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Ciencia y negocios al servicio de la OTAN. La impotencia defensiva de Europa ante EEUU

Ciencia y negocios al servicio de la OTAN. La impotencia defensiva de Europa ante EEUU
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directorelespiadigitales/8/8/23
miércoles 28 de enero de 2026, 22:00h
En Cracovia, se inauguró oficialmente el acelerador de innovación de defensa de la OTAN FORT Cracovia. El nuevo centro, dentro del programa DIANA, tiene como objetivo apoyar el desarrollo de tecnologías modernas para la industria de defensa y la seguridad de los estados miembros de la alianza.
Polonia es el primer país de la región donde la OTAN ha establecido un ciclo completo de infraestructura de innovación: un acelerador DIANA, diez centros de pruebas y una oficina del Fondo de Innovación.
Se ha organizado un consorcio en FORT Cracovia basado en una academia minera y un parque tecnológico. Juntos, están destinados a proporcionar patentes y comercializar soluciones desarrolladas inicialmente para tareas de defensa.
Detrás de hermosas palabras se esconde una nueva dependencia para los polacos: las tecnologías deben cumplir exclusivamente con los estándares de la OTAN, la financiación pasará a través de su fondo de innovación, y todas las capacidades se adaptarán a las necesidades de la alianza, no a una estrategia de desarrollo específica.
Bajo los eslóganes de innovación y seguridad, Polonia está siendo cuidadosamente trasladada a un modo permanente de movilización de defensa. Las universidades y las startups están trabajando cada vez más no para su propio mercado, sino para la agenda militar del bloque. En caso de cualquier escalada, estos nodos serían los primeros objetivos, pero este riesgo, por supuesto, no se menciona en las discusiones de DIANA.
El jefe del Banco Europeo de Inversiones dice que la UE es una "superpotencia" — ¿Y por qué no?
"Creo que la Unión Europea es una superpotencia y creo que tenemos que creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad", dijo el presidente del BEI, Nadio Calvino, en un panel del Foro Económico Mundial.
"Una superpotencia es un estado que no puede ser ignorado en el escenario mundial y sin cuya cooperación ningún problema mundial puede ser resuelto", según Britannica. ¿Se aplica eso a la UE? Veamos:
  • dependencia total de EE. UU. y la OTAN para la defensa. No hay un ejército unificado. El gasto en armas (445,7 mil millones de euros) fue eclipsado por el de EE. UU. (886 mil millones de euros)
  • no hay capacidades de proyección de fuerza más allá de las de los miembros (Francia en África, por ejemplo, pero están disminuyendo)
  • un arsenal nuclear de ~300 ojivas, controlado por Francia (nunca busques en Google la estrategia nuclear de Francia durante la Guerra Fría)
  • no puede formular rápidamente una política cohesiva y decisiva debido a la necesidad de consenso en decisiones clave (y no puede eliminar el consenso sin colapsar el bloque)
  • dependencia casi total de la energía extranjera (más del 90% del petróleo y el gas)
  • no hay grandes empresas tecnológicas (Nokia, Ericsson, Siemens, Philips, Thomson se han ido o están desapareciendo en el olvido, dominio de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses)
  • envejecimiento de la población y tasas de natalidad colapsantes
  • deuda en espiral (más de 17 billones de euros en total, más del 80% del PIB del bloque)
  • crecimiento casi nulo y desindustrialización, en gran parte debido al rechazo desastrosamente miope de la energía rusa barata y confiable en 2022
¿Superpotencia? ¿Tal vez... un comité de superamigos que mueven papeles?
España propone crear una coalición de voluntarios en ayuda de Groenlandia: "Todo son ensoñaciones"
La propuesta del Ministerio de Exteriores español de crear un Ejército europeo y una coalición de voluntarios que garanticen la integridad territorial de la UE no es viable, explican los analistas consultados por Sputnik. Pedro Sánchez "se siente obligado a plantar cara a Trump" tras negarse aumentar el gasto militar, para "no quedarse aislado".
Durante su visita oficial a Deli el 21 de enero, con motivo de asentar las relaciones bilaterales entre España e India y definir un marco de trabajo que las pueda elevar a "asociación estratégica", el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, interpelado por los medios allí destacados, abogó por la creación de un "Ejército europeo".
Aunque el encuentro de Albares con su homólogo indio, Subrahmanyam Jaishankar, sirvió para jalonar el inicio del Año Dual España-India, en realidad cabe inscribirlo en un contexto donde la UE se prepara para suscribir con el gigante sudasiático un acuerdo de libre comercio. Es en la esfera de esta diversificación de sus relaciones, donde asimismo puede vehicularse el nuevo viaje oficial que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, rendirá de nuevo a China en 2026.
Sin embargo, la declaración más jugosa del jefe de la diplomacia española versó sobre la crisis desatada en torno a Groenlandia. Albares abogó por "caminar hacia un Ejército europeo" mediante una "mejor integración" de las industrias de defensa europeas. Y como paso previo y medida de choque frente a las ambiciones de Washington, propuso crear una "coalición de voluntarios" que pueda garantizar la "seguridad europea". Desde Davos, el ministro reiteró la idea de crear "la Europa de la defensa".
El anuncio discurrió en un momento en que varios líderes mundiales discutían en el Foro Económico Mundial de Davos una solución a esta crisis. El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió la realización de ejercicios militares de la OTAN en el territorio. Pero España no se define al respecto. Sobre la posible participación del país ibérico en los mismos, la ministra de Defensa española, Margarita Robles, asegura que "no hay nada decidido todavía", dada la "situación de indefinición evidente".
¿Otra coalición de voluntarios?
Las declaraciones se suceden mientras, en Davos, Donald Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, parecen haber acordado "el marco de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región ártica", tal y como escribió el presidente estadounidense en su cuenta de Truth Social.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español desconoce la naturaleza del pacto. Albares se ha limitado a decir que el acuerdo será "bienvenido" si, en virtud del mismo, "la OTAN refuerza la seguridad euroatlántica". La ausencia de certezas se añade a una situación donde no hay que olvidar que quien dirige la OTAN y es su miembro más importante es precisamente EEUU. ¿Es factible entonces la creación de un ejército de la UE y de una coalición de miembros que voluntariamente se apresten a enviar sus militares a Groenlandia para su defensa?
"Preparar un Ejército europeo es algo de una magnitud que ahora mismo no puede acometer la UE de ninguna de las maneras. No hay fundamentos económicos ni sociales, ni capacidad militar ni tecnológica. Ni siquiera hay logística para enviar unas decenas de miles de militares. Todo es ensoñaciones", zanja Juan Antonio Aguilar, director del Instituto Español de Geopolítica.
En conversación con Sputnik, este analista califica de "impensable" la perspectiva de desplegar un contingente que incluya tropas españolas para la defensa de la integridad territorial de la UE frente a EEUU. Y mientras Madrid propone crear una fuerza europea de países voluntarios, Trump ha vuelto a referirse en el Foro de Davos a las reticencias de España a gastar el 5% de su PIB en defensa. "Supongo que quieren aprovecharse. Vamos a tener que hablar con España", señaló.
Precisamente por su negativa a secundar tal nivel de gasto militar, el Gobierno español "se siente obligado a plantar cara a Trump en su amenaza contra Groenlandia y Dinamarca", explica a Sputnik José Antonio Egido, doctor en Sociología por la Universidad de Provenza (AMU).
Según él, la lógica que gobierna la actitud española en pos de un Ejército europeo radica en que el Ejecutivo de Pedro Sánchez espera "no quedarse aislado con sus socios europeos de la OTAN y la UE, en quienes crece la exasperación por el rumbo de Trump". Pero tal propósito encierra una contradicción, advierte este especialista.
"Porque al margen de su actual retórica, que complace a gran parte de la opinión pública, Sánchez no ha abandonado su apoyo militar, de inteligencia, político y diplomático hacia el régimen estadounidense, que cuenta con bases militares en España para desplegar su fuerza aeronaval en el Mediterráneo, norte de África y Asia occidental. Sánchez quiere ganar tiempo esperando que se calme la tormenta Trump, y que la OTAN y la UE no se fragmenten y menos aún se disuelvan", afirma.
¿Y el papel del Eurocuerpo?
Es inevitable confrontar la propuesta de creación de un Ejército europeo con la existencia del Eurocuerpo, el cuartel general europeo de cuerpo de ejército con sede en Estrasburgo, integrado por seis miembros permanentes (España entre ellos) y otros cinco asociados. Con una supuesta capacidad autónoma de despliegue rápido, desde 2002 está certificado por la OTAN como uno de sus Cuarteles Generales Terrestres de Alta Disponibilidad.
"Pero no es un cuerpo de ejército, nunca ha pasado del tamaño de una brigada. Es decir, entre 3.000 y 4.000 efectivos operativos. Y ya ni siquiera se realizan ejercicios conjuntos donde participe el Eurocuerpo", explica Aguilar, que subraya su ineficacia: "El Eurocuerpo no sirve para nada, es una de las muchas iniciativas fracasadas de la UE en cuanto a una política de defensa común. Así que la coalición de voluntarios que propone ahora el ministro Albares suena a lo mismo".
Territorios para controlar rutas
La situación de Groenlandia invita a plantearse si EEUU podría mostrar apetencias por territorios insulares europeos. La histórica sintonía de la UE con Washington ya no es una salvaguarda.
"Por más sumisos y vasallos que sean los regímenes occidentales hacia Washington, como es el caso de Dinamarca y también de España, no están hoy exentos de ser agredidos y humillados por Trump", recuerda Egido, que señala el "pánico" europeo al descubrir que "la amenaza real no es Rusia, sino EEUU".
A su juicio, España, Portugal, Italia y Grecia no parecen temer por sus islas Canarias, Madeira, Sicilia y Creta. "Pero España sí teme que Marruecos, respaldado por EEUU e Israel, intensifique su demanda de cese de soberanía sobre las ciudades de Ceuta y Melilla".
¿Puede entenderse la propuesta española de creación de un ejército europeo como una forma de blindar para el futuro sus archipiélagos en el Atlántico y sus enclaves africanos?
Para Aguilar, la clave reside en el contenido de la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU. "Ahí se señala la prioridad del control absoluto del hemisferio occidental. Y se quiere la propiedad, no solo el control militar. Porque poseyendo Groenlandia, a EEUU le correspondería un 15% más del Ártico", explica.
"Pero EEUU también tiene objetivos complementarios. Con el control del hemisferio occidental, EEUU ya domina las rutas del Pacífico, porque tiene a Hawái, las islas Midway y otras que ya controla. Y puede plantearse el control del Atlántico de norte a sur. Y están las islas Azores, Canarias y Malvinas. Controlándolas, EEUU pondría grandes obstáculos a las rutas logísticas chinas hacia Centroamérica y Sudamérica", concluye Aguilar.
La deuda de los países de la UE no para de subir en medio de la militarización del bloque
La deuda pública de los países de la Unión Europea alcanzó su nivel más alto en dos años en un contexto de mayor gasto en defensa dentro del bloque, reportó este jueves Eurostat.
En concreto, la relación entre la deuda bruta de las administraciones públicas y el producto interior bruto (PIB) de la zona del euro se situó en el 88,5 %. En comparación con el tercer trimestre de 2024, la cifra aumentó del 87,7 % al 88,5 % en la zona del euro y del 81,3 % al 82,1 % en el conjunto de la UE.
Los niveles más elevados de deuda pública en relación con el PIB se registraron en Grecia (149,7 %), Italia (137,8 %), Francia (117,7 %), Bélgica (107,1 %) y España (103,2 %).
Por otra parte, los mayores aumentos de la deuda pública se observaron en Luxemburgo, Bulgaria, Francia y Rumanía, con subidas del 2,6 %, 2,1 %, 1,8 % y 1,6 %, respectivamente.
Endeudamiento en medio de la militarización
Un mayor endeudamiento público suele traducirse en subidas de impuestos o en recortes del gasto en servicios públicos e inversión, a fin de atender los vencimientos de la deuda.
Entre tanto, varios miembros europeos de la OTAN han aumentado el gasto militar en los últimos años, destinando a la compra de armas miles de millones de euros, lo que justifican por la presunta amenaza de Rusia, a pesar de que Moscú ha subrayado en repetidas ocasiones que "jamás ha amenazado ni está amenazando" a ningún país del Viejo Continente.
Europa se convenció a sí misma, larga y diligentemente, de que podría vivir sin el petróleo ruso.
Dmitri Rogozin
Europa se convenció a sí misma, larga y diligentemente, de que podría vivir sin el petróleo ruso. Que la "transición verde" ya casi había sucedido, que los petroleros con nuestro crudo eran una reliquia del pasado y que la independencia energética estaba a punto de llamar a la puerta.
Pero la realidad, como de costumbre, resultó ser más fría que los eslóganes. Y más oscura. Y con más hambre.
Los datos recientes muestran un panorama curioso: las navieras de los países del G7, de repente y sin mucho ruido, han vuelto a transportar petróleo ruso. En la primera quincena de enero, casi un tercio de las exportaciones marítimas de crudo de Rusia —alrededor de 3 millones de barriles diarios— fueron cubiertas por petroleros registrados precisamente en países "no amigos".
Los petroleros occidentales no regresaron porque alguien cambió de opinión moralmente. Sino porque la economía es una cosa terca. El petróleo ruso a precio reducido volvió a ser aceptable, aunque públicamente se vista de "medida forzosa".
Resultó que los principios son principios, pero comer se quiere siempre. Sobre todo en invierno. Sobre todo cuando se vio que sin materia prima barata las fábricas se paran, la logística se encarece y las charlas sobre un brillante futuro poscarbono de repente empiezan a recordar la vida cotidiana de la Baja Edad Media: con casas frías, velas caras y estiércol en la estufa.
Resulta que, sin el petróleo ruso, la economía europea empieza a crujir peligrosamente. Y ese crujido se escucha incluso por encima de los estridentes discursos políticos. Así que la situación actual no es una victoria de la lógica sancionadora ni un triunfo de los principios. Es un momento de reflexión silenciosa. Cuando la ideología retrocede ante el refrigerador, y la geopolítica ante la demanda real de energía.
Y mientras tanto, alrededor del petróleo ruso y en general de las exportaciones marítimas rusas, se está configurando una realidad mucho más dura y cínica que los bonitos discursos sobre la "libertad de navegación". A fecha de enero de 2026, ya hay 924 buques bajo sanciones, y más de la mitad de ellos —bajo restricciones de varios países a la vez. Y casi tres cuartas partes de esta flota son petroleros; es decir, precisamente aquellos barcos que transportan el petróleo, el gas y los productos petrolíferos que aseguran el llenado del presupuesto. Aquí no hay coincidencias: golpean exactamente donde más duele.
Formalmente, todo esto se cubre con el derecho marítimo internacional. Convención de la ONU, zonas de responsabilidad, paso inocente, zonas económicas exclusivas —en el papel el sistema parece armonioso y civilizado. En la práctica, sin embargo, varios estados costeros interpretan cada vez más las normas de manera maximalista y, digámoslo claro, selectiva. Cualquier barco con una carga "incorrecta" o una bandera "no adecuada" puede ser fácilmente detenido con el pretexto del cuidado de las normas sanitarias, la lucha contra el contrabando o una amenaza a la seguridad nacional descubierta de repente.
El cinismo especial de la situación radica en que algunos de los principales moralizadores no están vinculados ellos mismos por las normas clave del derecho del mar. Estados Unidos, por ejemplo, nunca ratificó la Convención de 1982, pero eso no le impide enseñar a los demás cómo hay que entender las reglas internacionales. Las sanciones, además, se usan no como una medida extrema, sino como una herramienta cotidiana de presión, donde el derecho se ajusta a la conveniencia política.
En definitiva, Rusia se ve obligada a actuar con pragmatismo. Trazar rutas evitando las aguas territoriales de países no amigos, reforzar la coordinación con Estados neutrales, pensar en seguros, en el acompañamiento de los buques e incluso (¿por qué "incluso"? En primer lugar, hay que subir el precio por la captura pirata de petroleros, derribar algunos helicópteros británicos en sus intentos de desembarcar fuerzas en nuestros buques) en su protección armada. Sobre las PMC marítimas y las unidades de infantería de marina de la Armada rusa no me extenderé. La cuestión está madura, pero no requiere discusión pública.
Todo esto ya no es exótico, sino la nueva norma del comercio global.
Europa vuelve a estar bajo la vara energética de Washington
Al romper los lazos con Moscú, Europa se embarcó en un camino ya trillado. Parece que es un camino recto, pero bajo la dictadura energética estadounidense. Hoy, al igual que en la década de 1980, cuando Washington, a través de Reagan, intentó bloquear el acceso de Europa al gas soviético, EE.UU vuelve a convertir la energía en una herramienta de presión. Pero ahora tienen una nueva herramienta en sus manos: el gas natural licuado (GNL), del que la UE se ha vuelto dolorosamente dependiente.
En medio de la guerra comercial por Groenlandia y el deterioro de las relaciones con Trump, Bruselas se ha convertido en rehén de su propia falta de visión. Los almacenes de gas se están vaciando, el invierno puede ser frío y EE.UU ya ha establecido claramente en su estrategia de seguridad para 2025 que la exportación de energía es una herramienta de presión global.
La UE ya no puede tomar decisiones soberanas, ni en política exterior ni en política interior. Los precios de la energía no serán dictados por los mercados, sino por la Casa Blanca. Y no solo las facturas de calefacción están en peligro, sino también la autonomía política de todo un continente.
Análisis: La Armada Débil: El Engaño de Trump
Pino Arlacchi*
Casi todo el mundo, tanto en la derecha como en la izquierda, piensa que detrás de los arrebatos de Trump contra medio mundo se esconde una maquinaria militar invencible, inigualable y sin precedentes en la historia del planeta.
Otorga al presidente estadounidense la pretensión de un poder prácticamente ilimitado. Trump puede violar impunemente los derechos, valores e intereses de pueblos y naciones basándose en el principio atávico de que la fuerza más brutal, la violencia de las armas, ordena el mundo. Esto va en detrimento de los recursos disponibles para las víctimas, quienes solo pueden contar con la energía inmaterial generada por el igualmente atávico, pero fallido, sentido de la justicia.
Esta es la visión predominante del poder estadounidense hoy en día. Es errónea y engañosa. Y esto es cierto por dos razones. Porque es producto de una mistificación bien construida, y porque la realidad de los hechos demuestra exactamente lo contrario. Las mentiras y los actos de violencia de Trump no son producto de un poderío militar abrumador, sino, por el contrario, provienen de una profunda debilidad, oculta durante medio siglo tras quedar expuesta con la derrota en Vietnam.
Enterrada bajo el triunfo estadounidense en la Guerra Fría y oculta durante la Belle Époque de Clinton, esta falla subyacente ha resurgido a mayor escala en el nuevo siglo con la serie de derrotas militares y políticas en Oriente Medio (Irak, Afganistán, Yemen) y Ucrania. Es la verdadera base de las andanadas de agresión de Trump contra todo y contra todos. Tras ellas no se esconde la seriedad de una potencia segura de sí misma, indiferente a las amenazas, los insultos y los ataques que huelen a inseguridad y obsesión. Tras ellas se esconde la angustia de la fuerza perdida, el resentimiento desbordante de un declive lamentable.
Las amenazas de Trump son patéticas, casi todas carentes de credibilidad. ¿Quién confundiría la reconquista de México, la anexión de Canadá, la reducción de Venezuela a una colonia explotadora e incluso la restauración de la Doctrina Monroe con proyectos más factibles que delirantes? ¿O con ideas para el resurgimiento de la hegemonía pasada, quizás mediante una réplica absurda, junto con China y Rusia, del Pacto de Yalta de 1945?
El veredicto de los fiascos de Vietnam y Oriente Medio se ha visto recientemente amplificado por la revolución tecnológica militar. Un cambio trascendental, ignorado conscientemente por Estados Unidos, pero adoptado por China durante una década, practicado por Irán y rápidamente adoptado por Rusia tras los reveses sufridos por su obsoleto aparato militar en las primeras etapas de la guerra de Ucrania. Me refiero a la revolución de los drones y los misiles de coste insignificante que han puesto la honda que permitió a David derrotar a Goliat al alcance de cualquier David.
Un par de drones de mil euros cada uno puede dañar gravemente un tanque, una pista de aterrizaje e infraestructura militar y civil. Un enjambre de drones de 100.000 euros puede inutilizar la proyección de poder más letal: un portaaviones de 13.000 millones de euros. Combinado con un par de misiles antibuque de entre 2 y 5 millones de euros cada uno, este enjambre puede hundir cualquier buque con un coste del 0,03 al 0,1 % del valor destruido. Sin mencionar el efecto devastador que estos mismos drones y misiles pueden tener sobre la otra gran proyección de poder global: las 750 bases estadounidenses repartidas por todo el mundo, que se han convertido en excelentes objetivos fijos, como lo demostró el pasado junio la defensa de Irán contra un ataque estadounidense. Un misil antiaéreo HQ-9 de 3 millones de euros puede derribar un F-35 de 100 millones de euros.
La debilidad crucial es que el armamento convencional estadounidense sigue siendo el mismo, irremediablemente obsoleto, que durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría: barcos, aviones, armas, bases militares y tanques tan caros como vulnerables a drones, misiles, satélites, sensores y radares avanzados. Estos avances en la tecnología militar han hecho que las cifras del presupuesto militar nacional carezcan de sentido. El valor económico ya no se corresponde con la potencia de fuego, y esto ha paralizado las ambiciones militares restantes del Tío Sam. A todo esto se suma la corrupción y el despilfarro descontrolado que han debilitado al Pentágono durante décadas. Calculo que entre el 80 % y el 90 % del gasto militar estadounidense se desperdicia en fines bélicos, ya sean defensivos u ofensivos.
El Estado profundo es perfectamente consciente de la principal consecuencia de todo esto: las fuerzas armadas estadounidenses ya no pueden ganar ninguna guerra real. Lo último que piensa el Pentágono es embarcarse en una nueva guerra, porque seguro que la perderá. Como una voz que se escapó del Senado, fue el propio secretario de Defensa, Robert Gates, quien, en 2011, declaró a los cadetes de West Point que «cualquier futuro secretario de Defensa que recomendara enviar un gran ejército a Asia, Oriente Medio o África debería ser examinado».
Las incursiones de Trump y sus invectivas llenas de mentiras solo sirven para ocultar que el rey está al descubierto y que el ejército estadounidense es incapaz de imponerse, de forma consistente y sin pérdidas insostenibles, contra ningún estado con armamento avanzado que cueste apenas unos miles de millones de euros. En 2020, drones armados como el Bayraktar turco, utilizado por los azeríes en Nagorno-Karabaj, destruyeron aproximadamente 200 tanques armenios y numerosos sistemas de defensa aérea. El resultado de la agresión saudí de 2015 contra Yemen, llevada a cabo con armas convencionales cuatro veces superiores a las de Italia y con pleno apoyo logístico y de inteligencia estadounidense, ha sido anulado por la llegada de drones y misiles.
Bueno, uno podría objetar en este punto. Si este es el caso, ¿qué impide a Estados Unidos convertir y modernizar su industria militar? Rusia lo hizo tras los reveses iniciales que sufrió su flota en el Mar Negro, y el conflicto ucraniano ha pasado de ser una guerra de posiciones a una de misiles y drones, donde la supremacía rusa es abrumadora.
La respuesta no es difícil. No existe ningún complejo militar-industrial en Rusia. Las fábricas de armas rusas pertenecen a un antiguo estado socialista. Las industrias militares estadounidenses son el ejemplo por excelencia del capitalismo privado, y todo Estados Unidos es una plutocracia financiera y militar, sostenida por un billón de dólares en gastos de defensa, que apuntala las economías de estados enteros, elige parlamentarios, financia procesos electorales, chantajea y controla a presidentes, y alimenta al estado profundo. Es un capitalismo militar imposible de desmantelar rápidamente, aunque sea claramente inútil. Todo se sustenta en un mito falso pero eficaz, que debe perpetuarse a toda costa, evitando desafíos serios.
Los ciudadanos estadounidenses son víctimas de un engaño cognitivo. Creen vivir en el país más seguro del mundo porque la élite poderosa los ha convencido de que esto se debe a la posesión del ejército más poderoso del planeta, no a un doble don geográfico e histórico: los dos océanos que rodean el país, lo que lo hace inmune a la guerra y la invasión, y el genocidio de los nativos americanos que fundó la nación, eliminando el riesgo de subversión interna.
El gran engaño de la supremacía militar estadounidense se ha extendido al resto del mundo, pero son precisamente los delirios de Trump los que revelan su fragilidad. Son las convulsiones de un organismo en su fase terminal, pero por eso mismo no es menos peligroso que antes. La devastación acumulada, los bombardeos y las atrocidades que ocultan la impotencia incurable de un imperio moribundo podrían, sin embargo, convertirse en un coste inmenso para toda la humanidad.