espacio y territorio. Su principal debilidad, en mi opinión, es que dependían demasiado de Rusia, que incumplió sus compromisos porque estaba inmersa en una guerra importante con Ucrania. Esto demostró que Argelia debería diversificarse mucho más y no depender únicamente del equipamiento ruso. En cuanto a Marruecos, su principal debilidad es el volumen. Carecen de volumen de equipamiento, de munición, de combustible. Así que Marruecos no puede sostener una guerra larga contra ningún país. Lo hemos visto hace como un mes: debido a una o dos semanas de inundaciones y problemas meteorológicos en el país empezaron a quedarse sin combustible muy rápidamente. Así que no tienen reservas de equipamiento ni de munición por lo que no pueden sostener una guerra larga ni siquiera una guerra de dos semanas contra un enemigo importante. Además, carecen de poder aéreo, por completo de defensa aérea moderna y cobertura de radar. Están expuestos. Es un país muy expuesto geográficamente: un país muy largo y estrecho que puede ser atravesado rápidamente por un adversario que venga del este.
P.- ¿Quiénes son los principales proveedores de armas de Argelia, aparte de Rusia?
R.- China, que envía cada vez más material a Argelia, pero también países occidentales como Italia, Estados Unidos, Alemania y Francia. Si Argelia ocupa el segundo puesto en África a pesar de todo el material procedente de Rusia que no se menciona, eso significa que la cuota de mercado de los europeos y los chinos es enorme. Estamos hablando de una cuota de mercado de entre el 20 y el 30 %. Y está aumentando.
P.- En el lado marroquí, ¿qué importancia tiene la cooperación militar con Israel?
R.- La industria militar israelí es probablemente la mejor del mundo en términos de marketing, no en la realidad. En términos de marketing, son excelentes, probablemente los mejores, pero en la realidad, es un fabricante de armas muy mediocre, de nivel medio y de calidad media. Países como Francia fabrican equipos mucho mejores en términos de calidad, de precio y de rapidez de entrega. Así que Marruecos optó por seguir el camino israelí, probablemente lo hizo por razones políticas, no por cuestiones de calidad o de alta tecnología. Así que se decantaron por esta solución probablemente porque obtuvieron algunas facilidades financieras o ayuda de los Emiratos Árabes Unidos. Pero en términos de calidad, creo que Marruecos debería haber tomado una mejor decisión y haber seguido importando su equipamiento de EE UU y Francia, que es de mucha mejor calidad, mucho más eficiente y más barato que el israelí. Estratégicamente, lo que hizo Marruecos no tiene sentido. Se hizo únicamente por razones políticas y apostando por obtener ciertos resultados políticos al hacerlo, como un mayor apoyo, un mayor respaldo político por parte de EEUU e Israel, en contra de su política en el Sáhara Occidental y quizá también contra España.
P.- En esta ecuación, ¿cuál es el papel de España?
R.- El ejército argelino nunca se ha equipado con el fin de disuadir a España o de agredirla. Así que España nunca ha estado en el punto de mira del ejército argelino y nunca ha influido en ninguna importación de equipamiento de Argelia. No es el caso de Marruecos. Marruecos se está preparando política y militarmente con el fin de apuntar a los territorios españoles de su vecindad, de su entorno. Así que Argelia nunca ha considerado a España como una amenaza. Las empresas españolas de dedensa están participando mucho en las licitaciones del ejército argelino. Argelia está muy interesada en el A400M, que también se fabrica en Sevilla, y en el avión cisterna MRTT, que también se fabrica en parte en España. A las grandes empresas españolas no se les prohíbe participar en las licitaciones argelinas. La calidad española goza de una valoración bastante positiva, y personalmente nunca he oído ninguna descripción o caracterización de España como un enemigo potencial de Argelia a lo largo de toda mi carrera entrevistando a oficiales militares del bando argelino.
P.- Michael Rubin, un analista neoconservador estadounidense, ha instado en un reciente artículo a Marruecos a lanzar una marcha civil sobre Ceuta y Melilla similar a la que en 1975 precipitó la salida española del Sáhara Occidental. ¿Debería preocuparse España?
R.- Creo que España es consciente de que Estados Unidos ha apoyado desde el principio los esfuerzos expansionistas de Marruecos. Recordarás que EEUU impidió al ejército español en 1975 utilizar su equipamiento estadounidense para detener la Marcha Verde, y que eso provocó un cambio importante en la doctrina militar de España desde entonces, según la cual España no debía depender de ningún equipamiento estadounidense. Y vemos que eso ayudó mucho a España a tener su propia industria de defensa y a depender también de la industria europea. Así que la postura de Washington se conoce desde el principio.
Creo que España debería temer realmente las acciones hostiles que puedan provenir de Marruecos. El artículo que mencionaste se refiere claramente a una situación en la que España está mostrando su independencia de criterio respecto a esta guerra de Irán, pero también, en un pasado muy reciente, respecto al genocidio palestino. Así que eso significa que, una vez más, Washington probablemente se pondrá del lado de Marruecos si este intenta una acción pacífica u hostil contra el territorio español.
Una invasión marroquí de Ceuta y Melilla es posible. Washington apoyará a Marruecos porque considera que Marruecos es un aliado más dócil
P.-¿Es probable que se produzca en el futuro una invasión marroquí de Ceuta y Melilla?
R.-Sí, y en mi opinión, no tiene que ver con la administración Trump, sino con el propio régimen estadounidense. Es una realidad bipartidista —una realidad bipartidista de la que España debería ser consciente— que, en cualquier caso, Washington apoyará a Marruecos porque considera que Marruecos es un aliado más dócil que una España libre e independiente.
P.- Un debate que ha surgido en las últimas semanas es la posibilidad de que Washington opte por trasladar sus
bases militares de Rota y Morón de la Frontera a la costa marroquí… R.- Creo que es una cuestión de costes y beneficios. Si a los estadounidenses les sale más caro que mantenerlas en España, no se irán de España. Pero si recibieran alguna ayuda económica o facilidades por parte de los marroquíes, lo harían. Pero, por ahora, creo que trasladar las bases de Europa a África es una empresa demasiado costosa para el ejército estadounidense, y que probablemente no sucederá.