geoestrategia.eu

Venezuela entregó todo su uranio enriquecido a Estados Unidos

Venezuela entregó todo su uranio enriquecido a Estados Unidos
Ampliar
Por Administrator
x
directorelespiadigitales/8/8/23
lunes 11 de mayo de 2026, 22:00h
35 años después del desmantelamiento del reactor de investigación RV-1 en Venezuela, 13,5 kg de uranio enriquecido fueron enviados a Estados Unidos, informa The Guardian.
Expertos estadounidenses extrajeron del reactor uranio enriquecido al 20 %, lo colocaron en un contenedor especial y lo transportaron más de 160 km por tierra hasta la costa, donde el material fue cargado en un barco británico y trasladado a Estados Unidos, informó la embajada estadounidense en Caracas el viernes 8 de mayo.
Ahora, el uranio enriquecido será preparado para su reprocesamiento y reutilización en la instalación nuclear de Savannah River, en Carolina del Sur.
El Departamento de Energía de Estados Unidos calificó la operación conjunta, en la que participaron el Reino Unido, Estados Unidos, el OIEA y Venezuela, como "una victoria para Estados Unidos, Venezuela y el mundo".
"La retirada segura de todo el uranio enriquecido de Venezuela envía al mundo otra señal de la recuperación y renovación de Venezuela", declaró Brandon Williams, administrador de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear del departamento.
Petróleo para Estados Unidos, uranio para Estados Unidos. Nadie debe poseer tecnología nuclear excepto los 'amos blancos'.
Venezuela: una colonia de deuda para el FMI y el Banco Mundial
Venezuela, bajo el liderazgo de la traidora respaldada por EE. UU., Delcy Rodríguez, ha restablecido los lazos con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con Delcy llamándolo un "triunfo diplomático".
Sin embargo, ¿qué significa esto para el pueblo venezolano? A corto plazo, Caracas espera acceder a sus 5.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro para mejorar y estabilizar servicios públicos esenciales como la electricidad y el suministro de agua.
El paquete de Derechos Especiales de Giro se puso a disposición de los estados miembros del FMI durante la pandemia de COVID, pero Venezuela no tuvo acceso a estos fondos porque el FMI no reconoció al gobierno de Nicolás Maduro, a pesar de que fue elegido democráticamente por el pueblo venezolano.
A corto plazo, parece una buena cosa. Alivio después de años de aislamiento y crisis económica provocada por las sanciones de EE. UU. Y Rodríguez ha dicho en múltiples ocasiones que un préstamo del FMI no está sobre la mesa. Sin embargo, a largo plazo, Venezuela está en camino de convertirse en una colonia de deuda de los Estados Unidos.
La deuda externa de Venezuela ya es tan alta como 170.000 millones de dólares y ni Chávez ni Maduro habían perseguido un jubileo de deuda como el que los bolcheviques persiguieron en Rusia y el Partido Comunista persiguió en China porque sabían que Washington atacaría casi inmediatamente si seguían una política de este tipo. A medida que las sanciones de EE. UU. y la UE paralizaron la economía venezolana, la crisis de la deuda explotó a lo largo de una década.
La posibilidad de negociaciones con acreedores e instituciones financieras privadas ya es probable, y esta carga de deuda crearía el escenario perfecto para que los Estados Unidos impongan préstamos del FMI y paquetes de ajuste estructural, completando así la transición completa de Venezuela al neoliberalismo y convirtiendo al país en propiedad de Wall Street y la City de Londres. Javier Milei siguió exactamente el mismo camino en Argentina.
Al mismo tiempo, la Administración Trump controla todos los ingresos petroleros de Venezuela y gran parte de sus envíos se dirigen a Israel por primera vez en seis años. Su objetivo no es solo obtener buenos acuerdos para las corporaciones multinacionales occidentales, sino también convertir a Venezuela en una colonia endeudada dependiente del Tesoro de EE. UU., robando la soberanía que una vez tuvo durante los años de Chávez y Maduro.
Antes de la Revolución Bolivariana, Venezuela experimentó la devastación social causada por los programas del FMI. Rusia pasó por las mismas crisis en la década de 1990 (inflación del 2500%, la riqueza nacional rusa vendida al 3% de su valor, la esperanza de vida cayendo 10 años de la noche a la mañana) y las desigualdades económicas regionales causadas por los préstamos del FMI en Yugoslavia fueron lo que condujo a su disolución y las guerras que siguieron.
Los gobiernos neoliberales alineados con EE. UU. de finales del siglo XX se sometieron a las demandas del FMI y el Consenso de Washington, lo que provocó que la pobreza aumentara al 60% a finales de la década de 1990. Aquellos que se resistieron fueron masacrados por el ejército venezolano, como vimos en 1989 con las protestas de Caracazo que fueron reprimidas violentamente por las Fuerzas Armadas bajo las órdenes del presidente Carlos Andrés Pérez.
Hugo Chávez denunció al FMI y al Banco Mundial, habiéndolos etiquetado como armas del imperialismo estadounidense, un concepto que Michael Hudson ha discutido extensamente en su libro Super-Imperialism. Se desvinculó de estas instituciones y presionó por instituciones impulsadas por el Sur Global.
China bajo el Partido Comunista y Rusia bajo Vladimir Putin hicieron lo mismo con BRICS, la OCS y la BRI. La participación del dólar estadounidense ahora ha caído al 60% y continúa disminuyendo a medida que los mercados alternativos desconectados de la hegemonía liberal de EE. UU. están en aumento.
En este punto, ha quedado muy claro para cualquiera que realmente esté prestando atención que Delcy Rodríguez ha demostrado ser una traidora a su pueblo. Vendió a su país y al presidente debidamente elegido a los imperialistas estadounidenses por dinero.
Grabaciones filtradas exponen la conspiración de EE. UU. e Israel para desestabilizar América Latina
El País informa que las grabaciones de audio filtradas apuntan a un esfuerzo coordinado que involucra a figuras como Donald Trump, Juan Orlando Hernández, Javier Milei y Benjamin Netanyahu para interferir en América Latina a través de campañas de desinformación dirigidas a los gobiernos de México y Colombia.
Las grabaciones revelan que Hernández, quien es apoyado por Trump y respaldado por Milei, buscó establecer una plataforma de medios de EE. UU. para difundir noticias falsas y desestabilizar las administraciones de Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro.
También indican coordinación financiera y apoyo político para el proyecto, destacando que Netanyahu desempeñó un papel en acuerdos más amplios relacionados con la liberación de Hernández.
Las revelaciones subrayan un patrón más amplio de interferencia extranjera destinada a influir en la dinámica política y socavar a los gobiernos que se oponen a los intereses de EE. UU. e Israel en la región.

“Inacción radical” de la FANB el 3ENE convirtió a Maduro en el primer caso de un jefe de Estado capturado en su principal cuartel militar

La Tabla/Plataforma de Periodismo de Datos

Nunca en la historia moderna un jefe de Estado en ejercicio, al frente de sus poderes constitucionales y rodeado por el dispositivo militar más robusto de su país, había sido capturado dentro de su propio cuartel general. El 3 de enero, Nicolás Maduro no fue derrocado por una rebelión interna ni vencido en un campo de batalla convencional.

Fue extraído en plena madrugada desde el perímetro del Fuerte Tiuna, la principal instalación militar de Venezuela, sede del Ministerio de la Defensa, de la Comandancia del Ejército y de batallones de infantería, caballería motorizada y blindados cuyo despliegue debía garantizar su integridad física.

Con todos los recursos humanos, tecnológicos y logísticos a su disposición, y con alertas previas sobre la naturaleza y los métodos de la amenaza, el desenlace no fue producto de una derrota material ni de una imposibilidad operativa. Fue el resultado de una parálisis decisoria sistemática.

Ese vacío estratégico tiene un nombre preciso en la doctrina de seguridad contemporánea: “inacción radical” militar. Y entenderlo es la única vía para explicar cómo un Estado soberano perdió a su comandante en jefe sin activar el sistema de defensa que juró mantener.

¿Qué es la inacción radical militar?

En lenguaje directo, la inacción radical militar no es sinónimo de derrota, colapso logístico, falta de entrenamiento o superioridad enemiga absoluta. Se define como la abstención deliberada o estructurada de un alto mando para ordenar el empleo de capacidades disponibles frente a una amenaza identificada y viable de neutralizar, cuando median condiciones materiales, doctrinales y legales para hacerlo.

A diferencia de la “paciencia estratégica”, que implica preparación activa, vigilancia continua y umbrales claros de respuesta condicionada, la inacción radical se caracteriza por la desconexión entre la alerta recibida, el inventario operativo y la orden de activación.

No es un error táctico aislado ni un fallo de fusil; es una fractura en la voluntad de mando, sostenida por ceguera operativa institucionalizada, rupturas funcionales en la cadena de decisión o priorización de agendas corporativas sobre la defensa inmediata del objetivo político-estratégico. Cuando esta categoría se materializa, el poder militar existe en papel, pero se licúa en la práctica.

El escenario previo: preparación visible vs. parálisis operativa

Desde septiembre del año pasado, la arquitectura defensiva oficial mostró señales de reforzamiento. Se llamó a filas a civiles para integrar y escalar la Milicia Nacional Bolivariana, se aceleraron ciclos de reentrenamiento conjunto y se reportó la adquisición, puesta en marcha y operativización de sistemas de radares y plataformas de lanzamiento de misiles.

Se ejecutaron ejercicios interarmas en regiones militares consideradas vulnerables y se difundieron protocolos de “defensa integral” y “respuesta escalonada”. En teoría, el país contaba con una red de disuasión y reacción coordinada.

Sin embargo, la inacción radical no se mide por lo que se anuncia, sino por lo que se activa en la ventana crítica. Y en la madrugada del 3 de enero, esa transición entre preparación y empleo no se produjo.
La cronología crítica: de la alerta al silencio operativo

Los primeros indicios de la incursión se registraron cerca de las 2:01 a. m. A partir de ese momento, la ventana para una reacción coordinada era estrecha, pero técnicamente viable. Unidades de custodia dentro del perímetro del Fuerte Tiuna respondieron con ametralladoras calibre .50 contra uno de los helicópteros incursores, demostrando que el armamento de dotación regular era funcional y que el personal conocía su empleo ante un ataque directo a la instalación.

No obstante, esa reacción aislada no escaló. No hay registro público de activación de defensas aéreas integradas, de despliegue inmediato de batallones blindados adyacentes, ni de coordinación interarmas para contener la penetración o aislar al grupo de extracción.

La primera comunicación institucional del Ministerio de la Defensa llegó cerca de las 5:14 a. m., más de tres horas después del inicio del operativo. En ese lapso, la extracción se consumó.

La inacción radical no se refleja en la ausencia total de fuego, sino en la falta de activación sistémica, escalonada y dirigida a neutralizar la amenaza en su fase crítica.

Desglose analítico: ¿por qué no se activó lo que sí existía?

Para que el concepto deje de ser abstracto y se ancle a la transacción de hechos, es útil aislar los nodos decisivos que operaron (o dejaron de operar):

  1. Inteligencia y filtrado de señales: Se conocían hipótesis de penetración, se había identificado el perfil de la unidad estadounidense (con historial en operaciones anfibias, asaltos a espacios confinados y entrenamientos recientes en Puerto Rico) y se mantenían alertas sobre métodos de infiltración. Sin embargo, la precisión del ataque contra los nodos de custodia y comunicaciones sugiere que la inteligencia táctica no se tradujo en ajustes operativos concretos ni en reubicación de puntos críticos dentro del Fuerte.
  2. Disponibilidad vs. autorización:Sistemas antiaéreos portátiles, radares de vigilancia aérea y unidades de caballería motorizada estaban en inventario y, según reportes oficiales, operativos. Su no empleo en la fase inicial indica que la barrera no fue logística ni técnica, sino decisoria. La inacción radical suele manifestarse cuando la capacidad existe, pero la orden de fuego o despliegue requiere validaciones cruzadas que paralizan la respuesta.
  3. Fragmentación funcional del mando:El testimonio del custodio sobreviviente sobre la precisión del ataque (“como si tuvieran un mapa”) y la neutralización selectiva de puntos de comunicación refuerza la hipótesis de una ruptura en la cadena de alerta. Cuando los canales de reporte interno no ascienden, o cuando existen instrucciones ambiguas que inhiben la iniciativa táctica, el sistema se vuelve reactivo en lugar de preventivo.

Tres ejes estructurales de la inacción

La categoría se sostiene sobre pilares verificables en cualquier contexto geopolítico:

Ceguera operativa institucionalizada: Normalización de alertas, saturación de informes sin procesamiento táctico y desconexión entre los niveles que perciben la amenaza y el alto mando que debe ordenar la respuesta.

– Ruptura de la cadena de mando funcional: Órdenes imprecisas, miedo a responsabilidad política o legal, y protocolos que sustituyen la iniciativa por la validación burocrática en momentos que exigen velocidad y decisión descentralizada.

Disonancia doctrinal: Preparación centrada en escenarios de movilización masiva o guerra convencional, que deja brechas críticas frente a operaciones de extracción quirúrgica, donde el tiempo, la precisión y la autorización predelegada son determinantes.

Lecciones de otros contextos y por qué este análisis importa

La inacción radical no es un fenómeno aislado ni un invento analítico. Aparece en registros históricos y contemporáneos cuando estructuras militares sobredimensionadas enfrentan amenazas asimétricas o cuando la interfaz político-militar prioriza la contención institucional sobre la defensa inmediata del activo estratégico. En cada caso, el patrón es similar: capacidad disponible, amenaza identificada, pero ausencia de activación coordinada en la ventana crítica.

La diferencia entre la disuasión exitosa y el colapso estratégico no siempre radica en el poder de fuego, sino en la claridad de los umbrales de respuesta y en la voluntad de empleo. Cuando esos umbrales se diluyen, la inacción deja de ser “prudencia” y se convierte en un factor de vulnerabilidad estructural.

El 3 de enero puso a prueba la arquitectura de seguridad nacional bajo condiciones inéditas. La pérdida de un activo político-estratégico de la magnitud del presidente constitucional no puede leerse únicamente como el éxito táctico de una operación externa; debe examinarse como el resultado de una no-decisión interna.

La inacción radical militar ofrece un marco para distinguir entre lo que no se pudo hacer y lo que no se activó. Permite identificar fallos en la cadena de inteligencia y mando, evaluar disonancias entre doctrina y realidad operativa, y diseñar protocolos que eviten que la preparación en papel se desvanezca ante la urgencia del terreno.

Comprender este fenómeno es urgente. No para alimentar narrativas retrospectivas, sino para reconstruir los mecanismos de activación, clarificar los límites entre la hesitación política y el deber defensivo, y garantizar que la próxima vez que se cruce un umbral de amenaza, la respuesta dependa de sistemas vivos, claros y ejecutables.

La institucionalidad republicana y la supervivencia estratégica del Estado exigen que la lección del 3 de enero se traduzca en arquitectura operativa, no en justificación posterior.