Carlos X. Blanco
Estamos viviendo un cambio de era. Esto quiere decir que vamos a afrontar tiempos peligrosos. Todo un marco de certezas, hábitos y seguridades se deshace ante nuestra mirada. Pero hay que advertirlo: ese mismo marco cuya retirada y quiebre nos daba tranquilidad, también nos mantenía alienados y en estado narcotizado. Era el marco del “norteamericanismo”.
El control selectivo y efectivo del Estrecho de Ormuz significa, como hecho histórico único, la gran “contra-sanción” de un Estado rebelde, como el persa, al imperialismo de los Estados Unidos.
La situación que vivimos no conoce precedentes. Hasta ahora, los pueblos del mundo que resistían al Imperio Occidental solo podían manejar las bazas de las guerrillas, jugar a la carta del caudillismo o del partido revolucionario anti-imperialista. Hacerlo significaba, ni más ni menos, que arrostrar las sanciones y bloqueos impuestos por el Imperio Occidental, pasando hambre y estrechez, sorteando los bloqueos de suministro, convirtiéndose en mártires y héroes del anti-imperialismo. La resistencia persa es de otro jaez.
Los Estados Unidos no ganaron correctamente ninguna guerra desde 1945, si entendemos por guerra un conflicto militar convencional. Vietnam, Afganistán, Iraq, hablan al mundo y son monumentos elocuentes del fracaso militar de los estadounidenses. La estrategia del “bombardeamos desde el cielo, muy alto, y luego echamos a correr” se parece más a la estrategia del grupo terrorista que a la de un ejército imperial. Cuando los yanquis tratan de ocupar a pie de suelo países de tamaño mediano y grande, habitados por población hostil, ellos son ineficientes. En el fondo, el modus operandi yanqui es el mismo que el del ejército de la Entidad Sionista, pero a escala magna y con alcance planetario: cuentan con la tecnología sofisticada y la asimetría de fuerzas. Matan fácilmente a civiles, pero no a combatientes que hacen guerrillas. La lección es que en las guerras también cuenta la voluntad de resistir, no sólo la voluntad de poder.
Los iraníes han preparado concienzudamente la tecnología apta para una guerra asimétrica, así como han alimentado la voluntad de resistir, que es una variante muy intensa de la voluntad de poder. Su operativo balístico y sus enjambres de drones son ya, de por sí, una revolución en el arte de la guerra. Fabrican barato y en masa, reponen rápido el arsenal, lo esconden bajo tierra, lo distribuyen en mosaico y también en mosaico gestionan la defensa y las réplicas. El gobierno de la nación persa, en realidad, no se puede “descabezar”. Como el chino, es un gobierno colegiado, altamente estructurado donde el liderazgo coyuntural de una persona está siempre subordinado al colegio cualificado que mantiene las estructuras de mando. Este tipo de estructuras de mando corrige rápidamente el eterno problema de la aparición de traidores y oportunistas, como probablemente sucedió en China en las recientes semanas, donde la purga de Xi frenó a este tipo de elementos. En el pasado, la sumisión y derrocamiento de regímenes “no homologados” con la democracia “liberal” estadounidense (Perón, Franco, caudillos socialistas, etc.) siempre fue posible por la existencia de traidores y oportunistas dentro de las estructuras. Recientemente lo vimos en Venezuela.
Irán está practicando la gran “contra-sanción”. Para pasar por Ormuz y tener garantizado el suministro energético no hay que ser hostil a la nación persa, de lo contrario, hasta los portaaviones puede sufrir impactos y, eventualmente, resultar hundidos. La cuestión que me quiero plantear, si quiera esquemáticamente, es la siguiente: ¿cómo se percibe todo esto en España? ¿Qué implicaciones –objetivas y subjetivas- acarrea este nuevo escenario, inédito en la Historia, según el cual el Imperio Occidental es ahora el sancionado. Después de 80 años castigando al díscolo, ahora son los estadounidenses y sus vasallos los castigados.
El Reino de España es, desde 1953, un Estado vasallo sin margen de maniobra alguno en su política internacional. Geopolíticamente hablando es un cero a la izquierda. El control del Estrecho de Gibraltar, que es como decir el control de todo el Mediterráneo Occidental y de sus países ribereños, corre a cuenta de los británicos y marroquíes, aliados inquebrantables de los Estados Unidos, quienes además cuentan con la base de Rota y otras más situadas en territorio español. Los americanos cuentan ya, desde la independencia de Marruecos, con una línea directa de transmisión de información y coordinación con el sultanato norteafricano. Éste, que nunca ha abandonado sus pretensiones expansionistas en detrimento de España, ahora también es socio preferente de Israel. Es vital para los americanos y los sionistas que este Estrecho no quede cerrado. Si el Mar Rojo, Ormuz y Gibraltar se cerrasen simultáneamente, la Entidad Sionista sería como una pequeña rata caída en una ratonera.
La condición vasalla del Reino de España hace que el actual cierre selectivo de Ormuz la ponga en una situación de lo más vulnerable. Casi rotos los lazos con Argelia, suministrador energético tradicional de los españoles, y enemigo de los marroquíes, protector –además- del pueblo saharaui (abandonado a su suerte por España), el gobierno de Madrid se halla en la peor situación imaginable, pues le va faltar gas y petróleo. Enemistado diplomática y retóricamente con Trump, el presidente yanqui puede “soltarle los perros” a Sánchez. Y esos perros mordedores son los sionistas (que ya han espiado al presidente español vía Marruecos y vía software Pegasus) y, de manera mucho más inmediata, el sultán marroquí es quien puede soltar los animales de presa. Las “marchas verdes” sobre Ceuta, Melilla y Canarias, a modo de eco y recuerdo de aquella otra que supuso la conquista del Sahara occidental hace medio siglo, pueden ser reactivadas en cualquier momento con el visto bueno de la Casa Blanca.
El Reino de España tendrá dos problemas de golpe: invasión migratoria a la que una inexistente “comunidad internacional” nunca querrá llamar conquista, con todo el apoyo tecnológico que a los magrebís les puede prestar la Entidad Sionista y el Imperio Yanqui. Pero un “desplante a Trump”, a su vez, no puede engañar al poder iraní, que está en guerra real y no retórica, se resiste tenazmente y que ya no está para bromas. España no puede engañar a los persas: es estado miembro de la OTAN, sumiso ejecutor de los dictados franco-alemanes. Las élites de la partitocracia española están vendidas a los grandes poderes financieros y a los grandes lobbies actuantes en Europa Occidental, lobbies que están laborando por sus propios intereses desde hace décadas. Nunca van a desligarse de sus “compromisos” en Bruselas, tanto en las estructuras burocráticas de la UE, como en las militares de la OTAN. Esta situación es nefasta: oficialmente, los españoles se alinean como enemigos de Irán, y a la hora de la verdad habrán de contribuir (escasamente y de mala gana, mas contribuir al fin y al cabo) a la guerra yanqui-sionista “contra el mal”. Pero, a su vez, el vasallo perezoso y mínimamente díscolo, será castigado. España es muy vulnerable en el flanco sur, donde Trump puede mover a su perro de presa que es Marruecos. Marruecos castigará a un país de la UE y de la OTAN en nombre de Trump y de Netanyahu: suena inaudito, pero en el contexto actual es verosímil. Millones de marroquíes cruzarán la frontera y se unirán a los que ya viven dentro, haciendo reventar la identidad cultural de los españoles y reventando la caja de subsidios a los alógenos.
A mi juicio España no va a sacar nada positivo de esta situación. Muy al contrario. El supuesto “enfrentamiento” entre Sánchez y Trump es puramente demagógico. El gobierno socialista de Pedro Sánchez está acosado por demasiados escándalos de corrupción, que implican supuestamente “mordidas”, tráfico de influencias, comercio sexual, tratos de favor, financiación ilegal del Partido, y un largo etc. En España, las fuerzas de izquierda se encuentran en un proceso de descomposición y fragmentación que, a fecha de hoy, parece irreversible. En este contexto, Sánchez pretende –muy hábilmente hasta ahora- ser un nuevo Fénix, capaz de atraer a los restos del naufragio izquierdista, e imponer el lema “nadie a la izquierda de mí”, adoptando la pose de un catalizador y rescatador de la maltrecha izquierda española. De ahí que “el no a la guerra, y el no a Trump” le dé réditos. Está repitiendo la hipócrita jugada de acordarse de la catástrofe de Gaza y criticar de boquilla a la Entidad Sionista que lo perpetra, al tiempo que los contratos armamentísticos y de otro tipo siguen en activo. España es un país absolutamente penetrado por capital judío y cristiano-sionista, con lo cual no tiene realmente ningún margen de maniobra. Cuando lo deseen realmente, las tenazas de Washington, Rabat y Tel-Aviv harán reventar la nuez española. Hasta la Iglesia Católica y sus proyecciones mediáticas están a las órdenes hebreas, lo cual explica sus silencios, sus complicidades, sus discursos sobre el “judeocristianismo” y el enorme apoyo logístico y asistencial (por ejemplo la ONG “Caritas”) a la invasión silenciosa de la Península Ibérica. La derecha del PP y de VOX está, por su parte y en su inmensa mayoría, a favor de esta retórica hipócrita: la de no molestar demasiado a Marruecos, para no irritar a su amo, el sionismo (tanto el hebreo como el cristiano).
De otra parte, el factor exterior también es jugado muy hábilmente por Pedro Sánchez. Un repaso a la prensa digital “progresista” del mundo occidental, especialmente en Europa, le señala como excepción valiente y noble, ante las conductas sumisas alos yanquis de la Meloni, Macron, Merz, etc. No hay tal valentía: Sánchez quiere salvar su pellejo político, desea ganar fuera un prestigio que dentro de su país tiene muy perdido. En realidad ni él ni sus socios de gobierno (SUMAR, que es como la “marca blanca” del Partido Socialista conocidos sólo por ocupar cargos, así como los separatistas catalanes y vascos) se han planteado nunca impugnar la adhesión a la OTAN, la expulsión de las bases yanquis, el alineamiento geopolítico contra el Eje franco-alemán, ni ninguna cosa por el estilo. Sánchez se presenta ante el público externo (sobremanera, el de Iberoamérica y el de Europa Occidental) como el refundador de la Socialdemocracia, cuando en realidad es el más fiel aplicador de políticas neoliberales, atlantistas y europeístas. En Bruselas es un enano político, y la administración norteamericana le desprecia profundamente (eso, cuando en Washington hay un funcionario que haya oído hablar de él).
El pueblo español, en grandísima medida, ignora lo que está pasando. Ignora que su Soberanía Nacional ha sido usurpada en sucesivas ocasiones: en 1953, cuando Franco cedió las bases a los yanquis; en 1973, cuando los americanos ejecutaron a Carrero Blanco a través de la ETA; en 1981, con el “intento” de Golpe de Estado; en 2004, con las bombas a los trenes en Madrid. La Soberanía Española ha sido intervenida numerosas y sucesivas veces. Al pueblo se le ha vendido la idea de que “Occidental” (es decir, americanomorfo) es sinónimo de progreso, modernidad, bienestar, consumo pletórico. En grandísima medida el español de hoy es un pueblo manipulado de forma muy eficaz, hasta extremos sádicos. Se le ha arrancado de cuajo su tradición e identidad y apenas existe una oposición organizada al Régimen de 1978. Cuando la carestía energética que impondrán los iraníes como “contra-sanción” sea algo palpable y apriete, puede que vengan reacciones. De momento, no se divisan. Del mismo modo, el otro fenómeno que se encuentra muy conectado con éste, es decir, el de la invasión migratoria vaya a más (sí, puede ir a más, aunque parezca increíble), también puede haber consecuencias ahora apenas detectadas: xenofobia, altercados, clima de guerra civil étnica. Debe tenerse en cuenta que la tenaza migratoria es especialidad marroquí, pero a ella se le pueden agregar los contingentes de refugiados auténticos que huirán de Oriente Medio, donde no va a haber quien viva (sus amos ricachos habrán huido) y querrán venirse a Europa por la cabeza de puente que supone el Estrecho de Gibraltar. La cercanía a África siempre será la maldición de España.
España se ha metido en una ratonera Geopolítica: la UE y la OTAN. Es una ratonera querer vivir deseando ser vasalla y nación colonizada. El pueblo se encontrará con su merecido: ha querido vivir bien bajo la protección de una mafia. Cuando reaccione será tarde, y con mucho sufrimiento. De España solo quedará la cáscara de la nuez. Y rota.