Hablar de dignidad es dar cuenta de la esencia y la conducta de poseer un valor intrínseco, supremo, inalienable que poseemos como seres humanos, insertos en sociedad.
Y, en ese plano, Irán representa la defensa de ese valor frente a lo que ha sido uno de los ataques más constantes e ilegales que se haya ejecutado contra país alguno. Esto, por parte de las potencias hegemónicas y arrogantes occidentales lideradas por Estados Unidos y a las cuales sirve como testaferro el régimen sionista israelí. Unido a otros aliados menores, pero no por ello menos peligrosos, pues la historia nos revela que los cipayos suelen involucrarse en plenitud, aunque signifique toda pérdida de decencia.
Suelo sostener, en esta fecha que, durante décadas, la Revolución Islámica de Irán ha sido blanco de numerosas agresiones, procesos de desestabilización, ataques, chantajes, sanciones, bloqueos, embargos, robo de activos, asesinato de civiles, militares, científicos. Asaltos contra su Parlamento, santuarios religiosos, instalaciones nucleares. Una guerra híbrida que ha mostrado la bajeza y peligrosidad de Estados Unidos y su corte de criminales, pero, también evidencia el talante del pueblo iraní, no sólo en dar el pecho a las dificultades, sino que consolidar su proceso y desarrollarse en múltiples áreas. Marcando así, un sendero delineado desde el inicio por el Imam Jomeini.
Son 47 años ya, en que las administraciones estadounidenses, sean estas demócratas o republicanos, burros o elefantes, liberales o ultraderechistas, sostienen y llevan a cabo una política de máxima presión contra los gobiernos de Irán y su sociedad, desde el momento mismo del triunfo revolucionario en febrero de 1979. Una conducta que considero se explica por diversos motivos.
Primero, el sentir por parte de la alianza imperial sionista, como una espina clavada en la espalda, el hecho real y sin vuelta atrás, que la nación persa se haya liberado, no sólo de una monarquía totalitaria, sino también de la sujeción y servilismo que se tenía respecto a Estados Unidos y sus intereses sirviendo como portaviones terrestre de occidente en la región de Asia occidental y central. Recordemos que la dinastía de los Pahlavi representaba el brazo ejecutor de las políticas terroristas de Washington en la zona.
En segundo lugar, para Estados Unidos, como sostengo cada vez que me piden explicar el porqué de esa conducta nociva de Washington contra la República Islámica de Irán es, esencialmente, el tratar por parte de la elite política, militar y los grupos de presión: lobby sionistas, el complejo militar industrial y el energético, de no permitir que un país que busca su propio camino de desarrollo, que tiene como norte los conceptos de soberanía y dignidad pueda servir de referencia para ese parte del mundo, que no tiene aún ese derrotero trazado con determinación.
En tercer lugar, un país como Irán y su decisión de no situarse en el plano de dependencia, sino que avanzar pleno de señorío y confianza en sus posibilidades, potencialidades y la realidad de un pueblo pujante, se convierte de inmediato en un enemigo irreconciliable para Washington y los suyos. Como lo ha sido con Cuba, la Nicaragua del triunfo revolucionario del año 1979, la Venezuela chavista, aquel Chile de la denominada vía chilena al Socialismo.
También otros procesos que incluso, en forma aparente, parecen menos potentes desde el punto de vista transformador pero que, igualmente, buscan y anhelan hoy una senda que los saques de la dependencia de ese occidente que suele fagocitar todo lo que sea riquezas de nuestros países y hasta el aire que respiramos. Países como Irán y su ejemplo se convierten de inmediato en enemigos irreconciliables (1) de ese occidente altanero y bestial.
En África tal realidad se experimenta con las presiones contra Mali, Niger y Burkina Faso, que han elegido un camino emancipador, fuera del influjo nefasto de Francia y occidente que durante siglos ha usurpado y expoliado las riquezas de esos países tratándolos primero como colonias sujetas al arbitrio de las metrópolis y hoy, en esta etapa neocolonial de la cual los países mencionados y sus procesos revolucionarios han comenzado a sacudirse.
En este marco se me presenta de estampida un recuerdo imperecedero. Me refiero a la Segunda Declaración de La Habana dada a conocer el 4 de febrero del año 1962 al señalar por boca del fallecido líder cubano Fidel Castro Ruz “Porque esta gran humanidad ha dicho ¡basta! y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente” (2)
Estados Unidos, en el marco del avance del multilatealismo, de la consolidación de un Sur Global donde la sujeción a occidente cada vez pende más de un hilo, busca mantener una hegemonía a la baja, agonizante pero aún capaz de clavar su aguijón. Y como toda fiera herida, resulta ser más peligrosa, más ponzoñosa. Catalizado en estos días por la segunda administración de Donald Trump.
Un gobierno que en su segunda etapa replica la doctrina del caos premeditado, procesos de desestabilización, golpismo, apremios económicos, políticas sancionatorias, impulsar revoluciones de colores, guerras suaves como lo enseña el manual de Gene Sharp (3) del “Golpe Blando” y que, a fines de diciembre del 2025 y principios de enero del 2026 tuvieron su remake en el impulso de la violencia desatada contra la sociedad iraní aprovechando manifestaciones por razones económicas, legítimas y justas pero que suelen servir de oportunidad para lanzar el todo el arsenal delictivo que le proporciona a Washington y sus socios para el crimen.
El blondo multimillonario, un hijo de inmigrantes que odia a los que buscan en Estados Unidos las mismas oportunidades buscadas por su familia de origen alemán y escocés. Este millonario involucrado en los delitos sexuales de su amigo, miembro de la comunidad judío sionista estadounidense y ex agente del Mossad Jeffrey Epstein. Este Trump que está llevando a cabo una política absolutamente enloquecida, cuestión que en modo alguno lo hace inimputable, sino que demuestra el carácter peligroso de seguir aceptando que tal personaje administre un país que es superpotencia nuclear, con más de 800 bases militares alrededor del mundo y empeñado en hacer de la estrategia de seguridad nacional estadounidense la guía a seguir por gran parte del mundo.
Y hablo de un régimen dirigido no sólo por una mente perturbada, un narciso maligno, sino que también arrogante, perversa y brutal tratando de concretar la premisa fundamental que mueve a la política estadounidense, sea este el ejecutivo, congreso, lideres de opinión, mandos militares, respecto a esa creencia de destino manifiesto en el cual se cree, a pie juntillas que, los países y pueblos del mundo, están para servirles y permitir que el denominado “estilo de vida estadounidense” se mantenga. A pesar de los daños generados en materia de respeto a los derechos humanos, inestabilidad en los cinco continentes, daño ambiental planetario y un desequilibrio entre las naciones en materia política, económica y militar.
Pero, la nación persa no está para permitir que su historia milenaria, su dignidad, ese carácter tan propio de una nación que se mantiene enhiesta a pesar de avatares y coacciones sea mancillada por las políticas de aquellos que desprecian a los pueblos. Un Irán que ha dado pruebas más que evidentes del sacrificio por sus valores. La República islámica de Irán es hoy un ejemplo de independencia, de valor y consciente que su resistencia es la tenacidad de los pueblos, que cada misil lanzado como respuesta a la alianza imperial lleva grabado en sus metales el nombre de cada mártir que lucha por la independencia, la autodeterminación y la defensa de sus sociedades.
Una República Islámica con una revolución victoriosa e indudable referente, para muchos pueblos del mundo, que cumple este 11 de febrero 47 años desde aquella epopeya histórica, que cambio la correlación de fuerzas hasta entonces existente en Asia Central y Occidental. Con amplia influencia en la Umma – la comunidad del islam - generando lo que se ha consolidado como el despertar islámico. Rememoro un proceso revolucionario conocido como la Daheye Fajr o Década del Alba, que comienza el día 1 de febrero del año 1979 con el retorno a Teherán, desde Paris, del exiliado líder religioso, el Imán Jomeini que alienta a la nación persa a intensificar su lucha revolucionaria logrando, finalmente, la caída del régimen monárquico de los Pahlavies el día 11 de febrero.
La consolidación y empuje de la Revolución Islámica de Irán no ha estado exenta de problemas. En un escenario regional complejo, donde Irán ha roto el mito de la invisibilidad de Occidente y sus títeres regionales. Un marco regional que ha resaltado el enorme y trascendental papel que cumple la nación persa, en el logro de la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos de la región.
Una revolución que ha tenido sus propias contradicciones y ¿Cómo no tenerla? si se trata de un proceso político vivo, en permanente desarrollo, con altibajos, con dificultades, con un pueblo movilizado pero que es capaz de separar aguas de aquellos, que aprovechando las lógicas reivindicaciones económicas, intentan desestabilizar el país, bajo el mandato de Washington y el enemigo sionista, que aprovechan cada resquicio, cada oportunidad para tratar de quebrar la unidad revolucionaria en Irán.
A 47 años del triunfo de la revolución reedito mis palabras, respecto a signar y resaltar el papel que cumple Irán en la región. Un papel que brilla con más fuerza que nunca, a partir de su porte firme, decidido cuando ha enfrentado a Estados Unidos, sus amenazas y ataques, pero…que es capaz de mostrarle al mundo que está dispuesto también a dialogar, pero no sometido, ni sujeto a presiones, sin ceder en aquello que son líneas que no se transan: su sistema de defensa de misiles, su programa nuclear pacífico y su apoyo a los pueblos en resistencia por el cual ha derramado la sangre generosa de sus mártires.
Nuestras letras deben servir para recordar al mundo que sólo la República Islámica de Irán, junto al eje de la resistencia, logró frenar los ímpetus y acciones del terrorismo global takfirí. Hijos putativos, creados, organizados, financiados y armados por Washington y sus aliados. Sólo Irán junto al Eje de la Resistencia combatió y logró derrotar a Daesh y otros grupos terroristas con el trabajo sostenido del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y su cuerpo de Elite, gracias a la labor de coordinación y estrategia del teniente general Qaem Soleimani, martirizado en aras de la defensa de su patria y de los pueblos.
Irán ha sido un país símbolo en la lucha contra el terrorismo. Esto, a contrapelo de una extinta y falsaria coalición internacional liderada por Estados Unidos, más enfrascada en fragmentar Siria e Irak, que combatir al terrorismo y que hoy sostiene al régimen de Al-Golani en Siria, tras el derrocamiento de Bashar al-Asad. Un Al-Golani a cuya cabeza el gobierno de Estados Unidos puso el precio de 10 millones de dólares y que sin embargo hoy recorre los pasillos de la Casa Blanca y los palacetes europeos para servir a sus amos.
Las autoridades políticas y religiosas de Irán han advertido permanentemente se ha empeñado en destruir la nación persa y una de las herramientas usadas por el imperialismo y sus socios sionistas es atizar el fuego de la ignorancia, de las denuncias sin pruebas, de las acciones desestabilizadoras, el mundo de las sanciones y el bloqueo para causar malestar en la población e ir creando un escenario que les permita implementar una guerra contra Irán, como ha sido la junio del 2025 y tras su derrota aplastante, impulsar la estrategia visualizada en los ataques de fines de diciembre del 2025 y principios de enero del 2026. Una estrategia también apabullada pero latente. Frente a lo cual Irán sabe muy bien que hay que estar alerta
Todo ello en el marco de lo que el autor francés Jean Michel Vernochet, en un valiosísimo libro titulado “Irán: la destrucción necesaria” sostiene respecto al papel predador de Washington y sus aliados “hay que destruir a Irán ¡claro que sí! No sólo para impedir su eventual acceso al arma atómica (algo improbable) no sólo porque la independencia de Irán puede poner en entredicho la preeminencia regional de Israel, atalaya occidental en Asia occidental…Es que hay que mantener, a toda costa, la posición dominante de Israel en la región, que depende de su monopolio regional del arma atómica” (4)
Resulta evidente que lo señalado constituye la prueba de la hipocresía y el doble rasero de Washington que suele rasgar vestiduras frente al programa nuclear iraní” y sin embargo ha avalado y apoyado, por décadas a la entidad sionista y su programa nuclear belicista. Un régimen sionista que posee entre 200 a 300 artefactos nucleares. Sojuzga a la población palestina, cuyo territorio ocupa militarmente y ejecuta un genocidio, catalizado en forma brutal desde octubre del 2023. Agrede a El Líbano mediante acciones desestabilizadoras a través de sus servicios de inteligencia y ataques sostenidos a pesar de un cese al fuego jamás cumplido por esta sociedad victimista.
Un régimen nazisionista que asesina científicos nucleares iraníes, apoya operaciones políticas como ha sido el trabajo de acercamiento con grupos kurdo-iraquíes, como también a Azerbaiyán, cuya acción ha sido advertida por el gobierno iraní como inaceptable pues no se puede tener al enemigo pululando en la frontera. Como también el reconocimiento de un ente fantasma como Somalilandia (5) en una conducta de impunidad absoluta, sin que los organismos internacionales sancionen al gobierno ocupante, colonialista y genocida colonialista presidido por el corrupto Benjamín Netanyahu. Un criminal de guerra que se pasea por el mundo con total impunidad otorgada por su padre padrone.
Irán en un escenario complejo, con dificultades económicas, con agresiones activas a la orden del día por parte de Washington y sus cervatillos, está dando un mensaje contundente de fidelidad a sus principios e ideales. Conducta extraña en un mundo donde los poderes suelen servir indignamente a hegemonías ajenas a culturas, creencias, historia y relaciones de vecindad. Un Irán que nos enseña que resistir es parte del lenguaje de la victoria, teniendo presente la serie de complot vividos por la nación persa. Tras 47 años de Revolución Irán sigue firme en la defensa de su soberanía, dignidad y hoy con la necesaria la economía de resistencia, conceptos básicos para entender el proceso iraní en un marco de continuas presiones.
En uno de los aniversarios del triunfo de la revolución islámica señalé y me parece necesario repetir lo que jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán el general de división Seyed Abdolrahim Musavi señaló sobre el triunfo de la revolución en febrero de 1979 “La Revolución Islámica […] desafió el sistema bipolar del comunismo-liberalismo que gobernaba el mundo y resonó la promesa de libertad e independencia en los oídos de la gran nación de Irán, las naciones musulmanas y los oprimidos de mundo” (6)
En la misma línea sostengo, permanentemente, y así lo expresé en febrero del 2021, un mes después del asesinato del teniente general Qasem Soleimani que existe un consenso absoluto, desde el bando de amigos como también enemigos de la Revolución islámica de Irán, que esta se ha constituido en uno de los sucesos históricos más relevantes del siglo XX que, tras más de cuatro décadas, sigue signando la política internacional. Una revolución islámica masiva, popular, convocante muy distinta a cualquier otra revolución que haya tenido nuestro planeta. Una revolución triunfante bajo un liderazgo potente, reconocido y respetado como fue el del Imam Jomeini.
En Irán, más allá de lógicas diferencia en una sociedad compleja, se concuerda en elementos esenciales, donde prima la defensa irrestricta de la Revolución Islámica y que su soberanía y autodeterminación. A pesar de décadas de presiones, la Revolución Iraní da pasos agigantados en la región y el mundo mediante alianzas estratégicas en el marco de la política de multilateralidad y el Sur Global. El camino es la integración basada en el respeto mutuo, que es eje rector en la política de un país convertido en ejemplo indiscutible y digno de admiración.
Pablo Jofré Leal. Periodista.
Artículo Para HispanTV
- https://articulo.islamoriente.com/article/iran-soberania-y-dignidad-39-anos-del-triunfo-revolucionario
- http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040262e.html
- Gene Sharp es un filósofo y politólogo estadounidense, fundador de la ONG Albert Einstein, cuyo supuesto fin es promover «la defensa de la libertad y la democracia y la reducción de la violencia política mediante el uso de acciones no violentas». Su obra, sin embargo, da cuenta de cinco pasos para provocar golpes suaves: ablandamiento; deslegitimación; calentamiento de calle; combinación de formas de lucha y fractura institucional. https://rebelion.org/el-manual sharp-y-los-golpes-suaves-en-america-latina
- https://www.voltairenet.org/article177946.html
- https://espanol.almayadeen.net/noticias/politica/2103218/-israel--reconoce-a-somalilandia-como-estado-independiente
- https://www.hispantv.com/noticias/defensa/537195/iran-ejercito-revolucion-islamica
Irán, última frontera de resistencia del mundo musulmán contra el imperialismo y el sionismo
Por: Iqbal Suleiman*
La República Islámica de Irán se erige como la última frontera de resistencia contra el imperialismo occidental y el sionismo, y como única defensora del derecho inalienable de autodeterminación de los pueblos del mundo musulmán, incluido el pueblo palestino.
El genocidio en curso en Gaza —que ya ha cobrado la vida de más de 70 000 personas— ha hecho añicos las divisiones superficiales y sectarias que durante décadas fueron cultivadas por el imperialismo occidental y el sionismo.
Ha despertado la conciencia pública musulmana. Con nueva claridad, los musulmanes reconocen ahora que casi todos los líderes y gobiernos del mundo musulmán colaboraron o fueron cómplices del genocidio en Gaza. La única excepción ha sido Irán.
La brutalidad desmedida de Israel ha comenzado a inquietar incluso a sus aliados regionales. Sin embargo, a pesar de esto, el régimen sigue siendo la máxima prioridad de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump.
Qatar ofreció a Trump un jet privado. Los estados del Golfo Pérsico transfirieron billones de dólares a Estados Unidos, mientras Washington proporcionaba un apoyo militar, diplomático y económico inquebrantable al asalto genocida de Israel sobre Gaza.
Hoy, los estados del Golfo Pérsico comienzan a asumir la amenaza existencial que Israel representa para su propia seguridad. Cuando Israel bombardeó Catar, el ejército estadounidense no movió un solo dedo para defender al país árabe. Fue un llamado de atención brutal. A pesar de años de apaciguamiento, sumisión y adulación, la política estadounidense quedó inconfundiblemente clara: “Israel primero”.
Si Irán cayera —como predicen prematuramente algunos agoreros— se abrirían las puertas del caos en toda Asia Occidental. La hegemonía estadounidense e israelí se consolidaría, y Israel aceleraría su proyecto expansionista de asentamientos, invadiendo países vecinos en busca de su llamado “Gran Israel”.
Desde la gente común hasta las élites gobernantes, muchos temen ahora un futuro en el que los soldados sionistas profanen los lugares más sagrados del Islam, tal como han profanado repetidamente la Mezquita de Al-Aqsa.
Durante más de dos años de genocidio en Gaza, ningún país árabe o musulmán disparó un solo tiro en defensa de los palestinos. La República Islámica de Irán, bajo el liderazgo del ayatolá Seyyed Ali Khamenei, permanece sola: el único país sin vínculos económicos, diplomáticos o políticos con Israel, el único que ha armado al pueblo oprimido de Palestina y el único que ha golpeado directamente a la entidad sionista con una lluvia de misiles.
Más de mil comandantes militares iraníes, científicos nucleares y civiles ordinarios fueron martirizados como resultado de la agresión militar israelí en junio pasado.
De no ser por las crueles y debilitantes sanciones impuestas a Irán durante más de 47 años —castigo por su inquebrantable solidaridad con Palestina— los iraníes vivirían de manera mucho más segura y confortable. Por ello, la opinión pública musulmana comprende cada vez más que una guerra contra Irán no sería simplemente un conflicto regional, sino una guerra contra el mundo musulmán en su conjunto.
Efectos de una guerra con Irán
En 2002, mientras Benjamín Netanyahu batía con entusiasmo los tambores de guerra contra el pueblo iraquí, declaró: “Si eliminan a Saddam, el régimen de Saddam, les garantizo que tendrá enormes repercusiones positivas en toda la región”.
Esas supuestas “repercusiones positivas” se materializaron como catástrofe: más de 600 000 civiles árabes muertos, 3,9 millones de refugiados, el nacimiento de Daesh, la normalización de las decapitaciones, guerras civiles sectarias, ríos de sangre y la destrucción sistemática de la infraestructura de Irak.
El ayatolá Seyed Ali Jamenei no es Bashar al-Asad, Sadam Husein ni Muamar Gadafi. La República Islámica de Irán —y su Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI)— no colapsará sin resistencia. Está aquí para permanecer, sobrevivir y prosperar.
Irán es fundamentalmente diferente de Irak, Libia o Siria. A diferencia de esos estados, el gobierno iraní disfruta de un profundo apoyo popular, tanto a nivel nacional como regional.
En Siria de Al-Asad, Irak de Sadam y Libia de Gadafi, los servicios de seguridad y las fuerzas armadas consistían en gran medida en soldados profesionales cuya lealtad se sostenía mediante salarios y privilegios. En contraste, el CGRI y el Basich (Fuerza de Resistencia Popular de Irán) tienen raíces ideológicas en la Revolución Islámica fundada por el Imam Jomeini. Su lealtad no es transaccional. No puede comprarse. Están preparados para morir por sus creencias.
Estos revolucionarios están dispuestos a luchar hasta el último hombre. El Imam Jomeini afirmó una vez: “No tememos al ejército estadounidense ni a su bloqueo económico. Tenemos a Dios. Incluso si todas las puertas del mundo estuvieran cerradas, las puertas de la misericordia de Dios permanecerían abiertas”.
Sorprendentemente, los tomadores de decisiones estadounidenses parecen desconocer —o desdeñar— esta dimensión ideológica, que es el factor más crítico en cualquier confrontación con Irán. El Imperio se enfrentaría a un adversario distinto a cualquiera que haya enfrentado antes.
Una guerra estadounidense contra Irán incendiaría toda la región. Los campos petroleros del Golfo Pérsico podrían ser incendiados, el estrecho de Ormuz podría cerrarse y la economía global podría sumirse en recesión.
Las bajas estadounidenses e israelíes superarían a las de cualquier guerra previa. Aunque no hay disputa sobre que Estados Unidos e Israel poseen superioridad militar convencional, Irán —a pesar de no tener paridad— ha desarrollado capacidades indígenas formidables, especialmente en guerra de misiles y drones. Estos sistemas pueden atacar objetivos estadounidenses e israelíes de maneras nunca antes experimentadas.
Sin embargo, el arma más poderosa de Irán no son misiles ni drones. Es la fe, la valentía y la determinación de sus combatientes. Ningún ejército nacional en el mundo abraza la muerte y el martirio con la misma convicción que las fuerzas revolucionarias de la República Islámica de Irán.
Son seguidores devotos del Profeta del Islam, el Hazrat Mohamad (la paz sea con él), quien una vez fue ofrecido riqueza, poder y comodidad a cambio de abandonar su misión. Su respuesta, en esencia, fue: “Si colocas el sol en mi mano derecha y la luna en la izquierda, no abandonaré mi lucha por la verdad y la justicia”.
El Profeta (P) fue revolucionario, íntegro y desafiante, exponiendo los límites del poder terrenal mientras afirmaba la autoridad última de Dios sobre los asuntos humanos. Para sus seguidores y los de su santa progenie, la sumisión al imperialismo y al sionismo es impensable. Prefieren luchar y morir antes que inclinarse.
Nadie puede predecir la duración o el resultado de una guerra con Irán. La historia demuestra repetidamente que quienes inician guerras rara vez controlan cómo o cuándo terminan. Aunque los líderes estadounidenses puedan desear una guerra corta, la realidad indica lo contrario.
Trump y Netanyahu, a pesar de jactarse de la valentía de sus soldados, emprenderían una guerra cobarde, confiando en bombardeos aéreos en lugar de comprometer fuerzas terrestres. No enviarán tropas al suelo iraní para enfrentarse directamente a soldados iraníes.
Los iraníes, sin embargo, poseen resistencia para una lucha prolongada. La guerra impuesta a Irán por Sadam Husein en los años 80 —respaldada por potencias occidentales, incluyendo Estados Unidos— duró más de ocho años. Durante ese conflicto se utilizaron armas químicas contra civiles iraníes, y aun así Irán no capituló.
El objetivo a largo plazo de Netanyahu es la balcanización de Irán, tal como buscó la fragmentación de Siria, reduciéndola a un estado débil, inestable y atrapado en conflictos perpetuos.
Tal guerra no se limitaría a Irán. Rápidamente se convertiría en una conflagración regional, como ha advertido explícitamente el ayatolá Jamenei. Las bases militares israelíes y estadounidenses en todo el Golfo Pérsico serían blanco de misiles balísticos iraníes, y es probable que el Eje de la Resistencia se involucre en solidaridad con Irán.
Irán y el Sur Global
Más allá del Golfo Pérsico y del mundo musulmán, millones en el Sur Global —que no forman parte del Eje de la Resistencia— expresarán su oposición mediante desobediencia civil no violenta contra la agresión sionista e imperialista.
Los símbolos del poder imperial serán desafiados y perturbados por manifestantes anti-guerra en barrios de todo el mundo. Las cadenas de Starbucks, McDonald’s, Coca-Cola y Pepsi enfrentarán boicots y cierres. Espectáculos deportivos internacionales, como la Copa Mundial de la FIFA, serán boicoteados, y la campaña contra productos estadounidenses se globalizará.
Irán no solo honra a sus propios luchadores por la libertad, sino que también rinde tributo a íconos internacionales de resistencia reverenciados en todo el Sur Global. Calles de Irán llevan los nombres de Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Malcolm X y otros que encarnaron la lucha global contra la opresión, el colonialismo y el racismo.
Las masas del Sur Global se solidarizan firmemente con Irán. Los pobres y las clases trabajadoras reconocen el apoyo constante de Irán al pueblo oprimido de Gaza, su postura política de principios y su decisión temprana de cortar toda relación con Sudáfrica e Israel, países del apartheid.
Cualquier guerra contra Irán sería ilegal e injusta. El Imam Jomeini afirmó célebremente: “Aceptar la injusticia es peor que la injusticia misma”. Una certeza permanece: el pueblo iraní nunca aceptará la injusticia de la guerra. La resistencia a la opresión está profundamente arraigada en su conciencia histórica y cultural.
No obstante, la verdad es que no hay ganadores en la guerra. Tanto iraníes como estadounidenses sufrirían. La guerra nunca debe ser romantizada. Sus verdaderos resultados son huérfanos, fosas comunes, viudas, lesiones de por vida, lágrimas, pobreza, inestabilidad, inseguridad, trauma, enfermedades mentales, odio, venganza y la transformación de ciudades vivas en escombros y ruinas.
Por esta razón, toda persona consciente debe oponerse a una guerra ilegal, injusta e islamofóbica contra Irán. En todo el mundo, la gente alza la voz para decir: “No a la guerra”. La pregunta sin respuesta permanece: ¿escucharán los poderes establecidos este llamado democrático y moral?
* abogado en justicia social y exdirector de la clínica legal Lawyers for Human Rights (Pretoria, Sudáfrica). También es investigador asociado en Media Review Network.