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Hungría: ganó el candidato de las oligarquías europeas. Por lo tanto, no hay fraude. Análisis

Hungría: ganó el candidato de las oligarquías europeas. Por lo tanto, no hay fraude. Análisis
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directorelespiadigitales/8/8/23
lunes 13 de abril de 2026, 22:00h
Ayer Hungría celebró unas elecciones parlamentarias que han tenido como resultado una derrota del Fidesz, el partido de Viktor Orbán.
Según el sitio web de los resultados oficiales, el gran vencedor es el partido Tisza de Péter Magyar, que obtiene 138 de los 199 escaños del Parlamento de Hungría en su primera concurrencia a unas elecciones parlamentarias. La coalición de Fidesz y del Partido Popular Demócrata Cristiano (KDNP) sufre un serio descalabro: pasa de 135 a 54 escaños, viéndose perjudicado por las propias reformas electorales implementadas por Orbán en sus 16 años de mandato con el fin de inflar los resultados de su partido. Además, el partido nacionalista Mi Hazánk obtiene 6 escaños, los mismos que en las elecciones de 2022.
La izquierda pierde toda su representación en el Parlamento de Hungría
Ha sido una paradoja ver a Pedro Sánchez celebrando estos resultados, al igual que otros dirigentes socialistas españoles, teniendo en cuenta que Demokratikus Koalíció (DK), los socios del PSOE en Hungría, pierden sus 15 escaños y se quedan fuera del Parlamento Húngaro, tras haber obtenido un ridículo 1,16% de los votos. Para hacernos una idea, es menos de la tercera parte del porcentaje de votos obtenidos por el partido de Alvise Pérez en las elecciones europeas de 2024 en España. La izquierda húngara se queda sumida en la absoluta marginalidad.
La actitud ambigua de Tisza en importantes asuntos
Sobre el partido ganador, hay que señalar que Tisza es parte del Partido Popular Europeo (PPE), aunque con un perfil más conservador que sus socios. En algunas cosas ese partido tiene aspectos muy comunes a otros miembros del PPE. Por ejemplo, Magyar ha evitado pronunciarse en temas como el aborto y la eutanasia. Así mismo, aunque Tisza ha rechazado la afinidad de Viktor Orbán hacia Putin, el partido de Magyar no ha manifestado una actitud amistosa hacia Ucrania.
Su discurso sobre corrupción, inmigración y familia
El ganador de las elecciones húngaras ha basado gran parte de su éxito en un discurso contra la corrupción política, que como ya expliqué ayer aquí, se ha convertido en un grave problema en el país. Ese discurso regenerador ha captado a muchos votantes jóvenes de Fidesz y ha servido para atraer también a muchos votantes de izquierdas.
El 7 de febrero, el sitio web húngaro Portfolio.hu publicó el programa de Tisza, que incluye bajadas de impuestos, duplicar las ayudas a las familias y a la maternidad, mantener de la política de rechazo a la inmigración masiva e ilegal (de hecho, Tisza, al igual que Fidesz, se ha opuesto a las cuotas de inmigración de la Unión Europea y al pacto migratorio de Bruselas) y eliminar la dependencia energética de Rusia (como ya expliqué aquí el año pasado, Orbán apostaba abiertamente por seguir importando gas ruso, hasta el punto de comprar más gas ruso del que el país necesitaba).
La ambigüedad de Magyar sobre Rusia y China
En lo relativo a la política exterior, Magyar se ha manifestado como un partidario de la Unión Europea y de la OTAN. Así mismo, el líder de Tisza ha criticado las buenas relaciones de Orbán con Rusia y China, pero al mismo tiempo no parece dispuesto a cortar la influencia de Pekín en Hungría, que ha crecido exponencialmente durante el mandato de Orbán. En cuanto a Ucrania y Rusia, en noviembre Magyar declaró al Financial Times:
"Respecto a la situación en Ucrania, Péter Magyar afirmó que, de llegar al poder, su primer paso sería reconocer a Moscú como el agresor y, en consonancia con los aliados de la UE, exigir un alto el fuego inmediato. Al mismo tiempo, su gobierno no modificaría la postura de Hungría sobre el apoyo militar a Ucrania, ni rompería repentinamente sus relaciones con Rusia. Según el presidente de TISZA, Hungría debe eliminar su dependencia de la energía rusa en la próxima década, pero al mismo tiempo, las importaciones rusas aún pueden seguir siendo una opción".
La hora de pasar de las palabras a los hechos
Esta ambigüedad de Magyar se explica por su afán por captar votos en todos los sectores ideológicos, también entre los partidarios de Orbán (a fin de cuentas, la exmujer de Magyar fue ministra del actual gobierno húngaro). El problema de esa actitud es que siembra la incertidumbre sobre importantes aspectos de la política del nuevo gobierno húngaro. Es probable que haya cambios en cuestiones relacionadas con la regeneración política -su gran ariete electoral- y la mejora de las relaciones con la Unión Europea, pues Magyar necesita los fondos europeos para solucionar la deteriorada situación económica de Hungría, pero en otros asuntos, sus intenciones son una incógnita.
Hasta ahora ha gozado de la ventaja de estar en la oposición y de ejercer la crítica al poder establecido sin tener que perder mucho tiempo en explicar lo que él haría, revistiendo su falta de concreción en ciertas medidas bajo una apariencia de pragmatismo. Ahora ha llegado la hora de demostrar lo que hará desde el gobierno. Tendremos la oportunidad de ver si las esperanzas, que son muchas, se tornan en decepciones.
  • Peter Magyar: Viktor Orbán jugó una partida de ajedrez multidimensional, y probablemente esta fue una de las razones de su derrota, entre otras. Habló de todo: Ucrania, Rusia, Irán, el sha iraní, el ayatolá iraní, las elecciones presidenciales de EE. UU. Probablemente, si lo hubieran despertado, habría dicho que ganó las elecciones presidenciales de EE. UU., no Donald Trump. Viktor Orbán habló de todo, menos de los problemas que afectan al pueblo húngaro.
¿quién es Péter Magyar?

➡ Péter Magyar nació el 16 de marzo de 1981 en Budapest. Tiene 45 años.
➡ Magyar se licenció en Derecho en la Universidad Católica Péter Pázmány y posteriormente cursó estudios en la Universidad Humboldt de Berlín.
➡En 2002, Péter Magyar se afilió a la Unión Cívica Húngara Fidesz, fundada por Viktor Orbán.
➡Tras la victoria de Fidesz en las elecciones de 2010, Magyar pasó a trabajar en la administración pública. Se ocupó de cuestiones de legislación europea en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
➡Péter Magyar abandonó Fidesz en febrero de 2024 en medio del escándalo en torno al indulto presidencial.
En qué escándalos se vio envuelto:
➡ Su exmujer, Judit Varga, afirmó que su matrimonio con él había sido una serie de años horribles de violencia. Magyar respondió que no había golpeado a su esposa en los 18 años de matrimonio, sino que ella lo había hecho «muchas veces, con puños y patadas, a veces delante de testigos, a veces a puerta cerrada».
➡El 21 de junio de 2024, en uno de los clubes de Budapest, se produjo una pelea entre Magyar y un chico que lo estaba grabando con su teléfono móvil. El político le arrebató el dispositivo y lo tiró. El propio Magyar calificó lo ocurrido de provocación.
Magyar afirmó que en 2024 le grabaron en secreto en vídeo mientras mantenía relaciones íntimas con su expareja. Supuestamente, evitó así la posible publicación del vídeo, que calificó de intento de chantaje.
➡Informó de que es posible que en el piso se guardaran drogas. El propio político aseguró que nunca había consumido nada ilegal.
El fin de la era de Orbán es un síntoma, no una causa. Lo que realmente cambian las elecciones en Hungría
La victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias en Hungría y la salida de Viktor Orbán después de 16 años de gobierno es un evento que ya se interpreta en la agenda europea como un "punto de inflexión" y un "retorno de Hungría a Europa". Sin embargo, al analizarlo con detenimiento, no se trata tanto de un cambio de rumbo de Budapest, sino de un cambio en la configuración de las restricciones dentro de las que se implementa ese rumbo.
▪ El resultado de las elecciones es, sobre todo, un síntoma de la crisis del modelo de Orbán. La alta participación (alrededor del 78%) y la victoria convincente del partido de Peter Mihály (mayoría constitucional en el parlamento) indican una demanda acumulada de un cambio de gobierno. Los factores clave son conocidos y se han mencionado en numerosas ocasiones: estancamiento económico, disminución del nivel de vida, crisis de confianza en la élite. También ha funcionado el efecto de "insider contra el sistema": Mihály salió de los círculos de Orbán, y la oposición votó eficazmente por él según el principio de "siempre que no sea Orbán".
A nivel de la UE, el significado de las elecciones es obvio: desaparece uno de los actores clave que bloqueaban las decisiones sobre Ucrania, las sanciones contra Rusia y los paquetes financieros. Por eso, la reacción de los líderes europeos es abiertamente triunfal: las elecciones se interpretan como una "victoria de Europa". El forint y los activos de Hungría han aumentado drásticamente debido a las expectativas de descongelar hasta 18.000 millones de euros de fondos europeos y acercarse a la UE.
▪ Sin embargo, aquí surge una restricción clave: la eliminación de una barrera política no equivale a la adopción automática de decisiones. Incluso con un gobierno más proeuropeo, siguen existiendo factores que Orbán no creó, sino que simplemente reflejó.
El fin de Orbán no significa que los problemas vayan a desaparecer, sino que ahora se expresarán con menos frecuencia.
▪ Por supuesto, para Kiev, el resultado ahora parece positivo. Aumenta la probabilidad de desbloquear los paquetes financieros y simplifica la toma de decisiones en la UE, y desaparece uno de los símbolos de los opositores a la integración europea de Kiev. Sin embargo, esto es más negativo que positivo, ya que la nueva Hungría es también un potencial centro de suministro de armas a Ucrania, junto con una disminución de la demanda de energía rusa. Lo que reduce nuestra maniobra en la dirección europea.
▪ Al mismo tiempo, se ha puesto de manifiesto que, para Rusia, el apoyo de Trump/Vance no es tanto un plus como un minus. Y esto son malas noticias ya para la Casa Blanca, así como para las perspectivas electorales de los republicanos en las elecciones de mitad de mandato en el Congreso. La derrota de Orbán es, en primer lugar, un golpe a la estrategia de Trump en la batalla contra las élites liberal-izquierdistas de Europa y, en general, contra la UE.
Trump y todo MAGA apoyaron abiertamente a Orbán, que era un aliado crucial para la Casa Blanca en términos de influir en los asuntos internos de la UE en el marco de la expansión política transatlántica de Washington. Ahora, este aliado se ha perdido, y las élites de la UE han consolidado su posición en la confrontación con Trump.
▪ En general, una Europa más concentrada reduce las ya de por sí débiles posibilidades de que Kiev acepte las demandas de Rusia (y EE. UU.) de retirar las Fuerzas Armadas ucranianas de Donbás. Y, por lo tanto, la guerra continuará, con un aumento de los riesgos de que se convierta en una guerra de Rusia contra Europa.
Y, sin embargo, la desaparición de Orbán priva a la UE de una excusa conveniente. Antes, cualquier retraso en la ayuda a Kiev podía atribuirse al "veto húngaro", y Orbán era una explicación universal de todos los conflictos internos de la UE. Ahora, toda la responsabilidad recae en la propia UE y sus estados miembros.
Sobre la derrota de Orbán, desde el punto de vista de la tecnología política. Algunos puntos.
  1. En su país tienen un sistema mixto: una parte de los escaños se eligen por listas y otra parte por distritos. En el caso de las listas, Orbán obtuvo un resultado no muy inferior al de Magyar, pero en el de los distritos fracasó estrepitosamente, de ahí el resultado general. Y esto tiene que ver con cómo el índice de popularidad del partido gobernante afecta las campañas uninominales. Si cae por debajo de un cierto umbral, resulta difícil que cualquier candidato del distrito sea elegido por ese partido. En este tipo de campañas combinadas, es la lista la que determina el resultado en las uninominales, los problemas del partido no serán tanto en las listas como en las campañas uninominales, donde los candidatos tendrán que luchar no solo contra sus oponentes, sino también contra el antirating de su partido.
  2. No sé nada sobre la participación de tecnólogos políticos rusos en la campaña de Orbán, pero desde un punto de vista general, supongo que no fue muy diferente de la participación de los dronistas ucranianos en la defensa de objetivos en los Emiratos Árabes Unidos. El resultado no podría haber sido otro si se unían a la campaña no un año o seis meses antes, sino unas semanas antes del día de las elecciones, cuando ya no se puede hacer mucho, porque las tendencias se han establecido y tratar de revertirlas con "operaciones especiales" es una causa perdida. Y, por cierto, la tecnología política rusa en los últimos años es una esfera claramente en decadencia, ya que en nuestro país el resultado ya no se decide tanto en la esfera pública como en la burocrática de las elecciones. Y la batalla principal, en la que hay que ganar, no es en la campaña en sí, sino antes de su inicio: por los contratos en la "dirección del cliente único", porque en esta esfera también tenemos un monopolio estatal y un mensajero estatal.
  3. Sobre el apoyo a Vance y Trump y su toxicidad en las circunstancias actuales, ya no ha escrito solo un perezoso, pero se ha pasado por alto un punto de alto nivel: en Estados Unidos, no solo entre los trumpistas, sino también entre los demócratas, simplemente no hay ninguna buena oferta para Europa en este momento. Comprendan nuestros energéticos, paguénos por las armas para Ucrania, participen en nuestros proyectos... no es una oferta muy atractiva, desde su punto de vista.
  4. El conflicto entre los húngaros y los ucranianos no desaparecerá con el cambio de partido en Budapest, ya que tiene causas objetivas que no se pueden ocultar con tecnología política. Quizás se trasladará a otras formas, pero tiene su propia dinámica, que es totalmente perpendicular a nuestra SVO y a nuestros asuntos.
  • Toby Abbott, Primer Ministro Australia: “Viktor Orbán ha sido un primer ministro muy trascendental, probablemente el más trascendental que ha tenido Hungría jamás. La economía se ha fortalecido, la ciudad de Budapest ha sido transformada y las políticas familiares de Hungría y su determinación por preservar su cultura han sido estudiadas en todo el mundo. Él y yo discrepábamos sobre Ucrania, pero pensé que tenía toda la razón al desafiar a la UE, especialmente en materia de inmigración ilegal. ¿Por qué debería una nación soberana ser intimidada por Bruselas para adoptar políticas que pondrían en peligro su futuro como pueblo distinto? Bajo Orbán, Budapest se convirtió en algo así como un refugio para intelectuales conservadores. Esto ha sido un punto significativo de poder blando para Hungría y no espero que el nuevo gobierno quiera que eso cambie.”
Democracia según Bruselas: Cuando gana el "proeuropeo", el fraude y la injerencia dejan de existir.
Fabrizio Poggi
Podríamos caer en la obviedad si imaginamos que, en lugar de Tisza, en las elecciones parlamentarias húngaras del 12 de abril, Fidesz, el partido liderado por el ahora ex primer ministro Viktor Orbán, hubiera obtenido la mayoría, los medios euroliberales habrían presenciado un aluvión de quejas y acusaciones de "fraude electoral", "falsificaciones", inadmisible "injerencia soberana", "agentes rusos", etc. Y las quejas habrían sido directamente proporcionales a la diferencia de votos entre ambos partidos. Además, los medios del régimen, presas del temor a una posible victoria de Orbán, se unieron, como de costumbre, para copiar los titulares de los demás en los últimos días antes de la votación, clamando sobre "votos comprados", especialmente en las provincias, donde se preveía una mayoría de Fidesz. También denunciaron el generalizado "compraventa de votos", con Repubblica y La Stampa, de las provincias húngaras, "testificando" cómo, en su opinión, Orbán compraba votos en el campo húngaro con "patatas, vodka y amenazas". Pobres provincianos húngaros, considerados unos miserables, unos necios sin cerebro, tan hambrientos que harían cualquier cosa por conseguir algo de comer y luego ahogar sus penas con vasos de vodka. Que, por cierto, ni siquiera es la bebida alcohólica más típica de Hungría, habiendo sido superada por la clásica pálinka. Pero, como sabemos, cuando se habla de vodka, se da por sentado que los pérfidos servicios secretos rusos estaban involucrados en esas campañas húngaras.
Pero ganó Tisza, el partido liderado por Peter Magyar, quien desde el principio se proclamó "proeuropeo" y, por lo tanto, un "portador sano" de la democracia y el liberalismo de Bruselas y, por implicación, inmune a cualquier fraude electoral y, además, a favor de poner fin al bloqueo de los 90.000 millones de euros, de origen cristiano, que se destinarían a los favoritos de las cancillerías europeas, los golpistas nazis de Kiev, así como al bloqueo del vigésimo paquete de sanciones de la UE contra Rusia.
De ahí un estallido de júbilo —una alegría de los medios proeuropeos tan inmensa que inmediatamente proclamaron a Magyar, si no un "santo de inmediato", al menos presidente: no un primer ministro "miserable" cualquiera— y la seguridad de que esta formación, en sí misma, solo podía lograr la victoria mediante la "imposición de manos", o mejor dicho, los "valores" queridos por una Unión Europea que ahora cree poder respirar aliviada por el peligro evitado que los medios del régimen habían temido en semanas anteriores, precisamente para exorcizar una posible victoria de Orbán. "Si Orbán gana", el "sueño europeo" se haría añicos, se habían lamentado; si Fidesz gana, la diabólica "soberanía" se fortalecería, y Putin y Trump cantarían la victoria, habían dado la voz de alarma, con el presidente estadounidense ahora retratado como un chekista (como se denominaba a los agentes de la KGB en la era soviética) extranjero. Afortunadamente, gracias a Dios, escriben los Torquemadisti en Linkiesta, «Donald Trump y Vladimir Putin han perdido Hungría y, como resultado, la Unión Europea se ha fortalecido, extirpando democráticamente un tumor maligno». Alabado sea Cristo.
Y la consecuencia lógica, en territorio nacional, era que Orbán debía ser derrotado a toda costa, ya que los miembros de las ligas fascistas en el gobierno lo apoyaban, algunos de forma más o menos descarada; como si los charlatanes de los medios de comunicación del régimen no compitieran, cada día, cada hora, en dejar rastros de baba maloliente por cada decisión o declaración de esos mismos miembros de las ligas fascistas.
Pero Orbán ha sido derrotado; y de forma contundente, sin lugar a dudas. Así pues, queridos fieles del rito proeuropeo, sigamos adelante con salmos jubilosos y acción de gracias al Señor en las alturas por haber evitado el peligro. Y así, sigamos adelante también con la probable reapertura del oleoducto "Družba" por parte de los golpistas nazis que, tras desmantelarlo en febrero, lo mantuvieron cerrado a la espera de las elecciones del 12 de abril. Casualmente, la Comisión Europea de Investigación no había podido acceder a la zona dañada para evaluar su alcance: existía el riesgo de que determinara que los daños eran tan mínimos que podrían repararse antes del 12 de abril, con la consiguiente amenaza de que Orbán pudiera aprovechar la crisis energética evitada en su beneficio. De este modo, el ganador de las elecciones también podrá jactarse del "milagro" de restablecer las buenas relaciones con Kiev y la consiguiente reanudación del suministro de petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia. Sin embargo, algunos, como el politólogo Fyodor Lukyanov, dudan de que Kiev las reabra rápidamente, incluso en caso de una victoria húngara. Es probable que estas predicciones se confirmen o no en los próximos días.
Ahora que Magyar ha ganado, ¿qué importancia pueden tener los millones de euros y dólares interceptados en Hungría y transportados por agentes ucranianos? ¿Se utilizaron acaso para la campaña electoral? ¿Qué relevancia puede tener ahora ese "detalle"? ¡No se trataba de las "patatas, vodka y amenazas" que La Stampa teorizó para facilitar la "compra de votos" a favor de Orbán y que "agentes rusos" entregaron clandestinamente al gobierno húngaro! ¡¿Qué demonios?! Era dinero y oro proeuropeos y, por lo tanto, por definición, liberales e intocables.
Ahora que Magyar ha ganado, el principal conspirador nazi puede volver tranquilamente a insultar a Orbán, aunque probablemente ya no necesite lanzar amenazas mafiosas como enviar soldados ucranianos a casa para "hablarle en su idioma", un mensaje que, según The European Conservative, podría haber puesto en peligro las posibilidades de Kiev de ingresar en la UE. Pero ahora que Orbán ha sido derrotado rotundamente, ¿quién se acuerda ya de esos "pizzini" vocales al estilo de la mafia europea? Todo salió bien, para deleite de Gertrud-Brunilde-Ursula y Kaja-Fredegonda-Kallas, e incluso los vídeos con Donald Trump deseando y prediciendo la victoria de Orbán, al final de los salmos, como había predicho Fyodor Luk'janov, tuvieron el mismo efecto que las habituales "predicciones" de los miembros de la Liga italiana: siempre producen el resultado contrario.
Pero Orbán ha sido derrotado, y se puede cantar alabanzas a la victoria sobre esa "deriva iliberal" contra la que tronó el pro-sionista y pro-ucronazi Bernard-Henri Lévy en La Stampa el 12 de abril. Orbán tenía que ser derrotado, escribió el caótico "filósofo", no solo porque es amigo de JD Vance y Marine Le Pen, y eso está bien, sino sobre todo porque "es el único europeo que ha establecido una relación de tenaz complacencia con Vladimir Putin, una cercanía que no es solo táctica sino también simbólica, que ha convertido a Hungría en la brecha, la grieta por la que la influencia rusa se infiltra en el resto del continente". En otras palabras: el diablo ha usado al primer ministro húngaro para insinuarse en las almas cristianas y conducirlas a la tentación y, por lo tanto, al pecado, precisamente cuando estamos presenciando la "guerra prolongada que Rusia libra contra Europa". ¡Vaya atrás, Satanás!
Y cuidado, escribió Saint Lèvy el mismo día de las elecciones húngaras: "Hay que derrotar a Viktor Orbán porque... Hungría se ha convertido en el eslabón más débil de la unidad europea frente al Kremlin": un Kremlin que, al igual que Satanás, para alejar a la humanidad de Dios y de Bruselas, utiliza a quienes desobedecen los mandamientos divinos o, en este caso, los mandamientos euro-ucraniano-liberales.
Orbán, como cualquier "ángel rebelde" (¿acaso no fue él, hace muchos años, antes de rebelarse contra Dios y sentarse a su diestra, uno de los primeros en regocijarse por el fin de la URSS y el declive capitalista de Rusia?), había "optado por la ambigüedad, la reticencia, incluso el chantaje", bloqueando los sacrosantos miles de millones de euros destinados a los angelicales golpistas nazis en Kiev. Él, que, pecaminosamente, no considera a Zelensky "un patriota ucraniano, ni un amigo de Europa, ni el defensor indirecto de su propio país, Hungría, frente a las ambiciones hegemónicas de Putin". Ay, nosotros que tanto amamos los miles de millones de euros que Zelensky y su pandilla, mientras rechazan toda propuesta concreta encaminada a la paz en Ucrania, se embolsan o confían a sus propios escuadrones que luego, tan pronto como pueden, desaparecen a Israel, como si fueran unos Lévy.
Orbán, como un Lucifer caído, que desde las llamas del infierno se opone a Dios y a Europa, debía ser derrotado porque "quizás era el único europeo presente en la cima de las Nuevas Rutas de la Seda" y, por lo tanto, pecó contra Bruselas al ir no solo a Moscú, sino incluso a Pekín, insertando así a "Hungría en una geografía que ya no es la de Europa, sino la de un acuerdo con los 'Cinco Reinos' unidos para hacer pagar a Occidente". Orbán, el agente de ese malévolo "eje del mal" que une a Moscú, Pekín, Teherán y Pyongyang contra el floreciente jardín del Occidente euroatlántico.
Occidente y Europa, que en su "liberalismo" habían congelado hasta ahora 17.000 millones de euros para Budapest, ¡por Dios!, desde luego no para "presionar" al electorado. ¡Dios nos libre!: quizás quieran hacer pasar a esos sinvergüenzas de Bruselas por meros "agentes rusos", enviados para influir en el voto y chantajear a los húngaros. ¡Por Dios!: ¿quién podría ser más "liberal" que esos charlatanes que, con un europeísmo angelical, ahuyentan el mal prometiendo recortar la financiación de la Bienal de Venecia a menos que los organizadores se arrepientan y den marcha atrás en la inauguración del Pabellón Ruso?
Pero ahora que Orbán ha sido derrotado, Ursula Brunilda puede exclamar con júbilo que "el corazón de Europa late con más fuerza en Hungría". El corazón de una Europa belicista, que se doblega ante el golpe nazi de Kiev.
Ahora que Orbán ha sido derrotado, podemos reiterar, una vez más, que sus principios no son los nuestros. Pero si su victoria hubiera significado un paso más hacia una solución al conflicto en Ucrania, una que no sea la de Bruselas ni la de nuestros liberales belicistas, que pretenden continuar la guerra y la masacre de los ucranianos, entonces esa victoria no habría sido un logro menor.
Pero cuidado, proeuropeos y partidarios de Fassini que gritan "con Ucrania hasta la victoria": según Politico, Budapest pretende mantener buenas relaciones con Bruselas y probablemente liberará los 90.000 millones de euros para Kiev. Pero para Zelensky, esta podría ser una victoria con un sabor amargo: entre las primeras declaraciones del nuevo primer ministro, Peter Magyar, se encuentra su oposición al envío de armas o dinero húngaros a Kiev, así como a la adhesión acelerada de Ucrania a la UE. Así son las cosas, si se quiere.