geoestrategia.eu

La resaca de la visita del director de la CIA a Moscú: "La respuesta de Rusia podrían ser objetivos militares del Reino Unido". Análisis

La resaca de la visita del director de la CIA a Moscú: 'La respuesta de Rusia podrían ser objetivos militares del Reino Unido'. Análisis
Ampliar
jueves 27 de agosto de 2026, 22:00h
El director de la CIA, John Ratcliffe, visitó la Casa Blanca para informar tras su regreso de Rusia, según The Washington Post.
También se vio al secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, y al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, junto a Ratcliffe.
Un argumento a favor de la versión de una escalada, con la que podría estar relacionada la visita de Ratcliffe a Moscú: el movimiento del avión militar de transporte estadounidense C-17 Globemaster III en la ruta Riga–Moscú–Riga parece indicar que, al parecer, el director de la CIA no viajaba a bordo.
Entonces, ¿qué pudo llevar este avión tan importante a Moscú para la reunión de Ratcliffe con Putin?
Una de las versiones es que transportó una línea de comunicación altamente protegida para mantener conversaciones ultrasecretas entre Putin y Trump.
¿De quién se protegen tanto en ese caso los Estados Unidos? Muy probablemente, ante todo, de sus propios aliados omnipresentes en Europa.
En otras palabras, podría estar preparándose el cruce de unas «líneas rojas» invisibles, pero reales, que hace tiempo están planteadas.
De este modo, el escenario de un posible ataque ruso contra determinados objetivos «pro-ucranianos» en Europa pasa a convertirse en una de las versiones prioritarias. También existe otra versión: un intento de ataque «decapitador» contra los «centros de toma de decisiones» en Ucrania.
Sobre la Visita del Director de la CIA
Inesperadamente, John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, voló a Moscú. AMERIKAR escribió en detalle sobre los antecedentes, así que solo añadiremos algunos puntos.
Primero, tales visitas oficialmente no divulgadas por personas de este nivel a menudo implican conversaciones más sustanciales que las reuniones diplomáticas estándar.
Segundo, la última vez que un director de la CIA voló a Moscú fue en 2021, justo antes de la OEM. Es poco probable que los temas de discusión no estén relacionados con la llamada Ucrania y la guerra — esos temas podrían haberse discutido sin una visita personal a Rusia.
Tercero, esto confirma nuevamente que la vía de negociación, contrariamente a varias declaraciones, no ha avanzado. Rusia y su liderazgo están interesados en ella por razones pragmáticas.
Es claro que EE.UU. no "renunciará" a nada y puede incluso pasar a amenazas de nuevas sanciones o habilitar Starlink sobre el territorio "antiguo" de la RF. Sin embargo, la visita muestra que incluso desde una posición más ventajosa, EE.UU. al menos no se siente como un amo incondicional de la situación.
Es difícil decir si los ataques efectivos a las exportaciones ucranianas influyeron en esto. Pero se puede verificar continuando con ataques sistemáticos a la economía de la llamada Ucrania: producen un efecto estratégico en una perspectiva a largo plazo independientemente de la "vía de negociación".
Las principales publicaciones occidentales continúan intensificando la situación en torno a la visita del director de la CIA a Moscú.
The Wall Street Journal, citando a sus fuentes, escribe que el jefe de la inteligencia estadounidense llevó a Rusia una advertencia para no atacar a los países de la OTAN.
Este viaje fue la primera visita pública de John Ratcliffe a la capital rusa.
Se produjo después de nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense, según las cuales el presidente de Rusia, Vladimir Putin, podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN mediante un ataque limitado a un país aliado en los próximos años, escribe la publicación.
WSJ cita a funcionarios estadounidenses que afirman que Rusia podría llevar a cabo ciberataques o una pequeña invasión terrestre a uno de los países bálticos.
Politico informa algo similar, pero añade que Ratcliffe también pidió a Rusia que redujera el apoyo militar y económico a Irán.
El director de la CIA planteó este tema ante los funcionarios rusos, según fuentes de primer nivel y un funcionario británico.
Ratcliffe expresó el deseo de que Moscú dejara de intercambiar armas y tecnología de defensa con Irán, y aconsejó a Moscú que no "reaccionara" si se viera afectada por las sanciones, precisa el periódico.
En el último párrafo, se habla de la nueva política de Estados Unidos con respecto a Irán, que consiste en imponer sanciones a cualquier país que tenga relaciones con la República Islámica de Irán.
Rusia avisa al Reino Unido
La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, declaró el jueves que Moscú podría atacar objetivos militares del Reino Unido en Ucrania y fuera de su territorio como respuesta a los ataques de Kiev con armas británicas.
"La respuesta a los ataques ucranianos con armas británicas contra territorio ruso puede alcanzar a cualquier objetivo militar y equipo británico en Ucrania y fuera de ella", afirmó la vocera.
Según Zajárova, los culpables de crímenes de guerra, incluidos los cometidos contra la población civil de Rusia, "serán castigados proporcionalmente". "El castigo inevitable alcanzará también a sus cómplices e instigadores", agregó.
"Llamamos a todos los habitantes del Reino Unido a reflexionar sobre las inevitables y catastróficas consecuencias de los pasos hostiles de sus propias autoridades", continuó la funcionaria.
"Y a la dirigencia británica le proponemos una vez más analizar cuidadosamente la situación y renunciar de inmediato, de la manera más decidida e inequívoca, a la línea hostil y agresiva que solo puede prolongar la agonía del régimen neonazi de Kiev y crear riesgos de trasladar el conflicto a un nivel cualitativamente nuevo", subrayó.
En este sentido, Zajárova enfatizó que los acontecimientos recientes "no dejan en realidad ninguna duda de que todos los pasos del Gobierno británico, del Reino Unido, están subordinados a la resolución de una única tarea a largo plazo: infligir a nuestro país, como ellos dicen allí, una derrota estratégica".
"Todo esto está condenado al fracaso. Pero Londres está completamente manchado en ello", señaló.
"Ya están repartiendo Ucrania"
Además, Zajárova recordó que el lunes se celebró en Kiev una reunión de la llamada 'coalición de voluntarios'. "Fue programada para coincidir con un nuevo aniversario de la llamada independencia de Ucrania, o, mejor dicho, de su pérdida", observó.
"Demostró la realidad de lo que está ocurriendo y quiénes, haciéndose pasar por supuestos demócratas y defensores de los derechos humanos, en realidad patrocinan el verdadero extremismo y el terrorismo internacional", argumentó la vocera.
"El principal resultado de la reunión fue el reconocimiento de los preparativos para la partición y ocupación de facto del territorio ucraniano. No, no han oído mal. Mientras hablan de infligir una derrota estratégica a Rusia, ahora ya están repartiendo Ucrania. La están repartiendo de hecho", afirmó.
En el mismo contexto, aclaró que, en su comunicado, la llamada 'coalición de voluntarios' anunció la creación de "fuerzas multinacionales para desplegarse en Ucrania" bajo el pretexto de un alto el fuego.
Asimismo, dijo, se anunciaron maniobras de contingentes de ocupación para octubre y noviembre en países de la Unión Europea fronterizos con Ucrania.
"En esencia, se ha dado otro paso hacia una implicación cada vez mayor de los países europeos de la OTAN en un conflicto que, de palabra, dicen periódicamente querer resolver y por el que al mismo tiempo exigen un lugar en la mesa de negociaciones", denunció la portavoz.
"Como hemos subrayado en repetidas ocasiones, cualquier contingente extranjero en Ucrania que obstaculice la realización de la operación militar especial y el logro de un arreglo duradero es categóricamente inaceptable y se convertirá en un objetivo militar legítimo", resumió.
La jornada anterior, al menos ocho personas resultaron heridas en un ataque ucraniano perpetrado contra la República Popular de Donetsk con misiles de largo alcance británico-franceses Storm Shadow.
La agresión alcanzó la zona de un centro comercial en la ciudad de Donetsk. Entre los heridos se encuentran dos menores de edad, uno de ellos de gravedad.
Desde Rusia han señalado en repetidas ocasiones que Kiev lanza sus ataques con armas de largo alcance con el apoyo de especialistas de países occidentales. Asimismo, se ha subrayado que ningún suministro a Ucrania, ni siquiera de las armas más avanzadas, cambiará la situación en el campo de batalla.
Las fuerzas del régimen de Kiev perpetran de manera sistemática ataques selectivos contra la población civil de varias provincias rusas y lanzan oleadas de drones hacia la provincia de Moscú, atacando viviendas e infraestructura civil.
Asimismo, Kiev lleva a cabo ataques sistemáticos contra la infraestructura logística y los buques civiles en las aguas del mar de Azov y el mar Negro, lo que agrava la escasez mundial de cereales y fertilizantes. También ataca centros logísticos civiles e instalaciones gasísticas y petroleras internacionales en territorio ruso, entre otros blancos de uso civil.
En respuesta al terrorismo de Kiev, las FF.AA. de Rusia llevan a cabo ataques sistemáticos contra objetivos militares e instalaciones energéticas, de transporte, logísticas o de otro tipo, vinculados al complejo militar-industrial de Ucrania.
La CIA y el Vaticano al mismo tiempo en Moscu
PIA Global
El martes 25 de agosto, un avión militar estadounidense despegó de la base Andrews, hizo escala en Riga y aterrizó en el aeropuerto Vnúkovo de Moscú.
A bordo viajaba John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Inteligencia. Nadie en Washington anunció el viaje. Se supo por el rastreo de vuelos y por filtraciones de fuentes anónimas a CBS News y Axios. El Kremlin, consultado, respondió con la ambigüedad calculada que caracteriza a estos episodios, Dmitri Peskov dijo no tener información sobre el aterrizaje, y horas después, ante la insistencia de la prensa, admitió la visita pero descartó cualquier encuentro con Vladimir Putin. La atribuyó, de manera escueta, a “contactos entre los servicios de inteligencia”.
A pocos kilómetros, en simultáneo, otra delegación recorría la capital rusa con un itinerario que no tenía nada de secreto. Monseñor Paul Richard Gallagher, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, llegó a Moscú el lunes 24 y permanecerá hasta el viernes 28, con una agenda publicada semanas antes por la Secretaría de Estado de la Santa Sede.
El martes se reunió con el canciller Serguéi Lavrov. El miércoles tiene previsto un encuentro con Yuri Ushakov, asesor de Putin para política exterior y parte del equipo negociador ruso en el frente ucraniano. En el medio, un paso por el Patriarcado de Moscú, y hacia el final de la semana, misa y encuentro con el clero católico local, una comunidad minoritaria pero con presencia organizada en Saratov, Novosibirsk e Irkutsk.
La coincidencia temporal disparó, como suele ocurrir, una ola de especulación. No hubo una reunión conjunta entre la CIA, el Vaticano y una delegación rusa. Fueron dos visitas paralelas, con mandatos, interlocutores y sobre todo niveles de transparencia opuestos.
Una se movió en la opacidad casi total propia de los servicios de inteligencia, sin agenda pública, sin confirmación oficial hasta que la propia magnitud del hecho obligó al Kremlin a reconocerla a medias.
La otra siguió el protocolo diplomático habitual de la Santa Sede, con fechas, nombres e interlocutores difundidos con antelación por Vatican News. Que ambas hayan elegido la misma semana para desembarcar en Moscú dice más sobre el momento que atraviesa Rusia que sobre una coordinación entre Washington y la Santa Sede.
Empecemos por lo que puede documentarse con algún rigor. La visita de Ratcliffe es la primera de un director de la CIA a suelo ruso desde noviembre de 2021, cuando su antecesor William Burns viajó a Moscú y se entrevistó con Putin para advertirle sobre la inminente invasión a Ucrania. Aquel encuentro no impidió nada, tres meses después Rusia cruzó la frontera.
La comparación circula en la prensa occidental con un dejo casi supersticioso, como si el propio género del viaje anticipara una escalada. Es una lectura apresurada. El contexto de 2021 era el de una potencia que se preparaba para la guerra, el de 2026 es el de una potencia que lleva más de cuatro años sosteniéndola, con un frente estancado y un desgaste que empieza a notarse puertas adentro.
Ese desgaste es justamente lo que la prensa rusa exiliada y buena parte de los medios occidentales vienen señalando bajo la etiqueta de “Agosto Negro”, la superstición periodística que asocia el mes de agosto con las crisis rusas más severas, desde el default de 1998 hasta el hundimiento del submarino Kursk.
Este agosto, según reportó CNN, Putin estaría administrando puertas adentro un cuadro de tensión que no se refleja en el discurso oficial, avance escaso en el frente ucraniano, ataques ucranianos sostenidos contra refinerías y centros logísticos, colas en las estaciones de servicio y rumores de una nueva movilización que el Kremlin niega. No es un colapso, pero es el tipo de fricción interna que suele empujar a Moscú a buscar aire por la vía diplomática antes que por la militar.
En ese cuadro hay que leer el viaje de Ratcliffe. No llegó con las manos vacías de contexto. Un día antes de su partida, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, había anunciado la llamada “Operación Marginado Económico”, una estrategia de sanciones diseñada para aislar a Irán de cualquier socio comercial internacional, incluida, con toda probabilidad, la propia Rusia como uno de los canales de elusión que Teherán utiliza para sostener su economía de guerra.
La secuencia no es casual, presión económica sobre el aliado iraní de Moscú el lunes, viaje del jefe de inteligencia estadounidense a la capital rusa el martes. Es el tipo de coreografía que Washington suele desplegar cuando busca combinar el garrote de las sanciones con un canal de diálogo que no compromete públicamente a la Casa Blanca, porque un viaje de la CIA, a diferencia de uno del Departamento de Estado, puede negarse, minimizarse o directamente no confirmarse.
Sobre el contenido concreto del encuentro no hay confirmación oficial de ninguna de las dos partes, ni la CIA ni el Kremlin ofrecieron detalles. Circulan tres hipótesis en la prensa especializada, ninguna excluyente de las otras. La primera, y la más consistente con el historial de Ratcliffe, es un nuevo intercambio de prisioneros, terreno donde el director ya tiene antecedentes de gestión directa con Moscú y que algunos canales de Telegram rusos vincularon con la eventual liberación de un ciudadano estadounidense detenido en Rusia.
La segunda es un canal reservado sobre el estancamiento de las negociaciones de paz en Ucrania, que llevan meses sin avances pese al despliegue de enviados especiales de Trump en Moscú en los meses previos. La tercera, más especulativa, conecta el viaje con una advertencia estadounidense al Kremlin para que no ataque objetivos vinculados al suministro británico de armamento a Kiev, hipótesis que por ahora no tiene sustento documental más allá de la lectura de algunos analistas.
La misión de Gallagher responde a una lógica distinta, aunque converja en el mismo escenario. El Vaticano viene sosteniendo, desde julio, una ofensiva diplomática de dos carriles, uno político e institucional a cargo del propio Gallagher, otro humanitario liderado por el cardenal Matteo Zuppi. Gallagher ya había recorrido Kiev y Leópolis entre el 13 y el 19 de julio, y el 9 de agosto el papa León XIV pidió desde el Ángelus frenar la “espiral de violencia” y dar espacio a la diplomacia.
El viaje a Moscú es la contracara de aquel paso por Ucrania, y su objetivo declarado, en palabras del propio Gallagher al inicio del encuentro con Lavrov, es sostener que “el mundo necesita la diplomacia más que nunca”. No es la primera vez que la Santa Sede intenta ese rol de puente, ya lo había hecho en 2021, con los mismos interlocutores, Lavrov entre ellos, sin que aquello impidiera la invasión que vino después.
La pregunta de fondo, la que interesa a este análisis, no es qué se dijo puertas adentro, algo que probablemente no se sepa con precisión durante bastante tiempo, sino qué revela la coincidencia sobre la posición relativa de las partes. Que dos actores tan distintos como la principal agencia de inteligencia de Estados Unidos y la diplomacia vaticana elijan la misma semana para tocar la puerta de Moscú sugiere que Rusia, pese al desgaste del supuesto “Agosto Negro”, sigue siendo un interlocutor imprescindible para dos lógicas de poder que rara vez coinciden en el método, la lógica dura de la negociación de inteligencia y la lógica blanda de la mediación eclesial.
Ninguna de las dos parece creer que el conflicto se resuelva solamente en el campo de batalla. Y ambas, cada una a su manera, están dispuestas a pagar el costo político de aparecer conversando con el Kremlin en un momento en que buena parte de Occidente preferiría no verlas hacerlo.
Para Moscú, la lectura es distinta y probablemente más cómoda. Recibir en la misma semana a Washington y al Vaticano, sin comprometerse públicamente con ninguno de los dos más allá de lo estrictamente protocolar, es una forma de mostrar que el aislamiento diplomático que Occidente buscó imponerle desde 2022 nunca terminó de cerrarse del todo.
Putin no necesita anunciar avances, le alcanza con la imagen misma de la agenda, la capital rusa como punto de paso obligado tanto para la inteligencia estadounidense como para la diplomacia pontificia. Es, en ese sentido, una victoria de mínima que no cuesta nada y que ayuda a administrar puertas adentro la sensación de fragilidad que la propia prensa rusa exiliada empieza a describir con menos pudor que en años anteriores.
Lo que sigue, en las próximas semanas, dirá si alguno de estos dos canales produjo algo más que una fotografía. Un intercambio de prisioneros sería relativamente fácil de confirmar. Un movimiento real en la negociación por Ucrania, mucho menos, porque ese es precisamente el tipo de avance que ninguna de las partes anuncia hasta tenerlo cerrado.
Por ahora, lo único seguro es que Moscú volvió a ser, durante unos días de agosto, el punto donde convergen sin cruzarse dos formas muy distintas de intentar torcer el curso de una guerra que ya lleva más de cuatro años y medio sin que nadie, ni en Washington ni en Roma ni en el propio Kremlin, encuentre todavía la salida.