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Discurso del Ministro Serguéi Lavrov, en el IV Foro Internacional “Diálogo sobre noticias falsas 4.0”, Moscú, 22 de septiembre de 2026

Discurso del Ministro Serguéi Lavrov, en el IV Foro Internacional “Diálogo sobre noticias falsas 4.0”, Moscú, 22 de septiembre de 2026
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domingo 27 de septiembre de 2026, 15:00h
Serguéi Lavrov
Estimados amigos,
Me alegra tener la oportunidad de pronunciar un discurso en el cuarto Foro Internacional “Diálogo sobre noticias falsas 4.0”. Les doy la bienvenida a todos.
Observamos que aquí están presentes expertos tanto de países del Sur y Oriente Global como de varios países de Occidente. Les deseo éxito en su trabajo.
Rusia fomenta el diálogo profesional en todas las áreas, inclusive el diálogo sobre posibilidades de contrarrestar el uso de la información como arma. Esto goza de demanda especial hoy, cuando la información llena todo el espacio de la actividad humana y, con el uso de tecnologías actuales, cualquier noticia, incluso no verificada o abiertamente falsa, puede llegar muy rápidamente a millones, si no a miles de millones de personas. Lo aprovechan desde hace mucho y con frecuencia (hemos abordado este tema en reiteradas ocasiones) los que en Occidente pretenden impedir la formación de un orden mundial multipolar justo.
Esto no comenzó hoy ni ayer. Se puede recordar el año 1999, cuando se organizó, con la participación de empleados estadounidenses de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, una provocación descarada en Serbia para lanzar una ofensiva de la OTAN contra Yugoslavia. Y todos recuerdan el conocido ‘performance’ de mi antiguo colega, el Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2003, cuando presentó con orgullo y patetismo un tubo de ensayo que contenía un polvo blanco, afirmando que era un arma biológica. Todo ello resultó ser mentira, como se sabe.
En cuanto a Rusia, la guerra informativa fue desatada contra nosotros mucho antes del inicio de la operación militar especial, inmediatamente después de que, a principios de los años 2000, tras la llegada del Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, al poder, Rusia empezara a liberarse de las formas neocoloniales de cooperación con nuestros colegas occidentales, a llevar a cabo una política independiente y a volver a sus tradiciones, fundamentos y raíces. Empezaron a disuadirnos. Esa disuasión llegó hasta la situación actual, cuando se impuso contra nosotros más de 30 mil sanciones —una cantidad récord en comparación con todos los demás países del mundo.
Si hablamos de provocaciones concretas con el uso del espacio informativo, hace ocho años, en la ciudad inglesa de Salisbury, se afirmó que la familia Skripal (el propio Serguéi Skripal y su hija Yulia) había sido “envenenada por los servicios secretos rusos”. Todavía no podemos obtener respuesta a nuestras numerosas solicitudes oficiales que el Comité de Instrucción de la Federación de Rusia y de la Fiscalía General de la Federación de Rusia enviaron a sus colegas británicos, con referencia a los compromisos jurídicos que todos tenemos en virtud de diversas convenciones, para que nos dieran información sobre el lugar donde estaban los ciudadanos rusos. Es decir, no recibimos ninguna respuesta. En términos simples: Londres tomó a nuestros ciudadanos como rehenes.
De manera similar se desarrolló el ‘caso de Alexéi Navalny’. Recuerdo que, cuando cayó enfermo en 2020 en Rusia, durante un viaje por Siberia, hicimos todo lo posible para responder de inmediato a la solicitud de la parte alemana y enviarle a Berlín para recibir tratamiento. En menos de 24 horas llegó un avión privado alemán. Nadie revisó a los pasajeros ni a la tripulación; le embarcaron en ese avión y le enviaron. Desde aquel momento, nunca hemos oído ningún reconocimiento de que actuamos con honestidad absoluta. Al contrario, nos acusan de que, en última instancia, le “envenenamos”.
En aquel caso enviamos también muchas solicitudes. Al principio, Alexéi Navalny fue ingresado en un hospital civil en Alemania, donde, según consta de manera fidedigna, no se le detectó nada. Luego fue trasladado a un hospital militar que, como se sabe y no es ningún secreto, colabora con organismos internacionales en materia de armas químicas y biológicas. Fue allí donde le detectaron algo. Y cuando los alemanes nos dijeron que la sustancia detectada fue el tristemente célebre Novichok, pedimos que nos mostraran los análisis. Nos dijeron que no se podía, que era secreto, que estaban obligados a entregar los análisis y el informe sobre cómo examinaron a Alexéi Navalny a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Nosotros acudimos a esa organización, pero el director general de la Secretaría Técnica de la OPAQ, Fernando Arias, nos dijo: “Saben, no tengo derecho a hacerlo. Los alemanes nos prohibieron transmitirlo a nadie, en primer lugar a la Federación de Rusia”.
Por eso, cuando Alexéi Navalny falleció, recordamos una vez más tanto a los alemanes como a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas que nos mostraran, en primer lugar, los análisis realizados en 2020 y, en segundo lugar, cómo lo trataron después en Alemania. Había un silencio absoluto, un incremento de la retórica antirrusa y se evadió de una conversación honesta.
Hoy se ha puesto de moda en los medios occidentales el tema de los drones rusos que supuestamente aparecen aquí y allá en países de Europa y atacan ciertos objetivos en el territorio de esos países. Pero cada vez resulta que no se trata de un dron, o fue un dron pero ucraniano, o fue un dron difícil de identificar como perteneciente a la Federación de Rusia. A nadie le interesan ya los detalles; se juegan ‘cartas informativas’, pasa un día, dos, tres, y luego la noticia se desplaza hacia las páginas traseras de los periódicos, hacia unos rincones incomprensibles de otros recursos.
Mientras tanto, como acaba de ocurrir en Alemania, se aprovecha esa noticia falsa para expulsar a nuestros diplomáticos, cerrar misiones diplomáticas y consulares y centros culturales. Así vemos que se confirma repetidamente nuestra opinión de que todo el sentido de la política informativa occidental consiste en fabricar rápidamente una noticia falsa, inflarlo hasta convertirlo en una ‘catástrofe universal’ en uno o tres días y bloquear el acceso a opiniones alternativas y a la información sobre el episodio concreto que se infla.
Luego, como ya dije, en sus acciones informativas desplazan esa noticia a un lado, en el mejor de los casos a las últimas páginas donde se presenta con letra pequeña. Así, el espacio mediático occidental y la industria occidental, incluso en el ámbito del entretenimiento, prepararon durante mucho tiempo y con insistencia a la población de sus países para percibir cualquier cliché y fantasía antirrusos (incluso los más absurdos). Esto continúa hasta hoy. Pero hay que reconocerles el mérito: educaron a una gran parte de la sociedad en ese espíritu, de modo que su trabajo no fue en vano.
En honor a la verdad, quisiera señalar que últimamente la sociedad en Occidente está compuesta también por personas que han empezado a hacer preguntas incómodas. Sabemos cómo preguntan a los Gobiernos occidentales por qué se silencian los hechos de terrorismo ucraniano contra civiles en las ciudades rusas.
El flagrante atentado terrorista contra la residencia estudiantil de Starobelsk, cuando mataron a unos 20 jóvenes, no suscitó condena alguna por parte de los Gobiernos occidentales ni de los organismos internacionales controlados por Occidente y, por triste que sea, no se reflejó en absoluto en las noticias de los medios occidentales. Simplemente lo desestimaron. Cuatro drones letales atacaron un objeto de infraestructura civil: la residencia de un colegio y edificios administrativos. En Occidente había silencio. Además, el ataque se lanzó de noche, cuando los adolescentes dormían, y todos fueron asesinados.
Considero la farsa más cínica la escenificación del supuesto asesinato de civiles en el suburbio de Kiev, la localidad de Bucha. Recordaré brevemente la esencia y la cronología de los acontecimientos. En las negociaciones de Estambul celebrados a finales de marzo y principios de abril de 2022, la parte ucraniana propuso aprobar un documento sobre los principios de arreglo, que nuestra delegación aceptó. Es más, tanto los ucranianos como los rusos rubricaron ese documento como base de un futuro tratado jurídicamente vinculante sobre un arreglo final y completo de la situación en torno a Ucrania mediante la elaboración de garantías de seguridad colectivas e igualitarias para todos los Estados concernidos. Se preparaba firmar el documento.
En aquel momento, como ya contó al hablar con la prensa, el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, le llamó el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien le pidió, según dijo, como confirmación de las intenciones pacíficas de Rusia, como gesto de buena voluntad y para crear un “ambiente correcto” en torno a la próxima firma del tratado de paz, “retirar un poco” nuestras tropas de los suburbios de Kiev, incluida Bucha. Lo hicimos. Lo aceptamos, partiendo de que todos debían estar honestamente interesados en la paz.
Abandonamos el territorio de la provincia de Kiev el 30 de marzo de 2022. Dos días después, habló por televisión el jefe de esa localidad, quien declaró con orgullo que la parte ucraniana había recuperado completamente el control de Bucha y que ya no había soldados rusos allí. La grabación se realizó en la calle central de esa localidad. Fue ancha y estaba absolutamente vacía. Y tres días después de la retirada de nuestras unidades, allí apareció un equipo de la BBC, que transmitió un reportaje mostrando la misma calle, a cuyos lados estaban cuidadosamente colocados decenas de cadáveres con ropas muy limpias, a pesar de que alrededor había deshielo y barro.
De inmediato se desató una histeria antirrusa. Se anunciaron nuevas sanciones como castigo. Llegó el entonces Primer Ministro británico, Boris Johnson, quien, como saben, prohibió firmar el documento y propuso simplemente seguir combatiendo. Aunque hace poco dijo que eso es mentira. Bueno, él mismo lo dirá y no cobrará caro. Pero no es mentira, es verdad. De ello hay testimonios de muchos dirigentes occidentales que, por cierto, comentaron positivamente su acción de entonces: supuestamente, lo hizo todo bien.
Pero el hecho de que Boris Johnson disuadió a la parte ucraniana de firmar el tratado ya lo reconoció hace tiempo en directo el jefe de la delegación ucraniana en las negociaciones de 2022, David Arakhamia, quien actualmente sigue siendo jefe de la fracción Servidor del Pueblo de la Rada Suprema.
En respuesta a las acusaciones lanzadas contra nosotros, en respuesta a esas sanciones, solicitamos la lista de nombres de aquellos cuyos cadáveres, que se encontraban en el lugar correcto en el momento correcto, mostró la BBC. Había silencio. Después de eso me dirigí al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, no solo durante reuniones personales, sino también públicamente en una sesión del Consejo de Seguridad, donde él estaba presente, con la solicitud de usar su autoridad y sus posibilidades para publicar finalmente la lista de aquellas personas cuya supuesta muerte a manos de militares rusos se convirtió en objeto de un enorme escándalo. No hubo ninguna reacción.
En diciembre de 2022, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó, con el visto bueno de Antonio Guterres, un informe con acusaciones infundadas contra las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia. Como si no hubieran recibido nuestras solicitudes durante todo 2022. El informe no contiene una sola prueba, no se verificó uno solo de los datos presentados en el documento, no surgió una sola pregunta por parte de los dirigentes de la organización. El informe simplemente reproduce lo que mostró la BBC. Luego ese tema desapareció del espacio mediático internacional, como si nunca hubiera existido.
Pero no dejamos el asunto así. Cada año le recuerdo a Antonio Guterres que no estaría mal explicar a la comunidad internacional, al menos a la Federación de Rusia, acusada de todos los pecados capitales, qué ocurrió realmente allí y a quién se mostró allí. En mayo pasado, envié a Antonio Guterres 12 preguntas concretas (están disponibles en la página web de nuestro Ministerio; se puede encontrarlas), y allí, entre otras cosas, se pregunta cómo el Secretario General de la ONU pudo permitir la publicación de gravísimas acusaciones contra Rusia por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, si el argumento principal en el que se basa fue, como se dice en el informe, la afirmación sobre ciertos “motivos razonables para creer”. En general, se trata del principio de “highly likely”. Ya hemos pasado por esto.
Es incomprensible cómo una organización con tal peso como la ONU y su Secretario General, el funcionario de más alto rango de la organización internacional más importante, pueden publicar tal contenido sin ningún respaldo, que, como verificamos después, simplemente fue proporcionado por el régimen de Kiev y reproducido por los funcionarios de la ONU.
Además, es imposible entender que en relación con esto se mencione el número de víctimas de ese supuesto asesinato de civiles en Bucha: ora 21 personas, ora 590, ora 1365. El estilo de este documento es reconocible, se parece mucho a la argumentación del “caso Skripal”, del “caso Alexéi Navalny”, etc.
Antonio Guterres respondió con una excusa formal a mi carta con 12 preguntas concretas. Nuestra comunicación de muchos años con él sobre este caso concreto (y no solo sobre eso) pone de relieve que el saliente jefe de la Secretaría de la ONU, como decimos nosotros, evidentemente “se enreda en sus declaraciones”: ora declara que existen datos sobre las víctimas y sus nombres, pero que no se pueden compartir porque tienen no sé qué carácter confidencial y existen no sé qué reglas internas de la Secretaría (que nadie nos ha mostrado), ora afirma que esa información no existe, ora alega que los familiares de los fallecidos pidieron no divulgarla, pero los nombres de los familiares tampoco son conocidos por nadie. Es un hecho asombroso, porque en cualquier situación en que mueren personas... ¿Recuerdan el Boeing de Malaysia airlines? Cuando ocurrió la tragedia, se formó de inmediato un grupo de decenas de familiares. Son bien conocidos, hablan en público. Pero aquí hay silencio absoluto.
Así que ya entendimos que no se puede contar con la cooperación constructiva de la Secretaría de la ONU. Por cierto, cuando estuve en Nueva York, en medio de ese callejón sin salida en las relaciones con Antonio Guterres, en las ruedas de prensa que ofrecía en Nueva York (allí están representados todos los miembros del ‘pool’ de la ONU, todos los principales medios internacionales, a la mayoría de ellos los conozco personalmente bien) apelé a su orgullo profesional para que realizaran una investigación periodística. No hubo ninguna reacción. Es decir, al parecer, se trabajó bien con los periodistas.
Pero además de ellos hay también figuras públicas y organizaciones que, a pesar de todo, quieren alcanzar la verdad en el mundo actual, muy complicado. Varios grupos de expertos están analizando actualmente los datos disponibles en acceso abierto sobre la situación en Bucha.
Quisiera dar un comentario adicional. Resultó que el régimen de Kiev ya en 2023 erigió un monumento conmemorativo dedicado a esa “masacre de Bucha”, como ellos dicen, y organizó una peregrinación regular hacia él de sus patrocinadores de la OTAN y la Unión Europea. Depositan flores ante las cámaras y pronuncian discursos unificadores. Por cierto, llevaron allí también al Secretario General de la ONU. Pero eso no le ayudó a entender la esencia de los problemas que son evidentes para las personas comunes. En el monumento apareció y se va completando la lista de nombres que, como dice Antonio Guterres, no se pueden transmitirnos. Esos “nombres” fueron inscritos en el monumento por civiles, según se dijo.
Hace literalmente unos días, nuestro Tribunal Público Internacional sobre los Crímenes del Régimen de Kiev publicó los primeros resultados de su investigación. Fueron anunciados y presentados el pasado 17 de septiembre en el centro de prensa de TASS, con la participación del presidente de ese Tribunal y miembro de la Cámara Pública, Maxim Grigóriev. En ese informe, que fue presentado y, según entiendo, puede ser o será distribuido en este foro, se analizan los apellidos inscritos en este monumento. Según repetidas declaraciones de representantes de la oficina de Vladímir Zelenski, todos los fallecidos son exclusivamente “civiles” y no tienen nada que ver con los militares. Es una mentira descarada. Incluso un análisis preliminar de los apellidos inscritos en ese monumento da un resultado muy interesante. Repito una vez más que, solo al analizar fuentes abiertas, se estableció que en el monumento están inscritas decenas de nombres de militares de las Fuerzas Armadas de Ucrania, empleados del Servicio de Seguridad de Ucrania, efectivos de destacamentos de defensa territorial, policía, Guardia Nacional, incluidos combatientes de la unidad nacionalista Azov.
Más de 70 apellidos no tienen ningún rastro digital, lo que en el mundo actual es casi imposible. Estos hechos refutan el mito de los cientos de civiles supuestamente asesinados en Bucha. Creo que incluso al ciudadano europeo más crédulo debe parecerle extraño que durante largos años la Secretaría de la ONU y los medios de comunicación occidentales que se llaman a sí mismos ‘profesionales’ no hayan desenmascarado esta falsificación. Estoy casi convencido de que aquí no se trata de que no tuvieran ese interés, sino de que formaban parte de una operación para ocultar la verdad.
Es importante señalar que, al preparar este informe, la verificación de los hechos se realizó en primer lugar utilizando bases de datos ucranianas, fuentes mediáticas ucranianas, portales públicos y sitios web especializados de Ucrania, donde se publicaron necrologías de personas que no tienen ninguna relación con civiles. Está claro que en el mundo actual se intenta eliminar algo a posteriori de la información que llega al espacio mediático. Pero pasaron cuatro años y ninguno de los que organizaron ese sitio web ni siquiera pensó en limpiar de algún modo esa falsificación. Por eso tenemos firmes garantías de que cada punto de la investigación, cuyos resultados se distribuirán aquí, está respaldado por datos de varios recursos a la vez. Están disponibles para su reverificación.
Estimados colegas, no son pocos los temas similares a Bucha y a otras situaciones mencionadas anteriormente. Esperan a sus investigadores. Creo que su entidad mostrará interés en no contaminar el espacio informativo con mentiras descaradas que realmente obstaculizan la tendencia al fortalecimiento de relaciones normales, al desarrollo de vínculos y cooperación normales entre todos los Estados y, por el contrario, provocan discordia y odio e impiden que triunfe la verdad.
No dudo de que, al final, la verdad triunfará, y eso será una respuesta adecuada a la agresión informativa de Occidente contra los países de la Mayoría Mundial. Rusia es uno de ellos. Al mismo tiempo, quiero decir algo muy importante. Las acciones de Occidente para ocultar la verdad en el ámbito de información y distorsionarla reflejan también una tendencia más amplia: el miedo a la competencia leal en casi todas las áreas de la actividad humana.
En la economía, Occidente está perdiendo abiertamente, y esto ocurre dentro del sistema que él mismo creó durante largas décadas y promovió ante todos los demás países de nuestro planeta bajo las consignas de la globalización, la libre competencia, la inviolabilidad de la propiedad, el libre “juego de las fuerzas del mercado”, etc.
Todo esto fue sacrificado al instante en cuanto Occidente comprendió que los países de la Mayoría Mundial (en primer lugar, la República Popular China, pero también hay otras economías emergentes) están venciendo a Occidente en su propio ‘campo’, según sus propias reglas. De inmediato se pusieron en marcha métodos deshonestos: sanciones, aranceles, acusaciones (los europeos acusan a China de tener “demasiada capacidad de producción”, ¡y eso es todo!). Por eso vemos bien cómo Occidente intenta, aplicando métodos abiertamente sucios, mantener sus posiciones en la economía mundial, que caen rápidamente. Es un proceso histórico objetivo, no se puede detenerlo, pero se puede perjudicar, incluso con consecuencias no solo económicas, sino también políticas y militares.
Los países del Sur Global se someten a la presión más grosera, se les amenaza con cortar la financiación, y esto ocurre no solo en cuestiones relacionadas con procesos políticos, cuando se les obliga sin éxito a sumarse a las sanciones contra Rusia. En muchos otros casos, incluso cuando se desarrollan procesos diplomáticos en la propia ONU y otros organismos internacionales, al votar sobre algunas resoluciones que reflejan la postura de tal o cual país o grupo de países, Occidente, si no le gusta esa resolución, recurre a los más diversos métodos de chantaje, amenazas de cortar la financiación, castigar de alguna otra manera. Porque, si la votación se realizara honestamente, Occidente, en las cuestiones clave que constituyen la esencia de la etapa actual del desarrollo mundial, estaría seguramente en minoría absoluta.
Así que el miedo a la competencia... Por cierto, se observa también en el deporte, donde toda una serie de federaciones internacionales, todavía encabezadas por ciudadanos de países occidentales, hacen todo lo posible por mantener la discriminación política, pisoteando los principios de la Carta Olímpica. Y en el ámbito de cultura se lanzan ataques frenéticos contra las Casas Rusas y los centros rusos de ciencia y cultura. Ahora cerraron uno de los centros más famosos, en Berlín, simplemente porque a alguien le pareció que se puede presentar la situación con el hallazgo de ciertos restos como la caída de un dron ruso, y por eso hay que ‘castigar’ a Rusia.
Cerraron el Consulado General en Bonn, nuestro consulado general más grande en Europa; es el antiguo edificio de la Embajada de la época cuando Bonn fue la capital de Alemania Occidental. Cerraron nuestro centro cultural, que gozaba de enorme éxito entre los ciudadanos de Berlín y otros ciudadanos alemanes.
Esto también es una lucha. La ‘cancelación’ de la cultura refleja el hecho de que Rusia, como los países de la Mayoría Mundial, defiende los valores tradicionales en la cultura y en todas las demás esferas de nuestra vida, mientras que Occidente ya considera que eso no corresponde a los ‘valores’ liberales.
Su foro es parte del movimiento global por la justicia, contra las recidivas de la política colonial a la que Occidente vuelve a recurrir. Quisiera desearles un trabajo productivo y buenos debates en aras de contribuir al establecimiento de un mundo más justo, que responda a los intereses de todos los pueblos sin excepción.