Existe una regla no escrita en cualquier democracia que aspire a la transparencia: cuando una administración se niega sistemáticamente a investigar un asunto de interés público, esa negativa se convierte en noticia tanto como el asunto mismo. Algo así ocurre con la maraña de indicios que rodean el origen del COVID-19 y el papel que desempeñó en él el doctor Anthony Fauci, exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.
Conviene empezar por lo que no está en discusión. Es un hecho contable y documentado que los Institutos Nacionales de Salud (NIH), bajo la supervisión del NIAID dirigido por Fauci, canalizaron millones de dólares hacia el Instituto de Virología de Wuhan a través de la organización EcoHealth Alliance. Esos fondos financiaron investigaciones sobre coronavirus de murciélago. También está documentado que existió una intensa controversia técnica y política sobre si aquellos experimentos encajaban en la definición de "ganancia de función", esto es, la modificación deliberada de virus para estudiar su potencial pandémico. Distintas agencias gubernamentales y la Oficina de Responsabilidad Gubernamental han ofrecido interpretaciones contrapuestas al respecto. La cuestión dista de estar zanjada.
Tampoco está en discusión que Fauci y otros altos cargos científicos mantuvieron comunicaciones, hoy públicas gracias a solicitudes de transparencia, encaminadas a promover un artículo en Nature Medicine en marzo de 2020 que descartaba de manera temprana la hipótesis del origen de laboratorio. Aquella intervención contribuyó a fijar la narrativa del "origen natural" en un momento crítico, antes de que se hubiera completado una investigación independiente. Analistas de inteligencia que posteriormente expresaron dudas sobre aquella conclusión encontraron resistencia interna, fueron desacreditados profesionalmente o vieron sus carreras estancadas, según ha documentado el Congreso.
Estos son los hechos que constan en expedientes. No son teorías. Son documentos.
A partir de aquí, entramos en el terreno de los indicios que piden una investigación que no llega. La directora de Inteligencia Nacional de la actual administración, Tulsi Gabbard, ha comenzado a desclasificar documentos adicionales y testimonios de informantes protegidos que, según su oficina, arrojan nueva luz sobre las conexiones entre aquellos fondos, el asesoramiento prestado a la comunidad de inteligencia y la campaña para consolidar la hipótesis del origen natural. Algunos de estos materiales ya eran conocidos parcialmente por investigaciones parlamentarias previas; otros, según sostiene Gabbard, permanecían fuera del alcance público y revelan un grado de coordinación entre científicos, agencias y actores privados que merecería un escrutinio judicial exhaustivo.
Lo que Gabbard no ha presentado —conviene subrayarlo— es una sentencia firme. No hay aún una condena penal, ni cargos formales por perjurio, ni una prueba irrefutable de que la pandemia fuera provocada deliberadamente. Pero sí hay un cuerpo indiciario lo bastante denso como para que la exigencia de una investigación independiente resulte razonable. Y aquí es donde el relato da un giro incómodo para sus detractores: esa investigación no se ha producido. Se ha bloqueado, se ha demorado, se ha desacreditado a quien la impulsa. En el debate público, la obstrucción sistemática a la transparencia opera como un argumento en favor de quien la denuncia.
Conviene recordar, en este punto, un hecho político insólito que sobrevoló el final del mandato de Joe Biden: según múltiples reportes de prensa del 20 de enero de 2025, el presidente saliente habría firmado un indulto preventivo para Anthony Fauci en sus últimas horas en el cargo, blindándolo ante potenciales acciones legales futuras. La Casa Blanca justificó entonces la medida como una protección frente a investigaciones "políticamente motivadas".
Más allá del debate sobre la veracidad o el alcance exacto de aquel acto —negado por algunos sectores y defendido por otros—, lo cierto es que la sola posibilidad de un indulto preventivo a un funcionario que ha negado irregularidades constituye, en sí misma, un hecho político de primer orden.
No sabemos aún si la justicia dictaminará algún día que hubo una conspiración criminal. Lo que sí sabemos —porque está documentado— es que hubo financiación opaca, que hubo coordinación entre altos cargos científicos para moldear la narrativa pública, que hubo disidentes silenciados dentro de la comunidad de inteligencia y que no se ha facilitado una investigación independiente a la altura del sufrimiento causado. La pandemia se cobró millones de vidas, devastó economías y cercenó libertades en todo el mundo. El mínimo tributo a las víctimas es una investigación sin miedo y sin límites. Que esa investigación se bloquee mientras se desacredita a quien la exige es, por sí solo, el hallazgo más perturbador de todos.
- EL APAGÓN INFORMATIVO: ¿Qué nos están ocultando? La ex Directora de Inteligencia, Tulsi Gabbard, ha sacado a la luz documentos explosivos que vinculan a Anthony Fauci con un encubrimiento masivo sobre el origen del virus y el financiamiento de investigaciones prohibidas.
¿El problema? Los medios tradicionales han aplicado un silencio absoluto.
El senador Ron Johnson es tajante: esto no es casualidad, es corrupción extrema. Al ignorar estas pruebas, los medios actúan como protectores de un sistema perverso, ocultando escándalos de la FDA y de la inteligencia para que el público siga dormido.
La verdad está a la vista, pero la han enterrado.
“Fauci financió investigaciones de laboratorio en Wuhan que desencadenaron el brote de COVID-19”
Este es el titular del comunicado de prensa de la directora de Inteligencia Nacional de EE.UU., Tulsi Gabbard, sobre los documentos desclasificados acerca del origen de la pandemia y el papel directo en ella del exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), Anthony Fauci.
Los cientos de correos electrónicos desclasificados por Gabbard y los testimonios de informantes de la comunidad de inteligencia demuestran que:
1️ Fauci, al frente del NIAID, destinó millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses a financiar investigaciones peligrosas en el Instituto de Virología de Wuhan para potenciar las funciones de coronavirus de murciélago, en vinculación con grandes farmacéuticas, y para desarrollar "vacunas universales" cuyo coste se calcula en billones de dólares.
2️ Fauci actuó como asesor en la sombra de la inteligencia. Introdujo en ella a expertos y científicos seleccionados por él y financiados por el NIAID. Juntos asesoraron a los servicios de inteligencia para que moldearan la evaluación oficial y el consenso científico en favor del origen natural y animal del virus, ocultando así sus propias investigaciones de riesgo.
3️ Fauci se erigió en "experto" nacional en pandemia y difundió públicamente mentiras, desinformación y censura. Por ejemplo, promovió un artículo fraguado, cuya publicación él mismo había ayudado a provocar, como si fuera información legítima para ser considerada por la comunidad de inteligencia.
4️ Los analistas de inteligencia que cuestionaban las conclusiones de Fauci sobre el origen del COVID-19 sufrieron amenazas de represalias y fueron apartados de sus puestos. Discrepar de los resultados manipulados por Fauci destruía sus carreras.
5️ Fauci mintió bajo juramento ante el Congreso al afirmar falsamente que no conocía las investigaciones sobre el virus COVID y que no había participado en debates con personal del FBI, la CIA, la DIA o cualquier otra agencia de inteligencia de EE.UU. sobre investigaciones víricas, ni antes, ni durante, ni después de la pandemia.
La pandemia de COVID-19 causó enormes dificultades y sufrimientos a millones de nuestros conciudadanos estadounidenses y a innumerables personas en todo el mundo. Tras años de mentiras, censura y ocultamiento, el pueblo estadounidense merece transparencia, verdad y rendición de cuentas.
Las tácticas utilizadas para ocultar la verdad proceden directamente del arsenal del "Estado profundo": líderes politizados y con intereses creados, como el Dr. Fauci, que ocultaron sus propias irregularidades y abusos de poder, manipularon datos de inteligencia, mintieron al Congreso y socavaron la autoridad del presidente legítimamente elegido, limitando su acceso a hechos vitales necesarios para garantizar la seguridad del país.
Ha llegado el momento de que el pueblo estadounidense conozca la verdadera historia.
Para hacerse una idea del alcance de la influencia de Fauci el Estado profundo en la dirección de EE.UU., recordemos que Biden indultó preventivamente a Fauci, protegiéndolo de cualquier posible proceso penal, en los últimos minutos de su mandato presidencial, el mismo día de la investidura de Trump.
Las teorías de la conspiración han dejado de ser meras "teorías"