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El totalitarismo que viene: Trump está metiendo a los estadounidenses en una prisión digital

El totalitarismo que viene: Trump está metiendo a los estadounidenses en una prisión digital
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Por Administrator
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directorelespiadigitales/8/8/23
domingo 03 de mayo de 2026, 22:00h
29 de abril de 2026, 14:30h
Paul Craig Roberts
El régimen de Trump ha demostrado que su verdadera intención es someter a los estadounidenses a un control total. Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent, un títere de George Soros, utilizan a los inmigrantes indocumentados como excusa para obligar a los ciudadanos estadounidenses a someterse a una vigilancia digital total.
La plataforma en llamas explica:
En una medida que expone la verdadera agenda detrás de la retórica de "Estados Unidos Primero", la administración Trump avanza a pasos agigantados con una orden ejecutiva que obligará a todos los estadounidenses a entregar sus datos biométricos faciales o quedarán excluidos por completo del sistema bancario. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, un antiguo protegido de Soros que contribuyó a arruinar la economía británica en el ataque del Miércoles Negro de 1992 [llevado a cabo por Soros contra la libra esterlina], ha confirmado que la política está "en proceso". Los bancos deberán verificar la ciudadanía de cada cliente utilizando un pasaporte estadounidense con chips RFID integrados y biometría de reconocimiento facial lista para el gobierno. ¿Sin pasaporte? Sin cuenta bancaria. Punto. La identificación real, las licencias de conducir y cualquier otro documento común no serán suficientes. Esto no es seguridad fronteriza. Este es el último nudo en la soga digital.
“El lenguaje de la orden es escalofriantemente directo: los bancos deben «conocer a su cliente» por completo, incluyendo su estatus migratorio. Los inmigrantes indocumentados «no tienen derecho a estar en el sistema bancario», declaró Bessent. Pero el verdadero objetivo es cada ciudadano estadounidense. Millones de personas sin pasaporte se verán obligadas a obtener uno con escaneos faciales de alta resolución formateados para su perfecta integración en bases de datos gubernamentales centralizadas. Una vez que su rostro esté digitalizado y vinculado permanentemente a su dinero, la infraestructura para un estado de vigilancia sin efectivo estará completa. Se podrán rastrear, congelar o denegar fondos a voluntad en función del cumplimiento, puntuaciones sociales, disidencia política o futuras alertas de «desinformación». Así es como construyen la jaula: una medida de «seguridad» a la vez.”
Nótese que la orden ejecutiva inconstitucional de Trump pretende que va en contra de los "inmigrantes indocumentados", quienes, según Bessent, "no tienen derecho a estar en el sistema bancario". ¡Qué mentira tan flagrante! Los inmigrantes indocumentados tienen derecho a trabajar y reciben su salario mediante cheques girados contra cuentas bancarias. El gobierno federal les expide tarjetas de identificación y los estados les expiden licencias de conducir. Reciben beneficios de vivienda, atención médica, alimentación y educación. En algunos estados y ciudades demócratas, votan en las elecciones estadounidenses y sirven en los gobiernos estatales y locales. California aprobó una ley, o intentó hacerlo, para permitir que los inmigrantes indocumentados se desempeñaran como policías. A los inmigrantes indocumentados se les han extendido los derechos constitucionales que la Constitución de los Estados Unidos otorga a los ciudadanos estadounidenses. Entonces, ¿qué quiere decir Bessent con que los extranjeros indocumentados no pueden tener una cuenta bancaria?
¿Es este el mejor disfraz que el régimen de Trump puede dar a la tiranía?
La infraestructura de la tiranía “se está construyendo ahora mismo, bajo el pretexto de “asegurar la frontera” y “conocer al cliente”.
Trump contribuye a la construcción de la tiranía al instar al Congreso a aprobar un programa de espionaje interno bajo la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA). Trump afirma estar dispuesto a renunciar a sus libertades civiles, protegidas por la Constitución, en aras de la seguridad nacional y las necesidades militares.
Asegúrese de comprender lo que está sucediendo. El gobierno federal permitió la entrada de millones de inmigrantes indocumentados, incluyendo criminales y posiblemente terroristas. Para protegerse de esta amenaza, el gobierno federal pretende eliminar las libertades civiles de los ciudadanos estadounidenses, protegidas por la Constitución. El plan de Trump deja a los estadounidenses completamente desprotegidos frente al gobierno, al igual que los colonos estadounidenses lo estuvieron frente al gobierno británico, salvo por la fuerza de las armas.
El Congreso votará a favor de la “seguridad nacional” y “de las fuerzas armadas”. Votar en contra del complejo militar-industrial es tan peligroso como votar en contra de Israel.
La Constitución de los Estados Unidos ha sido destruida poco a poco durante mucho tiempo. Hoy apenas queda un vestigio. El presidente Lincoln eliminó los derechos de los estados entre 1861 y 1865, borrando así los límites al poder federal. En 1913, víspera de la Primera Guerra Mundial, se puso fin a la prohibición constitucional del impuesto sobre la renta y se estableció el control centralizado del sistema bancario, al que los estadounidenses se habían opuesto durante mucho tiempo. El presidente George W. Bush anuló, sin oposición alguna, el hábeas corpus y afirmó el poder presidencial para detener indefinidamente a ciudadanos basándose únicamente en sospechas, sin presentar pruebas ante un tribunal. Obama afirmó el derecho del presidente a ejecutar a ciudadanos estadounidenses basándose únicamente en sospechas, sin el debido proceso legal. El gobierno de Biden utilizó el poder que se atribuía para encarcelar a ciudadanos con base en acusaciones falsas. Y ahora Trump, él mismo víctima de la instrumentalización de la ley, completa la construcción de la tiranía del gobierno federal para el pueblo estadounidense.
El pueblo estadounidense, tan indiferente como ha demostrado una y otra vez, apenas comprende que la era de Estados Unidos como sociedad libre ha llegado a su fin. El próximo 4 de julio será la última vez que los estadounidenses oigan hablar de la libertad sin igual de Estados Unidos y de los hombres que dieron su vida para que la disfrutáramos. Tal libertad ya no existirá.
Los intereses de los grupos organizados han suplantado los del pueblo estadounidense: la familia, la moral y la buena voluntad hacia los demás. Estados Unidos malgasta sus recursos y vidas en guerras que defienden la agenda israelí del Gran Israel y los beneficios del complejo militar-militar.
Los liberales estadounidenses y los sionistas han logrado su objetivo. Hoy en día, los estadounidenses están tan desunidos que resulta imposible que surja un líder. Trump ha demostrado ser un instrumento de la agenda sionista y del Estado autoritario. Cuando los demócratas regresen al poder, se centrarán en encarcelar a Trump y a sus seguidores, no en restaurar la República estadounidense creada por los Padres Fundadores.
Los quince minutos de gloria de Estados Unidos han terminado.
El Pentágono empleará la IA de Google en asuntos de "seguridad nacional"
El Departamento de Guerra de EE.UU. firmó un acuerdo con Google para utilizar sus modelos de inteligencia artificial (IA) en tareas clasificadas, informa Reuters con base en un informe de The Information que cita a una fuente familiarizada con el asunto.
Este contrato permite al Pentágono emplear la IA del gigante tecnológico para "cualquier propósito gubernamental lícito", según la filtración. Este tipo de redes clasificadas se utilizan para manejar información sensible, como la planificación de misiones y la selección de objetivos para armas. De esta forma, Google se suma a una lista creciente de empresas tecnológicas —entre ellas OpenAI y xAI— que suministran sus modelos de IA para uso clasificado.
Según el acuerdo, Google está obligado a colaborar en la modificación de sus configuraciones de seguridad y filtros a petición de las autoridades. El documento incluye una cláusula explícita que limita el uso del sistema: "Las partes acuerdan que el sistema de IA no está destinado, ni debe ser utilizado, para la vigilancia masiva nacional o armas autónomas (incluida la selección de objetivos) sin la supervisión y el control humano apropiados".
Sin embargo, el mismo contrato deja claro que la compañía no tendrá capacidad de veto sobre las decisiones operativas del Gobierno. En respuesta al acuerdo, la empresa tecnológica afirmó que apoya a las agencias gubernamentales tanto en proyectos clasificados como no clasificados, y reafirmó su compromiso con la cláusula.
"Creemos que proporcionar acceso API [interfaz de programación de aplicaciones] a nuestros modelos comerciales, incluso en la infraestructura de Google, con prácticas y términos estándar de la industria, representa un enfoque responsable para apoyar la seguridad nacional", declaró un portavoz de Google a Reuters.
El Departamento de Guerra insistió en que no tiene interés en utilizar la inteligencia artificial para vigilar masivamente a los estadounidenses ni para desarrollar armas que operen sin intervención humana, aunque desea que se permita "cualquier uso lícito" de esta tecnología.
La República Tecnológica de Palantir o el Manifiesto de una Tecnotiranía Global
RT
El pasado fin de semana, la empresa de software y análisis de datos Palantir Technologies, profundamente imbricada en el aparato militar y de inteligencia de Estados Unidos, publicó un manifiesto de 22 puntos a través de su cuenta oficial en X. Lejos de ser un inocuo comunicado corporativo, el texto no solo ofrece una hoja de ruta geopolítica explícita, sino que además constituye una destilación ideológica del pensamiento de su CEO, Alexander C. Karp, vertido en su libro "La República Tecnológica: Poder Duro, Creencia Blanda y el Futuro de Occidente" (Karp & Zamiska, 2025). La reacción internacional no se ha hecho esperar: el politólogo Cas Mudde lo ha calificado sin ambages de “¡Tecnofascismo puro!”, mientras que el exministro griego Yanis Varoufakis afirmó lacónicamente que “si el mal pudiera tuitear, este sería el contenido” (Ehl, 2026; Down & Booth, 2026).
Este artículo sostiene que las 22 tesis de Palantir representan un inequívoco programa de tiranía digital y una agenda de dominación mundial por parte de una nueva clase de señores feudales tecnológicos, los “nubelistas” (Varoufakis, 2022). Al deconstruir sus puntos nodales a la luz de la economía política digital y la crítica al tecnofeudalismo, se revela un proyecto que amalgama el supremacismo cultural, la militarización total de la economía y la instrumentalización corporativa del Estado con un fin explícito: imponer mediante la inteligencia artificial un nuevo orden global jerárquico, violento y profundamente antidemocrático.
La primera tesis establece que “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso” y que “la élite ingenieril... tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación” (Palantir Technologies, 2026, punto 1). La formulación resulta engañosa: lo que se presenta como una convocatoria al patriotismo es, en realidad, la cooptación definitiva del poder estatal por el capital en la nube. Como ha documentado Cédric Durand (2020) en su crítica a la economía digital, los gigantes tecnológicos han completado una transición de meras firmas capitalistas a potencias rentistas que extraen valor sin contribuir a la producción convencional. Palantir, que opera en la cúspide de este “capitalismo de la vigilancia” (Zuboff, citada en Durand, 2020), no “sirve” pasivamente a la nación; la ha infiltrado como el caballo de Troya de una nueva clase dirigente.
Alex Karp, antiguo doctorando de Jürgen Habermas y heredero filosófico de la Escuela de Frankfurt, ha construido una narrativa que busca “armonizar” las contradicciones hegelianas entre seguridad y libertad (Steinberger, 2025). Sin embargo, su manifiesto expone una ruptura definitiva con ese legado. Donde antes había una pretensión de “progresismo” y “protección de las libertades civiles”, ahora solo queda la exigencia de un “poder duro” sin mediaciones, porque “el poder blando y la retórica altisonante tienen sus límites” (Palantir Technologies, 2026, punto 4). Es la rendición explícita del Estado liberal ante la nueva nobleza feudal de los datos.
El manifiesto anuncia un cambio de época determinista y belicista: “Una era de disuasión, la atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre IA está a punto de comenzar” (punto 12). Y, quizás la frase más brutalmente sincera del documento, sentencia: “La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y para qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales. Procederán” (punto 5).
Aquí reside el núcleo ideológico del tecnofeudalismo: la aceleración tecnológica es presentada como un destino ineludible que exige la suspensión de toda deliberación democrática. Como Adorno ya advirtiera, el fascismo no siempre se manifiesta con botas y camisas pardas, sino a veces “con la frialdad del monólogo tecnocrático que convierte la praxis en pura técnica de dominación” (citado indirectamente en la formación filosófica de Karp, según Steinberger, 2025, pero aquí pervertida). Karp insiste en el libro "La República Tecnológica" en que la única defensa ante la decadencia cultural es la garantía de “crecimiento económico y seguridad” (punto 3), lo que Varoufakis (2022) denunciaría como el soborno típicamente fascista de las masas por parte del capital monopolista.
Peor aún, el manifiesto pide explícitamente “revertir la neutralización de posguerra de Alemania y Japón” (punto 15), exigiendo su rearme y su transformación en plataformas de lanzamiento permanentes contra China y Rusia. La ideología subyacente es crudamente geopolítica: convertir naciones enteras en “vasallos militares” del complejo digital-estadounidense, cuyo sistema nervioso central es precisamente el software de Palantir (von Hoffmeister, 2026). No se trata de fortalecer aliados, sino de tecno-vasallizarlos bajo un único "software" imperial.
En sus tesis 20 y 21, el manifiesto se adentra en el terreno más abiertamente "supremacista", aquel que ha desatado las comparaciones con "Mein Kampf" (Amar, 2026). Afirman que “la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos debe ser resistida” (punto 20) —una cooptación cínica del discurso de libertad religiosa para blindar un nacionalismo cristiano—, y a renglón seguido estipulan una jerarquía entre culturas: “Algunas culturas han producido avances vitales; otras permanecen disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. (...) Este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas e incluso subculturas han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, y peor, regresivas y dañinas” (punto 21).
Esta declaración, que el diputado liberal británico Martin Wrigley calificó como las “divagaciones narcisistas e inquietantes de una organización arrogante” (Down & Booth, 2026), no es un desliz retórico. Es la concreción de una “teoría de la superioridad” compatible con los principios del sionismo de derecha que Karp profesa abiertamente: la misma que justifica ataques algorítmicos en Gaza y el Líbano. Tal como analiza Tarik Cyril Amar (2026), la única diferencia entre los postulados culturales de este manifiesto y los "Propagandistas Culturales" del Tercer Reich es el soporte material: hoy se ejecutan mediante un software que produce “listas de muerte automatizadas” basadas en patrones predictivos, combinando “grabaciones de vigilancia, comunicaciones interceptadas y registros biométricos” (von Hoffmeister, 2026). La “diversidad” se sofoca bajo la lógica del “pluralismo vacío” que, según Palantir, Occidente debe rechazar (punto 22). La conclusión inevitable es que el "targeting" algorítmico se convierte en la nueva "Solución Final" para los grupos humanos que el código identifique como “regresivos”.
Michael Steinberger (2025) relata que Karp solía bromear con que su trabajo era “gestionar gente ingobernable” y que Palantir era “una colonia de artistas”. Bajo esa capa de excentricidad pseudoacadémica, el manifiesto revela ahora el verdadero núcleo “bat-shit crazy” (expresión del propio Karp) de la compañía: “Si un Marine pide un rifle mejor, deberíamos construírselo; y lo mismo aplica para el "software"” (punto 7).
Este es el auténtico “método tecnofeudal” que Varoufakis describe como la automatización del poder de mando. Karp se jactó en una reunión con accionistas: “Nos dedicamos a fabricar cosas que asustan a nuestros enemigos y, en ocasiones, los matan” (citado en von Hoffmeister, 2026). La frialdad contable de la frase encarna la “banalidad del mal” en su fase digital avanzada: la muerte se convierte en un subproducto de la eficiencia algorítmica. Cuando Maven o Gotham sugieren un blanco y un complejo residencial es destruido, la responsabilidad se diluye en lo que los analistas denominan “negación plausible algorítmica” (von Hoffmeister, 2026). Esta es la quintaesencia del nuevo “fascismo de plataforma”: un sistema que, como advertía Durand (2020), “automatiza el control social” y convierte a los ciudadanos en "profen" y a los disidentes en insurgencia que debe ser eliminada con frialdad matemática.
En su libro "Tecnofeudalismo: Crítica de la economía digital", Durand anticipa que el cenit del capitalismo de vigilancia es precisamente la refeudalización de la esfera pública. Palantir ha llevado esta tesis al extremo operativo. El manifiesto propone una división del mundo en señores (los “nubelistas” de Varoufakis que poseen la nube), vasallos (los Estados y corporaciones “amigas” que pagan renta de acceso a plataformas como Foundry) y siervos (los individuos, cuyo trabajo experiencial no remunerado nutre el algoritmo). La exigencia del “servicio militar universal” (punto 6) es, en esta óptica, una reactivación de la leva feudal para la gleba digital: todo el mundo debe compartir el riesgo y el costo de la guerra, mientras los beneficios de los contratos públicos fluyen exclusivamente hacia los accionistas de la nube.
La crítica de la socialdemocracia es lapidaria para Karp: “Cualquier negocio que compensara a sus empleados como el gobierno federal compensa a los servidores públicos lucharía por sobrevivir” (punto 8). Es una defensa descarnada del lucro ilimitado y un ataque a cualquier noción de bien público no mediado por el capital. El modelo a seguir, según el manifiesto, no es la democracia representativa, sino una “República Tecnológica” donde los oligarcas como Musk deben ser “aplaudidos por intentar construir allí donde el mercado ha fracasado” (punto 16), cerrando así el círculo autoritario: el Estado se privatiza para enriquecer a los señores, y los ciudadanos, convertidos en soldados y contribuyentes de datos, deben estar agradecidos.
El manifiesto de Palantir es la confesión más sincera de una élite caníbal que ha renunciado al liberalismo. Al igual que Hitler expuso su programa en “Mein Kampf” sin ambages, Alex Karp ha hecho lo propio en “La República Tecnológica”, presentando como utopía lo que no es sino una distopía totalitaria enmarcada en datos y servidores. La “paz extraordinariamente larga” que reivindica (punto 14) es, en realidad, una paz de cementerios mantenida por la amenaza algorítmica perpetua.
Como sostiene Varoufakis (2022), la única vía para huir de esta servidumbre digital es una coalición de “siervos, proletarios y vasallos de la nube” que expropie el capital algorítmico y lo democratice. Sin embargo, la advertencia más urgente proviene del análisis político: cuando una empresa cuyo software ha contribuido a “operaciones de “targeting” en Ucrania, Gaza e Irán” (Down & Booth, 2026; Ehl, 2026) reclama la hegemonía cultural y militar, no debemos preguntarnos “si” el tecnofascismo ha llegado, sino “contra quiénes” se ejerce ya. La respuesta, como insinuaba el fundador de Bellingcat sobre el manifiesto, es “extremadamente normal y aceptable” solo para quienes viven ajenos a su mirada (Ehl, 2026).
Referencias
Amar, T. C. (2026, 24 de abril). "Mein AI – El director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, quiere que sepamos que tiene grandes planes". RT. https://www.rt.com/news/638992-palantir-alex-karp-mein-ai/
Down, A., & Booth, R. (2026, 21 de abril). "El manifiesto de Palantir es descrito como “las divagaciones de un supervillano” en medio de temores sobre su contrato en Reino Unido". The Guardian. https://www.theguardian.com/technology/2026/apr/21/palantir-manifesto-uk-contract-fears-mps
Durand, C. (2020). "Tecnofeudalismo: Crítica de la economía digital". Ediciones La Cebra / Kaxilda.
Ehl, D. (2026, 21 de abril). "“Tecnofascismo”: Palantir causa revuelo con un manifiesto". Deutsche Welle. https://www.dw.com/es/tecnofascismo-por-qu%C3%A9-causa-revuelo-el-manifiesto-de-palantir/a-76888990
Karp, A. C., & Zamiska, N. W. (2025). "La República Tecnológica: Poder duro, creencia blanda y el futuro de Occidente". Crown Currency.
Palantir Technologies. (2026, 19 de abril). "The Technological Republic, in brief." [Tweet]. X. https://x.com/PalantirTech/status/2045574398573453312
Steinberger, M. (2025). "The Philosopher in the Valley: Alex Karp, Palantir, and the Rise of the Surveillance State". Avid Reader Press.
Varoufakis, Y. (2022). "Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo". Deusto.
von Hoffmeister, C. (2026, 21 de abril). "La República Tecnológica de Palantir es un modelo para la tiranía digital". RT. https://www.rt.com/news/638871-palantir-technological-republic-digital-tyranny/
Donald Trump percibe los límites del “jacksonianismo”
Thierry Meyssan
La secuencia de acontecimientos no es favorable. El grave fracaso de Donald Trump ante Irán llega en el preciso momento en que el presidente de Estados Unidos emprende su Kulturkampf contra la iglesia católica para reafirmar el carácter anglosajón (no azteca) de su país. El presidente Trump se ve ante el hecho que la diplomacia no puede manejarse igual que un negocio –al menos no con el interlocutor iraní. Y que su ideología “jacksoniana”, eficaz en la política interior estadounidense, no permite responder a los problemas estratégicos. Atrapado en un callejón sin salida, Donald Trump trata de adaptarse a la situación y cambia radicalmente.
El 21 y el 22 de junio de 2025, la fuerza aérea estadounidense bombardeó las instalaciones nucleares de Irán, por orden del presidente Donald Trump. Oficialmente se trataba de privar a Irán de la posibilidad de producir armas nucleares. En realidad, el presidente Trump estaba eliminando el pretexto que Israel podía utilizar para justificar el uso de armas nucleares contra la República Islámica, posibilidad que varios políticos ya habían mencionado.
En todo caso, el Pentágono estadounidense comprobó entonces que aquellas instalaciones iraníes estaban enterradas tan profundamente que sus bombas no podían alcanzarlas. Por cierto, nadie se ha atrevido a hablar de las consecuencias que habrían tenido aquellos bombardeos si las bombas estadounidenses hubiesen alcanzado realmente esas instalaciones nucleares.
El resultado de aquellos bombardeos debería haber llevado Washington a interrogarse sobre su capacidad para derrocar el gobierno de Teherán y, principalmente, sobre la pertinencia de toda la estrategia estadounidense.
En el momento de conformar su administración, el presidente Trump había aceptado que su vicepresidente, J.D. Vance, pusiera uno de sus amigos, Elbridge Colby, como subsecretario de la Guerra. Colby ya había sido miembro de la administración Trump bajo el primer mandato del presidente y había explicado a este su “teoría de la negación”, tendiente a garantizar que China no llegara a convertirse en una potencia superior a Estados Unidos. Según la visión de Elbridge Colby, no se trata de luchar militarmente contra China sino de “negarle”, o sea cerrarle, el acceso a la energía y a las materias primeras necesarias para su desarrollo [1].
Elbridge Colby es la única personalidad vinculada a la era Obama-Biden que ha logrado hacerse un espacio en las administraciones del presidente Trump –antes fue un personaje influyente en la política de los demócratas hacia Irán y trabajó para WestExec Advisors, la firma de Antony Blinken, el secretario de Estado de la administración Biden.
A partir de los bombardeos que ordenó contra las instalaciones nucleares de Irán, Donald Trump comenzó a modificar su retórica. Hasta entonces Trump se había preocupado sobre todo de tratar de salvar el dólar de la deuda abismal de Estados Unidos, había solicitado el apoyo financiero de Emiratos Árabes Unidos y de Arabia Saudita y multiplicado las declaraciones apresuradas asegurando que no tenía problemas de fondos. También había anunciado inversiones faraónicas para proyectos como su “Cúpula dorada” (defensa antimisiles) y su “Flota dorada” para la US Navy. En realidad, Trump estaba dibujando castillos en el aire –las monarquías del golfo Pérsico ya consumieron sus reservas en efectivo y los proyectos de armamento ni siquiera tienen visos de comenzar a concretarse.
Elbridge Colby se acercó entonces al director de la CIA, John Ratcliffe, para planear cómo “negarle” a China el acceso a los recursos. Elbridge Colby es nieto de William Colby, el director de la CIA del presidente Richard Nixon. Fue su abuelo quien plagó Latinoamérica de dictaduras militares, junto con el general francés Paul Ausaresses [2].
En septiembre-octubre de 2025, Colby y Ratcliffe envían a Qatar agentes encargados de reunirse allí con la vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, y con Yussef Abou Nassif Smaili, el compañero sentimental de la dirigeante venezolana. Se trata de tantear el terreno para determinar cómo podría Delcy Rodríguez ayudar a poner fin a la dirección autoritaria del presidente Nicolás [3].
Luego de verificar que la vicepresidente está en condiciones de controlar la situación en Caracas, el SouthCom estadounidense [4] se encarga de preparar el secuestro del presidente de Venezuela mientras que la CIA se ocupa de hacer creer a la opinión pública que Estados Unidos trata de poner fin a un tráfico de droga. Para satisfacer esa necesidad propagandística, la marina de guerra estadounidense simplemente ataca y destruye en el mar embarcaciones que supuestamente transportaban droga. Pero el verdadero objetivo final de todo esto es garantizar que China no tenga acceso al petróleo de Venezuela… como aconseja Elbridge Colby en su “estrategia de la negación”. El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses secuestran al presidente de Venezuela en medio de una operación que incluye bombardeos contra Caracas, la capital, y contra otras ciudades venezolanas.
Pero el subsecretario de la Guerra Elbridge Colby y el jefe de la CIA John Ratcliffe también preparan otra operación. Esta vez se trata de privar a China del acceso al petróleo de Irán, que representa un 40% de las importaciones chinas vinculadas a la producción de la energía. Con ese objetivo, el subsecretario de la Guerra y el jefe de la CIA recurren a sus contactos en Israel para sugerir al primer ministro, Benyamin Netanyahu, que Washington le dará vía libre si decide atacar Irán. Por supuesto, Netanyahu propone inmediatamente a Estados Unidos organizar un “cambio de régimen” en Irán.
Tanto el subsecretario de la guerra Elbridge Colby como el jefe de la CIA John Ratcliffe tienen la íntima convicción de que no habrá cambio de régimen en Teherán y de que Irán no pretende obtener la bomba atómica. Pero el verdadero objetivo de estos dos personajes no es otro que “estrangular” la economía china. El presidente Trump está convencido de que los países de la OTAN ayudarán, una vez más, a orquestar un cambio de régimen en Irán… y logra que Francia garantice el entrenamiento, en Irak, de francotiradores kurdos que se encargarán de disparar simultáneamente contra manifestantes y policías, durante las manifestaciones inicialmente pacíficas iraníes de diciembre de 2025 y enero-febrero de 2026, para provocar «la caída de los ayatolas». Mientras tanto, otro miembro de la administración estadounidense, el secretario del Tesoro Scott Bessent, organiza la quiebra del banco iraní Ayandeh [5], donde están depositados los ahorros de la gran mayoría de los comerciantes “del bazar”.
El 23 de octubre de 2025 el banco Ayandeh se declara en bancarrota. Sus clientes, algunos ricos comerciantes “del bazar” iraní, bruscamente arruinados, se lanzan a las calles… pero nadie cuestiona “el régimen”. En enero de 2026, los francotiradores kurdos secretamente infiltrados en Irán comienzan a asesinar simultáneamente policías y manifestantes. Cada bando cree que el otro lo agrede, cuando en realidad el autor de los disparos es un tercer bando que los ataca subrepticiamente.
Donald Trump proclama entonces que no permitirá que los Guardianes de la Revolución asesinen a los manifestantes. En los países occidentales, la opinión pública, convencida de que no ser occidental equivale a no ser civilizado, apoya la «defensa de la democracia». La mesa está servida. Israel, que siente el mayor desprecio por cualquier líder religioso no judío, asesina al Guía Supremo iraní. Estados Unidos sigue inmediatamente los pasos de Israel en su agresión contra Irán.
Pero nadie había previsto lo que sucede a continuación. Irán se ha preparado durante 48 años para enfrentar a las potencias coloniales. Los bombardeos israelo-estadounidenses logran decapitar la alta dirección iraní… pero nuevas cabezas surgen de inmediato. Esto no es sorprendente: en 1981, la organización terrorista Muyahidines del Pueblo logró asesinar de un golpe 70 dirigentes iraníes del más alto nivel, incluyendo al número 2 del país, el ayatola Seyyed Mohammad Hosseini Beheshti, y una decena de ministros, pero todos fueron reemplazados en dos días.
Peor aún, anticipando desde hace mucho la agresión, Irán, en una respuesta militar cuidadosamente preparada durante años, abre fuego contra las bases militares de Estados Unidos en la región. En pocas horas, Irán pone fin a la supremacía aérea occidental destruyendo el súper radar estadounidense que vigilaba todo el Medio Oriente [6]. Y después destruye los aviones-radares AWACS, también estadounidenses, que debían compensar la ausencia del súper radar terrestre destruido. Estupefactos, los militares estadounidenses van a demorar cierto tiempo en entender que Irán dispone de un satélite que le permite vigilar toda la región. [7]. Estados Unidos está ciego mientras que Irán ve toda la región. La respuesta militar de Irán es tan espectacular que la opinión pública iraní cierra filas contra los agresores israelo-estadounidenses. Toda una generación de iraníes solicita enrolarse en el basij [una milicia popular] y en el Cuerpo de Guardianes de la Revolución.
En el plano diplomático, el Departamento de Estado de Estados Unidos se muestra tan ineficaz como el Departamento de la Guerra en el campo de batalla. Irán enarbola una resolución de la Asamblea General de la ONU, adoptada en diciembre de 1974, cuyo texto demuestra que el derecho internacional está del lado iraní [8]. Teherán subraya que, a la luz de esa resolución de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad violó el derecho internacional al condenar la respuesta militar de Irán hacia los Estados del golfo Pérsico. Estos últimos persisten en denunciar los ataques iraníes, pero acaban dándose cuenta de que durante años cometieron un grave error. Creyeron que al acoger bases militares de Estados Unidos en sus territorios garantizaban su propia seguridad y se prosternaron por décadas ante una potencia que hoy los arrastra a una guerra que no les pertenece.
En Occidente, las potencias de la OTAN, viendo que el conflicto no tiene solución por la vía militar, ya no responden a los llamados de Estados Unidos, aunque sí participaron antes en la preparación de los asesinatos de manifestantes iraníes.
En China, Pekín rectifica la orientación de sus misiles –ya no apuntan a Taiwán sino hacia las bases militares de Estados Unidos en la región Indo-Pacífico [9].
En definitiva, el mundo entero se adapta a la parálisis estadounidense.
Y para colmo, las embajadas de Irán en todo el mundo divulgan breves videos que caricaturizan las vociferaciones de Donald Trump. El humor de los iraníes hace que la opinión pública mundial se ponga en contra de los agresores israelo-estadounidenses.
Quien se equivoca y se niega a reconocer su error prácticamente siempre acaba yendo todavía más lejos en su error inicial. Los primeros bombardeos no dieron los resultados esperados, así que Donald Trump decide… intensificarlos hasta que los iraníes cedan [10]. E incluso decide bloquear, él también, el estrecho de Ormuz. El problema es que, en medio de toda esta situación, las municiones comienzan a escasear y el Pentágono se ve obligado a “rascar el fondo del barril”, trasladando al golfo Pérsico armas que retira de otros teatros de operaciones.
Al optar por la escalada, Donald Trump muestra su derrota, si los bombardeos “clásicos” no dan resultado contra “el régimen” de Irán, ¿habría que recurrir a la bomba atómica? No una bomba estratégica, como las de Hiroshima y Nagasaki, sino una bomba táctica. El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, se opone y hace saber al presidente que no permitirá que se recurra al fuego nuclear [11]. Donald Trump se ve obligado a tratar de salvar las apariencias ante la prensa.
El presidente Trump no puede hacer otra cosa que tomar nota del fracaso de Estados Unidos. Durante el análisis, se da cuenta de que su enfoque de empresario, su manera personal de negociar y su ideología jacksoniana, que consiste en reemplazar la guerra por el comercio, no le permiten reaccionar correctamente. Va a tener que cambiar de casaca. Por eso decide tratar de atraer a los partidarios de una ideología más clásica y para eso rebautiza el Old Executive Building, anexo a la Casa Blanca, como “Sala Henry Clay” [12]. Henry Clay (1777-1852) fue el principal adversario político del presidente Andrew Jackson.
Hace 3 semanas que la base del movimiento MAGA ha comenzado a alejarse del presidente Trump. Muchos de sus antiguos seguidores ahora hablan abiertamente de declarar al presidente no apto para gobernar y de poner en su lugar al vicepresidente J.D. Vance.
El 25 de abril, a las 20 horas y 30 minutos, un individuo armado trata de penetrar en el salón donde los principales responsables de la administración Trump recibían a los corresponsales de la prensa acreditada en Washington. El Secret Service, dedicado a la protección de las personalidades, evacúa apresuradamente al presidente, su familia, y la cúpula del gobierno. El primer evacuado no fue el presidente Trump sino el vicepresidente J.D. Vance. ¿Puede ser eso un mensaje?
NOTAS
[1] The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict, Elbridge Colby, Yale University Press, 2021.
[2] «Galula, le théoricien français qui inspire le général Petraeus», Red Voltaire, 30 de agosto de 2010; Services spéciaux, Algérie 1955-1957: Mon témoignage sur la torture, Paul Aussaresses, Éditions Perrin, 2001.
[3] Información 4655, «Interés de la DEA estadounidense por la vicepresidente de Venezuela», Voltaire, Actualidad Internacional, N° 159, 23 de enero de 2026.
[4] Se trata del Mando de las fuerzas estadounidenses en Suramérica, la estructura militar que los latinoamericanos llaman “Comando Sur”. Nota de Red Voltaire.
[6] Información 4959, «Irán destruyó un importante radar estadounidense en Qatar», Voltaire, Actualidad Internacional, N° 165, 6 de marzo de 2026.
[7] “FirstFT: China shares satellite technology with Iran”, Financial Times, 15 de abril de 2026.
[9] “How Iran’s strikes on US bases could offer a preview for the Asia-Pacific”, Amber Wang, South China Morning Post,11 de marzo de 2026.
[10] “Why Escalation Favors Iran. America and Israel May Have Bitten Off More Than They Can Chew”, Robert A. Pape, Foreign Affairs, 9 de marzo de 2026
[11] “@JaokooMoses”, X, 25 de abril de 2026.
[12] “Day of celebration in honor of the life of Henry Clay”, 2026, White House, 10 de abril de 2026.