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La Traición que forjó la Misión Genesis: Cómo los Globalistas vendieron las joyas tecnologicas de los EEUU (II)

La Traición que forjó la Misión Genesis: Cómo los Globalistas vendieron las joyas tecnologicas de los EEUU (II)
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Por Administrator
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directorelespiadigitales/8/8/23
viernes 16 de enero de 2026, 22:00h
Última actualización: domingo 11 de enero de 2026, 19:46h
Miguel A Rozas Pashley
Para comprender la urgencia casi desesperada que subyace en la Misión Genesis, anunciada por Trump en noviembre de 2025, antes debemos entender cómo Estados Unidos (EEUU) llegó a esta situación. China no alcanzó la paridad tecnológica solo mediante la innovación independiente o un espionaje eficiente e implacable. Durante décadas, una élite estadounidense globalista y bipartisano (Demócratas y Republicanos) transfirió de modo sistemático las joyas tecnológicas de los EEUU a China Comunista, ya fuera por codicia, incompetencia o ideología.
El liderazgo del Partido Comunista Chino y del Ejército de Liberación Popular hizo lo que cualquier élite nacional competente haría: aceptar la tecnología que los adversarios les ofrecían, dominarla, superarla, o cuando fuera necesario, robarla.
Subestimar la capacidad estratégica china, tierra natal de Sun Tzu, puede resultar una necedad muy costosa.
La Misión Genesis presentada por el presidente Trump no es un reto tecnológico convencional. Es la reacción abrupta al descubrir que un competidor formidable ha jugado mejor que quienes diseñaron las reglas del juego.
La pregunta incómoda que Washington tardó décadas en formular es sencilla: ¿Cómo una sociedad rural y campesina en 1970 se convirtió en una superpotencia tecnológica capaz de desarrollar bombarderos Stealth, misiles hipersónicos, programas espaciales y modelos de inteligencia artificial (IA) que igualan a lo mejor de EEUU a una fracción de los costes y recursos? La respuesta no está en los laboratorios de Shenzhen o las universidades de Beijing. Está en las decisiones politicas tomadas en Washington DC, Wall Street, y en consejos de administración corporativos que durante tres décadas priorizaron ganancias a corto plazo sobre la seguridad nacional a largo plazo.
La Arquitectura del Saqueo
La transferencia comenzó con la visión de Henry Kissinger en los años setenta, un poder en la sombra desde la administración Nixon hasta hoy día. Su apertura a China se vendió como un brillante acto de diplomacia que explotaría la división sino-soviética, transformando a Beijing en un socio responsable del orden internacional. Lo que hizo fue integrar a China en las instituciones globales desde donde Beijing podría acceder a tecnología y capital occidental sin las restricciones que la Guerra Fría había impuesto. Kissinger no veía a China como una amenaza a contener sino un mercado a capturar y un socio a moldear desde la visión globalista, que la élite tecnocrática construía más allá de una lealtad nacional. El otro gran agente tecnocratico y colaborador intelectual, Zbigniew Brzezinski, proporcionó el marco teórico desde el Council on Foreign Relations y la Comisión Trilateral. Un orden global gestionado por una élite experta trabajando por que toda soberanía nacional se disolviera gradualmente en favor de una benevolente (?) gobernanza tecnocrática supranacional.
Aunque el operativo clave que ejecuta esta visión no es otro que George H.W. Bush. Su período como Jefe de la Oficina de Enlace de los EEUU (embajador de facto) en Beijing entre 1974 y 1975 no fue la pausa diplomática en una carrera politica, dedicada a la inteligencia, pero siempre con la mirada puesta en la presidencia de los EEUU. Bush fue a cultivar relaciones personales con los cuadros del PCC del cual obtendria un poderoso rédito político durante cuatro décadas. Bush entendió antes que el resto del establishment que China no era un enemigo ideológico a destruir sino un actor estratégico a integrar.
Bush fue Director de la CIA durante once meses cruciales entre 1976 y 1977, justo después de que la Comisión Church denunciara décadas de abusos de la CIA. La consecuencia inmediata fue el despido de unos 200 veteranos operativos de Langley. Bush llegó pero no desmanteló ningún programa ilegal. Los recuperó externamente como “contratistas”, lejos del alcance del Congreso.
La estructura paralela que emergió de ese período, los B-Teams en círculos de inteligencia, no fueron el desquite de unos Cold War Warriors despechados por el escrutinio legislativo. Fue una pragmática respuesta operativa a una realidad indigesta: el Congreso se había convertido en un obstáculo para las operaciones de campo que el establishment, el actual Deep State, consideraba necesarias. La solución fue construir una nueva estructura de inteligencia y acción encubierta insertada en corporaciones pantalla, canales de financiación privados, y cadenas de mando sin rastro de papel y sin encuadrar en los organigramas oficiales. Esta red informal, profesional y carente de escrúpulos no solo sobrevivió el escándalo Iran-ContraGate de los ochenta, el concepto de “contratista” se expandió masivamente desde la Comunidad de Inteligencia al Pentagono tras el 11 de septiembre y la invasion de Afganistán. Durante la era Obama se normalizó (o mestastizó…) en todo el sistema federal del gobierno de los EEUU, y acelerado por la administración Biden con un coste astronómico de incompetencia, cohecho y despilafarro.
No era una anomalía sino la fusion del sector público y corporativo convertido en una metodología operativa estándarizada, hasta hoy dia, y que el caso ejemplar de Peter Thiel y Palantir, entre otros, que simbolizan y ejecutan a la perfección.
El Gran Acelerador: Clinton y la Entrada de China a la OMC
Bill Clinton elevó la traición a escala industrial. En 2001, tras años de cabildeo implacable y millones en contribuciones políticas de corporaciones con intereses en China, la administración Clinton facilitó la entrada de Beijing en la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Las consecuencias para la clase trabajadora estadounidense fueron catastróficas. Entre 2001 y 2017, EEUU perdió entre 3,4 y 5,5 millones de empleos industriales según estimaciones del Economic Policy Institute. El Rust Belt, (Ohio, Michigan, Pennsylvania, Wisconsin), resultó devastado. Ciudades enteras se derrumbaron cuando las fábricas cerraron y se relocalizaron a provincias chinas donde la mano de obra costaba una fracción del salario estadounidense y la legislación ambiental no existía.
La destrucción de empleo del sector manufacturador fue solo el síntoma visible de algo más trascendental. Clinton no solo abrió a China nuevos mercados comerciales. Entregó ecosistemas tecnológicos enteros que a EEUU le costó décadas y miles de millones de dólares en desarrollar. China obtuvo metodologías enteras de diseño asistido por ordenador (CAD), modelado y simulación, procesos avanzados de manufactura de materiales, y lo más crítico, el know-how integrador de sistemas que toma componentes aislados y los integra en plataformas operativas complejas. China no tuvo que inventar cómo diseñar sistemas de armas avanzados desde cero. Recibió herramientas, metodologías, y conocimiento de procesos que permitió innovar en direcciones que EEUU nunca llegó a explorar o consideró viable.
El resultado queda patente en sistemas que Beijing desarrolló a velocidad asombrosa. El bombardero stealth H-20, aún en desarrollo (quizás algunos blueprints críticos no se pudieron obtener...) , pero cuyas imágenes filtradas muestran una geometría casi idéntica al B-2 Spirit. El caza J-20, que voló por primera vez en 2011, que replica el diseño furtivo del F-22 Raptor de los EEUU con una precisión solo explicable por el acceso a blueprints detallados o ingeniería inversa de componentes reales. El caza J-31 que incorpora tecnología directamente sustraída del programa F-35. En 2014, hackers chinos vinculados al Ejército Popular de Liberación (PLA) extrajeron más de cincuenta terabytes de datos de contratistas de defensa de los EEUU, incluyendo suites completas de aviónica, sistemas de gestión térmica, y algoritmos de fusión de sensores.
Lo verdaderamente revelador es lo que China SI desarrolló sin tener que robar planos. Capacidades asimétricas, (que quizás apelen al ADN del PLA como ejército de guerrillas…) que neutralizan el poder de proyección naval convencional de los EEUU: el misil antibuque balístico DF-21D que puede hundir portaaviones a mil quinientos kilómetros de distancia, misiles hipersónicos de planeo DF-17 que EEUU, oficiálmente carecen ni pueden interceptar con certeza, railguns electromagnéticos navales operativos, o el sistema antisatélite (ASAT) probado en 2007 cuando destruyeron uno de sus propios satélites en órbita. Todo esto no surgió de planos robados sino del dominio de metodologías fundamentales de diseño, y de simulación, que les tocó en suerte, permitiéndoles innovar en direcciones que, aparentemente, EEUU nunca pasó más allá de un concepto teórico.
Bush Hijo: La Sangría Continúa
La administración de George W. Bush (Dubya) continuó la transferencia por canales corporativos y académicos que operaban con la bendición tácita o negligencia calculada del gobierno de los EEUU. En 2005, Noshir Gowadia, un ingeniero del sistema de propulsión del bombardero B-2 de Northrop Grumman, fue arrestado por vender el diseño de las toberas de baja firma infrarroja directamente a China. Gowadia colaboró en el desarrollo de tecnología que hace invisible al B-2 a los sistemas de detección infrarroja, y transfirió esos secretos a China por varios millones de dólares. Fue un caso público entre las docenas de incidentes similares que se clasificaron bajo secreto para evitar el escándalo público y el sonrojo por el grado de penetración china entre contratistas y corporaciones del complejo militar industrial de EEUU.
El programa de cazas stealth del PLAAF chino se benefició directamente de estas transferencias, pero la administración Bush no detuvo la sangría. Priorizó sistemáticamente las relaciones comerciales sobre la seguridad nacional, bajo el supuesto ideológico de que la interdependencia económica garantizaría la estabilidad estratégica. No era una falacia sino la doctrina globalista en acción: las naciones con economías entrelazadas no se hacen la guerra porque tienen demasiado que perder. El problema con esa lógica es que asume la racionalidad económica como motivador primario de élites estatales, ignorando que el poder geopolítico, la supervivencia del régimen, y el prestigio nacional frecuentemente superan otras consideraciones de beneficio económico a corto plazo.
Obama: Presidente del Mayor Espionaje Cibernético de la Historia
La presidencia de Barack Hussein Obama representa el cenit del espionaje tecnológico chino de toda la historia moderna. La penetración del PLA entre los contratistas de defensa en los EEUU será futuro objeto de estudio en academias militares: Un ciberataque sistemático, masivo y sin apenas resistencia. Un Pearl Harbor cibernetico del que los estadounidenses apenas han oido hablar. Además del programa F-35, los hackers chinos penetraron el sistema antimisiles Patriot, el sistema de combate naval Aegis, la clase de navios de combate litoral (LCS), sistemas de drones, y docenas de programas clasificados extraídos de servidores supuestamente protegidos por la una ciberdefensa impenetrable. Obama impuso sanciones simbólicas contra cinco oficiales del Ejército Popular de Liberación (PLA) in absentia y cuyos nombres eran alias operativos. No hubo repercusión económica, diplomática ni represalia cibernética proporcional. El mensaje de Obama fue inequívoco: el espionaje tecnológico chino era el coste asumible de mantener relaciones comerciales por valor de cientos de miles de millones de dólares anuales.
Paralelamente, el programa Thousand Talents de China, lanzado en 2008, reclutó sistemáticamente a científicos EEUU de élite, muchos con acceso a investigación clasificada o sensible, y que ofrecía salarios que duplicaban o triplicaban sus ingresos académicos, laboratorios equipados con tecnología punta, y crucialmente, la ausencia de todo escrutinio ético o restricciones sobre líneas de investigación. Charles Lieber, presidente del Departamento de Química y Biología Química de Harvard, fue arrestado en enero de 2020 por ocultar su participación en Thousand Talents mientras recibía simultáneamente millones de dólares del Departamento de Defensa y de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU para investigación biomédica avanzada. El FBI estima que cientos de científicos de instituciones de élite participaron en programas similares, transfiriendo conocimiento fundamental que costó miles de millones desarrollar y con aplicaciones directas en biotecnología militar, nanotecnología, y materiales avanzados.
Lieber no era la oveja negra. Las universidades de élite protegieron ferozmente, invocando libertad académica y colaboración internacional, que sus investigadores más prominentes transferieran secretos industriales y militares. Las universidades recibían donaciones masivas de entidades chinas, establecían institutos conjuntos de investigación, y canales institucionales que facilitaban el tipo de transferencia que la contrainteligencia militar y el FBI intentaban prevenir. Cuando el Departamento de Justicia inició la Iniciativa China en 2018 para procesar casos de espionaje económico, universidades como MIT, Stanford, y Princeton presionaron agresivamente para que se desmantelara el programa, con el delirante argumento que se criminalizaba la colaboración científica legítima y promovía discriminación racial. La iniciativa fue cancelada en 2022 tras el proceso fallido de varios casos de alto perfil donde la fiscalía federal no pudo probar intención criminal más allá de la duda razonable...
Los casos más sonados nunca llegaron a juicio o fueron silenciados mediante acuerdos clasificados. En enero de 2020, ¿recuerdan esa época? científicos del Ejército Popular de Liberación Chino fueron detenidos en el aeropuerto de San Francisco intentando abordar un vuelo a Beijing portando viales de material biológico no declarado cuyo contenido nunca se hizo público. Apenas unas semanas después de que la pandemia COVID comenzara a expandirse desde Wuhan, aquello planteó preguntas que ninguna agencia federal quiso responder en público. El Departamento de Justicia archivó el caso citando falta de evidencia, lenguaje que en contrainteligencia significa un asunto demasiado sensible políticamente para que una litigación pública pueda revelar métodos CoIntel o información clasificada de programas biológicos.
La espia y coronel del Ejercito de Liberacion Popular Christine Fang, conocida como “Fang Fang”, operó durante años infiltrada en círculos políticos del partido Demócrata de los EEUU en California, cultivando relaciones personales y seguramente íntimas con políticos emergentes incluyendo un destacado miembro democrata del comité de inteligencia del Congreso. Cuando en 2020 su identidad fue revelada por la contrainteligencia del FBI, Fang pudo huir a China sin enfrentarse a cargos. Los políticos comprometidos, cuyas identidades nunca se revelaron del todo, continuaron sus carreras sin consecuencias aparentes. El caso se enterró rápidamente y nunca hubo investigación legislativa alguna sobre otros agentes chinos que operaban con impunidad similar.
La Familia Biden: Dinero, Acceso, y Preguntas Sin Respuesta
El retablo de traidores no estaria completo sin la familia Biden, cuyas transacciones financieras con entidades chinas constituyen probablemente el caso más explosivo y mercenario de todos, y que nunca se investigó adecuadamente. Entre 2013 y 2019, según documentos bancarios obtenidos por el Departamento del Tesoro y analizados por el Comité Supervisor de la Cámara del Congreso, se registraron más de ciento cincuenta transferencias bancarias desde entidades vinculadas directa o indirectamente al PLA y empresas estatales del PCC a cuentas de la familia Biden y que ascendian a varios millones de dólares. Las transacciones intentaron evadir los informes de actividad sospechosa, con cantidades justo bajo el umbral que dispararía una alerta automática.
Cuando el FBI intentó ampliar la investigación ante un posible compromiso de seguridad nacional, la dirección política del Departamento de Justicia de la administración Biden clausuró la investigación preliminar, y reasignó los agentes a otros casos. Miembros del Servicio de Impuestos de EEUU (IRS), investigando su faceta fiscal denunciaron irregularidades e interferencia política en su labor.
Los medios corporativos, globalistas y progresistas enterraron la historia, calificándola como desinformación de la derecha o teoría conspirativa, hasta que una aplastante evidencia documental forzó a su mínima cobertura sin alcanzar el paroxismo mediático que escándalos menores o sin fundamento obtuvieron durante la administracion Trump 45. Años después el tema sigue tapado y es la prueba viva de una quinta columna china en el gobierno de los EEUU, una penetracion profunda y quizás irremediable que se remonta a la epoca de Kissinger, GHW Bush y un regimen de poder invisible que se instaló tras el asesinato de JFK.
La presidencia Biden desde enero de 2021 es un punto de inflexión crítico en la carrera del IA con China. En unos meses, la administración Biden (O´Biden) desmanteló todas las restricciones en materia de IA de la primera administracion Trump diseñadas a finales de 2020, para prevenir el acceso chino a tecnología punta en IA, chips, y sistemas de aprendizaje automático.
El desmantelamiento por parte de la administración Biden fue a conciencia: se relajaron los controles de exportación a China de semiconductores especializados en IA, levantaron las restricciones de colaboración académica, y se derogó la prohibición sobre transferencia tecnológica. A su vez, la capacidad china en IA se aproximaba a un umbral decisivo en el avance de aplicaciones militares, sistemas autónomos y de vigilancia, las mismas capacidades que la doctrina de la Fuerza de Apoyo Estratégico del PLA identifica explícitamente como herramientas de guerra asimétrica contra la superioridad convencional EEUU.
Por primera vez en la historia, entre 2021 y 2023, las empresas chinas de IA publicaron más trabajos de investigacion que sus homólogos estadounidenses. China alcanzó la paridad o superioridad en modelos de lenguaje sintético, visión artificial, y sistemas de vehículos autónomos. Contratos de adquisición del PLA de este período muestran un aumento exponencial en sistemas de armamento integrados con IA, muchos incorporando arquitecturas y metodologías de aprendizaje pioneras desarrolladas en universidades de los EEUU, donde investigadores chinos, algunos miembros en activo del Ejército de Liberacion Popular (PLA) realizaron trabajos de investigación de posgrado que solo fueron posible por la acción de la administración Biden.
¿Cual sería el cometido no declarado de la Misión Génesis?
Si se corroborara el entramado financiero entre la familia Biden y China, las decisiones políticas favoreciendo a China en el ámbito de la IA no sería una imprevisión sino algo calculado y predecible. La acción de la administración Biden fue decisiva para eliminar la brecha tecnológica, la última ventaja restante de EEUU, ante a la modernización militar china.
Resulta irrelevante que fuera incompetencia, compromiso ideológico, chantaje o mero afan de lucro, el efecto fue idéntico: colaborar decisivamente en el desarrollo de capacidades críticas del adversario cuando aun existia una pequeña ventana para mantener la ventaja tecnológica de EEUU.
La Lógica Globalista: Traición Como Método, No Error.
Para la élite globalista que diseñó y ejecutó esta transferencia sistemática de conocimiento, nada de esto constituyó traición en el sentido tradicional. Era el plan operativo de un proyecto político más ambicioso: la construcción de un nuevo orden global gestionado por una elite tecnocrática supranacional donde la lealtad nacional se subordina gradualmente a estructuras de gobernanza transnacional. Su lealtad nunca fue a la agónica República de los EEUU (una corporación de facto) ni lo percibian como una entidad soberana con intereses estratégicos propios, sino al proyecto globalista donde ellos controlarían flujos de capital, tecnología, y recursos entre nodos regionales.
Destruir la república americana como centro únipolar de poder, diluir su soberanía con tratados comerciales y acuerdos internacionales vinculantes, desmantelar su base industrial, y transferir su ventaja tecnológica eran objetivos primordiales que venían acompañados de una recompensa personal: Un poder adictivo e irresistible; contratos lucrativos, puestos en consejos corporativos, consultorías millonarias, premios internacionales, prestigio académico, y acceso a círculos de poder en Davos, Bilderberg, y foros similares donde decisiones reales se toman lejos del escrutinio democrático.
La premisa operativa es elegante en su simplicidad y se mantiene vigente: quien controla EEUU controla el mundo mediante su dominio militar, financiero, y tecnológico. Los globalistas controlaban Washington DC a través de las puertas giratorias entre gobierno, corporaciones, fundaciones filantrópicas, y medios de comunicación. Asumían que seguirían haciéndolo indefinidamente mediante la captura regulatoria, financiación de campañas, y control de la narrativa mediática. Por lo tanto, transferir tecnología a China no amenazaba su posición de control, suponía un re-equilibrio del poder global bajo su supervisión. Beijing sería un socio junior obediente en la arquitectura multipolar que ellos seguirían gestionando desde instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y los nuevos mecanismos de gobernanza climática global.
China Primero
El problema surgió cuando China mostró su auténtico rostro, el único que tiene: "China Primero" y comenzó a perseguir objetivos estratégicos propios que divergían de los intereses globalistas. Quizás el punto de quiebra fue la pandemia COVID, cuando trascendió internamente lo que la agenda globalista tenía preparado para China, Xi Jinping desató purgas extensas de cuadros globalistas dentro del Partido Comunista y del Ejército Popular de Liberación. Pero el daño demográfico ya estaba hecho. La política de "Una Familia, Un Hijo", impuesta desde 1979 y vendida durante décadas como la modernización necesaria para el desarrollo económico, se reveló como un catastrófico genocidio demográfico, disfrazado de progreso, que garantizaría el colapso poblacional chino para mediados del siglo XXI. Este sueño húmedo de proyecto globalista eugenicista, unido a la tradicional preferencia china por un varón, condujo al gigantesco feminicidio que condena a China a un futuro y probablemente irremediable, desastre demográfico.
Xi intentó dar marcha atrás eliminando restricciones y ofreciendo incentivos a la natalidad, pero si son ciertas las cifras y proyecciones que manejan las agencias internacionales y el análisis del Pentágono resulta correcto, China se enfrentará a una contracción poblacional devastadora entre 2040 y 2050 y explica en parte la urgencia de China, en establecer su dominio tecnológico y militar antes de que ello suceda.
El Despertar Tardío: DeepSeek y la Ilusión del Control
Beijing supo callar, observar y acumular capacidad tecnológica y militar mientras Occidente dormía en fantasías de final de la historia o perdía el tiempo desarrollando aplicaciones para idiotas como Uber, Eats, Glovo, Linkedin, todo consumo, narcisismo, corrosion social, infantilizacion y conductas nihilistas, wokismo, beneficio miópico, especulador y cortoplacista.
Comparemos el internet chino y la exaltacion de los valores morales y patrioticos de un PCC que asume y adopta como propio el bagaje cultural y “espiritual” del Confucionismo y que ahora desafía abiertamente a Washington. La Misión Genesis no es solo competencia tecnológica con China. El Movimiento MAGA nacionalista y conservador de los EEUU, es el vehiculo de Trump, JD Vance o incluso Peter Thiel, y sectores del establishment de defensa para sugerir que nunca se subordinaron al proyecto globalista y que intentan recuperar el control del aparato estatal de los EEUU que los globalistas secuestraron durante medio siglo. Trump es un enigma, JD Vance es el hombre de Peter Thiel, y representan dos facciones distintas ...Thiel es un estudioso del Apocalipsis, y quizás ello nos sugiera un caballo de Troya del Globalismo transhumanista, el autor lo echaria a cara o cruz ...
En enero de 2025, el modelo R1 de la startup china DeepSeek provocó estupor en el sector AI cuando igualó las prestaciones de GPT-4 y de Claude.ai con un coste de aprendizaje de apenas cinco millones y medio de dólares frente a los más de cien millones que costaron los modelos EEUU equivalentes, toda la estrategia de contención tecnológica mediante restricciones en el mercado de semiconductores se vino abajo. Washington operó durante años un axioma reconfortante: el liderazgo en IA requería chips más avanzados, y dado que EEUU controlaba la cadena de suministro a través de ASML (Holanda), TSMC (Taiwan) y sus propias restricciones exportadoras, China no podría competir. DeepSeek demostró que ese axioma era falso; China aprendió a no solo optimizar algorítmos para operar hardware menos potente, sino que hizo más con menos.
En febrero de 2025 el senador Mark Warner, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, lo expresó con una franqueza inusual en una sesión clasificada cuyas actas fueron parcialmente desclasificadas meses después: "Hemos gastado años construyendo muros contra sus chips mientras ellos construían puertas traseras en nuestro software. La amenaza no es su hardware sino que su IA funcione mejor con recursos que creiamos insuficientes." Lo que Warner no mencionó, o no lo podía decir en público, era la suprema ironía: miles de sistemas del Departamento de Defensa de los EEUU operaban con microprocesadores fabricados por el PLA chino, cada uno con múltiples puertas traseras. chutzpah con sabor chino que sería cómico de no resultar catastrófico.
En marzo de 2025, evaluadores tecnologicos independientes confirmaron que China produjo catorce de los veinte mejores modelos de inteligencia artificial global en pruebas de razonamiento matemático y científico. La comunidad de inteligencia EEUU aceptó una verdad incómoda: ellos habían jugado al ajedrez mientras China jugaba al Go. Las restricciones de chips no detuvieron el avance chino, lo redirigieron hacia vías alternativas que ahora les daba ventaja.
A finales de 2025, China ultimaba su tecnologia propia para fabricar chips de ultima generacion por proceso de fotolitografía por radiación UV extrema. Un hito trascendental.
Busan: Negociando Desde la Debilidad
La cumbre Trump-Xi en Busan el 30 de octubre de 2025 fue humillante para Washington, aunque en los medios corporativos no se presentó así. Trump llegó esperando extraer concesiones chinas sobre el acceso a mercados, prácticas comerciales y protección de la propiedad intelectual. Salió aceptando una tregua temporal bajo términos dictados por Beijing desde una posición de creciente fortaleza. China suspendió por un año sus controles de exportación de tierras raras, como Galio, Germanio y Antimonio, críticas para la manufactura de semiconductores y sistemas de defensa. A cambio, EEUU congeló la expansión de su Entity List, la lista negra que prohíbe a empresas estadounidenses vender tecnología avanzada a las compañías chinas listadas.
No fue un intercambio entre pares. Fue el reconocimiento tácito de que la estrategia EEUU de estrangulamiento tecnológico de 2019 no solo había fracasado, sino fomentado lo opuesto: la autosuficiencia tecnológica china.
Analistas del Brookings Institution, el Atlantic Council, y la revista Foreign Affairs coincidieron en que China fortaleció su posición negociadora porque diversificó su base tecnológica, cultivó campeones nacionales en sectores críticos con subsidios masivos, protección del mercado interno, e innovación constante pese a restricciones que Washington creía imposibles de remontar.
En 2019, cuando la administración Trump lanzó su campaña de sanciones tecnológicas contra Huawei, ZTE, seguido de SMIC y docenas de empresas chinas, asumieron que China dependía críticamente de tecnología EEUU y que Beijing negociaría desde una posición de creciente debilidad. Seis años despues, esa visión dió un vuelco, vino demasiado tarde. Ahora China genera más doctorados en ciencia e ingeniería que EEUU, más trabajos científicos en poblicaciones de prestigio, más patentes en nuevas tecnologías e invierte más de trescientos mil millones de dólares anuales en I+D, superando la inversión federal y acercándose a la inversión tanto pública como privada de EEUU.
La Misión Genesis no es una paranoia tecnológica ni una fantasía de supremacía racial disfrazada de competencia científica. Es el reconocimiento tardío y probablemente insuficiente a décadas de traición institucional que pusieron a EEUU en una posición estratégica precaria frente a un adversario que aplicó las lecciones que Washington olvidó: que todo poder nacional deriva de una capacidad industrial, dominio tecnológico, y voluntad política de defender los intereses estratégicos incluso cuando ello signifique rechazar las seductoras promesas de globalistas que nunca tuvieron lealtad a nación alguna.
La Ironía Final
La ironía suprema de este conflicto no es la confrontación moral entre una nación virtuosa y un adversario maligno sino el ajuste de cuentas histórico entre facciones de las élites globalistas que perdieron el control de los procesos que iniciaron. Mientras tanto, los nacionalistas en ambos países intentan recuperar su soberanía capturada por estructuras transnacionales. Todo ello acelerado por la IA a una velocidad donde se cometerán errores catastróficos antes de que nadie comprenda lo que está sucediendo.
Genesis acelera ese patrón peligroso a una velocidad sin precedente histórico. La inteligencia artificial no solo descubrirá más rápido que los científicos humanos, descubrirá en direcciones que humanos no habrían explorado porque intuiciones físicas y limitaciones cognitivas nos habrían impedido verlas como prometedoras. Estaremos viviendo en mundo moldeado por un conocimiento que no comprendemos completamente, aplicado a propósitos determinados por prioridades de seguridad nacional que operan bajo clasificación y fuera del escrutinio democrático. La historia de las tecnologías transformativas: energía nuclear, ingeniería genética, inteligencia artificial, sugiere un pesimismo justificado. Invariablemente se desarrollan más rápido de lo que se construyen marcos éticos y regulatorios adecuados para su gestión.
No es teoría de la conspiración. Es la descripción literal de cómo funcionan los programas clasificados de seguridad nacional y siempre han funcionado. Misión Genesis operará dentro de ese marco establecido con recursos que eclipsan cualquier movilización científica previa en tiempos de paz.
Ante todo los EEUU debe desmantelar las estructuras globalistas que facilitaron décadas de traición y purgar élites cuya lealtad sigue siendo a un proyecto transnacional, no al interés nacional estadounidense.
La purga política y asunción de responsabilidades no ha sucedido ni tampoco se espera porque esas mismas élites siguen controlando instituciones clave, medios corporativos, universidades y suficientes resortes de poder en Washington como para sabotear o capturar cualquier iniciativa que amenace sus intereses o impunidad.
Misión Genesis puede movilizar los laboratorios nacionales y las super computadoras, pero no puede forzar la lealtad de científicos formados en instituciones donde el globalismo se enseña como una virtud y el nacionalismo se desprecia como un tribalismo primitivo.
El reloj corre y la traición que la hizo necesaria sigue sin reconocerse, sin castigarse ejemplarmente y sin corregirse estructuralmente. Esa es la cruda realidad detrás de Genesis: llega décadas tarde para afrontar una competencia geopolitica que EEUU nunca debió permitir que se desarrollara en primer lugar.