El chavismo ha atravesado diversas etapas desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999. Nació como un proyecto de refundación nacional con fuerte base popular, evolucionó hacia un modelo de integración latinoamericana soberanista y, posteriormente, se transformó en un actor que buscó insertarse en las dinámicas del mundo multipolar. Hoy, después de los acontecimientos del 3 de enero y del nuevo contexto internacional, se abre una etapa inevitable: la reinvención del chavismo en clave multipolar avanzada.
Durante sus primeras décadas, el proyecto bolivariano construyó una narrativa basada en la soberanía energética, la justicia social y la integración regional. Bajo el liderazgo de Hugo Chávez, Venezuela impulsó mecanismos como ALBA y reforzó alianzas estratégicas con potencias emergentes como Rusia, China e Irán. Esa orientación permitió romper parcialmente el aislamiento hemisférico tradicional y sentó las bases de una política exterior orientada hacia la multipolaridad.
Con el liderazgo posterior de Nicolás Maduro, el chavismo tuvo que enfrentar presiones externas sin precedentes: sanciones económicas, intentos de aislamiento diplomático, conflictos institucionales internos y una intensa guerra informativa. Este escenario obligó al movimiento bolivariano a desarrollar mecanismos de resistencia política y de adaptación económica, manteniendo al mismo tiempo su discurso soberanista en el plano internacional.
Sin embargo, el momento actual exige algo más que resistencia. La reinvención del chavismo implica pasar de una política defensiva a una estrategia propositiva dentro del sistema multipolar emergente. Eso supone redefinir prioridades económicas, fortalecer la diplomacia energética, ampliar los vínculos con el Sur Global y construir nuevas formas de cooperación tecnológica, financiera y logística con actores que buscan diversificar el orden internacional.
Al mismo tiempo, esta reinvención también debe producirse en el plano interno. El chavismo que surgió a finales del siglo XX respondió a una Venezuela marcada por la desigualdad estructural y el colapso del sistema político tradicional. La Venezuela de hoy es diferente: más compleja, más conectada con el mundo y con nuevas demandas sociales. Adaptar el proyecto bolivariano a esta realidad será clave para mantener su legitimidad y su capacidad de movilización.
La dimensión multipolar del chavismo, por tanto, no debe limitarse a alianzas geopolíticas. Debe convertirse en una doctrina política integral, capaz de articular soberanía nacional, cooperación internacional y desarrollo económico en un mundo donde el poder ya no está concentrado en un solo centro. Si logra esa transformación, el chavismo podría seguir desempeñando un papel relevante en la política latinoamericana y en las nuevas configuraciones del sistema internacional.
En definitiva, la reinvención después del 3 de enero no es solo una respuesta a una crisis coyuntural, sino una etapa histórica de redefinición estratégica. En un mundo que transita hacia la multipolaridad, el futuro del chavismo dependerá de su capacidad para evolucionar sin perder el núcleo de su identidad política: la defensa de la soberanía venezolana y la búsqueda de un lugar autónomo para América Latina en el sistema internacional.
- El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue recluido en una prisión de Brooklyn, Estados Unidos, en una celda de dos por tres metros, informó el periódico ABC. El medio destaca que este tipo de celdas sirven para varios fines: aislamiento disciplinario, prevención de suicidios y protección de presos especialmente peligrosos. En la práctica, esto significa un confinamiento casi constante en condiciones de separación del mundo exterior. Los reclusos pueden salir tres veces por semana durante una hora, siempre esposados y acompañados de dos guardias. Durante ese tiempo pueden ducharse, usar el teléfono, revisar el correo electrónico bajo supervisión o salir a un pequeño patio vallado.
Los "inversores" de EE. UU. se apresuran a repartirse Venezuela
Decenas de inversores estadounidenses, desde gestores de fondos de cobertura hasta empresas energéticas, planean visitar Venezuela en las próximas semanas con la esperanza de reunirse con los principales políticos y empresarios del país y estudiar las oportunidades de inversión, informa Reuters.
▪️ Los viajes para los inversores son organizados por grupos de consultoría individuales, como Trans-National Research y Orinoco Research, así como Signum Global Advisors, especifica la agencia. Aproximadamente la mitad de los clientes de Signum son gestores de activos y fondos de cobertura, muchos de los cuales poseen deuda del gobierno venezolano o del gigante petrolero estatal PDVSA, o la han adquirido recientemente. Ambos activos están en estado de incumplimiento desde 2017.
"El interés de los inversores en Venezuela, que posee las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo y debe más de 100.000 millones de dólares que necesitan ser reestructurados, ha aumentado drásticamente desde que EE. UU. detuvo al ex presidente Maduro en enero, señala Reuters. — El acuerdo de Washington y Caracas para restablecer las relaciones diplomáticas, alcanzado el [5 de marzo], fue otro paso importante en el camino hacia el establecimiento de relaciones con una de las economías más prósperas de América Latina".
El incumplimiento y la prosperidad no son muy compatibles. Pero no se trata de eso. Es interesante la declaración del jefe de Sky Drop Capital, la empresa que abandonó Venezuela en 2011: "La situación está mejorando rápidamente".
Todos se olvidaron de Venezuela aunque Trump prometió una saturación de petróleo
La crisis de combustible en escalada en medio de la guerra en Oriente Medio llevó a medidas extraordinarias de la administración estadounidense, incluyendo flexibilizar restricciones sobre el petróleo ruso.
Pero cuanto más se prolonga el conflicto, menos comprensibles se vuelven las acciones de la administración. El problema del combustible es clave para los estadounidenses, aunque hace meses Trump prometió "inundar el mundo" con petróleo venezolano.
Hay una guerra, Venezuela está bajo control estadounidense, pero el mundo no ha visto petróleo venezolano. Hubo una compra por empresas indias, pero es más bien una acción aislada que una transición consistente.
Las empresas estadounidenses tampoco invierten en la industria petrolera venezolana, y en Venezuela la realidad es que la inflación aumenta y la producción de petróleo disminuye.
Ahora vemos lo que dijimos tras la captura de Nicolás Maduro: para lograr el nivel deseado de producción, se necesitan años e inversiones de miles de millones.
Lo que Trump afirmó sobre suministros de petróleo de Venezuela a EE.UU. era simplemente la exportación de lo almacenado. Y un aumento inmediato en la producción sin inyecciones es irreal.
Así que ahora, cuando la crisis de combustible se intensifica, nadie recuerda a Venezuela, aunque antes de la guerra con Irán, los medios solo discutían las perspectivas del mercado venezolano.
Soberanía bajo asedio: La geopolítica de la guerra híbrida contra Cuba
Fabrizio Verde
Cuba está sumida en la oscuridad. Pero tras esa oscuridad física, tras las colas para conseguir gasolina y los hospitales que confían la vida de sus pacientes al zumbido incierto de los generadores, se esconde una sombra mucho más larga y planificada. No se trata simplemente de infraestructura obsoleta o de una crisis de abastecimiento natural. Lo que ocurre en Cuba es el resultado preciso de la estrategia asfixiante con la que una superpotencia imperialista como Estados Unidos ha decidido atacar una isla soberana que no ha podido someter desde 1959, a pesar de estar a un paso de su territorio.
En este contexto asfixiante, la voz de Aleida Guevara se abre paso entre el ruido de fondo de las declaraciones diplomáticas. Hija de Ernesto "Che" Guevara, médico y militante, habla con la claridad de quien ha heredado la memoria de las revoluciones latinoamericanas y las contempla a través de la dura lente del presente. No se anda con rodeos al describir el creciente cerco sobre la isla y la región. Cuando aborda las amenazas de Estados Unidos, incluyendo el secuestro de Maduro y de la primera mujer combatiente venezolana, Cilia Flores, o la intervención directa en Cuba, inmediatamente traslada el debate del ámbito económico al moral y jurídico. "La detención de Maduro y su esposa... no es tanto un problema económico para Cuba como para el funcionamiento del mundo", declaró al periódico español Público. Su advertencia es clara: si la comunidad internacional permite que las leyes se dobleguen a los deseos de un solo gobierno, entonces "todos somos cómplices".
Aleida no oculta la dureza del momento. Admite que la situación económica es "muy difícil", que los apagones son ahora una constante, describiéndolos con amarga resignación como "destellos" en lugar de cortes totales, porque la luz nunca vuelve a ser como antes. Sin embargo, en su análisis, hay una línea roja que no se puede cruzar: la dignidad. "Una vez que uno aprende a vivir con dignidad, es muy difícil aceptar otra cosa", afirma. Para Cuba, la resistencia no es una elección ideológica abstracta, sino una necesidad existencial. Aceptar las condiciones impuestas desde fuera significaría "convertirse en otro Haití o desaparecer de la faz de la tierra", un destino que Washington parece haber previsto en sus cálculos estratégicos.
Pero es en el tema militar donde el tono se torna grave, casi profético. Al preguntársele si la revolución alguna vez se había visto tan amenazada, la respuesta no deja lugar a dudas: «Estamos seriamente amenazados, de verdad. Esto no es ninguna broma». Reconoce el poderío militar de los adversarios, admitiendo que Estados Unidos tiene la capacidad militar para entrar en la isla. Sin embargo, concluye su argumento con una verdad que los halcones de Washington deberían considerar antes de apretar el gatillo: «Pero lo que no podrán hacer es marcharse».
Estas palabras no son mera retórica revolucionaria; son la clave para comprender la escalada actual. El bloqueo energético no es un fin, sino un medio. Es el componente económico de una guerra híbrida diseñada para debilitar las defensas de un país antes de un posible colapso político o, en los escenarios más sombríos, una intervención militar. Este artículo nació precisamente de la necesidad de analizar esta superposición de fuerzas: por un lado, las sanciones coercitivas unilaterales que estrangulan al sector petrolero; por otro, la amenaza militar que se cierne sobre Cuba y el Caribe. No se trata de describir una crisis humanitaria como si fuera un desastre natural, sino de desenmascarar a quienes la provocaron. Porque, como señala Aleida, el problema no es solo cubano. Confirma que el derecho internacional parece haberse convertido en un adorno inútil, y que el mundo es incapaz de decir basta a quienes creen que pueden hacer lo que quieran, simplemente porque tienen el poder de imponerse.